VI.
Comenzó a incorporar en sus pláticas de los siguientes
días recuerdos de Sebastián que le caían de pronto,
como un cartero que sólo se ocupara de tocar su timbre para traerle
una postal distinta cada quince minutos. Seguía metiendo sus
propias opiniones, pero era una manera más documentada de mentir.
Le contó a Quique que una vez se había encontrado afuera
de un hotel a Bono, sin guaruras, cuando la primera vez que vino a dar
un concierto (verdad), y que Bono le había dicho:
-Este país es maravilloso, lástima que se lo han adueñado
los corredores de bolsa, que son unos imbéciles.
(Falso, Bono tan sólo respondió al saludo de Sergio con
un mohín.)
>No puedo CREERLO -dijo Quique, U2 era su grupo de cabecera.
>Por cierto, Quique, me acaban de decir que los corredores en Wall
Street están planeando hacer un sindicato.
>No me quieras ver cara de PENDEJO Sebastián, ya lo sabríamos
aquí si a alguien se le hubiera ocurrido esa estupidez.
>Justamente. Parece que es una jugada muy bien planeada: sólo
se trata de que caigan ciertas acciones, las de algunos clientes de
los que van a "proponer" el sindicato, para que otros compren
bajo y luego vendan alto y se repartan millones.
¿Será esto posible? Se preguntó Sergio, un dedo
en un labio.
>Eso NO es posible -escribió Quique.
>Lo único que digo es que estés alerta Quique, tú
sabes que nunca te han fallado mis tips.
>Eso es verdad.
>En una de esas, hasta nos les adelantamos en la jugada.
A Flavio lo animó a que hiciera algunas sustracciones más
en el piso de la Dirección de la empresa en la que trabajaba.
Le contó (y era cierto) que él, Sebastián, en una
ocasión se había robado unas luces para su auto. Era su
primer auto, y apenas se lo habían regalado sus padres cuando
le robaron las calaveras. Entonces fue con su amigo Sergio a robarse
las calaveras de otros.
>Pero ahí había cierta justificación -dijo Flavio.
>No hombre, si luego lo seguimos haciendo por pura diversión
durante tres meses, hasta que ya mero nos atrapan, además, aquí
entre nos, tú sabes que hay gente que se mata trabajando mucho
más que nosotros y gana menos, entonces no pienses que nunca
te has robado nada.
>No sé si estoy de acuerdo con eso Sebastián.
>No importa, tú sigue chingándote algunas cosas de
la oficina. Te has divertido ¿no?
>Muchísimo. Y lo peor es que creo que soy bueno para esto.
>Con más razón. Sé honesto contigo mismo.
Con Alejandra hablaba de países que no conocía pero Sebastián
sí, le contaba de las personas que Sebastián más
había querido en la vida, de sus momentos más vergonzosos
y los más emocionantes, describía a su familia, recordaba
anécdotas de la preparatoria y la universidad, y cuando Sergio
aparecía en la plática, aprovechaba para preguntar por
Erika y Alejandra le decía que ya hasta le estaba dando curiosidad,
a Erika, de tanto que ella le contaba las anécdotas que Sebastián
le escribía.
>Deberíamos presentarlos -escribió Sergio.
>¿Tú crees? Porque Erika es muy buena onda y muy reventada,
pero nunca deja su trabajo por andar en el relajo, tal vez no haga buena
pareja con tu amigo.
>Ooh, tú qué sabes, la gente cambia.
>...Puede ser... A ti te siento cambiado, no sé si es porque
me has contado tanto de tu pasado en estos días, o algo más...
Hasta el tono en que escribes ha cambiado, pero, dentro de todo, sigo
sintiendo que eres tú.
>Éste también soy yo -escribió Sergio.
VII.
Era fin de semana y salió con su cámara sin pensar en
la cámara, sólo se la echó al cuello y de repente,
en un vagón del metro, un payaso iba leyendo La inteligencia
emocional y Sergio lo fotografiaba, o una pareja adolescente sudaba
de tanto abrazarse, o un hombre se quedaba viéndose en el reflejo
de un cristal y se pasaba un dedo por la cara, o una mujer vieja y andrajosa
le hacía mimos a un perrito con una oreja partida, y Sergio los
fotografiaba. Enfocaba, oprimía el botón sin dejar de
deambular, sin preocuparse. Así reveló también,
despreocupado por cuál fuera el fotógrafo que ese día
lo había habitado. No pensó en el hombre que fotografiaba
quinceañeras, ni en el reporterito imberbe, ni en el Enorme Artista.
Había sido él sin plan, esos días, y estaba contento.
VIII.
>¿Una Palm, a quién le robaste una Palm?
>Al vicepresidente de mercadotecnia. Y una pluma Mont Blanc a la
jefa de Relaciones Públicas, y una tabaquera al sujeto de Nómina.
Ja. Andan todos como locos preguntando por sus cosas, pero nadie se
atreve a sugerir que se las pudieron haber robado, porque aquí
no somos ladrones.
>Primo, nadie conoce a ese safety.
>Eso es porque son unos ignorantes primo, no les hagas caso.
>¿No tienes una foto de ese Mapplethorpe?
>¿Una foto?... Sí, debo tener alguna, dame unos días
y te la mando, mientras tanto sigue diciendo que tú quieres ser
como él, hazme caso.
>Sí, primo.
>Se me hace que no podemos adelantárnosles a los de Nueva
York, Sebastián, he estado sondeando entre la gente aquí
y lo veo difícil. Hubiera sido una jugada CAÑONA de poderse
hacer, pero no creo.
>¿Ya les propusiste armar un sindicato?
>Les he comentado la idea y las opiniones se dividen en dos: los
que dicen: "¿Estás DROGADO o qué?" y
los que dicen que les gustaría chingarse a los patrones y les
encantaría ver la cara que ponen frente a una bandera de huelga,
pero que no, cómo voy a creer, y luego estos también añaden:
"¿Estás DROGADO o qué?".
>¿Sabes que me gusta mucho ir al bosque, Alejandra?
>¡A mí también me gusta! Ir sin nada más
que lo necesario para hacer una fogata...
>Sin música ruidosa...
>Claro, sólo estar ahí, con el sonido de las ramas...
>Es como una probadita de Cielo, siempre he pensado eso.
>Es raro que digas eso, tú, que vas tanto a la iglesia.
>Sí, pero ya había entendido estas cosas antes de volverme
mocho.
>¡Mocho! Suena como si eso lo dijera tu amigo Sergio, no tú.
>Supongo que así me dice. A propósito ¿qué
dijo Erika de conocerlo?
>¡Ya la convencí! Y se me ocurre esto: ¿por qué
no salimos los cuatro... Digo, si tienes tiempo, si tienes ganas...
>Los cuatro...
>... Discúlpame si te saqué de onda, es que pensé
que como hemos estado hablando tanto.
>Sí, claro, sólo es que...
>Y ya tengo pensado lo que sigue, Sebastián, voy a desaparecer
la silla del presidente en la sala de juntas, ya tengo bien checado
cuándo puedo sacarla sin que se den cuenta, la meto en el elevador
y la mando al sótano.
>Hoy me decidí y ya no creo que vaya a seguir sondeando esto,
Sebastián, ayer noté que ese IMBÉCIL de Lara se
me quedaba viendo como a un gusano. Y como varias personas me han preguntado
cómo se me ocurren semejantes mariguanadas, he tenido que decirles
la historia: que te pasaron el tip de Nueva York, que allá sí
se va a hacer, pero como que NADIE me cree, así es que espero
que vuelvas pronto para que tú les cuentes porque yo ya quedé
como un PENDEJO.
>¿Qué crees primo? Voy a salir de la ciudad y de regreso
voy a pasar ahí por donde estás tú, en el retiro.
Te paso a ver mañana.