Un nuevo y singular Solar para la palabra poética por David Abanto Aragón
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         Permítasenos destacar aquí el trato que César Ávalos brinda al lenguaje en su aventura creadora: su arte es voluntad, voluntad de forma, porque es voluntad de duración que cuando la percibimos ante la tentación del desgaste o de convertirse en formula o ritual artificial inventa otra: verso libre o poema visual, extenso o breve, todas las formas y metros son medios para traspasar mezquinas fronteras. Las bases del Solar, cuidadosamente erigido por el poeta, proyectan moradas nocturnas, oscuras—en un sentido próximo al de San Juan de la Cruz y su Noche oscura del alma en su reelaboración eielsoniana de la Noche oscura del cuerpo— carentes de la luz corriente, pero iluminadas por la luz de la sed de Absoluto.
        Sus visiones crean, descrean y recrean, a la vez, espacios para sensaciones enfrentadas al drama de vivir o, en términos más caros al poeta, per-vivir, con visiones ora intimistas y melancólicas, ora objetivistas y dramáticas del entorno. Estas visiones que tienen como base la experiencia cotidiana, son solares que no solo aluden a residencias sino, en la mayoría de los casos, a refugios poéticos delirantes frente al mundo de afuera. Ello, consideramos, nos da como consecuencia, en un sentido riguroso, un escepticismo lindante con el nihilismo por la actitud del yo poético de muchas de sus composiciones.
        En su labor, el primer paso que da el poeta hacia la creación o invención de una forma es el de una mimesis a ultranza a través de las experiencias de César Ávalos, “el que sobre-vive”, poniéndose tan intensamente al unísono con las vivencias de hombres de nuestro tiempo y a la vez rehuyéndolas a través de la experiencia de César Ávalos “el que escribe”, sublimizando conflictos que golpean, dañan y se acercan inevitablemente a re-crear minuciosamente nuestros actos y proferimientos lo haya querido o no. Sus composiciones nos asoman al cielo de Lima, a las calles, parques y plazas, al amanecer de las criaturas nocturnas, sus versos se nutren de su atmósfera y retornan a la intimidad del solar, la residencia, la casa, la morada de la poesía en las que su insaciable angustia de amor queda impresa en nosotros como heridas y cicatrices en bellas y pavorosas imágenes. Bello conflicto que nos perturba en nuestra experiencia como lectores pero que es tolerable solo por el arte del poeta. Lo arduo aquí resulta de crear o re-crear deliberadamente o no lo que en nosotros es experiencia muchas veces negada: el desconcierto, la fragilidad, el miedo, la soledad. Cómo no emocionarnos con la habilidad del poeta para dar voz a sensaciones, sentimientos y pensamientos tan distintos de los que estamos acostumbrados a tener de golpe y sin embargo, por la magia verbal del creador, aparecen tan nuestros y cotidianos. Una acotación pertinente: Solar figura una especie de diario —aún rudimentario— al que se le ha quitado las indicaciones escrupulosamente cronológicas y espaciales, estamos ante una especie de Diario de Poeta (al estilo de Martín Adán), desinteresado de las anotaciones biográficas, registro perpetuo de un César Ávalos que está en vías de romper con las ataduras cotidianas y, por momentos, se consagra a vivir en trance de Poesía.
        El reto del poeta asumido por César Ávalos de convertirnos en habitantes del inhabitable solar de la Poesía, coloca nuestro sentido contemporáneo de lo poético, nuestros presupuestos (a menudo incuestionados e inconmovibles), sobre la utilización válida o espuria del lenguaje figurado, como una negación deliberada de ideales efímeros y pasajeros de fines de siglo y de comienzos del que se inicia. Y aquí está en juego algo más que un cambio de moda, algo más que la aceptación por la crítica periodística y la crítica académica de un canon de poesía. Sus vivencias quisieran contener, desenredar, la crudeza y el desorden de sentimientos que el yo poético alcanzaría, pero que son inalcanzables. Están empeñadas en dar forma estética a su perpleja y turbulenta emoción. Pero al mismo tiempo se encuentran tan abiertamente involucradas en la situación que no dejan de ser transparentes las pretensiones de sus valoraciones mundanas y terrenales como las nuestras.
Pero no caigamos ante el engañoso tono interno, urbano y civil de las composiciones de César Ávalos. Su mundo, el mundo de sus poemas, de cada poema es radicalmente lingüístico: toda su realidad está codificada en una lengua característica, original e intransferible. Todo lo que está fuera del código va más allá de lo que el poeta considera la “vida en poesía”. Pero con todo las ilaciones poéticas del tiempo y el lugar han sido conflictivamente y bellamente establecidas con otras esferas —la erótica y la subconsciente—. Pero mucha atención: la fe absoluta en la palabra poética puede significar la ausencia del mundo. Recordemos que la edificación de este Solar de papel es una transfiguración de la residencia terrestre. Es la suplantación de la morada terrenal por la de extramuros y extramares.
        Para nosotros nada es tan arduo de precisar como los valores y armonías de textos en apariencia “neutral” y cuyo estilo no ofrece en principio, ninguna novedad para el especialista. Pero la lectura de los poemas que integran Solar constituye un acto múltiple de interpretación apenas esbozado, o bien ni siquiera concientemente reconocido. Como invitamos a constatar en esta travesía hay casos de movimiento suspendido o severamente atenuado, pero también de movimiento rápido y acelerado. Nuevas imágenes y palabras aparecen a medida que las viejas son relegadas al olvido.         Las convenciones gramaticales son alteradas por la presión del uso idiomático o por las disposiciones y reglamentos culturales y estos a su vez por toda la poderosa voluntad del ser humano. El lenguaje nos muestra, como el amor, que no tiene restricciones, todo le está permitido y lo que es tabú no deja de ser evanescente. En un plano más profundo, las proporciones e intensidades relativas de lo dicho y lo no dicho se alteran y se modifican. Tema absolutamente central, aunque mal entendido y peor vivido. No conocemos ninguna respuesta general y no hay razón alguna para suponer que exista.

 
 

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