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La comprensión acuciosa y cabal de los poemas, el descubrimiento integral y la aprensión recreativa de sus formas vivas constituyen un acto —análogo al amor— cuya realización puede y debe sentirse en carne propia, pero, no cabe la menor duda, resulta casi imposible parafrasear o sistematizar. Resulta indispensable, consideramos, una ávida y alerta entrega en la intimidad con las composiciones en cuestión, con los intercambios de afectividad que hacen de su sintaxis una imagen del ser social. Debemos dominar el entorno temporal y local del texto o textos a los que nos entregamos o confrontamos, así como las ataduras que vinculan sus expresiones poéticas más subjetivas con nuestro idioma circundante. Este es, según creemos, el verdadero punto de partida para aproximarnos al movimiento interno, íntimo, sutilmente irreverente, pero siempre riguroso de la palabra poética de César Ávalos “el que escribe” y César Ávalos “el que sobre-vive”. Para poner fin a esta aproximación permítesenos citar al propio poeta cuando en una comunicación nos afirma “uno debe aprender a vivir con lo que posee”. Y en este momento que no hay mayor posesión nuestra que la palabra poética del Solar elaborado por César Ávalos con ardua dedicación y esmero dediquémosle, pues, “lo que se merece”: la cauta ofrenda de nuestra lectura. POEMA INÉDITO DE CÉSAR AVALOS: Los animales ciegos de la noche
La noche no es necesariamente la perdida absurda del sueño. Es en ella que veremos las imágenes más inéditas de la vida cotidiana. Lo que no es perceptible a la luz del día, en la noche toma otro color, otro dolor, otra visión que ahora sí cuaja, sólo para algunos entendidos nocturnos. De esta manera ellos/nosotros, nos contraponemos a los animales fieles de la luz. Por ejemplo, en la noche puedo ver claramente, la cabeza pesada y cuadrada del poeta sesentero, su cabello engominado, sus ante-ojos de grandes lunas que pueden simular una máscara que utiliza el vigia para no ser penetrado visualmente (desde ahí irradia su luz) su mentón partido y entre su nariz una especie de dos alargadas grietas que nos alucinan a un ser de muchas experiencias nocturnas. Ese día (de día), su rostro simulaba timidez, porque se encontraba ante el encuadre luminoso que manejaba el fotógrafo. Ahora está quieto, hueso y en puro folcote. Así es como una imagen sigue per-sistiendo. La noche puede ser el puente perfecto para subir y mirar desde lo alto a toda la ciudad que duerme. Luego, aventarse y caer en picada: libre de todo verso, al miedo. A través de la noche se puede buscar todas las experiencias límite posibles.La ascención a la noche es la ascención al infierno. Ahí se lleva una vida al margen-marginal- porque aún para beber se debe hacer en soledad y sólo hablar con los gestos, o hablar para adentro, nunca para afuera. Desde aquí brotan o se extraen las artes más complicadas, las palabras que hay que traducir para algunos complices. Si duermo borracho, es porque quiero ser la noche: siempre. Cesar |