minificciones
-Yo pintar� un hombre con una linterna.
-Hazlo. Pero �qu� le pondr�s
alrededor para que se vea?
-Pues, noche--dijo, ya iracundo.

  Carlos Mart�nez Rivas
dos minificciones
de javiermedinabernal,
panam�
                                  la mosca

dentro del bombillo hay una mosca que al parecer no recuerda c�mo le hizo para entrar. Sus esfuerzos por salir no son m�s consistentes que el delgado vidrio que la detiene. Apago el foco, dejo a la pobre en la oscuridad todav�a luchando por salir, escucho su cuerpecito agit�ndose en la prisi�n de luz.

La ma�ana siguiente est� muy falta de sol, tengo que usar el foco, lo enciendo, all� est� la mosca, est� muerta, o quiz�s dormida, en definitiva no se mueve, se ha rendido, ha colgado los guantes o, en su caso, las alas.

Decido dejar la luz encendida, regreso a casa cuando ya est� el d�a agonizando, volteo a ver, la mosca ya no est�, apago la luz, permito que transcurran unos minutos para desenroscar el bombillo, lo examino con paciencia, efectivamente la mosca ya no est�; pero est�n sus alas, la mosca las ha colgado, sin embargo, no se ha rendido, o tal vez me equivoco y sucede que una iguanita de pared tambi�n ha sido capaz de entrar a la prisi�n de luz.
� Foto de Gian Mont�far
crisis de un
cuadrado circular
lilimendoza
panam�
                                                        man� y horacio


man� y Horacio, paladines de la justicia, inv�lidos de piernas chuecas. Si tuvi�ramos que empezar una conversaci�n acerca de las tazas que tienen el agarradero a la derecha Man� acordar�a en que el tema es propicio para el olvido y que es mejor discutir acerca de los lugares que su creador nunca lo dej� visitar, en cambio Horacio establecer�a una lista de circunstancias y laberintos en relaci�n al bendito agarradero de la taza: �Est� el agarradero a la derecha o estamos todos a su izquierda? �O quiz�s en un mundo paralelo en donde los espejismos son la orden del d�a y las direcciones (derecha, izquierda, arriba, abajo, aqu�, all�, fuera, dentro: suciedades que se empe�an en empa�ar el alma del hombre) son insignificantes, la taza y su agarradero simplemente y a penas, muy a penas, son? �O la taza, el agarradero y la mano que la agarra no son sino es? La taza, el agarradero, la mano que la agarra, los labios que se apoyan en el borde de la taza, el l�quido dentro (�Hay l�quido?), la lengua que percibe, la garganta que se rinde ante lo que pasa por ella, los m�sculos que ayudan a tragar, el est�mago que apa�a, el cerebro que lo maneja todo desde su trono de macarrones neur�ticos no son: es. Todos es. Pero, �hay l�quido en la taza?

Man� le dir�a que se dejara de pavadas, que s�lo ser�a cuesti�n de girar la taza de modo que el agarradero quedara del otro lado. Horacio seguir�a, casi ignorando lo que ha dicho Man�: �Hay l�quido dentro de la taza? Dime, �hay l�quido dentro?
Lea [aqu�]
un cuento breve de
�La ciudad del deseo�,
del
salvadore�o
JorgeAvalos.
[
Selecci�n y notas de
WilloCucufate.]
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