La ciudad del deseo

                                                                                    
Willo Cucufate



         
El libro de cuentos �La ciudad del deseo�, de Jorge Avalos, joven escritor salvadore�o, ganador del premio centroamericano de literatura Rogelio Sin�n 2003-2004, es un libro abierto a la inmensidad de la imaginaci�n, que  nos sumerge o nos eleva a un mundo de fantas�a impregnado de una cruda contradicci�n: la realidad de lo irreal y la irrealidad de lo real; contradicci�n que, ya sea como  lector o como creador, puede arrastrarnos, si nos dejamos llevar, hasta un estado agoraf�bico, en la comprensi�n de que la inmensidad del acto creativo puede ser tan incierta como la consistencia de un pantano, y tan deslumbrante como el chispazo de una mirada oblicua a trav�s del ojo aparentemente inm�vil de un espejo que no solo almacena im�genes, sino que tambi�n vidas.

�La Ciudad del Deseo� es un cuentario que se caracteriza por estar constituido en gran parte por cuentos cortos, incluso algunos textos bien podr�an ser clasificados como microcuentos; la otra caracter�stica de este libro es que la mayor�a  de los textos son tratados dentro del ir y venir entre el plano narrativo realista y el plano narrativo fant�stico.

  Con relaci�n a la segunda caracter�stica mencionada, el autor demuestra un perfecto dominio del recurso on�rico, del uso del espejo como herramienta dislocadora de la realidad; tambi�n, de la presentaci�n de un artilugio similar al Aleph de Borges: hablamos del Gran Gui�ol, que no solo es el nombre de uno de sus cuentos, sino que adem�s viene a constituir la versi�n moderna de una t�cnica teatral usada anta�o en el teatro de t�teres. Recursos narrativos teatrales y  cinematogr�ficos contribuyen, adem�s, a hacer de este cuentario una obra  actual, al d�a con el uso de los recursos de la narrativa moderna y su proyecci�n hacia nuevos horizontes narrativos.

A pesar de que  algunos cuentos, sin menospreciar su calidad, ni su tem�tica, mas bien creo fueron incluidos como relleno (una buena poda no caer�a mal para una segunda edici�n), toda la narrativa presentada est� agradablemente enriquecida por unas descripciones justas y apropiadas, apoy�ndose en el uso de un lenguaje moderado, acorde con el tema tratado y sin exageraciones.

Los tiempos cronol�gicos son muy bien manejados en consecuencia con la aplicaci�n apropiada y audaz de los recursos fant�sticos ya mencionados, los cuales en muchas ocasiones son acompa�ados de cambios de escenario de tipo teatral y cinematogr�fico, para nada forzados con el desarrollo de la trama preestablecida y que exigen del lector una lectura trigonom�trica, es decir con una visi�n espacial y polidimensional de la l�gica de los hechos que se est�n narrando.

La tem�tica sexual y un c�digo narrativo Neorrealista digamos que son las caracter�sticas fundamentales que dan una coherencia argumental y tram�tica a la generalidad de este libro, salvo algunas excepciones, como ya qued� dicho anteriormente.

De todas maneras este es un buen libro en donde usted se topar� con un desquiciado, despechado e incendiario agente de seguros reci�n divorciado y loco por el amor de una Venus gran�tica; tendr� la oportunidad de conocer a la bella y s�cubita Lul�, poseedora de una deslumbrante y misteriosa daga de plata, mujer que vista desde el rel�mpago de un espejo, bien podr�a ser Irene en su amarga lucha por escapar a su pasado y detener el paso del espejismo del tiempo que la mantiene atrapada; o bien podr�a usted morirse de la risa con las payasadas macabras de Tramp, Gougou y de Sosman, que amparados bajo la nebulosa de los sue�os y de fant�sticos hologramas del Gran Gui�ol, hacen de la realidad y la irrealidad una sola incierta verdad.

Lo cierto es que si Monterroso con su Dinosaurio nos sorprendi�, Avalos, con su Apocalipsis, nos cuenta que Dios muri�.

�No ser� que todo esto es puro cuento?


                                                          
  
                                                        
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