LOS NEGROS

          
            
                      La muerte se paga viviendo
. Ungaretti



-�D�nde? -pregunta Rafael.

Gabrielli chupa con fuerza su habano y luego contesta con su �spera voz:

-En Mam� In�, una triste taberna de j�venes rockeros.

Los ojos de ambos hombres se empeque�ecen a�n m�s, tratando de verse mutuamente. Los hombres rudos se aman as�, con �ntimas miradas de odio y de antiguo recelo.

-�Cu�ndo?

-Esta noche. A las 10.

-�C�mo sabr� que es �l?

-Caminar�s bajo las luces de ne�n y entrar�s a la taberna. Cerrar�s la puerta con cuidado y ver�s a Mikael, en el rinc�n del fondo, donde estar� esper�ndote. �l no alzar� los ojos cuando te sienta llegar hasta su mesa. No lo saludar�s. Lo ver�s empinarse el vaso para beber su �ltimo trago. Entonces levantar�s el arma y disparar�s contra �l.



D�nde, cu�ndo, qui�n. El c�mo, lo sabes, es elemental. El c�mo es la raz�n, la pat�tica raz�n, de tu existencia. El c�mo es el eje alrededor del cual giran las tres �nicas preguntas que debes preguntar. Escuchas el nombre de la taberna. Mam� In�, como se escucha la concesi�n de un deseo. Tus ojos diminutos se empeque�ecen a�n m�s, para ver mejor los ojos del otro hombre. Y Gabrielli, el mensajero, dice lo que quieres o�r de sus labios, su tierna declaraci�n de amor: �Entonces levantar�s el arma�.

-�D�nde?

-En Mam� In�. Una triste taberna de j�venes

rockeros.

-�D�nde?

-En Mam� In�. Una triste taberna de j�venes

rockeros.

As� se aman los hombres rudos: las alas de los sombreros entrecruzadas, las bocas cercanas, las narices injertas en el olor a pino salvaje de la colonia barata, mezclado al �cido resuello del tabaco masticado.

Caminar�s bajo las luces de ne�n y entrar� a la taberna. Cerrar�s la puerta con cuidado y ver�

a Mikael, en el rinc�n donde estar� esper�ndome.

�l no alzar� los ojos cuando te sienta llegar hasta su mesa. No lo saludar�. Lo ver�s empinarse el vaso para beber su �ltimo trago. Entonces levantar�s el arma. Y disparar�.

�Ay, Mam� In�!

�Ay, Mam� In�!

Camina bajo las / As� I luces de / As� se aman

I entra a la / As� I cierra / las alas entrecruzadas I con cuidado y ve a / las bocas cercanas I en el rinc�n donde / el olor a pino salvaje I no levanta los / se aman I cuando lo siente llegar hasta su / as� se aman I no / los hombres I ve empinarse el / las bocas cercanas I para / las alas entrecruzadas I su �ltimo / As� I entonces levanta el / As� I y dispara contra

Anhel�bamos el encuentro, entre las luces de

ne�n y el rinc�n en la taberna. Vimos la puerta abrirse, desde afuera y desde adentro, y fijamos los ojos en mi trago. Sab�a que me encontrar�as en el rinc�n, en mi rinc�n de sombras vanas. Sab�a que no levantar�as los ojos para mirarme. Entonces levant� el arma.

Y dispar�.

�Ay, Mam� In�!

�Ay, Mam� In�!

Todos los negros

tomamos caf�.

Las luces de ne�n. La taberna. La puerta. El rinc�n del fondo. Los ojos. La mesa. El vaso. El arma. La sangre.

As� se aman los hombres rudos.

Diez de la noche. Mama In�. Afuera las luces de ne�n. Adentro las espesas sombras, el humo de los cigarrillos, la estridente m�sica. Un hombre bebe en un rinc�n. Otro entra y cierra la puerta con cautela.

El hombre en el rinc�n levanta el vaso para beber

el �ltimo trago de su whisky. El otro hombre ha llegado hasta su mesa. Ambos levantan sus armas.

Y comprenden, no sin un poco de iron�a, que la muerte nunca fue tan cara como en este preciso instante.

Disparan.

As�.

-�D�nde? -pregunta Mikael. Gabrielli chupa con fuerza su habano y luego contesta con su �spera voz:

-En Mam� In�, una triste taberna de j�venes rockeros.

-�Cu�ndo?

-Esta noche. A las 10.

-�C�mo sabr� que es �l?

-Te sentar�s en el rinc�n del fondo. Esp�ralo ah�. Rafael entrar� a la taberna y cerrar� la puerta con cuidado. Cuando te vea, se acercar� hasta tu mesa. No lo mirar�s. No lo saludar�s. Empinar�s tu vaso para beber un trago. Entonces levantar�s el arma y disparar�s contra �l.
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