El hombre es una unidad indivisible de diferentes planos seg�n los cuales se lo ha buscado describir y estudiar para conocerlo. Esto no significa que pueda divid�rselo, en cuanto a sujeto de la educaci�n, de tal manera de poder escribirse sobre cada aspecto, consider�ndolo y aliment�ndolo por separado. Como humano, el hombre busca la plenitud en todas sus dimensiones,cpor lo que debe ser educado integral e indivisiblemente, cubri�ndose as� constante y simult�neamente su entera realidad, su humanidad. No considerarlo por entero es m�s que correr un riesgo, es seguramente equivocarse, ya que en esa integridad reside finalmente su identidad. Ante el prop�sito de educar, es ineludible hablar de valores, surgiendo entonces la necesidad de definir con precisi�n aquellos t�rminos b�sicos seg�n los cuales orientar la educaci�n en general y la educaci�n en valores, en particular. Habr� que definir qu� se entiende por hombre, qu� por educaci�n y qu� son y cu�les son los valores. Siglos de estudios, experiencias y constante maduraci�n de realidades culturales han marcado diferentes l�neas de pensamiento seg�n las cuales la humanidad reconoce la importancia de la b�squeda de la esencia del hombre y en ella la manera de elevarlo a la altura que corresponde a su dimensi�n, la de su verdadera naturaleza. Hablar sobre valores, sobre lo que vale, contribuir� siempre a clarificar las encrucijadas en las cuales acostumbramos instalarnos para muchas veces ni alcanzar a definir un rumbo acorde a nuestra propia dignidad. Hoy m�s que nunca en Argentina, cuando muchas cosas se han ca�do, entre ellas la Educaci�n, esperanza de cualquier sociedad sana, no estamos en condiciones de experimentar, debemos ir a lo seguro. Y una direcci�n segura es, sin lugar a dudas, el rescate de los valores y la formaci�n de las nuevas generaciones seg�n esos hitos. De hecho, la salida es, sin lugar a dudas, EDUCAR. Ser�a uno de los escasos rumbos no sospechosos a la mirada de quienes sabemos de una planificaci�n educativa corro�da e infiltrada por ideologias que no buscan precisamente la plenitud del hombre. |