Por más que haya quienes necesiten desmistificar al maestro, el acto de educar siempre irá prendado de la irrenunciable obligación de ser un modelo integro para los alumnos, de una búsqueda incesante de la propia perfección, de la innegable necesidad de reconocer humildemente que ésta no será jamás lograda y de la convicción de que se puede educar y formar, respetando la idiosincracia y la libertad. El maestro es, debe ser !, una persona especial, porque esta cubriendo un tiempo que cedemos los padres para que alguien, y no cualquiera, contribuya a la formacion de nuestros hijos. |