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Dios

 

TUT 69

 

 

      

 

 

 

 Dios es Todo. Todo lo que existe y lo que no existe está dentro de Dios. Nada puede existir fuera de El.

 

Desde el punto de vista hermético denominaremos a Dios la gran mente universal, o sea la esencia de la cual todo ha salido y a cual todo volverá. El principio vital que se encuentra tanto en el mineral, el vegetal o el hombre. Todo lo que existe en el Universo, sea materia o energía, esta formado en esencia por mente, la energía única, infinita y eterna que se manifiesta en lo infinitamente pequeño y en lo infinitamente grande. Como todo lo existe ha salido del todo, éste es cual matriz que posee en él la forma de todas las cosas. El Todo es la realidad substancial que se oculta tras todas las manifestaciones de vida. Es el gran padre-madre que se creó a sí mismo, que ha existido siempre y que siempre existirá.

 

Dios creó la vida para crecer en conciencia e inteligencia, que capta a través de múltiples experiencias del hombre que es la manifestación más perfecta de esta esencia universal.

 

En el Universo entero vemos que todo está en un continuo flujo y reflujo, todo cambia y evoluciona, todo nace y todo muere, pero la energía substancial o mente crece constantemente y se expande hacia lo infinito manteniéndose inmutable en su esencia.

 

Dios infinito, eterno, absoluto e inmutable y por lo tanto, todo lo infinito, inmutable y transitorio no puede ser el todo, y como en realidad nada existe fuera del todo, lo que es finito o transformable “no es nada”, o sea, es ilusorio.

 

De allí que el Ocultismo sostiene que “todo es ilusión” en relación a lo absoluto, ya que con relación al hombre es real todo lo que él percibe a través de sus sentidos

 

Igualmente, en relación a la conciencia del hombre, todo es ilusión.

 

Desde el punto de vista de lo absoluto, por ejemplo, el tiempo no existe, pero vemos que para el hombre es una realidad.

 

El Universo está compuesto por realidades relativas y realidades absolutas.

 

Esto se explica porque todo es materia y al mismo tiempo todo es energía.

 

La materia no es otra cosa que energía en un estado vibratorio más denso. Materia y energía representan los dos polos de la manifestación de la mente; materia como la vibración más densa y espíritu como la más sutil.

 

Todo el Universo es una creación mental, por lo cual podemos afirmar que existimos dentro de la mente de Dios.

 

Desde el momento en que reconocemos que dios es Mente y que la mente se manifiesta en el hombre, comprendemos la posibilidad que tiene de llegar a unirse a aquella gran inteligencia.

 

Este es el estudio  del Ocultismo: la educación del individuo para que pueda manifestar en toda su potencia la chispa divina que lleva dentro de sí mismo, o sea, la parte de la gran mente universal que vive dentro de él.

 

 

La concepción de Dios es tan vaga y absurda para la generalidad de las personas que debe ser difícil para ellas el comprender a Dios en la forma bajo la cual lo hemos presentado, que es la única que la razón, la lógica y la ciencia permiten.

 

Los ateos, que no creen en Dios, son dignos de compasión, ya que niegan su propia existencia, niegan el aire, el sol, y la vida.

 

El concepto más difundido de Dios es el de un viejecito de barba blanca que se encuentra en un cielo al cual van todos los que no han pecado, y donde elevaran eternamente alabanzas al señor.

 

Esta idea está muy bien para rodos aquellos perezosos que no quieren molestarse en pensar acerca de Dios o acerca de sí mismos y que prefieren aceptar los diferentes dogmas que les dan las religiones. Aquel que desea llegar a conocer a Dios plenamente debe dedicarse a estudiar todas sus manifestaciones a fin de llegar a comprenderlo en esencia. Desde el momento en que el hombre es la manifestaciones a fin de llegar a comprenderlo en esencia. Desde el momento en que el hombre es la manifestación más perfecta de la Gran Mente Universal, es necesario que comprenda un concienzudo estudio de sí mismo para llegar a conocer a Dios en la medida en la medida en que su nivel conceptual se lo permita.

 

La clave maestra para el estudio y conocimiento de Dios es el aforismo hermético “todo es mente, el universo es mental”.

 

Si llegamos a comprender claramente que “todo es mente”, habremos dado un gran paso adelante en la investigación de los misterios de la vida. Esta energía que llamamos Dios se manifiesta en forma de una doble  fuerza, creadora por un lado y destructiva por otro. Una y otra que se equilibran mutuamente. La fuerza creadora esta permanentemente creando y dando vida, generando. La fuerza destructiva busca en todo momento destruir para dar origen a formas de vida más perfectas. Aquello que el vulgo llama Diablo no es otra cosa que la contraparte o la sombra de Dios. Si aplicáramos el aforismo hermético que dice: “como es abajo es arriba y como es arriba es abajo”, podemos ver que el Universo entero, como sus planetas, galaxias, soles, dioses, etc., se encuentra en una forma equivalente dentro del hombre, y con más razón la fuerza creadora y destructiva.

 

Al orar el hombre se pone en contacto con la energía de Dios que esta dentro de él, y de ahí que es absurdo pretender encontrar a Dios en lo externo, cuando se encuentra dentro del hombre. Todo lo positivo emana de la energía creadora de Dios. El amor, la alegría, el optimismo, la serenidad, el deseo de ayudar a los demás, son manifestaciones de la fuerza destructiva o desintegradota. De ahí la importancia de ponernos en contacto solamente con la parte generadora de Dios, para poder evitar la acción de la fuerza desintegradota, que es la que provoca la vejez y de la decrepitud. La melancolía y la tristeza, por ejemplo, son fuerzas poderosamente destructivas, que van minando poco a poco la reserva de energías del organismo, hasta llegar a producir enfermedad y muerte. La alegría, en cambio, es una poderosa fuerza positiva con momento. Debemos regocijarnos con las cosas simples de la naturaleza, gozar con el aire fresco de la mañana, el canto de los pájaros y el florecer de los árboles.

 

 

La Naturaleza es la manifestación de las parte femenina de Dios en la tierra, la abundancia, la fuerza concebidora, el poder pujante de la vida lujuriosa. Todo los secretos más grandes de la vida están en la Naturaleza, y para quienes sabe penetrar en el Arcano de sus múltiples manifestaciones. La Naturaleza es nuestra amante madre, que en todo momento vela por el bienestar de sus hijos, pero el hombre, al quebrantar sus leyes, se pone en contra de ella y pierde su protección. Entre el vulgo existe la equivocada creencia fomentada por ciertas religiones van todavía más lejos, arrojando al infierno a quien no comulga con su dogma. Dios como fuerza espiritual de todo vida y todo amor, esta constantemente iluminándonos, tal como el sol alumbra al pecador, al santo o al criminal, llega con su luz a todos por igual. ¿Es que puede acaso existir Dios como una entidad vengativa y de cambiante humor cuyo favor puede conquistarse con plegarias? Dios como fuente infinita de vida y amor, busca en todo momento nuestra evolución espiritual y nuestro bien, pero como creador y mantenedor de la vida ha puesto en movimiento una serie de leyes que son indispensables para el mantenimiento de la vida, y el hombre al quebrantar estas leyes quiebra la armonía de la vida que hay dentro de él, y encuentra el dolor y la miseria, es decir, se castiga a sí mismo al ir en contra de la Naturaleza. Es curioso el olvido en que se mantiene a Dios en todo momento, recurriendo a El solamente para pedir egoístas posesiones materiales, o para realizar deseos pasionales de todo tipo. En caso de una guerra o de cualquier catástrofe de magnitud, ya sea ésta personal o colectiva, todos claman inmediatamente a Dios, y apenas esta catástrofe pasa se olvidan nuevamente de El para entregarse a los placeres materiales.

 

Sin embargo, intuitivamente, el deseo y anhelo más profundo de cada ser humano es el de unirse a Dios, o sea, encontrarse a sí mismo. Unos buscan la senda del misticismo y el dominio de los deseos y otros eligen el terrible camino de la embriaguez sensual y material. Desde el criminal al santo, desde el sabio al mendigo, todos buscan instintivamente encontrarse a sí mismo y tienden hacia una unión con la divinidad.

 

La única manera sabia de encontrar a Dios es por la practica de las más altas virtudes espirituales, practicando el amor hacia todos los seres humanos sin distinción de casta o color, sirviendo y ayudando al prójimo en la medida de las propias fuerzas, siendo tolerante, respetuoso, buen ciudadano, buen amigo, buen padre y buen hijo. Practicando todas las virtudes a que se puede aspirar el hombre como representante de Dios en la tierra, pero practicándolas de corazón, sin convertirse en sepulcros blanqueados como aquellos que se adornan con grandes virtudes mientras la podredumbre y el mal anidan en su alma.

 

Que recuerde el que  desee encontrar a Dios que la mayor sabiduría que existe es “amaos los unos a los otros”, que recuerde que cuanto más grande sea, mayor deberá ser su humildad para ayudar y alternar con el prójimo. Que no se olvide jamás que el orgullo, la vanidad y la soberbia son los enemigos por excelencia del ser humano.

 

A Dios se llega solamente por una puerta que dice en su frontis: amor y servicio.

 

 

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