Home l presentación l filosofía l ciencia
l pensamiento l varios l quien es o que es tut69
T U T 69
La raza negra que sucedió a la raza roja
austral en al dominación del mundo, hizo del alto Egipto su principal
santuario. El nombre de Hermes Toth, ese misterioso y primer iniciador del
Egipto en las doctrinas sagradas, se relacionan sin duda con una primera y
pacifica mezcla de la raza blanca y de la raza negra en las regiones de la
Etiopía y del alto Egipto, largo tiempo antes de la época aria. Hermes es un
hombre genérico como Manu y Buda, pues designa a la vez a un hombre, a una
casta y a un Dios. Como hombre, Hermes es el primero, el gran iniciador del
Egipto, como casta, es el sacerdocio depositario de las tradiciones ocultas;
como Dios, es el planeta Mercurio, asimilado con su esfera con su esfera a una
categoría de espíritus, de iniciadores divinos; en una palabra; Hermes preside
a la región supraterrena de la iniciación celeste. En la economía espiritual
del mundo, todas esas cosas están ligadas por secretas afinidades como por un
hilo invisible. El nombre de Hermes es el talismán que las resume, un sonido
mágico que las evoca. De ahí su prestigio. Los Griegos, discípulos de los
egipcios, le llamaron Hermes Trismegisto, el tres veces grande, porque era
considerado como rey, legislador y sacerdote. El caracteriza a una época en que
el sacerdocio, la magistratura y la monarquía se encontraban reunidos en un
solo cuerpo gobernante. La cronología egipcia de Manetón llama a esa época el
reino de los dioses. No había entonces ni papiros ni escritura fonética, pero
la ideografía sagrada existía ya: la ciencia del sacerdocio estaba escrita con
jeroglíficos sobre las columnas y los muros de las criptas. Considerablemente
aumentada, pasó más tarde a las bibliotecas de los templos. Los egipcios
atribuían a Hermes cuarenta y dos libros sobre la ciencia oculta. El libro
griego conocido por el nombre de Hermes Trismegisto encierra ciertamente
restos alterados, pero infinitamente preciosos, de la antigua teogonía, que es
como el fiat lux de donde Moisés y Orfeo recibieron sus primeros rayos.
La doctrina del fuego Principio y del Verbo Luz, encerrada en la Visión de
Hermes, será como la cúspide y el centro de la iniciación egipcia.
Trataremos ahora de encontrar esta visión
de los maestros, en rosa mística que se abre en la noche del santuario y en el
arcano de las grandes religiones. Ciertas palabras de Hermes, impregnadas de
sabiduría antigua, son propias para prepararnos a ello. “Ninguno de nuestros
pensamientos __dice a su discípulo Asclepios__ puede concebir a Dios, ni lengua
alguna puede definirme. Lo que es incorpóreo, invisible, sin forma, no puede
ser percibido por nuestros sentidos; lo que es eterno, no puede ser medido por
la corta regla del tiempo: Dios es, pues inefable. Dios puede, es verdad,
comunicar a algunos elegidos la facultad de elevarse sobre las cosas naturales
para percibir alguna radiación de su perfección suprema; pero esos elegidos no
encuentran palabra para traducir en lenguaje vulgar la visión inmaterial que
les ha hecho estremecer. Ellos pueden explicar a la humanidad las causas
secundarias de las creaciones que pasan bajo sus ojos como imágenes de la vida
universal, pero la causa primera queda velada y no llegaríamos a comprenderla
más que atravesando la muerte”. Así hablaba Hermes del Dios desconocido, en el
pórtico de las criptas. Los discípulos que penetraban con él en sus
profundidades, aprendían a conocerle como ser viviente.
El libro habla de su muerte como la
partida de un Dios. “Hermes vio el conjunto de las cosas, y habiendo visto,
comprendido, y habiendo comprendido, tenia el poder de manifestar y de revelar.
Lo que pensó lo escribió; lo que escribió lo oculto en gran parte, callándose
con su prudencia y hablando a la vez, a fin de que toda la duración del mundo
por venir buscase esas cosas. Y así, habiendo ordenado a los dioses sus
hermanos que le sirvieran de cotejo, subió a las estrellas.
Se puede, en rigor, aislar la historia
política de los pueblos, más no así su historia religiosa. Las religiones de la
Asiría, Egipto, Judea y Grecia no se comprenden más que cuando se vislumbra su
punto de unión con la antigua religión indoaría. Tomadas aparte, son otros
tantos enigmas y charadas; vista en conjunto y desde arriba, son una soberbia
evolución donde se domina y se explica recíprocamente. En una palabra, la
historia de una religión será siempre estrecha, supersticiosa y falsa; solo hay
verdad en la historia religiosa de la humanidad. Desde tal altura no se siente
más que las corrientes que dan la vuelta al globo. El pueblo egipcio, el más
independiente y el más cerrado de todos a las influencias exteriores, no pudo
substraerse a esta ley universal. Cinco mil años antes de nuestra era, la luz
de Râma, encendía en el Irán, irradio sobre el Egipto y vino a ser la ley de
Amón-Râ, el Dios solar de Tebas. Esa constitución le permitió desafiar tantas
revoluciones. Meneés fue el primer rey de justicia, el primer faraón ejecutor
de aquella ley. El se guardo bien de arrebatar a Egipto su antigua teología,
que era la suya también, y no hizo más que confirmarla y ensancharla,
añadiéndole una organización social nueva: el sacerdocio, es decir, la
enseñanza, en un primer consejo; la justicia en otro; el gobierno en los dos;
la monarquía concebida como delegada y sometida a su fiscalización; la
independencia relativa de los Nomos o municipalidades, como base de la
sociedad. Es lo que podemos llamar gobierno de los iniciados. Tenia por clave
la bóveda más un síntesis de las ciencias conocidas bajo el nombre de Osiris
(O-SIR-IS), el señor intelectual. La gran pirámide es su símbolo y su gnomon
matemático. El faraón que recibía su nombre de iniciación en el templo, que
ejercía el arte sacerdotal y el real sobre el trono, era, pues, un personaje
bien distinto del déspota asirio, cuyo poder arbitrario estaba cimentado sobre
el crimen y la sangre. El faraón era el iniciado coronado, o por lo menos, el
discípulo y el instrumento de los iniciados. Durante siglos, los faraones
defenderán, contra el Asia despótica y contra la Europa anárquica, la ley del Morueco,
que representa entonces los derechos de la justicia y del arbitraje
internacional, según enseñara Râma con su ejemplo.
Hacia el año 2200 antes de Jesucristo, el
Egipto sufrió la crisis más temible porque un pueblo puede atravesar: la de una
invasión extranjera y de una semiconquista. La invasión fenicia era si misma la
consecuencia del gran cisma religioso de Asia, que había sublevado a las masas
populares, sembrando la discordia en los templos. Conducida por los reyes
pastores llamados hicsos, esa invasión lanzo su diluvio sobre el Delta y el
Egipto medio. Los reyes cismáticos traían consigo una civilización corrompida,
la molicie jónica, el lujo del Asia, las costumbres del harén, una idolatría
grosera. La existencia nacional del Egipto estaba comprometida, su
intelectualidad en peligro, su misión universal amenazada. Pero llevada en si
un alma e vida, es decir, un cuerpo orgánico de iniciados, depositarios de la
antigua ciencia de Hermes y de Amón-Râ. ¿Qué hizo aquella alma? Retirarse al
fondo de sus santuarios, replegarse en si misma para resistir mejor al enemigo.
En apariencia, el sacerdocio se inclino ante la invasión y reconoció a los
usurpadores que llevaban la ley del toro y el culto del buey Apis. Sin embargo,
ocultos en los templos, los dos consejos guardaron allí, como un deposito
sagrado, su ciencia, sus tradiciones, la antigua y pura religión, y con ella la
esperanza de una restauración de la dinastía nacional. En esta época fue cuando
los sacerdotes difundieron entre el pueblo la leyenda de Isis y de Osiris, del
desmembramiento de este ultimo y de su resurrección próxima por su hijo Horus,
que volvería a encontrar sus miembros dispersos arrastrados por el Nilo. Se
éxito la imaginación de la multitud por la pompa de las ceremonias publicas. Se
sostuvo su amor a la vieja religión representándole las desgracias de la Diosa,
sus lamentos por la perdida de su esposo celeste, y la esperanza que ella tenia
en su hijo Horus, el divino mediador. Pero al mismo tiempo, los iniciados
juzgaron necesario hacer inatacable la verdad esotérica recubriéndola con un
triple velo. A la difusión del culto popular de Isis y de Osiris, corresponde
la organización interior y sabia de los pequeños y de los grandes Misterios. Se
les rodeó de barreras casi infranqueables, de los peligros tremendos. Se inventaron las pruebas morales, se exigió
el juramento del silencio, y la pena de muerte fue rigurosamente aplicada contra
los iniciados que divulgaban el menor detalle de los Misterios. Gracias a esta organización
severa, la iniciación egipcia llego a ser, no solamente el refugio de la
doctrina esotérica, sino también el crisol de su resurrección nacional y la
escuela de las religiones futuras. Mientras los usurpadores coronados reinaban
en Memphis, Tebas se preparaba lentamente para la regeneración del país. De su templo,
de su arca solar, salio el salvador del Egipto, Amos, que arrojo a los hicsos del
país después de nueve siglos de dominación, restauro la ciencia Egipcia en sus
derechos y la religión de Osiris.
De este modo los Misterios salvaron el alma
de Egipto de la tiranía extranjera, y esto para bien de la humanidad. Porque tal
era entonces la fuerza de su disciplina, el poder de su iniciación, que encerraba
en si su mejor fuerza moral, su más alta
Así pensaba los iniciados antiguos. Los más
grandes de entre ellos vivían y obraban en consecuencia. La verdadera iniciación
era una cosa bien distinta a un sueño huero, y mucho más que una simple enseñanza
científica; era la creación de un alma por si misma, su germinación sobre un plano
superior, su floración en el mundo divino.
Trasladémonos al tiempo de los Ramsés a la
época de Moisés y de Orfeo, hacia el año 1300 antes de nuestra era, y tratemos
de penetrar en el corazón de la iniciación egipcia. Los monumentos figurados,
los libros de Hermes, la tradición judía y griega, permiten hacer revivir sus fases
ascendentes y formarnos una idea de su más alta revelación.
La Esfinge | Hermes Trismegisto | Isis__ La iniciación. __Las pruebas
Home l presentación l filosofía
l ciencia l pensamiento l varios
l quien es o que es tut69
T U T 69