Irradiación del Verbo Solar
T U T 69
Tal es la leyenda del Krishna, reconstituida
en su conjunto orgánico y colocada en la perspectiva de la historia.
Ella arroja una viva luz sobre los
orígenes del Brahmanismo. Claro que es imposible probar por documentos
positivos que tras del mito de Krishna se oculta un personaje real. El triple
velo que cubre el embrión de todas las religiones orientales, es más espeso en
la India que en parte alguna, porque los brahmanes, dueños absolutos de la
sociedad India, únicos guardianes de sus tradiciones, las han modelado y
reformado con frecuencia en el curso de las edades. Pero es justo añadir que
han conservado fielmente todos los elementos constitutivos, y que, si su
doctrina sagrada se ha desarrollado con los siglos su centro no se ha
desplazado jamás. No podemos, pues, como lo hace la mayor parte de los sabios
europeos, explicar una figura como la de Krishna, diciendo: “Es un cuento de
nodriza injertado en un mito solar, con una fantasía filosófica hilvanada sobre
conjunto”. No es así, creemos, como se funda una religión que dura miles de
años, engendra una poesía maravillosa, varias grandes filosofías, reside al ataque
formidable del budismo; a las
invasiones mongolas, mahometanas, a la conquista Inglesa, y conserva hasta en
su decadencia profunda el sentimiento de su inmemorial y alto origen.
No: siempre hay un grande hombre en el
origen de una gran institución. Considerando el papel predominante del
personaje Krishna en la tradición épica y religiosa, sus aspectos humanos por
una parte, y por la otra, su identificación constante con Dios manifestado o Vishnu,
fuerza nos es creer que él fue creador del culto Vishnuita, que dio al
Brahmanismo su virtud y su prestigio. Es, pues, lógico admitir que en medio del
caos religioso y social que creaba en la India primitiva la invasión de los
cultos naturistas y apasionados, apareció un reformador
La importancia de Krishna no parecerá aún
mayor y de un carácter realmente universal, si notamos que su doctrina encierra
dos ideas madres, dos principios organizadores de la religiones y de la filosofía
esotérica. Estos son: la doctrina orgánica de la inmortalidad del alma o de las
existencias progresivas por la reencarnación, y la que corresponde a la Trinidad
o Verbo divino revelado en el hombre. No he hecho más que indicar el alcance filosófico
de esta concepción central que, bien comprendida, tiene su repercusión animadora
en todos los dominios de la ciencia, del arte y de la vida. Debo limitarme,
para concluir, a una histórica.
La idea de que Dios, la Verdad, la
belleza y la bondad infinita se revelan en el hombre conciente con un poder
redentor que resalta hasta las profundidades del cielo por fuerza del amor y
del sacrificio, esa idea fecunda entre todas, aparece por primera vez Krishna. Ella
se personifica en el momento en que, saliendo de su juventud aria, la humanidad
va a hundirse más y más en el culto de la materia. Krishna le releva la idea
del Verbo divino; ella no lo olvidará ya. Y tendrá tantas más sed de redentores
y de hijos de Dios, cuanto más profundamente sienta su descenso. Después de Krishna,
hay como una poderosa irradiación del verbo solar a través de los templos de
Asia, de Africa y de Europa. En Persia, es Mitras, el reconciliador del
luminoso Ormuzd y del sombrío Ahrimán; en Egipto, es Horas, el hijo de Osiris y
de Isis; en Grecia, es Apolo, el Dios del Sol y de la Lira; Dionisos, el
resucitador de las almas. En todas partes el Dios solar es un Dios mediador, y
la luz es también la palabra de vida. ¿No es de ella también de donde broto la
idea mesiánica? Sea ello lo que quiera, por Krishna entró esa idea en el mundo
antiguo: por Jesús irradiara sobre toda la tierra.
Mostraré en lo que sigue de esta historia
secreta de las religiones, como la doctrina del ternario divino se liga a la
del alma y de su evolución, cómo y por qué ellas se suponen y se completan recíprocamente.
Digamos ante todo que su punto de contacto, forma el centro vital, el foco
luminoso de la doctrina esotérica. A no considerar las grandes religiones de la
India, del Egipto, de Grecia y de Judea más que por el lado exterior, no ve
otra cosa que discordia, superstición y caos. Pero sondead los símbolos,
interrogad a los misterios, buscad la doctrina madre de los fundadores y de
tortuosos, se llegara al mismo punto; de suerte que penetrar en el arcano de
una de esas religiones, es también penetrar en los de las otras. Entonces se
produce un fenómeno extraño. Poco a poco en una esfera creciente, se ve brillar
la doctrina de los iniciados en el centro de las religiones, como un sol que
disipa su nebulosa. Cada religión aparece como un planeta distinto. Con cada
una de ellas cambiamos de atmósfera y de orientación celeste, pero siempre el
mismo Sol nos ilumina. La India, la gran soñadora nos sumerge con ella en el
sueño de la eternidad. El Egipto grandioso, austero como la muerte, nos invita
al viaje de la ultratumba. La Grecia encantadora nos arrastra a las fiestas mágicas
de la vida, y da a sus misterios la seducción de las formas, tan encantadoras
como terribles, de su alma siempre apasionada. Pitágoras, en fin, formula científicamente
la doctrina esotérica, la da quizá la expresión más completa y más sólida que
haya jamás tenido; platón y los Alejandrinos no fueron más que sus vulgarizadotes.
Acabamos de remontarnos hasta su fuente en los juncares del Gangueés y las
soledades del Himalaya.
El triunfo y la muerte | Irradiación del verbo
solar | Hermes
Home l presentación l filosofía
l ciencia l pensamiento l varios
l quien es o que es tut69
T U T 69