El 13 de diciembre de 2006 tuvo lugar en la sala de juntas del Círculo de Bellas Artes de Madrid la presentación del libro "Pensando la Evolución, Pensando la Vida", un libro que tiene el atrevimiento de poner en cuestión una teoría y una forma de pensar tan bien asentada en la sociedad y el imaginario colectivo como es el darwinismo. Y lo hace con argumentos científicos de primer orden, sin descuidar en ningún momento el marco histórico y sociopolítico que envuelve a la polémica. Fue una sesión emotiva e intensa, que atrapó a los asistentes en una atmósfera de complicidad e ilusión por cambiar el mundo. Mauricio Abdalla, profesor de Filosofía de las Ciencias de la Universidad Federal de Spiritu Santo (Brasil) intervino en primer lugar dejando muy claro cuál es para él la dimensión de la magnitud de este evento:
En este tiempo en que todavía se cree que el darwinismo es una teoría que explica todo sobre la vida y hasta sobre la sociedad, un libro que lo contradice, está, como dije, o totalmente equivocado, o es un libro revolucionario en términos científicos. La cuestión es que en los dos casos la teoría hegemónica en la biología (y también en la sociedad) se encuentra en aprietos, porque si los biólogos no son capaces de contradecir estas ideas es porque se guían por una teoría tan débil que no es siquiera capaz de contradecir las teorías que la niegan, y me parece que no hubo hasta hoy una contestación de las ideas que Máximo ya ha publicado, que ya son conocidas. Y no me parece que sea un problema de tiempo, porque los científicos tienen mucho tiempo para atacar el creacionismo, pero me sorprende que se queden en silencio cuando las contradicciones vienen de la propia ciencia. Ideas como estas no se pueden, simplemente, ignorar.
Después intervino el maestro de ceremonias del evento, Ángel Gabilondo Puyol, rector de la Universidad Autónoma de Madrid. Encandiló al público con toda una exhibición de sus dotes de orador, mientras se dedicaba a escarbar en lo más profundo del alma del libro hasta dejarlo desnudo y en carne viva:
Algo debe tener el pensamiento de peligroso cuando suele ser más bien cautivado por quienes no quieren que cambien las cosas. Y algo de peligroso debe tener también el lenguaje. Alguno se preguntaba, Focault lo decía, ¿qué hay de peligroso en el hecho de que los hombres hablen? Qué hay de peligroso en el hecho de que unos amigos nos reunamos aquí al atardecer en torno a un libro, ¿pero es que no tienen ustedes otra cosa más interesante que hacer? Pues algo hay de peligroso en todo esto. Y este gesto peligroso obedece al arrojo y al coraje de Máximo Sandín, y yo quiero en este momento celebrarlo.
Si alguno tiene ya las ideas muy claras e incuestionables yo le animo a que ni se le ocurra leerlo. Si alguno cree que ya es insuperable, que la vida también y que el mundo también que ni se acerque. Este libro esta hecho para quienes piensan que las cosas son mejorables. Que podrían ser de otro modo, que quizá hasta es necesario que lo sean. Este libro es también un libro político. Político en el sentido más amplio de la palabra, un libro sobre la política de las cosas, no sólo por las cosas de la política (dicen ahora). Un libro en el que se sabe y se conoce que la comprensión que hay de la ciencia también está con la comprensión que tengamos de la sociedad y del mundo.
Estamos tratando de pensar el siglo 21 con categorías del siglo 19. Y la verdad es que se rompe por todos los lados el pantalón. Seguimos pensando la idea de la historia y del lenguaje concebidas como si fuéramos seres de la pura modernidad. Seguimos pensando en la idea de progreso, en una noción de la idea de la historia continuista, donde unos sucesos se van sucediendo a otros y superándose, en una visión casi hegeliana de la historia. Con la idea de progreso, como dice Máximo Sandín también aquí, en esta lógica de la superación Bill Gates es mucho más listo que Platón, "el pobre Platón, si eso fue hace mucho"...
La lucha de las teorías también son luchas de poder. Luchas de los discursos, luchas de las disciplinas y lucha de aquellos que acaparan y se hacen propietarios también de los discursos y hegemónicamente los imponen como teorías dominantes. Y este es también un libro sobre el poder. Un libro sobre las luchas de poder de los discursos.
Es un libro con coraje, que me parece que en la medida que es una proliferación de artículos también se rebela contra el modelo de libro, de libro sistemático, de libro arquitectónico, de libro articulado, es un libro donde hay una pluralidad de ensayos, de intentos, a veces empieza de nuevo otra vez, como si dijera: bueno vamos a ver, pongámonos de nuevo otra vez, (como él dice "para principiantes"), desnudémonos ya de una vez de tanta historia y empecemos con alguna frescura, recobremos alguna ingenuidad, reabramos un poco el amor a la cosa, y corramos el riesgo de ir pensando, pensando, poco a poco, viviendo, viviendo...
Por último, el clímax emotivo de la noche se alcanzó con la intervención del propio Máximo Sandín:
Yo voy a dejar muy claro que esto no tiene ningún mérito especial. El único mérito que tiene es perder el tiempo en pensar, nada más, eso cualquiera que se lo propusiera podría hacer lo mismo. Lo que pasa es que vivimos en una sociedad atropellada, en la que no hay tiempo para detenerse a pensar... Y esto va a ser tremendo porque si ha habido unos momentos o época en la historia de la humanidad en que ha hecho falta mucha reflexión, es ahora. Hay tantísimas cosas que damos por supuestas sin pensar en ellas... Lo yo creo que pasa es que da miedo pensar, porque si se mira el camino que lleva el mundo, cuando piensas un poco te aterrorizas. Por eso parece que la idea es seguir, seguir y seguir sin detenerse a pensar.
Máximo Sandín
Lo que para mí ha sido maravilloso es la sensación de haber acabado con la idea con la que me tenían engañado: Yo decía, "soy biólogo me encanta la belleza de la naturaleza, me encanta el campo, los animales, es una cosa increíble" y me decían "no, estás equivocado, la naturaleza es una jungla de dientes y garras ensangrentados, en la que todos compiten". Compiten, como dicen algunos sabios, incluso entre la misma camada, están todos siempre compitiendo. Y yo cuando empecé a dar clases repetía esas cosas, pero no se puede estar repitiendo mentiras permanentemente, porque fueron mis alumnos los que dijeron "oye, explícame mejor eso". Y me lo tuve que intentar explicar a mí mismo.
Y ya veremos como acaba esto, pero al menos nos quedará el consuelo de que por más que se empeñen los que mandan, la vida y la naturaleza es infinitamente más hermosa, infinitamente más fascinante de lo que cualquiera de nosotros hubiera podido llegar a imaginar jamás. Y como diría el jefe indio unos días antes de que el hombre blanco aplicara sobre él la selección natural, "no tengo nada más que decir".
Pero, como dijo Ángel Gabilondo, se le instó a que dijera algunas cosas más en el coloquio posterior, que se desarrolló en un ambiente muy íntimo, cálido y desenvuelto, y se trasladó, cuando las puertas del Círculo de Bellas Artes cerraron y tuvimos que irnos, a la taberna de la esquina. Así, juntos celebramos y disfrutamos este homenaje a Máximo Sandín, una persona honesta que ha tenido el valor de pensar en la biología de un modo diferente, y ha sabido liberarnos a muchos de la estrechez de miras sobre la vida que nos inculcaron desde pequeños a base de libros de texto y otros muchos medios. ¡Gracias Máximo!
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