| - �Iremos a pie Ettiene? - No, una fiel amiga nos llevara. Con un giro de mi mano, mi m�gico b�culo apareci� de la nada y con �l apunte a la oscuridad del bosque--TU QUE VIVIES EN LA NOCHE DE LOS TIEMPOS TRAS EL MANTO DEL ESPACIO Y DE LA NOCHE, HIJA DE LA LUNA ACUDE A LA LLAMADA DE TU SIERVO RUK NA SU. - La esmeralda que coronaba mi b�culo empez� a brillar y un haz de luz rojiza sali� despedido hacia las profundidades del bosque. Seguidamente se escuch� un aullido y unos ojos rojos se dibujaron en la noche. Driad dio un salto y desenvain� la espada, prepar�ndose para defenderse del ataque de aquella bestia. - Guarda la espada, no te har� da�o. Ac�rcate Ba. Una inmensa loba blanca de dos colas surgi� de las tinieblas. Era alta como un caballo y voluminosa como dos de ellos. Se acerco sumisa a m� y dijo: - Se�or de las estrellas �me hab�is llamado? - S� vieja amiga; necesito que nos lleves lo m�s r�pido posible a la colina Meda - Lo siento Ettiene, Nada me agradar�a m�s que complaceros, pero una magia maligna lo protege. Lo mas lejos que puedo llevaros es a las afueras de la ciudad de Mo. Mire a Driad y ella asinti� con la cabeza. No me gustaba la idea de ir a la ciudad de Mo, ya que era un refugio de ladrones y asesinos pero no hab�a mas remedio. Me acerque a Ba y sub� a su lomo una vez que me acomod� extend� la mano hacia Driad. -�Ven�s? Todav�a no hab�a salido de mi asombro por la llegada de nuestro medio de transporte. Acept� la mano de Ettiene quien me ayud� a situarme ante �l, ya que debido al tama�o de la loba era impensable montar a horcajadas. Emprendimos nuestro viaje. La ciudad de Mo deb�a estar a unas cuatro o cinco jornadas de distancia, ya que si mal no recordaba era una ciudad fronteriza entre Shirak y las tierras de la Dama Negra, donde se encontraba nuestro objetivo. Recuerdo las historias que la guardia de palacio contaba sobre esa ciudad. Debido a su situaci�n, poco definida, escapaba de las jurisdicciones de ambos reinos y era una especie de zona libre, sin dirigentes ni leyes, cuna de ladrones, contrabandistas, mercenarios y prostitutas... donde todo se pod�a comprar y vender... desde un sable hasta un sirviente... no en vano, Mo era uno de los �ltimos reductos en los que todav�a se comerciaba con esclavos. La verdad, nuestro destino no era demasiado alentador... y aunque de ni�a siempre hab�a sentido curiosidad por ver aquello, no pod�a apartar el temor de mi mente. Tan sumida estaba en mis pensamientos que tard� en darme cuenta de la velocidad a la que se mov�a aquel animal m�gico. Pese a que no segu�amos ning�n camino, la loba parec�a no necesitarlos, y se desplazaba entre la vegetaci�n con seguridad, como si supiese exactamente por donde tenia que pasar, sin vacilar ni un segundo, y con tanta delicadeza, que llegu� a pensar que en lugar de cabalgar, nos desliz�bamos a poca altura del suelo. Atravesamos r�os y valles.. y tras nosotros quedaban los pueblos de la ribera del Shek. A este paso llegar�amos a las afueras de Mo antes del amanecer. Pese a lo peligroso que resultaba. Mo era un buen destino pues se hallaba muy cerca del lugar que deberiamos visitar antes de llegar a Meda. El templo oculto donde se guardaba aquello que Shiva anhelaba. Un lugar al que solo yo sab�a llegar y que comunicar�a a Ettiene una vez llegase el momento adecuado. |
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