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Un llamado a la liberación de Swami Chidananda
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EL PRIMER PASO
¿Qué significado tiene Dios para cada uno
de nosotros? ¿Cuál es nuestra relación con
Dios y la relación de Dios para con nosotros?
Las Escrituras nos dicen que Él es el todo
y nosotros somos una parte. Siendo omniimpregnante,
Él es nuestro constante compañero, nuestro
compañero a lo largo de la vida desde el
momento de nuestro nacimiento hasta nuestro
último respiro.
No estáis jamás solos. Si alguien se encuentra
constantemente a vuestro lado ese es ese
Ser llamado Dios. El es el constante y más
cercano compañero a lo largo de la vida.
Él es sakshi, un constante testigo silencioso.
Omnisciente, Él conoce todo sobre nosotros,
es el que más nos conoce. No solamente conoce
todo sobre nosotros, también conoce más sobre
nosotros que nosotros mismos.
Mucho sobre nosotros se encuentra escondido
dentro de nuestra mente, memoria y subconsciente.
Todo es oscuro para nosotros, no lo sabemos.
A veces, cuando sabemos de pronto, nos sorprendemos:
"¡Cómo! ¿Puede tal cosa estar dentro
de mí? Nos sorprendemos, porque nuestro interior
se encuentra en la oscuridad. No sabemos;
Él sabe. No hay nada que Él no sepa.
El nos conoce totalmente, y también nos tolera
totalmente, con todos nuestros defectos,
puntos en contra, imperfecciones e insuficiencias.
Él es el más tolerante de todos los seres.
Él nos otorga imparcialmente el resultado
de nuestras acciones. Él mismo es el que
origina la ley, mas Él no castiga ni premia.
La ley se satisface a sí misma.
Y lo asombroso es, que no solo conoce nuestros
puntos en contra y los tolera, tampoco los
tiene en cuenta, no los cuenta contra nosotros,
simplemente los deja de lado. Sí, tiene en
cuenta nuestros puntos a favor, los anota,
los cuenta. Los puntos en contra los deja
diciendo que son nuestros problemas, nosotros
debemos resolverlos.
Mas si le pedís ayuda para resolver el problema,
Él está siempre pronto. No solo es nuestro
compañero constante, silencioso, siempre
paciente, siempre tolerante testigo, sabiendo
más sobre nosotros que nosotros mismos, mas
también es nuestro guía, amigo y filósofo.
Él quiere guiarnos en la dirección correcta.
Si le preguntáis, escuchadle. Él es nuestro
mejor amigo. Él nos da la luz de la más elevada
comprensión.
Y lo que es más, Él ayuda a los desvalidos,
está siempre pronto para ayudarnos si se
lo pedimos. Muchas veces aunque no se lo
pedimos, Él nos ayuda en la forma de aparentes
dificultades, en la forma de factores aparentemente
adversos. Él viene. Sus bendiciones vienen
disfrazadas. Más tarde comprendemos: "Qué
gran bendición resultó ser ese factor adverso.
Yo pregunté qué estaba haciendo Dios conmigo
y no sabía que Él estaba tratando de ayudarme."
El no abandona jamás a los desvalidos. El
jamás da la espalda a aquel que se le acerca
pidiendo ayuda. El no es sordo a nuestras
plegarias, siempre las escucha, y pronto
para ayudar, dándonos lo que buscamos. Él
es, por lo tanto, más que un mero compañero
a lo largo de nuestra vida. Él es un compañero
siempre pronto a ayudar, un compañero compasivo
y comprensivo. Todo eso y más. Él nos otorga
la más elevada bendición.
Mas Él quiere que demos el primer paso hacia
Él. Y el primer paso hacia Él es reconocer
que nuestro corazón es su hogar y que nuestro
cuerpo es su templo. Por ello debemos mantenerlo
digno, limpio y puro. El poeta, Rabindranath
Tagore, dice: "O Dios, Tu eres la vida
de mi vida, mantendré mi cuerpo puro, sabiendo
que Tu vivo contacto se encuentra en todos
mis miembros. Mantendré siempre mi corazón
puro, sabiendo que Tu trono real se encuentra
dentro del cuerpo-templo."
Así de cerca está, y sabiendo esto debemos
mantener nuestro corazón puro. Sabiendo esto
mantenemos fuera de todo lo que es contrario
a Su naturaleza, todo lo que no es divino,
todo lo que no es espiritual, lo que no es
sattvic, lo que no es sagrado ni santo. Decimos:
"No, no ensuciaré Su divina morada permitiendo
algo que no sea de la más elevada calidad.
Pues es mi privilegio darle un lugar digno.
Es mi humilde privilegio mantenerlo constantemente
santo, limpio y puro limpiándolo todos los
días, cada momento de mi vida. ¿Qué soy yo?
¿Qué es Él? Empero Él mora en mi. Qué gran
privilegio, qué gran bendición. ¿Qué he hecho
para merecerlo?"
De esta manera lleno de sentido de gratitud,
hacemos lo posible para mantener el templo
interior, el sanctum sanctorum, santo, limpio
y puro. Y, cuando luego de constante esfuerzo
y sinceridad, seriamente y gran aspiración,
el devoto, bhakta, sadhaka, yogi, trabaje
para mantener el corazón puro, entonces en
ese corazón puro surgirá el reconocimiento
del gran valor de Dios.
Solo un corazón puro puede reconocer el gran
valor de Dios, cuan mezquino es todo, sin
valor, delante de éste gran Uno. Entonces
nace el desapasionamiento: "¡En cuanta
locura me he comprometido en todos estos
años! Solo Dios sabe por cuantos nacimientos
he corrido detrás de estas cosas sin valor.
'Qué gran locura! ¡Nunca más! ¡Suficiente!"
Es asi como nos retiramos de todo lo que
no tiene valor y lo buscamos tan solo a Él.
Es asi como la purificación del corazón da
lugar a la devoción y a la renunciación.
Y a través de la renunciación obtenemos la
gran paz que es Dios. La inmortalidad viene
tan solo con la renunciación.
Dios trabaja manifestándose dentro nuestro
en la forma de un fuerte anhelo de pureza.
Con la pureza viene la devoción y con la
devoción viene el desapasionamiento, vairagya.
Con el desapasionamiento y la renunciación
llega lo Último. Y obtenemos inmortalidad
y la paz que sobrepasa todo entendimiento.
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