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Charlas del libro "Medita estas verdades"
de Swami Chidananda
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55
EL HOMBRE Y SU MENTE
¡Radiante Atman! El hombre es hombre porque
tiene mente. El pensar, razonar, sentir,
eso hace de él un hombre. Si no tiene mente
es un animal. Mas, la mente puede también
hacer del hombre una bestia. La mente puede
hacer del hombre un demonio. Porque la mente
no se hace sattvica, si no es gobernada por
un intelecto hábil, inquisidor, despierto,
discriminador, siempre alerta y vigilante,
la mente se transforma en un gran problema;
se vuelve una trampa, el mayor enemigo, una
gran complicación, fuente de todo tipo de
problemas para el aspirante, para el buscador.
Podemos sentirnos desamparados, atormentados
por la mente. Toma posesión de nuestra vida
y nos encontramos a merced de las emociones,
sentimientos, pasiones y error.
Porque la naturaleza de la mente es de siempre
crear confusión y agitación constante, actividad
constante, pensamiento constante en los objetos
sensoriales, constante salir hacia afuera,
constante involucrarse y enredarse en cosas.
Es un manojo de deseos, anhelos e imaginaciones.
Es una compañera con la que debemos ser cautos.
Se encuentra ahí; no podemos evitarlo. No
podemos desembarazarnos de ella. Pero debemos
saber que es un problema, que es nuestra
hacedora de problemas. No debemos pensar
que es nuestra amiga.
Pero, es la mente, manas, nuestro problema,
no el antahkarana. El antahkarana (ser interior)
también contiene nuestro gran ayudante, nuestra
mayor ventaja, puede hacernos divinos. Porque
el antahkarana no solo contiene la mente,
tambíen contiene buddhi (intelecto) y chitta
(la mente subconsciente), la caja de Pandora,
que contiene todo lo maravilloso y hermoso
pero también todo lo feo y no tan maravilloso.
No tenemos control sobre chitta. Si queremos
lo mejor de ella, debemos corregirla en su
lugar. Incluso siendo incapaz de controlarla,
podemos transformarla, gradualmente aminorar
y eliminar todas sus tendencias no favorables
e impresiones sutiles por el proceso constante
de profunda e íntima transformación, purificación.
El poder del Nombre de Dios puede llegar
a donde nosotros no podemos llegar. No necesitamos
ver. Somos ciegos, caminamos a tientas en
la oscuridad cuando tratamos de entrar en
la mente, cuando tratamos de mirar adentro
para hacer introspección, para analizarnos
y estudiarnos. El Nombre de Dios no requiere
de luz para ver, porque Él mismo es la Luz.
En el momento que entra, entra con su propia
luz. Penetra profundo en la mente y, con
su poder, gradualmente transforma totalmente,
efectúa una transformación revolucionaria.
Transforma la mente en no-mente, la llena
de sattva, ilumina la oscuridad de la mente
y le es posible eliminar de chitta toda negatividad.
Porque chitta es necesaria. Lo que se encuentra
dentro de chitta no es enteramente sin valor,
a pesar de ser constante fuente de pensamiento,
deseo, anhelo e imaginación. Sin embargo,
contiene preciosas gemas, las nueve gemas.
Porque todo lo que escuchamos o leemos, todo
lo sublime, elevado, noble, inspirador, se
encuentra almacenado en chitta. Debemos saber
como sacarlo afuera. Todo lo feo, sucio,
indecente también se encuentra almacenado
en chitta. Todo lo que percibimos, vemos,
oímos, queda registrado en chitta. Debemos
saber entonces la necesidad de ser selectivo
cerrando las ventanas a los sentidos, no
permitiendo que entren en chitta cosas equivocadas,
permitir solo aquello valioso que puede ser
enriquecedor, una ventaja para nosotros.
Tan solo a eso se le debe dar entrada.
Aquello que nos viene de anteriores nacimientos
no lo podemos evitar. Eso debe ser transformado
con japa, meditación, oración, satsanga,
svadhyaya, nishkama-karma-yoga. Eso debemos
hacer, es un proceso gradual.
Pero lo que entra ahora y en el futuro en
chitta -eso sí lo podemos evitar. Eso se
encuentra bajo nuestro control. Es por eso
que se dice que debemos tener samyama, auto-control,
discriminación, pratyahara (retractación
de los sentidos) cuando nos encontramos en
medio de los objetos de los sentidos, o entre
la gente.
Algunas personas hablarán con sentido común,
otras no. Algunas hablarán con sabiduría.
Nosotros sabemos qué debemos tomar y qué
no, qué ignorar, dejar pasar. Incluso en
satsanga, todo lo que se dice no es para
todos. Debemos saber qué nos atañe, tomar
lo que nos sirve y dejar el resto. El que
escucha es un viveki. Y, cuando salimos afuera,
debemos saber ante qué abrir nuestros sentidos
y ante qué cerrarlos. Debemos mantener nuestra
chitta pura. No permitir entrar impurezas
debido a las malas compañías o percepciones
erróneas, absorbiendo innecesariamente por
los sentidos cosas que seguramente nos traerán
problemas.
Debemos ser sabios, mantenernos alertas,
movernos cada día de nuestra vida, atentos,
con sabiduría. Esa es la marca de un sadhaka,
sabiduría, atención, estado de alerta, discriminación,
selección y rechazo. Sí, esto es muy necesario,
si no, la mente puede derribarnos. Mana eva
manushyanam karanam bandhamokshayoh, la mente
tan solo es la causa de la atadura y liberación
de los seres humanos.
Buddhi es el factor de equilibrio. Buddhi
es el factor redentor del antahkarana. La
mente es hacedora de diabluras, buddhi es
el factor redentor. Buddhi debe ser cultivado,
enriquecido con satsanga y svadhyaya, reflexión
constante, manana. Entonces, buddhi se transformará
en un amigo valioso; constantemente presente
para ayudarnos.
Debemos mantener la aspiración. No brilla
por sí sola. El fuego de la aspiración debe
ser atizada una y otra vez, día a día. Solo
entonces, resplandecerá. Cualquier fuego
si es descuidado se transforma gradualmente
en brazas y luego en cenizas. Este fuego
de aspiración puede también morir, Dios no
lo permita. Si después de descuidarlo lo
mojamos con agua o algún elemento contrario,
morirá; tendremos tan solo cenizas, inútil
para nosotros y para los demás. Entonces
no tiene sentido llorar y ponerse cenizas
en el cuerpo, de nada vale. Es fútil. Y la
culpa será tan solo nuestra.
Por lo tanto, el hombre es hombre porque
tiene una mente. La marca del sadhaka no
es la mera actividad de la mente y el intelecto,
es la actividad correcta del intelecto con
el control consciente de la mente. Los terroristas
también tienen un intelecto, pero lo usan
de modo perverso, de modo horrible, y a menudo
imaginan que lo que están pensando, diciendo
y haciendo es lo correcto. Por lo tanto,
si buddhi se pervierte, es peligroso. Debe
estar alerta y dotado de percepción correcta
y virtudes divinas.
Por lo tanto, debemos conocer nuestro interior,
conocer la parte que juega la mente, conocer
la parte que el intelecto juega. Debemos
prestar atención al intelecto, cultivar el
intelecto con la ayuda de svadhyaya, reflexión
y satsanga. Estas son las tres formas: estudio
diario, introspección diaria, reflexión y
satsanga. Una y otra vez, la historia espiritual
de India hace recuento de la caída de varios
buscadores debido a la falta de svadhyaya,
falta de satsanga, falta de discriminación.
Las personas que llegaron muy alto, han tenido
terribles caídas. A Visvamitra le faltó satsanga.
Él estaba solo, haciendo tapasya en soledad.
¿Qué sucedió? No tenía nadie que pudiera
mantener su buddhi elevado, despierto, alerta,
vigilante, nada de satsanga. Fue dominado
por el ego. Incluso su tapasya fue dominada
por el ego. ¿Qué sucedió? Él tuvo una muy
fácil caída. Menaka la ninfa celestial apareció
y ahí se terminó. Toda la tapasya de Visvamitra
se perdió.
El intelecto se hace nuestro amigo ayudado
por satsanga, svadhyaya y discriminación.
La mente no es nuestra amiga. Chitta no es
ni amiga ni enemiga. Contiene sabiduría almacenada;
contiene también perversión y maldad almacenada.
Contiene ambas. Lo importante es como nos
arreglamos para purificarla gradualmente,
qué es lo que logramos con ello. Primeramente
debemos dejar que el intelecto se encargue
y luego dejar que ello se filtre en la mente.
Si chitta y la mente están directamente conectadas
estamos perdidos. Buddhi debe estar entre
la mente y chitta. Entonces nuestro antahkarana
se encontrará en una situación adecuada.
Debemos pensar en todas estas importantes
cosas. Debemos ser buddhisali, buddhiman
(dotados con intelecto adecuado). Es por
eso que decimos: "dhiyo yo nah prachodaytat,
que Él ilumine mi intelecto con Divinidad,
oh, Sarasvati."
Vigilando entonces nuestro intelecto, nuestra
chitta y mente, llenando nuestro intelecto
de sabiduría, discriminación, análisis e
indagación, procedamos hacia la Meta y al
alcanzarla ¡lograremos la bendición!
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