SOCIEDAD DE LA VIDA DIVINA EN ESPAÑOL

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Charlas extraídas del libro "Meditad estas verdades"

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SOIS ÚNICOS A LOS OJOS DE DIOS


¡Adorado Atman! La llave de la bienaventuranza se encuentra en ser conscientes de la bienaventuranza. Si vuestra atención se dirige en diferentes direcciones, hacia lo que no poseéis, o hacia lo que imagináis que no poseéis, este patrón de pensamiento en dirección equivocada os hará ciegos a las muchas cosas que poseéis.
Cada uno es distinto y único a los ojos del Creador. No hay nada comparable a ese ser particular; no hay segundo. Cada uno es precioso y especialmente valioso para el Creador. A los ojos de Dios cada uno es especial; esto debe ser recordado siempre. Nadie os puede reemplazar en el rol que debéis ejecutar en la creación de Dios, en ningún lugar o punto en el tiempo. Vosotros sois necesarios e indispensables en ese particular plan, en ese particular contexto de tiempo y espacio. Por lo tanto, gozosos, agradeced al Señor que os ha dado un rol a ejecutar. Ya sea que ejecutéis el rol a la perfección, de manera significativa o no, es irrelevante; puesto que Dios espera que cada uno haga aquello para lo cual está capacitado en cualquier punto y tiempo. Dios no espera que una hormiga arrastre un gran tronco de árbol como lo hace el elefante en el bosque. Tampoco espera Dios que el elefante vuele graciosamente por el aire como vuelan las golondrinas y las palomas. Él espera que los pájaros vuelen y Él los ama por lo que hacen. Él espera que los elefantes lleven a cabo su rol dignificando el bosque y utilizando su fuerza en increíbles trabajos. Y Él espera que el hombre viva como un hombre, cada uno en su propio lugar, en su propia esfera puede realizar su tarea y alegrar el corazón del Hacedor, para así contribuir a Su plan en esta tierra.
Esta es la verdad. Y ser consciente de la verdad es estar libre de preocupaciones, libre de ansiedades. Ser consciente de la verdad es estar agradecido a Dios: "Tú me has hecho único, me has dado un rol y me has inspirado y dado toda la ayuda necesaria para cumplir con mi rol debidamente. Te doy las gracias por ello."
Nadie es dispensable, nadie es inútil. Nadie es menos a los ojos de Dios o a los ojos de aquellos que tratan de evitar el juicio humano y todo parámetro de crítica humana, que aceptan la creación tal cual es, puesto que fue creada por Dios. Para ellos, cualquier cosa que Dios consideró necesario hacer, no importa de qué manera, es perfecta; no hay nada malo en ella, es aceptable. Para ellos cualquier cosa que emana de Dios participa de Su divinidad y perfección y, por lo tanto, del propio plan de Dios, y a la manera de Dios, es completo.
De esta manera, si nosotros aceptamos esta verdad, que para Dios somos únicos y también somos únicos para aquellos que tratan de verlo todo con la imparcialidad de la visión de Dios, entonces en presencia de Dios y de aquellos devotos de Dios debemos sentirnos en casa. Debemos sentir que hemos llegado. No sentiremos más el corazón angustiado. Debemos regocijarnos con el espíritu sereno y calmo: "He llegado, estoy en casa. Estoy en presencia de Dios, y soy totalmente aceptado, totalmente aceptado."
Las cosas son como deben ser; el Señor está en el cielo y todo está bien en la tierra. Esto es Fe, la firme creencia de aquellos que tienen fe en el amor infinito de Dios, que confían en la infinita bondad de Dios y que están seguros que en el corazón de Dios tienen un lugar especial y único. Este lugar se mantiene reservado para ellos y nadie puede quitárselo, pues el corazón infinito de Dios es suficientemente grande como para contener el cosmos entero y todo lo que se encuentra dentro de él.
Sabiendo esto, deberíamos sentirnos reconfortados en nuestro corazón, satisfechos y contentos. Y ése es el secreto de la felicidad interior, la llave de la bienaventuranza, el sendero hacia la paz, serenidad y calma interior, donde no hay apuro, agitación o inquietud.
La paz de Dios impregna la tierra entera; la paz de Dios se extiende por doquier, fuera y dentro. La paz de Dios es la gran verdad una, que subyace en todas las cosas. Siempre presente, siempre accesible, siempre disponible, siempre plena e inagotable. Tratad de vivir a la luz de esta verdad y el corazón y la mente lograrán la paz. Nunca comparéis ni contrastéis, puesto que no hay comparación ni contraste entre cosas únicas. Cada hijo es único para sus padres; así también cada ser es único en sí mismo, pues Dios es el padre de todos. Así es que sabios, santos y hombres de sabiduría miran a todos con igualdad.
Regocijados, pues cada uno de nosotros es especial para Dios en Su Infinito Amor. Regocijados, puesto que cada uno de nosotros tiene un lugar especial y rol a ejecutar en esta creación de Dios. Regocijados, pues Su Amor está inmediatamente disponible. Él no es una realidad remota, Él es la Realidad que mora dentro de nosotros, más cerca de nosotros que cualquier otra cosa en la tierra. Regocijados, porque dentro de nosotros se encuentra la paz de Dios como nuestro propio Ser. Nosotros somos la paz de Dios y tenemos un deber que cumplir. Y este deber es propagar esta paz a uno y a todos. ¡Vivamos para difundir esta paz!


Actualizada el sábado, 5 de mayo 2001

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