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Charlas extraídas del libro "Meditad
estas verdades"
Indice
Capítulo siguiente
1
SOIS ÚNICOS A LOS OJOS DE DIOS
¡Adorado Atman! La llave de la bienaventuranza
se encuentra en ser conscientes de la bienaventuranza.
Si vuestra atención se dirige en diferentes
direcciones, hacia lo que no poseéis, o hacia
lo que imagináis que no poseéis, este patrón
de pensamiento en dirección equivocada os
hará ciegos a las muchas cosas que poseéis.
Cada uno es distinto y único a los ojos del
Creador. No hay nada comparable a ese ser
particular; no hay segundo. Cada uno es precioso
y especialmente valioso para el Creador.
A los ojos de Dios cada uno es especial;
esto debe ser recordado siempre. Nadie os
puede reemplazar en el rol que debéis ejecutar
en la creación de Dios, en ningún lugar o
punto en el tiempo. Vosotros sois necesarios
e indispensables en ese particular plan,
en ese particular contexto de tiempo y espacio.
Por lo tanto, gozosos, agradeced al Señor
que os ha dado un rol a ejecutar. Ya sea
que ejecutéis el rol a la perfección, de
manera significativa o no, es irrelevante;
puesto que Dios espera que cada uno haga
aquello para lo cual está capacitado en cualquier
punto y tiempo. Dios no espera que una hormiga
arrastre un gran tronco de árbol como lo
hace el elefante en el bosque. Tampoco espera
Dios que el elefante vuele graciosamente
por el aire como vuelan las golondrinas y
las palomas. Él espera que los pájaros vuelen
y Él los ama por lo que hacen. Él espera
que los elefantes lleven a cabo su rol dignificando
el bosque y utilizando su fuerza en increíbles
trabajos. Y Él espera que el hombre viva
como un hombre, cada uno en su propio lugar,
en su propia esfera puede realizar su tarea
y alegrar el corazón del Hacedor, para así
contribuir a Su plan en esta tierra.
Esta es la verdad. Y ser consciente de la
verdad es estar libre de preocupaciones,
libre de ansiedades. Ser consciente de la
verdad es estar agradecido a Dios: "Tú
me has hecho único, me has dado un rol y
me has inspirado y dado toda la ayuda necesaria
para cumplir con mi rol debidamente. Te doy
las gracias por ello."
Nadie es dispensable, nadie es inútil. Nadie
es menos a los ojos de Dios o a los ojos
de aquellos que tratan de evitar el juicio
humano y todo parámetro de crítica humana,
que aceptan la creación tal cual es, puesto
que fue creada por Dios. Para ellos, cualquier
cosa que Dios consideró necesario hacer,
no importa de qué manera, es perfecta; no
hay nada malo en ella, es aceptable. Para
ellos cualquier cosa que emana de Dios participa
de Su divinidad y perfección y, por lo tanto,
del propio plan de Dios, y a la manera de
Dios, es completo.
De esta manera, si nosotros aceptamos esta
verdad, que para Dios somos únicos y también
somos únicos para aquellos que tratan de
verlo todo con la imparcialidad de la visión
de Dios, entonces en presencia de Dios y
de aquellos devotos de Dios debemos sentirnos
en casa. Debemos sentir que hemos llegado.
No sentiremos más el corazón angustiado.
Debemos regocijarnos con el espíritu sereno
y calmo: "He llegado, estoy en casa.
Estoy en presencia de Dios, y soy totalmente
aceptado, totalmente aceptado."
Las cosas son como deben ser; el Señor está
en el cielo y todo está bien en la tierra.
Esto es Fe, la firme creencia de aquellos
que tienen fe en el amor infinito de Dios,
que confían en la infinita bondad de Dios
y que están seguros que en el corazón de
Dios tienen un lugar especial y único. Este
lugar se mantiene reservado para ellos y
nadie puede quitárselo, pues el corazón infinito
de Dios es suficientemente grande como para
contener el cosmos entero y todo lo que se
encuentra dentro de él.
Sabiendo esto, deberíamos sentirnos reconfortados
en nuestro corazón, satisfechos y contentos.
Y ése es el secreto de la felicidad interior,
la llave de la bienaventuranza, el sendero
hacia la paz, serenidad y calma interior,
donde no hay apuro, agitación o inquietud.
La paz de Dios impregna la tierra entera;
la paz de Dios se extiende por doquier, fuera
y dentro. La paz de Dios es la gran verdad
una, que subyace en todas las cosas. Siempre
presente, siempre accesible, siempre disponible,
siempre plena e inagotable. Tratad de vivir
a la luz de esta verdad y el corazón y la
mente lograrán la paz. Nunca comparéis ni
contrastéis, puesto que no hay comparación
ni contraste entre cosas únicas. Cada hijo
es único para sus padres; así también cada
ser es único en sí mismo, pues Dios es el
padre de todos. Así es que sabios, santos
y hombres de sabiduría miran a todos con
igualdad.
Regocijados, pues cada uno de nosotros es
especial para Dios en Su Infinito Amor. Regocijados,
puesto que cada uno de nosotros tiene un
lugar especial y rol a ejecutar en esta creación
de Dios. Regocijados, pues Su Amor está inmediatamente
disponible. Él no es una realidad remota,
Él es la Realidad que mora dentro de nosotros,
más cerca de nosotros que cualquier otra
cosa en la tierra. Regocijados, porque dentro
de nosotros se encuentra la paz de Dios como
nuestro propio Ser. Nosotros somos la paz
de Dios y tenemos un deber que cumplir. Y
este deber es propagar esta paz a uno y a
todos. ¡Vivamos para difundir esta paz!
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