¿La verdad? No sé
cuánto dinero tienen mis hijos, sólo veo la vida de lujos que llevan y a
través de eso puedo hacer un cálculo. Me da miedo que anden en algo raro, el
poder se les fue a la cabeza. Viven y gastan como millonarios y yo sé que
antes no tenían lana, tenían la vida que yo les podía dar con mi trabajo,
pero nada más. La madre tiene la culpa, ella los va a meter en algún lío.
Así se expresó el veterinario Manuel Bribiesca Godoy frente a una taza de
café, una de las tantas veces que lo vi en el Sanborns de Celaya, lugar de
reunión de la élite local. Allí todos se conocen y todos saben de la
intimidad del otro y el antiguo matrimonio no es la excepción, menos ahora.
Y por si fuera poco, los parroquianos cuentan todo en voz alta, como en una
carpa de circo, y las anécdotas privadísimas de cada uno recorren la ciudad
en cinco minutos.
Afuera hacía un calor agobiante y el exmarido de la prima donna
azteca despotricaba contra su ex mujer como siempre que lo vi, pero esta vez
se refería a sus hijos con cierta preocupación, aunque no exenta de
liviandad. Bribiesca no es justamente un caballero en asuntos de mujeres o
hijos. Y menos aún de vocabulario. Es lo que se diría un ranchero en el
sentido más rudo de la palabra (...)
Esa tarde de abril, Manuel Bribiesca, por primera vez, habló de sus hijos
con algunos detalles, abundó sobre sus andanzas y sus descalabros.
Los hijos...
Los hijos de la "pareja presidencial" tienen diferencias, no sólo de edad
importantes, sino de actuación y personalidad. Entre ellos no hay
relaciones, no hay onda.
Habitantes infatigables de las revistas del corazón, cada uno tiene
características especiales, pero también un algo que los une. Típicos
productos de parejas mal avenidas; antojadizos, caprichosos, volubles,
superficiales, vulnerables e inconstantes, como suelen ser los vástagos de
las duplas conflictivas y escandalosas, los chavos del poder foxista conocen
cada detalle del talón de Aquiles de sus culposos padres y los explotan en
beneficio propio.
Son los reyes de un país sin monarquía y carecen de discreción. La
historia de estos años dice que, tranquilamente y sin pecar de injusta, se
les puede llamar "buenos para nada". Eso sí, hay que recalcar la diferencia
entre estos retoños y los hijos del poder priísta: los célebres "niños de la
revolución", que brutalmente retrató Daniela Rosell en su libro de fotos
Ricas y famosas. Por ejemplo, los hijos del expresidente Ernesto Zedillo,
cuyo primogénito Ernesto, arquitecto, se ha transformado, por obra y gracia
de la revista Quién, en el soltero más codiciado de México, apareció
exhibiendo su lujosa mansión y sus caros hobbies. Lo que se sabe es
que sus padres pertenecían a una clase media trabajadora y no tenían fortuna
personal ante de llegar a Los Pinos.
Rodolfo Zedillo, el hermano, también se las traía: se metió en negocios
oscuros de bienes raíces y de presuntos fraudes en Chiapas (...).
Aquéllos fueron sin duda más devastadores en sus estilos, diversiones y
despilfarros que los hijos de Vicente y Marta, más cínicos, sofisticados y
propensos a hacer valer su puesto de "hijos presidenciales". Pero todos
tienen privilegios sin límites y consiguen lo que quieren, por las buenas o
por las malas.
Los hijos de este sexenio son dueños de una técnica de manejo pueblerina,
de medio pelo, incultos, abusivos y "algo ingenuos" en sus incursiones al
margen del poder. O como me los definió un político de Guanajuato, "unos
chafitos". Eso sí, tienen una voracidad manifiesta para hacer negocios y "negocitos"
a costillas de su familia, al punto que todo lo que se ponga a mano vale
para juntar algún dinerillo. A los anteriores no les importaba nada, la
impunidad era la consigna y, sobre todo, las "grandes empresas" que
derivaban del despacho oficial paterno.
De cualquier manera, la vida privada de los "hijos presidenciales", la
ausencia de límites, la confusión entre su papel y el de sus progenitores,
la responsabilidad social que implican sus movimientos, ha traído, y traerá
en el futuro cercano, no pocos conflictos a sus familias y sobre todo al
presidente, que, metido en su mágica burbuja, pareciera ignorar la andanzas
de los chavos.
Eso, hasta que la bomba la explote en la cara y sea demasiado tarde.
Los de Marta...
Manuel, Jorge y Fernando Bribiesca son los hijos de Marta y salvo el más
chico (Fernando), estudiante del Tecnológico de Monterrey, tranquilo y
bastante simple, según quienes lo conocen guapo y con un gran parecido a su
madre, los dos mayores (Manuel y Jorge) hace tiempo que sembraron en el
ambiente político y empresarial de México serias dudas sobre su proceder y
ocupaciones.
Arrebatados, ambiciosos y prepotentes, la élite mexicana no los aguanta,
pero los soportan por su estrecha ligazón con Los Pinos y porque sacan algún
provecho de la relación o por lo menos "quedan bien con el presidente y su
consorte" (...).
Manuel y Jorge Bribiesca Sahagún son el costado más vulnerable de La
Jefa, según opinan empresarios políticos y colaboradores que por una u
otra razón han tenido que tratar con ellos. "Seguramente no sobreviven a una
minuciosa investigación sobre sus bienes y sus gastos", me confió un hombre
de negocios de Monterrey.
¿Por qué razón su padre manifiesta temor por ellos? ¿Por qué su madre se
puso tensa cuando le pregunté a qué se dedicaban sus hijos?
Los tres hijos de Marta Sahagún nacieron y vivieron en un hogar de clase
media profesional de Celaya, normal como cualquiera, salvo por las
recurrentes batallas entre sus progenitores, de las que tomaron constancia,
además de los vástagos, los amigos y hasta los vecinos. Estas batallas se
vieron agudizadas en los últimos años, después de que Marta decidió
incursionar en la política y más aún cuando la relación amorosa con Vicente
Fox estaba en boca de todos.
Manuel, el mayor, con un notable parecido físico y emocional con su
padre, apenas pisó la adolescencia generó algunos problemas en la casa
familiar por su adicción al alcohol. Áspero y algo violento, terminó la
preparatoria y decidió no continuar con los estudios, Manuel se convirtió en
un problema para sus padres.
La traumática separación de Marta fue el punto culminante de la crisis
emocional que se desató en los chicos. Además, su padre, presa del
resentimiento, se encargó sin ningún cuidado de lanzar pestes contra su
exmujer en cualquier sitio público que pisaba y con los epítetos más
denigrantes. Según confesión de Bribiesca Godoy, Manuel hijo, hoy casado con
la bonita Mónica Jurado y padre de dos niñitas, ha logrado después de mucho
esfuerzo alejarse de la bebida. Algo meritorio, sin dudas.
"Yo tampoco tomo una gota de alcohol para ayudar a que mi hijo se
recupere. Pero parece que la mamá no lo ayuda porque le da todos los
lujos...". Lo único que el padre debería aclarar es que Manuel es lo
suficientemente grande como para depender todavía de su madre; tiene más de
30 años, sus estudios son casi nulos, lo mismo que su experiencia laboral,
y, por si fuera poco, tiene la responsabilidad de estar al frente de una
familia. Pero el poder y todo lo que rodea al mismo: las prebendas, los
guaruras, la vida fácil y gratis, y la desesperada necesidad por hacer
dinero rápido mientras dure el sexenio, con su madre como primera dama,
puede más que cualquier límite.
El problema de Manuel son sus dudosos manejos empresariales. ¿A qué se
dedica? se preguntan quienes lo ven dilapidando dinero en fiestas, con una
mansión recién estrenada en León, una nana para cada una de las niñas y dos
enfermeras por si se enferman, guardaespaldas y viajes por el mundo con sus
cuates, todo pagado y en hoteles para millonarios. Miles de dólares
mensuales cuesta mantener esta vida y nadie entiende de dónde sale la plata.
Todo es como una gran nebulosa. Cada vez que pregunté a la familia sobre el
trabajo del primogénito de Marta de Fox, me respondieron vagamente que se
dedicaba a diversos "negocios". Así de simple.
"Manuel se dedica a los negocios, no sé muy bien a qué tipo de negocios.
Creo que tiene una fábrica de PVC y... Ah, también a la construcción. Es
grande y ya no depende de mí económicamente, nunca me pide nada y yo tampoco
le pregunto qué hace, hablamos de otras cosas", me explicó Marta Sahagún,
algo nerviosa, cuando quise saber sobre las actividades de Manuel.
El más vulnerable...
Jorge, el del medio y hoy de 26 años, es el más vulnerable emocionalmente,
el más sensible y, a la vez, el más conflictivo. Él fue quien estuvo
prácticamente en el lecho de muerte de su abuela.
Cuando la mamá de Marta cayó gravemente enferma como resultado de la
diabetes crónica que padecía desde joven, asediada por una pierna casi
gangrenada que estuvieron a punto de cortarle y por la cual no podía
levantarse, Jorge fue muy apegado a ella de 1999 a 2001, los años de la
larga agonía.
El amor del segundo hijo del matrimonio Bribiesca-Sahagún por la abuela
fue recíproco, pues ésta intentó sacar al nieto de sus conflictos
emocionales y con las drogas. Mientras Jorge daba de comer en la boca a la
abuela, su mamá Marta andaba en campaña con su amor clandestino.
Tampoco difiere mucho del perfil que muestra hoy su hermano mayor. Fue
quien sufrió más las violentas desavenencias de sus progenitores, los gritos
y la falta de comunicación con su madre, a la que adora y a la que buscó
mucho tiempo. Su adicción a las drogas, desde la adolescencia, fue más que
pública en Celaya, y Marta Sahagún, muchas veces, manifestó abiertamente
ante amigos y compañeros de trabajo cómo la embargaba la dolorosa situación
por la que atravesaba su hijo, que fue internado para rehabilitación en
Oceánica. Incluso, cuando hablamos personalmente le pregunté por el tema y
me reveló las heridas de esa época de borrascas.
"Pobrecito, ese chico vivía en un infierno. No era malo, pero sí tenía
muchos conflictos en la cabeza. Siempre fue muy apegado a su mamá y cada vez
que ellos se peleaban o Manuel la maltrataba, se encerraba en su dormitorio
horas o salía por ahí y hacía desastres, como si quisiera escaparse de todo.
Y mientras Marta estaba en plena campaña de Vicente, Jorge tuvo un accidente
de auto del que se salvó por poco, estuvo muy mal y la mamá no lo pudo
atender...", asevera un funcionario del gobierno de Guanajuato.
Jorge no era un chico alegre, tenía enormes carencias afectivas y buscaba
todo el tiempo evadirse de la opresiva situación familiar. La adicción fue
una engañosa vía de escape, pero en Celaya, Jorge tenía su refugio, sus
amigos, sus hermanos, sus salidas a los antros y su mamá. Aquél era todavía
su kínder, él y sus hermanos ni soñaban la vida que les esperaba ahí nomás,
cuando su madre se convirtió en la esposa del presidente Vicente Fox. A
pesar de su tormentosa vida, Jorge pudo iniciar estudios superiores en la
carrera de Negocios Internacionales, que abandonó apenas mamá Marta se
instaló en Los Pinos.
Jorge y Ana
Hace tiempo que Jorge emigró de Celaya. Ahora vive en un espectacular piso
de la colonia Santa Fe el sitio preferido por los nuevos ricos mexicanos con
su reciente esposa, Ana Cecilia García Espinoza, una conservadora y guapa
joven de Zamora, la tierra natal de su madre. A sus más íntimos, Jorge les
confesó que no tenía muchas ganas de casarse, pero que la insistencia de su
"mamá" pudo con él.
"Mi hijo está muy seguro de su elección y yo estoy muy contenta de verlo
realizado", declaró Sahagún en los días previos. El festejo se realizó con
toda pompa en el Distrito Federal y en Zamora. En la elegante hacienda de
Los Morales, Marta agasajó a su hijo con una cena exquisita para 400
invitados después de la ceremonia civil, a la que asistió Vicente Fox (que
entonó "Caminos de Guanajuato"), y muchos funcionarios, diplomáticos,
familiares, algunos comunicadores (...).
El hijo Jorge, como Manuel, también se dedicaba a los "negocios". Y todo
indica que no le va nada mal, a pesar de su inexperiencia. Ambos hacen uso
indiscriminado de las residencias presidenciales, en Cancún, en Acapulco y
en San Miguel Allende, donde pasan temporadas acompañados de sus amiguetes y
exhibiendo el dispendio a costa del erario público.
Muestra de la solidez económica de los hijos de la Sahagún es el viaje
que Jorge realizó hace muy poco y con varios amigos, en el avión
presidencial de 10 plazas, a la ciudad de Houston, en Estados Unidos, para
"hacer shopping". A la noche terminaron en un casino de Las Vegas, donde
saborearon vinos franceses de mil dólares, según relato de un familiar que
fue parte de la comitiva.
Jorge está asociado con Guillermo Sahagún, Memo, hermano menor de Marta y
con un pasado tan o más tumultuoso que el suyo. Memo también tuvo muchísimos
problemas con las drogas, al punto de que su familia lo internó en clínicas
de desintoxicación varias veces (...).
Hoy Jorge Bribiesca Sahagún y Memo Sahagún Jiménez son socios en un
negocio de exportación de varios productos, entre ellos el aguacate y el
mango, y una empresa de viviendas. La sociedad se llama Sabrimex y tiene
sede en Polanco. "Sé que hacen casas y también construyen edificios con
oficinas que luego rentan", me aclaró el padre de Marta. "Hace tiempo que
Jorge anda en ese negocio y creo que les va muy bien, pero, la verdad, no le
sigo los pasos, es independiente", me respondió la madre. Lo que se dice, un
muchacho muy listo.