Los reconocimientos orales clínicos y radiológicos mostraban un segundo incisivo partido (desde la juventud) en el Mandibular, con un contenido gangrenoso del conducto radicular. A la izquierda, abajo, una muela del juicio impactada con osteítis marginal (Imagen nº. 150), e igualmente ocurría en el maxilar (Imagen nº. 151).
TERAPIA: en primer lugar se extrajo el incisivo inferior derecho, se vació la capa esponjosa patológica, se taponó, y ahora ocurrió lo interesante, el muslo curado desde 7 años atrás comenzó de pronto a doler y se produjo una pequeña hinchazón en la cicatriz. Se trató al paciente con antibióticos porque los demás campos de irritación sépticos no habían sido eliminados todavía. De manera que, de una forma súbita, se produjo una curación de esta antigua lesión. Es de suponer, que esta lesión, cuya curación era entonces casi imposible, fuera sostenida por este campo de irritación, como frecuentemente ocurre con abscesos pulmonares y focos dentales. La intervención odontológica activó este foco secundario, que más tarde curó sin intervención quirúrgica. Al remitir las molestias se eliminaron las dos muelas del juicio impactadas, y con ello desaparecieron todas las molestias. Solo quedaba la pregunta: ¿qué era, pues lo que sostenía las diferentes molestias? ¿Los campos de irritación dentales o la lesión en el muslo, que no curó hasta que fueron eliminados los campos de irritación orales?. Cuando coinciden diversos factores veremos sus consecuencias en el siguiente caso.
PACIENTE: A.H. 50 años, campesino. Al realizar las labores del campo, inclinado, le saltó encima una vaca. El fuerte impacto obligó al campesino a guardar cama algunos días por molestias vertebrales. Las radiografías de toda la columna vertebral no mostraban lesión alguna. A pesar de todos los tratamientos locales, los dolores no desaparecían, lo que era realmente un enigma para el médico que lo trataba.
Por casualidad llegó a nuestra consulta, donde le extrajimos algunos restos de raíces sépticos, sin pensar en la enfermedad. A los dos o tres días experimentó una mejoría, que, paulatinamente, y en menos de 10 días, las molestias desaparecieron completamente. Seguramente se trataba de la anacoresis según Ascott. En el transcurso de los años pudimos ver muy a menudo este tipo de relaciones.
Quizá el siguiente historial médico sea el más clarificador, ya que el problema consistía en un envenenamiento de toda una familia, por arsénico. Habían confundido la sal con un producto para la exterminación de parásitos, el preparado E 605. Los síntomas de envenenamiento no eran muy fuertes. Todos curaron al cabo de pocos días, menos el payés que después tenia molestias al andar. Otra vez fue pura casualidad. Sin pensar en las relaciones, ¡qué persona normal caería en la cuenta!, sus molestias desaparecieron cuando eliminamos algunos restos sépticos de raíz.
Otra familia, los G. extraía su agua de un pozo propio, el que, como se pudo comprobar más tarde, estaba infectado con bacilos de tifus. El único que se infectó fue el padre que nunca tuvo tiempo de hacerse extraer sus raíces podridas (ya conocíamos y tratábamos a la familia desde tiempo atrás). Digamos aquí, que estas infecciones latentes, como lo son estos "dientes podridos" o sus residuos apicales, no inmunizan sino que sensibilizan todo el cuerpo, y es de vital importancia saber esto y tenerlo en cuenta en su momento. Las conexiones; Campo de irritación; lesión o también sobrecarga son especialmente importantes en las llamadas patologías aducibles a la propia profesión. Así por ejemplo, un síndrome brazo-espalda en un conductor; campos de irritación, o las agujetas que, en el caso de deportistas, en el lado donde existe un campo de irritación se prologa por más tiempo. Asimismo, en las llamadas enfermedades "a frigore", donde el frío solo es el factor detonante en la zona de influencia de un campo de irritación.
Hacemos hincapié en que, el corazón es uno de los músculos con mayor sobrecarga, y por tanto es un favorable punto de partida para estos productos orales en descomposición, no hace falta que nos salte una vaca en la espalda. Por esto no solo vemos el órgano en sí, sino que vamos un poco más lejos.