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Con este tratamiento conseguimos que a la segunda o tercera aplicación se evacue caesum reseco. Por otra parte, se trata al mismo tiempo de una mínima provocación, o sea, indirectamente un tratamiento de vacunación. Después de este tratamiento abrimos nuevamente el alvéolo de la extracción precedente del premolar con taponación subsiguiente. Esta vez el resultado fue perfecto. Nos lo confirman 15 años de observación.
¿Qué conclusiones podemos extraer de este caso? Dos: Una la consideración de la formación incompleta de hueso nuevo, no osteítis residual, especialmente cuando se encuentra acoplada a un factor séptico como dientes y amígdalas desvitalizados; carentes de síntomas pero infectados. La otra, es el ser un poco más prudentes con la expresión "fracaso", ya que a menudo no se trata de un fracaso sino de un tratamiento inadecuado, no en el sentido de la eliminación de campos de irritación, sino, en el de la técnica empleada, y eso no es lo mismo.
Por lo tanto hay que extremar las precauciones, cuando se extraen muelas del juicio situadas junto a amígdalas infectadas, con pus. El trauma postoperatorio no siempre se ocasiona a raíz de la extracción sino por la infección vecinal existente, que no es influenciable tampoco mediante antibióticos porque los productos de albúmina en descomposición de estas amígdalas permanecen en las criptas. Asimismo con ello se influencia el dolor posterior. El éxito o el fracaso de la intervención no siempre es atribuible a la terapia sino a la ejecución.
Sin embargo debe añadirse algo. Podría decirse, y de echo se dice, que hay pacientes que tienen todo aquello que no deberían tener y a pesar de ello no muestran reacciones negativas. Naturalmente cada persona es un mundo en sí, solamente que es difícil establecerlo con antelación y por esto es aconsejable en cualquier caso realizar este pequeño trabajo preliminar, en interés del paciente y no después, porque entonces es mucho más laborioso, complicado y difícil, y lleva más tiempo. Y esto último es justamente lo que no tenemos en este alocado tiempo.
NEURALGIA DE TRIGÉMINO 2ª Y 3ª RAMA:
Las neuralgias del trigémino son una de las cosas más desagradables para el médico y para el paciente. Creemos que aquí se trata, en una mayoría, de diversos factores, a pesar de existir un detonante. Todos los casos que hemos visto hasta ahora partían de osteítis residuales, a excepción de un caso en la primera rama, que fue causada por una cicatriz en la cabeza.
Aquí queremos citar solamente un caso porque concernía a la segunda y tercera rama existiendo simultáneamente una neuralgia glosofaríngea.
PACIENTE: F.P. 55 años, Barcelona.
El tratamiento sintomático tradicional no produjo mejorías con relación a la curación, por cuyo motivo se recomendó al paciente una intervención quirúrgica. En ese tiempo solo tenia una neuralgia en la segunda rama. En el transcurso del tiempo los dolores se extendieron hasta la tercera rama, terminando en el nervio glosofaríngeo. Al final, el paciente apuntaba, en una hoja de papel, todo lo que quería decir, porque cada palabra (y el comer) le producía fuertísimos dolores. Sobra profundizar en todos los conocidos síntomas de esta enfermedad.
El reconocimiento estomatológico mostraba en el lado del dolor un Maxilar y Mandibular desdentados.
RADIOGRAFÍAS: El lado izquierdo estaba más sombreado que el derecho a pesar de encontrarse los dolores en el lado derecho.
RADIOGRAFÍA DEL MANDIBULAR: Abajo, en la región del segundo molar una zona más clara (Imagen nº. 141), arriba capa esponjosa amplia en general, sin más indicios visibles.
EXPLORACIÓN: Al presionar un punto en el Maxilar súbitamente se desencadenaba la neuralgia, la subsiguiente anestesia anulaba los dolores durante 8 horas que después reaparecían con mayor fuerza.
TERAPIA: Consistió de momento en la eliminación de la osteítis residual en el Maxilar. El resultado del reconocimiento operativo fue una osteítis perfectamente delimitada, el contenido vaciado era una substancia completamente blanda.
Este tipo de osteítis se produce mediante corrosión de la pulpa con pasta corrosiva con contenido arsénico. (El paciente nos dijo que la muela había estado en tratamiento durante mucho tiempo debiendo ser finalmente extraída).
Después de esta primera operación mejoraron las molestias, sobre todo también la neuralgia glosofaríngea que, según mi opinión personal, estaba sostenida por los productos en descomposición via vasos linfáticos. Algunos días después efectuamos la intervención en la parte inferior, que dio los mismos resultados.
Debemos mencionar sin embargo, que en todos estos casos, recomendamos a todos los pacientes que se realicen un tratamiento posterior a cargo de un internista, ya que, como decíamos al principio, y como podemos ver claramente aquí, parecen concurrir varios factores a pesar del diagnóstico local.
Simultáneamente, y como coadyuvante, en forma de una terapia neural, el paciente puede irrigarse con un spray de Gingicaina al sentir principios de dolor, también como tratamiento posterior que actúa de forma parecida a la terapia de inyección. Es de suma importancia el vaciado de las zonas intraóseas patológicas antes de comenzar cualquier terapia, y como tratamiento local posterior, y según la duración del dolor, aplicar anestesia (terapia neural) en esta zona.
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