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“Los Señores del
Cielo”
Gav
movió las alas hacia atrás, planeó sobra las cabezas de
Los Señores del Agua,
dio un giro sobre un eje imaginario, miró como Lib dejaba de
mover sus cuatro escamosas
alas y se
iba posando en la gran terraza de la morada de
Los Señores del Fuego,
miró un momento a su izquierda y vio como Hal batía las alas
por última vez antes de lanzarse en picado hacia abajo a una
velocidad de vértigo, pensó un momento que de los tres él era el más
grácil, el que se movía mejor en su elemento, se deleitó pasando
sobre sus
cabezas de nuevo, y cuándo todos miraron a donde pensaban que iba a
aterrizar,
en un último giro, los sorprendió yendo a hacerlo junto al joven
Delphion.
Kore miraba como
hechizada a la gran libélula que había llegado silenciosa y
sutilmente hasta ella, sólo había notado como se movía el aire a su
espalda, pero incluso para el tamaño de aquella inmensa libélula,
casi no se había movido uno de los cabellos de Kore, se pasó la mano
por el pelo, y entonces recordó que lo había perdido todo, que
estaba desnuda, y en un achaque de timidez y vergüenza que nunca
antes había sentido, se cubrió con las manos.
XarXagos
comprendió el sentimiento de Kore, y con un gesto igual de sutil que
el vuelo de Lib, sujetó unas algas que había recogido
en el Mar de la China, y las colocó sobre su cuerpo desnudo,
vistiéndola con un solo gesto de dos de sus dedos.
“Además te
protegerán del calor de
Los Señores del Fuego”
– dijo a modo de explicación.
“Gracias, Señor
XarXagos”
– agradeció Kore el gesto de aquél enorme montón de algas que
parecía ser el más comprensivo de
Los Señores del Agua.
“Te presento a los Señores del Cielo, ellos son, Lib, Hal y
Gav,
se llaman de otra forma, pero como no hay manera de pronunciar sus
nombres, accedieron a cambiárselos cuándo estuvieran con nosotros” –
explicó
Poseidón.
“¿No hay Señoras
de ninguna parte?” – Se atrevió a preguntar Kore mirándolo fijamente
a los ojos, y continuó – “No me parece justo, la verdad. Siempre son
los hombres o las figuras masculinas las que tienen y detentan el
poder, nunca las mujeres, al fin y al cabo ningún hombre existiría
sino hubiera sido parido por una mujer.”
Una especie de
chirrido sonó entonces, Kore se aterró ante la idea de que pudieran
ser de nuevo
Los Señores del Fuego,
y demostrando lo ágil que era, corrió hacia la balaustrada y se
lanzó por encima, yendo a caer entre
Delphion
y
Gav,
entró de cabeza en el agua, se sumergió durante un rato, y buceó
hasta la espalda de
XarXagos,
entonces los Señores allí reunidos entendieron que por mucho que
quisieran consensuar un arreglo con
Rugiente,
no podrían, ya que todos sin excepción, pensaron que no podían dejar
en sus manos a Kore, puestas así las cosas, si
Rugiente
no se avenía a razones, habría guerra.
“Eso no puede
ser, no podéis pensar eso, no podemos sacrificar a todos los humanos
por uno solo de ellos” – comentó Hal
en voz alta lo que todos habían pensado.
“Si no protegemos
a uno solo de ellos, todos estarán en peligro,” - terció
XarXagos
– “será como abandonarlos a su suerte.”
“XarXagos
tiene razón” - chilló
Gav
Delphion,
preveyendo que la discusión podía alargarse más de lo normal,
se acercó a Kore, la sujetó con ternura y con un gesto alegre la
hizo subir a su plateado lomo, después se alejó suavemente entre las
olas.
“¿Dónde crees que
vas, gusano?” – se escuchó bruscamente en el cielo.
“Sujétate y no te
sueltes por nada del mundo, respira hondo” – dijo
Delphion
a Kore.
Kore llenó sus
pulmones de aire, y nada más terminó de hacerlo comenzó a hundirse a
lomos de
Delphion,
sintió miedo al pensar que se podía ahogar, pero entonces escuchó
una voz en su cabeza que le decía que se tranquilizara, se relajara,
pero que no se soltara, tras nadar bajo el mar casi durante tres
minutos,
Delphion
subió a la superficie.
Kore vio que se
encontraban en una especie de cueva marina, en dónde había una
playa, y que el techo de la cueva, en vez de ser de roca era como
una especie de cielo artificial, sonrió ante el giro que había dado
su suerte, pero volvió a sentir terror cuándo vio como
Delphion
desaparecía de nuevo, dejándola allí encerrada, sintió un sueño
terrible, entonces, sin pensarlo, se tumbó en la cálida arena y se
durmió.
Cuándo
Delphion
volvió a la reunión, vio como
XarXagos
se enfrentaba a
Rugiente,
nunca le había visto tan rojo, las algas que cubrían su cuerpo eran
normalmente verdes, como su rostro, pero cuándo
Delphion
apareció, eran de un rojo tan intenso que
Delphion
se asustó, fue
Gav
quién le explicó que lo hacía adrede, para intimidar a
Rugiente.
“Tú, gusano,
¿dónde está la hembra humana?” – rugió la atronadora voz de
Rugiente
al preguntar a
Delphion.
“A salvo” –
contestó sin inmutarse este.
“¿Cómo te
atreves? ¡Es mía!” – se encendió
Rugiente.
“Va a ser que no”
– la voz de
Poseidón
cortó la discusión de golpe.
Rugiente
lo miró con cierto temor, nadie que se hubiera enfrentado al viejo
Poseidón
había salido bien parado, lo miró de reojo, y vio que sus azules
ojos se habían vuelto grises, como se volvía gris el mar antes de
una gran tormenta, recordó cómo había nacido, y detuvo por un
momento su impulso de quemar un poco al entrometido
Delphion.
Aprovechando el
silencio que por un momento siguió a las amenazas de los más fuertes
de Los
Señores del Agua,
Lib comenzó a hablar con sutileza.
“Estamos aquí
reunidos por la petición de dos de
Los Señores del Fuego,
y
para que
conste sus nombres son
Bramante
y
Siseante”
– inició Lib el consejo
–
“La causa de la reunión es
determinar si Rugiente
tiene derecho a cautivar a la humana llamada Kore, escucharemos a
todas las partes, y tomaremos una decisión que deberá ser respetada
por las partes, sino, cómo todos sabéis habrá guerra, nuestro mundo
sufrirá, y muy posiblemente el de los humanos desaparecerá.
Rugiente
tiene la
palabra.”
Rugiente
miró a los congregados un solo segundo, y entonces aulló como nunca
nadie lo había oído aullar, todos le miraron intrigados.
“Hace miles de
años que espero a alguien que me haga sentir diferente, hace años
concebí en una humana a quién debía ser mi sucesor, lo planifiqué
todo para que mi hijo saliera fuerte como yo, pero entonces algo
ocurrió, porque mi hijo no nació, en su lugar, nació esa muchacha,
Kore, soy su padre, nuestras leyes me permiten disponer de la vida
de mis vástagos” – explicó
Rugiente
conteniendo su ira – “y es lo que haré, con, o sin vuestra
aprobación. He dicho.”
Siseante
y
Bramante
se miraron atónitos.
“Queremos una
pausa en el Consejo, tenemos que comprobar esa historia” – siseó
Siseante.
“Creo que no
cuela,
Rugiente”
– sonrió divertido
Delphion,
a la vez que salpicaba un poquito a
Rugiente,
como dándole a entender que se bastaba por sí mismo para defenderse.
“¡Basta ya de
poner las cosas mal” - amenazó Lib.
Delphion
enrojeció, sabía que Lib
era poderoso como ninguno de los presentes, a pesar de su aparente
fragilidad, de todos los presentes era el más viejo, el que había
visto más cosas, y el que según Isis puso un huevo del que nació el
universo, con sus millones de estrellas y mundos, del que él sólo
había visto una parte minúscula, pensó en Kore, y sin que nadie se
diera cuenta, se sumergió lentamente, yendo a parar a la cueva en
unos segundos.
Cuando emergió se
dio cuenta de algo en lo que no habían pensado, el tiempo para los
humanos y para ellos era diferente, divisó en la playa una especie
de casa echa con hojas de palmera entrelazadas, se acercó un poco
más, y vio a Kore, había cambiado algo, una melena negra le cubría
la espalda, canturreaba algo, se acercó más…
“Hola, Kore” – le
habló por fin – “te veo muy atareada, antes de que digas nada quería
disculparme, me olvidé de que nuestros tiempos son distintos.”
Kore se volvió,
miró fijamente a
Delphion,
le dio la espalda, se alejó, volvió con una lanza en la mano.
“Hoy comeré
pescado” – canturreó Kore – “pescadito fresquito, y no cocos.”
Delphion
la miró con tristeza, sus ojos habías cambiado, ya no había la
alegría de hacía un rato para él, y unos veinte años para ella,
pensó en la forma de deshacer aquél entuerto, pensó en que
Rugiente
ya se había salido con la suya, aceptó que Kore le clavara su lanza,
la miró a los ojos, la sujetó por la melena, y la engulló. Mientras
volvía a la reunión, supo que era lo mejor que podía haber hecho,
ella no atendería a razones, la notaba darle patadas en el estómago,
unos segundos después la vomitó sobre la terraza de la morada de
Los Señores del Fuego,
y obligó a todos a permanecer en silencio.
XarXagos
fue el primero impresionado,
Rugiente
la miró con desdén,
Siseante
y
Bramante
se apenaron, y
Gav
chilló acongojado, Hal, que hasta entonces había permanecido
en silencio dejó oír su voz.
“Vaya, parece que
Delphion
ha metido la pata que no tiene en algún punto de esta historia,
Rugiente,”
– se dirigió a él con una sonrisa de Halcón – “¿de verdad quieres
castigar a tu hija, no te parece ya bastante castigo que haya
perdido su vida en vida?”
“Esta no es mi
hija, pretendéis mentirme, esta humana es vieja, triste, fea, y
tiene pelos, mi hija es grácil, hermosa, sonriente, y no tiene un
solo vello en el cuerpo” - gritó
Rugiente
– “si esto es mi hija, podéis llevárosla y disponer de ella, yo no
la quiero.”
“¿Dices eso en
serio,
Rugiente,
si me la llevo y dispongo de su vida no pedirás cuentas después?” –
preguntó
XarXagos
ladinamente.
“Puedes hacer con
ella lo que te plazca
XarXagos”
– comenzó a irse
Rugiente
con tristeza mal contenida – “No pediré cuentas después, tienes mi
palabra”
“Bien, damos por concluida la reunión del consejo,
XarXagos
se hará cargo de la humana” – comentó
Lib
– “Creo que el joven
Delphion
deberá ser castigado de alguna forma, al fin y al cabo su
comportamiento ha dado lugar a que la vida de Kore pase casi por
completo en la soledad de una gruta”
“¿Pero cómo
sabías dónde estaba”? – Preguntó
Delphion
intrigado – "se suponía que
sólo yo lo sabía."
“Todos lo
sabíamos” –dijo
Poseidón
con tono grave – “Y todos permitimos que permaneciera allí, lejos
del alcance de
Rugiente,
así que no veo porqué habría de ser castigado sólo el joven
Delphion.”
Mientras esta
conversación tenía lugar,
XarXagos
colocó gran cantidad de algas sobre el cuerpo desnudo de Kore,
arrancó una escama del ala superior derecha de
Lib, una pluma de
Gav,
y una uña de
Hal, lo mezcló todo entre sus poderosas manos, miró a los
congregados, y ante la sorpresa generalizada, comenzó a hablar en el
lenguaje de los Titanes, todos sabían qué estaba haciendo, incluso
Rugiente
se asomó para ver la demostración de fuerza de aquél coloso, y casi
se apaga cuándo las palabras de Creación del Nuevo Mundo comenzaron
a surgir de su boca, mientras todo su cuerpo se encendía, y tanto el
mar como el cielo se volvían de un verde luminiscente, por un
momento el tiempo se detuvo, los planetas dejaron de girar alrededor
de sus respectivos soles, y luego comenzaron a hacerlo al revés, el
tiempo fue hacia atrás,
Los Señores del Fuego
temieron lo peor, sabían que podían apagarse, y se marcharon de la
reunión, Los señores del Cielo estaban perplejos, no sabían que
partes de sus cuerpos juntas y con paciencia producían esos efectos,
todos permanecieron callados.
Entonces
el mar comenzó a revolverse, unas olas tremendas lo mojaron todo, y
sin saber de dónde ni cómo, surgió de él la poderosa Isis, la única
Señora con poder suficiente para devolver la vida, fue sólo un
segundo, apareció, y desapareció, después todo quedó en calma.
XarXagos
golpeó con suavidad las algas que cubrían a Kore, desplazándolas a
un lado, y todos contemplaron asombrados que la muchacha no estaba
ya allá abajo, la reunión se disolvió espontáneamente, nadie
preguntó nada a nadie, simplemente, cada cuál se fue a meditar sobre
lo sucedido.
Kore notó la
lengua de Dincky lamiéndole la cara, abrió los ojos, sonrió a su
magnífico amigo, se levantó pensando en el extraño sueño que había
tenido, y cuándo comenzó a desperezarse, se dio cuenta de que tenía
un trozo de alga sobre el antebrazo derecho, lo sujetó con dos
dedos, y lo miró detenidamente.
"Gracias,
XarXagos"
– musitó – "eres un sol."
Pensó un momento
en cómo le explicaría su aventura a su madre, cómo explicarle la
existencia de
Los Señores del Fuego,
Los
Señores del Agua
y Los Señores del Cielo.
"¿Cómo hacerlo?" –
Pensó un momento – "Umm, bueno, ya lo pensaré mañana."
Volvió al poblado
tras Dincky al que al parecer últimamente le entraba prisa por
volver a casa, y no volvió a pensar más en aquél sueño tan real.
Continuó con sus pinturas, con las charlas con su abuelo, y un día
apareció por la aldea alguien con un nombre que le era familiar, una
mirada que le era familiar, se enamoró, y se fue a vivir con él,
para escándalo de la comunidad.
“Uno más” – pensó
aquél día y luego llamó a su compañero – “¿Xargos?”
...Continuará
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