MIRAMAR, PERSONAJES
DE ANTES DE 1943
Don Pedro Guerricagoitía
Don Angel Magdalena
Don Bonifacio Balbuena
Don Noel Loyato
Doña Toribia Méndez
Don Albano Honores
Don Tomás Luna
Don José Radrizzani
Don Atilio Arlía
Don Francisco Ratto
Don Emilio Gallina
Don Arturo Martínez
DON PEDRO CELESTINO GUERRICAGOITÍA
1926. Fuente: Datos suministrados por sus hijas Matilde,
Juana y Lina.
Nació en España, en un pueblito de Vizcaya; de aquí
le venía el mote de "Vasco Vizcay". Llegó cuando
apenas tenía 20 años y se radicó en la zona, siendo
uno de los primeros pobladores de Miramar. Contrajo matrimonio con doña
Claudia Tellechea, de nacionalidad uruguaya, constituyendo una familia
admirable. Era un hombre rudo, bonachón, trabajador incansable.
A menudo se lo veía en algunas de las "chatas" de su tropa,
que transportaban cereales al puerto de Mar del Plata y regresaban cargadas
de artículos para los almacenes de don Crisanto Letamendía,
Andrés Cascallares y otros comerciantes de Mira Mar de esa época.
Hotelero e inspector Más adelante y hasta 1911, explotó
el hotel El Argentino, el mismo que a partir de 1912 se llamaría
Hotel Mira Mar, creado por una comisión de vecinos para promover
el turismo. El "Vasco Viscay" desarrolló un sin fin de
actividades, entre ellas la de inspector municipal durante un largo período;
contribuyó además a la demarcación de las calles del
pueblo, en su mayoría cubierta aún por los cardos y la arena
que volaba desde los grandes médanos.
Presidía las Romerías Por su carácter alegre y
festivo era siempre nombrado presidente de las comisiones que organizaban
las célebres Romerías Españolas. Éstas, año
tras año, cada vez con mayor relevancia, eran el motivo de esparcimiento
y de reunión para gente que formaba la colonia campesina. Las Romerías
cobraban animación porque se realizaban después de las cosechas
como un premio al hombre de campo, casi todos españoles. Mira Mar
vivía en esa oportunidad una semana de festividades. La banda de
música y gaitas que animaban las fiestas recorrían sus calles
al son de pasodobles y marchas. Frente a cada comercio los músicos
recibían de sus dueños atenciones, que variaban desde cervezas
a bebidas sin alcohol, y aún sidras. Don Pedro Celestino Guerricagoitía
había nacido el 19 de mayo de 1868; falleció el 22 de octubre
de 1923, dejando 13 hijos: Josefa, Adelina, Pedro, Lina, Claudio, Ignacio,
María, Rodolfo, Abraham, Matilde, Alberto, Juana y Elena.
DON ÁNGEL MAGDALENA -1937.
Fuente: Recuerdos del autor que se originan en el año
citado.
Nació Magdalena en 1865; vino a la Argentina a mediados del
año 1890, dirigiéndose a Necochea porque en aquel lugar se
había radicado su hermana Inés, casada con el Dr. José
María Adrián Botana. En ese entonces tenía don Ángel
25 años de edad y se había educado en la Universidad de Valladolid,
España, cursando estudios de Abogacía.
Trabajó detrás del mostrador de la casa de comercio La
Ballenera Vieja, quizás porque en aquellos tiempos no había
problemas ni pleitos por asuntos del trabajo, hasta que se trasladó
al establecimiento Santa Rita, en el partido de Balcarce. Contrajo enlace
con doña María Viglianchino Donato, de nacionalidad italiana,
perteneciente a la familia de Ramón Otero, trasladándose
luego al establecimiento de campo "La Pandorga", una estancia
muy conocida en el partido de Necochea.
Activo e independiente. Apenas dos años detuvieron a
don Ángel en aquel lugar; luego se trasladó al partido de
Ayacucho, dedicándose a la cría de ganado lanar; pero las
cosas no anduvieron bien y se trasladó a Mar del Plata, trabajando
en la casa de comercio de don Braulio Arena. Con su esposa y sus cinco
hijos se traslada más tarde al almacén "El Siglo",
camino a Balcarce, dedicándose a la compra de frutos del país;
luego, siempre impulsado por su temperamento independiente, se alejó
del lugar. Mar del Plata lo vio regresar y de allí se viene a Mira
Mar y se instala en la casa de Crisóstomo Cascallares con el almacén
"El Recreo". Allí llegaba la galera de Marcos Franceschi
y se producía el encuentro con toda la gente del lugar.
Ansias de superación Sin embargo todo volvió a
quedar en el recuerdo, porque un día don Ángel volvió
a Mira Mar en procura de nuevos horizontes. Sus ansias de superación
lo llevaron al campo Chapar, hoy Parque Mar, donde hizo construir un hermoso
chalet de madera en las calles 17 y 18, al tiempo que inauguraba una casa
de negocios de almacén y ferretería llamada "El Progreso"
en la esquina de la avenida Mitre y calle 30. Más tarde se trasladó
a su casa quinta en el barrio de Las Flores, oportunidad en que su salud
comienza a quebrantarse, falleciendo el 3 de septiembre de 1931. Así
transcurrió la vida de un hombre que supo ganarse la amistad de
los miramarenses. Fundó una prolífera familia: Julia ,autora
del libro "Bajo el cielo de Miramar", Ángel Miguel, Ángela,
María Matilde, Emilia, Enrique, Juan Carlos, Raúl, Esther
Ana, Aurora y Julio Alberto.
DON BONIFACIO BALBUENA -1956.
Fuente: Datos aportados por dos de sus hijos, Bonifacio y
Juan.
Erróneamente suponíamos que don Bonifacio Balbuena había
nacido en España, cuando en realidad era oriundo de Magdalena, llegando
a estos pagos en 1890, al campo San Martín, de la familia de Martínez
de Hoz. Allí se desempeñó como capataz. Gente lugareña
aún recuerda que el puesto que ocupara don Bonifacio se llamaba
"San Narciso" y en una de las construcciones podía leerse
"Año 1890". Por aquel entonces montaba don Bonifacio un
flete muy bien emprendado, muy bien vestido, a la usanza gauchesca, ataviado
con rastra de oro y plata, y un entrelazado monograma con las iniciales
"BB". Cuentan que Balbuena fue correspondido en su amor por una
hermosa dama que había llegado de España, desde el obispado
de Pamplona, provincia de Navarra. Se casaron, viniendo al mundo ocho hijos
que supieron cultivar el amor que sus padres le habían ofrendado:
ellos fueron Mercedes, Antonio Carmelo, Emeterio, Eulogia, Bonifacio, Josefa
Urbana, Juan Sandalio y Estefanía Inocencia.
En honor a la dama Buscando nuevos horizontes Balbuena hizo
construir una verdadera casona, con diez dormitorios y un gran salón,
en la esquina de Avda. Mitre y calle 44. Ese amplio hogar fue adquirido
más tarde por el Club Defensores de Miramar, la que con sus ampliaciones
y reformas es hoy su sede social. Allí fundó el hotel y restaurant
La Española, más tarde transformado en el Hotel España.
Era este el lugar donde se reunían los más caracterizados
vecinos, pero también alegraba el lugar el paisanaje que se juntaba
los domingos, y muchas veces entre copa y copa se programaban carreras
cuadreras. Éstas constituían verdaderos acontecimientos,
reuniendo muy grande cantidad de gente. Don Bonifacio Balbuena nació
en 1852 y falleció en 1916. Doña Urbana Latasa de Balbuena,
su mujer, nació en 1856 y falleció en 1952. Ambos dejaron
un recuerdo grato y romántico en estas playas.
DON NOEL LOYATO -1964. Fuente:
La información, suministrada por los hijos de esta prolífera
familia.
El espíritu aventurero no es privativo de ninguna raza; nadie
puede afirmar que los inmigrantes son flojos de espíritu, que huyen
de la tierra que los vio nacer. Generalmente vienen sabiendo que la cosa
puede ser más dura que en su patria. Muchos vienen con sed de aventura.
A veces dejan todo, padres, hermanos, novias. Pero vienen, sí, con
la esperanza de encontrar un mundo nuevo. Buscan la felicidad y suelen
encontrarla, precisamente, en pequeños pueblos como era Miramar
en 1890. Así llegó Noel Loyato, uno más que dejó
todo tras de sí; jamás se aquietó hasta encontrar
la felicidad que buscaba. Francia fue su cuna, Argentina su meta. Se casó
en Miramar con doña Melani Milon. Los hijos de su hogar fueron muchos:
Celina, Amalia, Rosa, Julia, Marcelina, Enrique, María Esther, María
Sara, León, Noel y Juana Ema.
Hotel El Paraíso Trabajó Loyato muchos años
como hacendado, alquilando el campo de Alfredo Fernández ¾hombre
bien conocido por tener ocho hijos y todos médicos. En 1915 hizo
construir una mansión: se componía de siete dormitorios,
dos baños, cocina, dependencias de servicios y un enorme comedor
con gran sala de estar. Bien llamada El Paraíso, estaba ubicada
en Avda. Mitre y calle 72. En 1955 la familia Loyato explotó la
mansión como Hotel El Paraíso, llegando a ser lugar predilecto
por muchos veraneantes que concurrían a Miramar. Allí existía
una hermosa arboleda, con jardines de ensueño, que aún hoy
conserva la edificación que se conoce como Chalet de Loyato. Noel
Loyato falleció en 1920 y doña Melani Milon en 1960.
DOÑA TORIBIA MÉNDEZ,
LA MAMÁ DE TODOS -1961. Fuente: Información
extraída del libro "Balneario", de Jorge Yebra.
"... El rostro, surcado por profundas arrugas, parecía
absorber la polvareda del camino; al influjo de las férreas y huesudas
manos, el vetusto carromato se balanceaba inquieto dentro de la ancha huella..."
Muchos fueron los que vieron pasar a doña Toribia, pero pocos
la recuerdan. Tal vez ninguno la tenga hoy presente, pues aquella partera
de Miramar de antaño que secundó infinidad de veces la ardua
tarea del Dr. Gallina, pasó al anonimato como tantos otros voluntariosos
de entonces. Vaya, como homenaje, nuestra sencilla recordación.
DON ALBANO HONORES, EL ABUELO -1965.
Fuente: Información recogida por el Autor, entre los
familiares.
Nació Albano Honores en Buenos Aires, en 1887, e hizo sus estudios
en el Colegio Nacional y en el Instituto Politécnico de la misma
ciudad. Muy temprano sintió crecer dentro de sí las ideas
políticas entre las cuales se había creado. Su entusiasmo
y arrojo le hicieron participar con valor en tales actividades. El 4 de
febrero de 1905, con un grupo capitaneado por su hermano Julio, tomaba
la comisaría 2a. de Buenos Aires; solamente estuvieron allí
dos horas, siendo mantenidos después por espacio de 14 días
a bordo del vapor "Santa Cruz" en compañía del
ex gobernador Luis Monteverde. Recobró la libertad por amnistía
general acordada por el Dr. Figueroa Alcorta.
En misión del Presidente Vino a Gral. Alvarado a comienzos
de 1916; ya en marzo, cumpliendo una misión del entonces Presidente
de la República, fundó el comité del partido político
en cuyas filas militaba, la Unión Cívica. El abuelo Honores
fue sinónimo de rectitud y justicia, de amor para con el pueblo.
Su prudencia y tacto se evidenciaron en la designación de las personas
que integraron las comisiones de trabajo para obras del ámbito municipal.
Albano Honores contrajo matrimonio con doña Zulema Triacca, y del
matrimonio nacieron dos hijos, Albano y Roberto. Falleció el 1o.
de noviembre de 1928, y su esposa el 1o. de enero de 1966.
DON TOMÁS LUNA (EL VALUADOR)
-1970. Fuente: Recuerdos del Autor y recopilación
periodística.
Don Tomás Luna perteneció a ese género de personajes
reconocidos por su capacidad; había nacido en nuestro Partido, precisamente
en la estancia San Gervasio, en el año 1884, ubicada en el área
del Cuartel 5o. Cursó los primeros estudios en el colegio de "La
Ballenera", para seguir practicando contabilidad en una academia de
Buenos Aires hasta cumplir 22 años de edad. Ya durante el año
1906 se dedicó al comercio desempeñando esa actividad en
la casa de negocios "Las Dos Naciones", de Vicente Mignou, en
el campo del Dr. Solanet ubicado en el partido de Necochea. Don Tomás
era un hombre muy inquieto; también se desempeñó como
segundo encargado en la estancia "La Mariana" y, finalmente,
en 1917 estuvo al frente de la Delegación Municipal de Dionisia.
Después de un correctísimo desempeño vino a Miramar
para hacerse cargo del Dpto. de Valuación de la comuna, desempeñándose
al frente de él con el beneplácito de la población.
DON JOSÉ RADRIZZANI, DE
LA SOC. ITALIANA - 1970. Fuente: Recuerdos del Autor
y recopilación periodística.
En lugar aparte ya relatamos que la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos
se fundó en el año 1889, precisamente el 28 de abril. En
estas breves líneas queremos rendir un cumplido homenaje a don José
Radrizzani. uno de sus miembros más conspicuos. Fue su presidente
durante diez años consecutivos.
DON ATILIO ARLÍA, UN INTENDENTE
RECORDADO -1980. Fuente: La información proviene
del libro "Miramar, en el 30o. aniversario de su iglesia", del
R.P. Massanet.
Nació Arlía en Cañada de Gómez, Santa Fe,
en 1882. En 1905 llegó a Miramar como empleado del establecimiento
de campo de don Pedro Luro y fue su administrador hasta 1919. Ocupó
el cargo de Consejero Escolar en 1911 y fue presidente de ese mismo Consejo
en 1913. Cuando falleció Acevedo Ramos, en 1915, que se desempeñaba
como intendente de la comuna de General Alvarado, pasó a ocupar
ese cargo don Atilio Arlía.
El R.P. Massanet, autor del libro "Miramar, en el trigésimo
aniversario de su iglesia", escribía lo siguiente: "Atilio
Arlía es un dirigente ejemplar, digno del aplauso, y lo está
demostrando con hechos que redundan en favor de la población. Se
trata de un hombre joven lleno de aspiraciones, de voluntad suficiente
para llevar a la cumbre las empresas. Tal como lo anunció, su programa
lo viene cumpliendo al pie de la letra. Ordenanzas de cercos y veredas,
arbolado en la calle principal, cerco de alambre tejido en las dos plazas,
jardines en esas mismas plazas, cordones de piedras en las cuatro plazas,
mejoras y pedregullo en las otras, carro para la recolección de
basura, carro aguatero para regar, vía "decauville" con
cuatro vagonetas para terraplenar, máquina para abovedar las calles,
dos trenes de recreo semanales, con sus coches confiterías, luz
eléctrica en la estación de ferrocarril, cancha de tennis
con piso de ladrillo en la costa, arreglo de todos los caminos del Partido,
gestiones para conseguir el Banco de la Provincia, la continuación
del muelle de pesca, etc., etc. "Varios periódicos que tengo
a la vista ,seguía diciendo Massanet, acompañan con
sus aplausos a este buen vecino intendente hasta su renuncia, elevada el
19 de enero de 1927".
En un homenaje que se le ofreció y al que concurrió gran
cantidad de vecinos, se destacaron las palabras del presbítero Moro
Pando: "Y sabido es que el sacerdote que no hace política partidista
juzga más libremente y aprecia en lo que vale la política
que yo llamo de las personas o política de administración.
"No menos meritoria fue la labor que desplegó este funcionario
para con todo el partido de General Alvarado, y es así que Dionisia
lo recuerda como ejemplo por su administración y por las innumerables
obras realizadas, tales como cercos y veredas, gestiones para la luz eléctrica,
encomienda postal, telégrafo, Unión Telefónica, todo
lo consiguió; alumbrado, arbolado, plazas y calles, arreglo de caminos,
construcción de tres puentes de piedras, creación de la Delegación."
DON FRANCISCO RATTO -1937.
Fuente: Datos extraídos del libro del R.P. Massanet.
Otro de los hombres que Miramar recuerda con afecto por pertenecer
a la gran colonia turística desde los comienzos del año 1912,
es don Francisco Ratto.
Aquí participó de nuestro crecimiento, rodeado del afecto
de su numerosa familia y de los habitantes de este suelo. Fue sumamente
conocido en el ámbito político, donde evidenció en
todo momento sus relevantes dotes. Estas fueron ratificadas por su honrosa
actuación cuando ocupó una banca en el Senado provincial,
cargo que desempeñó sirviendo con inteligencia y rectitud
los intereses de la provincia, con la elevación de miras que lo
distinguió.
Dr. EMILIO GALLINA, UN EJEMPLO
- 1960. Fuente: Mario César Gallina, hijo del
médico Emilio Gallina.
Nadie puede poner en tela de juicio que fue el más apreciado
de los médicos que ejercieron su profesión en Miramar. Honró
y enalteció la misión de su profesión y marcó
con su sello el camino de sus sucesores.
Llegó a Miramar en 1893, cuando éste era un pequeño
caserío enmarcado entre montes, médanos y cardales. Revalidó
su título, obtenido en Italia, su país de origen, y desempeñó
su profesión en las localidades de Magdalena y estación Bartolomé
Bavio, hasta llegar aquí atraído por ese mar inmenso que
tuvo que cruzar en un crucero interminable y lleno de vicisitudes cuando
vino de su país.
Sin distinguir a quien: Era especialista en ginecología,
pero las necesidades de la población hicieron que se dedicara a
clínica general, dentro de una época económicamente
dura. Realizaba sus visitas en sulki, charret, a caballo o a pie; en su
valija milagrosa tenía siempre el medicamento adecuado; a veces,
según los medios del paciente, los suministraba gratis.
El hospital supo de sus desvelos y nunca hizo distingos entre clases
sociales. Siempre asistió a los enfermos con la misma disposición,
fueran pobres o ricos.
Reconocimiento del vecindario: Tuvo siete hijos, dos de la primera
esposa doña María Cascallares, y cinco de doña Cenobia
Belligotti, casado en segundas nupcias. El total de los hijos fueron: Margarita,
Ercilia, Emilio, Armando, Edmundo, Mario César y Elena Carmen. Murió
el Dr. Emilio Gallina el 7 de mayo de 1936.
Por iniciativa de la Comisión de Fomento, la calle 24 de nuestra
ciudad lleva el nombre del ilustre vecino, y en la esquina de su propiedad
-la casona donde funcionó por muchos años el hotel San Remo-
podemos leer en sendas placas de bronce:
"El Honorable Concejo Deliberante de Gral. Alvarado al Dr.
Emilio Gallina. Sabio y benévolo, que, sin escatimar el propio esfuerzo
no exigió jamás la propia recompensa. 1936 7/5/51."
"Dr. EMILIO GALLINA. Homenaje recordatorio del vecindario
de Gral. Al varado, al que fue su querido y abnegado médico. 7/5/36
7/5/51."
( Ambas placas fueron colocadas en conmemoración de los quince
años del fallecimiento del Dr. Emilio Gallina )
DON ARTURO E. MARTÍNEZ
Ojos muy claros, tez rosada, algo calvo; figura de estampa atrayente,
pausado en su voz y en su expresión; hombre hogareño y de
vida ordenada; de admirable lucidez mental. Vivió rodeado de afectos
y disfrutó de consideración unánime.
Nació en Buenos Aires en 1875. Como le atraía el campo
vivió en Dolores y a los 18 años de edad fue mayordomo de
la estancia Santa Clara, perteneciente al general Cosena. Fue soldado de
caballería y perteneció a la primera conscripción
de Cura Malal; fue ascendido a sargento 1o. del 4o. escuadrón en
campo de batalla.
Una vida esforzada Llegó a General Alvarado en 1925 para
ser administrador en las estancias Santa Irene y San Martín, de
la señora Irene Torres de Martínez de Hoz.
Don Arturo E. Martínez, más conocido como El Mayordomo,
trabajó incansablemente arrendando campos, por cuanto conocía
bien a fondo su profesión. Crio vacunos y lanares y nunca descuidó
el agro.
Pasó por la Municipalidad como Comisionado o Intendente, y se
lo recuerda con simpatía; pese a ser apasionado defensor de sus
opiniones políticas -admiraba al legendario Bartolomé Mitre-,
jamás hizo distingos partidistas; él sustentaba sus ideas
pero jamás influyó para que sus peones votaran por su partido.
Don Arturo pasó sus últimos años rodeado de su
numerosa familia en su casa de Miramar, desde cuyas ventanas se divisaban
las cuatro piezas del damero de la ciudad.
Estas páginas fueron creadas en reconocimiento
al autor del libro "100 años de anecdotario histórico
de Miramar", don Segundo Acha, amante eterno de la ciudad de Miramar
y su historia, y también con el fin de que todo el mundo pueda conocer
a ésta, mi ciudad, a través de este texto.
Para enviar críticas, alabanzas y/o sugerencias respecto
a estas páginas, pueden comunicarse por e-mail con Daniel
Choclin, quien con mucho gusto espera las mismas en la dirección
[email protected]
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