CANTO A LOS CUATRO
VIENTOS
¡
Que viva siempre Miramar, che hermano !
Si desde lo alto de los riscos contemplás el panorama desolado,
el mar que golpea en la muralla y hace trizas una carpa rezagada; si la
bruma fría moja tu cara, trayéndote el aroma de las algas;
y si ves las nubes que se vienen, no dejando volar a las gaviotas; aunque
no haya nadie sobre el muelle y el viento barra yuyos en la playa, pensá
que seguís siendo un hombre, y gritá fuerte: ¡ Viva
siempre Miramar, che hermano !
Si te hallás caminando por la plaza, azotado por duro y fuerte
viento, y contemplás las flores ya marchitas que no exhalan su luz
ni sus perfumes; si no sentís el canto del chingolo, y ya no ves
la urraca rezongona; o si notás la ausencia del hornero, que ya
se fue llevando sus pichones; aunque no esté el jilguero con sus
trinos, ni el fuego del churrinche te enceguezca; pensá que seguís
siendo un hombre, y gritá fuerte: ¡ Viva siempre Miramar,
che hermano !
Cuando retorne el día previsible en que también se
vayan las calandrias y los niños no estén en los jardines;
cuando las playas mudas y los cines desaparezcan y no veas los carritos;
cuando las bicicletas, los petizos, y aún quienes pasean en "mateos"
no recorran ya más las avenidas; y cuando el cielo parezca tormentoso
y el sol ya no esté en el horizonte, pensá que seguís
siendo un hombre, y gritá fuerte:
¡ Viva siempre Miramar, che hermano !
Cuando vayas por la costanera y veas en lo alto de las obras trabajar
con esfuerzo a los obreros, y oigas el gemido del acero cortando el ladrillo
resistente; si escuchas el silbido lastimero con que borran el frío
lacerante quienes ganan el pan para sus hijos construyendo sin un peso
en los bolsillos las casas para el próximo verano, pensá
que seguís siendo un hombre, y gritá fuerte:
¡ Viva siempre Miramar, che hermano !
Si dejás de caminar la costanera, las playas o las plazas,
y en el campo contemplás el trabajo de las chacras que muestran
sus sembrados relucientes; si ves que de repente está lloviendo
o que el granizo voltea el trigo nuevo, el sorgo, el girasol y hasta la
papa, y te das cuenta cómo en muchos casos el trabajo del hombre
va sin premio, dale la espalda siempre al resultado; pensá que seguís
siendo un hombre, y gritá siempre:
¡ Viva siempre Miramar, che hermano !
Y si al final de tu existencia vivís la ausencia de tus viejos
amigos, y aún la de tus padres que se fueron, pensá en el
retorno de la gente que ya está preparando su verano: ¡no
te acobarde la vejez, hermano, que siempre hay un retorno luminoso para
quienes vuelven a sus fuentes! No te preocupes: ¡hallarás
en el Camino quien con el alma te acompañe! Pensá que seguís
siendo un hombre, y gritá fuerte: ¡ Viva siempre Miramar,
che hermano !
Estas páginas fueron creadas en reconocimiento al autor del
libro "100 años de anecdotario histórico de Miramar",
don Segundo Acha, amante eterno de la ciudad de Miramar y su historia,
y también con el fin de que todo el mundo pueda conocer a ésta,
mi ciudad, a través de este texto.
Para enviar críticas, alabanzas y/o sugerencias respecto
a estas páginas, pueden comunicarse por e-mail con Daniel
Choclin, quien con mucho gusto espera las mismas en la dirección
[email protected]
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