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Carlos Manuel de C�spedes y Borja del Castillo              Pulsar para Espa�ol
author: Miguel Aguirre Botello
translated by: Danay Escanaverino

Born on April 18, 1819 in Bayamo, Cuba and died on February 27,  1874 in San Lorenzo, Cuba (According to the family of his great-great-grandfather, Don Manuel de C�spedes y Barrero).

On April 18, 1819, Carlos Manuel de C�spedes y Borja del Castillo was born in Bayamo, Cuba.  HIs father was Jes�s Mar�a C�spedes y Luque, also born in  Bayamo and  Francisca de Borja, L�pez del Castillo y Ram�rez de Aguilar, born in Puerto Pr�ncipe.

He is known as the  "Father of the Country" in Cuba, as he started the War for Independence in 1868 and he also offered his own life in the fight, and lost his son, Oscar, who was killed violently and his brother, Pedro. In  total there were approximately 24 members of the  C�spedes family who lost their lives in the struggle to gain their independence from Spain and finally liberate the slaves who were suffered terribly in the agricultural and related sugar industries.

A well educated and prepared man, between1850 and 1860 he may have had a close relationship with the poet Ursula C�spedes Orellano, sister of his great-grandmother Antonia, as he agreed to write the prologue of the book of verses that Ursula published in the year of 1860.

It is necessary to read the biographical summary that I have written, to understand the greatness and the suffering of this exceptional man, that did not doubt at any moment to sacrifice his very important economic situation, the comforts to the ones that was usual, the separation of its second shackles barely a year after being married and most terrible, never to have been able return home to know to his two small twin children, in exchange for fighting with his intelligence and value by the liberty of its very dear Island of Cuba.

BIOGRAPHY OF CARLOS MANUEL DE C�SPEDES Y DEL CASTILLO,  FATHER OF THE CUBAN COUNTRY

YEAR 1819

On April 18, 1819, Carlos Manuel de C�spedes y Borja del Castillo is born in  Bayamo, Cuba.  His father, Jes�s Mar�a C�spedes y Luque was also born in  Bayamo , and his mother, Francisca de Borja,  L�pez del Castillo y Ram�rez de Aguilar, was born in Puerto Pr�ncipe.

According to my research and the infomration I have gathered, his siblings were Pedro, Francisco Javier and Francisca de Borja (Borjita) and there is also mentioned a Ladislao or Manuel Hilario as another possible sibling, lost with the time.

He was raised in the countryside and during his childhood took grammar and Latin classes with the friars of the Convent Convento de Nuestro Ser�fico Padre in Bayamo where they took him in as a disciple. Later, in the Convento de Santo Domingo he took more courses in Logics and Ethics. He went from there to La Habana where he was accepted as a pupil in the Royal College of San Carlos & San Ambrosio(Real y Conciliar Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio).  Later, in the Royal University Habana (Real y Pontificia Universidad de La Habana ) he obtains graduate's degree in civil law, on March 22, 1838..

YEAR 1839

Manuel Anastasio Aguilera us describes him this way: " C�spedes  was of small stature, robust, proportionate, of strong constitution and agile in his movements. In his youth he was very elegant. He was a very distinguished dancer and in his riding.  He was a gymnast and he was a force to be reckoned with  in the game of chess.  He was of a high personal value foolproof, credited in diverse circumstances of his life. He was a man of great imagination, crafty, discreet, severe, polite and very socially agreeable, tolerant and possessing of an indomitable will power and was exceedingly gallant and delicate with the beautiful sex. "

He came from a distinguished family which owned many lands from generations past, a Creole aristocrat whose roots it would be necessary to search among the Andalusia nobility in Spain.

The common origin of Carlos Manuel's family of C�spedes and of our great-great-grand-father Don Manuel de C�spedes y Barrero goes back to the XVII century, with the arrival of Juan Antonio de C�spedes y Conde in Cuba who was mayor of San Salvador in Bayamo,  Osuna, Espa�a  in the year 1630. He married Angela de Anaya y V�squez Vald�s and had two children.  Juan de C�spedes y Anaya where Carlos Manuel's family comes from and the other child, Diego de C�spedes y Anaya, is where our great-great-grand-father, Don Manuel C�spedes y Barrero comes from.

Carlos Manuel weds in 1839 with his double cousin-sister Mar�a del Carmen C�spedes y del Castillo, they have three children named Mar�a del Carmen, Carlos Manuel and Oscar all of them with the last name C�spedes y C�spedes.

YEAR 1840

On January 3, 1840 his first son is born, whom he names Carlos Manuel.

End Translation....more to come soon!

En ese mismo a�o y una vez terminado su Bachillerato en Derecho en La Habana, parte rumbo a Europa y obtiene su licenciatura en Derecho en la Universidad de Barcelona y posteriormente el Doctorado.

A�O DE 1843

Terminada su carrera de Abogado en Espa�a, participa en la Insurrecci�n del Gral. Juan Prim, por lo que sale de all� como exiliado pol�tico rumbo a Francia. Recorri� despu�s Inglaterra, Alemania e Italia antes de regresar a Cuba en 1844, por lo que dominaba y se expresaba correctamente en varios idiomas, como el ingl�s, franc�s e italiano,y conoc�a desde peque�o el lat�n y el griego.

A�O DE 1844

Abre en Bayamo un bufete de abogado y escribe poemas y un folleto en el que hace la defensa de Cuba.. Secretamente inicia su planes independentistas. Hizo la traducci�n al espa�ol de algunos cantos de La Ene�da que no public� y escribe tambi�n la comedia Las dos Dianas.

A�O DE 1845

Para estas fechas Francisco Vicente Aguilera era prominente propietario de 3 ingenios mecanizados, en la zona de Manzanillo a Bayamo. El ingenio de Pedro Figueredo y el Ingenio de La Demajagua de Carlos Manuel de C�spedes, cerca de Manzanillo, tambi�n lo estaban.

El problema de los esclavos negros era mucho mayor en occidente, en las cercan�as de La Habana, donde se abusaba en exceso de ellos, mientras que en la zona de oriente se empezaba a sustituir, en parte, la fuerza humana que aportaban los esclavos, por la fuerza obtenida a trav�s del vapor y las transmisiones mec�nicas.

A�O DE 1847

En este a�o nace su segundo hijo a qui�n se dio el nombre de Oscar. De su hija Mar�a del Carmen no tengo datos relativos a la fecha de nacimiento, pero se que muri� muy peque�a.

A�O DE 1848

La Bayamesa, (la primera canci�n amorosa cubana que recoge la historia) fue interpretada por primera vez, (seg�n se dice) el 27 de Marzo del a�o 1848. La letra compuesta por Jos� Fornaris, la m�sica es de Carlos Manuel de C�spedes y Francisco Castillo Moreno. La Bayamesa, fue tomada por los patriotas cubanos, los cuales le cambiaron la letra � hicieron de ella una canci�n combativa en contra de la opresi�n.

A�O DE 1851

Participa activamente en la Sociedad Filarm�nica de Bayamo, misma que fund� y en la cu�l fungi� como Secretario en aquella �poca.

La m�s cercana relaci�n, que pudo darse, entre la familia C�spedes y del Castillo y la familia C�spedes y Barrero (nuestro tatarabuelo) debi� ser en esta �poca que coincide con la etapa en que la poetisa Ursula C�spedes Orellano compone sus primeros versos y recibe el apoyo de su �t�o� Carlos Manuel de C�spedes, lejano pariente, qui�n incluso le escoge su primer seud�nimo que fue de La Calandria. Por esta �poca Carlos Manuel todav�a viv�a en Bayamo.

A continuaci�n copio el comentario que hace Don Juan J. Remos en el libro Poes�as publicado por el Ministerio de Cultura Cubano en 1948, en relaci�n a la sensibilidad po�tica de Ursula y el relieve e importancia como intelectual de la �poca que ten�a Carlos Manuel de C�spedes cuando acept� escribir el pr�logo del libro Ecos de la Selva, publicado por Ursula en 1860.

Ursula es una poetisa eminentemente sentimental y canta lo que su coraz�n alienta. Acertado estuvo el Padre de la Patria, en el pr�logo con que present� el tomo de versos Ecos de la Selva, al comentar los m�ritos de la joven cantora y decir alabando lo espont�neo de su inspiraci�n, que no se le preguntara de donde a esta le ven�a, porque dar�a la misma contestaci�n de un p�jaro de la selva a quien preguntaran por qu� canta."

Dice C�spedes en el prologo:

<Por eso sus versos a pesar de los defectos que adolecen, arrebatan y seducen; ella pinta lo que siente; pero lo hace con tanta verdad de colorido, que su sentimiento se transmite como el fluido magn�tico al coraz�n de los que oyen sus acentos inspirados.>

Contin�a Juan J. Remos comentando:

�Carlos Manuel de C�spedes, desde luego, no conoci� mas que los poemas que integran el volumen publicado en 1861, y en el que predominan los versos de la primera etapa. Que el caudillo de La Demajagua era hombre de excelentes lecturas y de buen gusto lo revelan algunos de sus escritos llegados hasta nosotros y que denuncian una prosa elegante y cuidada; lo justifican algunos versos de discreta ambici�n; lo atestigua este propio pr�logo a que acabamos de referirnos y el reparo que entra�a la cita que hemos transcrito. El relieve de C�spedes en Bayamo (Ciudad por entonces de las m�s cultas de la Isla) como una de las figuras m�s destacadas del movimiento intelectual de aquella localidad, en que la curiosidad literaria, la actividad art�stica y la informaci�n sobre la marcha del pensamiento en el mundo eran patentes, ostentando como centro de esa t�nica social que tanto distingui� a aquella cuna de patriotas y de poetas, los prestigiosos salones de La Filarmon�a; el relieve de C�spedes, repetimos le daba cierta autoridad consagradora. Su fama de orador, de poeta , de jurista, de autor dram�tico, de "dandy", hab�a cundido y daba a su opini�n un cr�dito indiscutible. Y que �l miraba bien lo que dec�a (consecuente con el cr�dito ganado) lo abona el sentido ponderado con que est� redactado el reiteradamente citado pr�logo, en el que a pesar de los lazos que lo un�an a Ursula, no deja de hacer constar los defectos que aprecia, aunque reconoce y proclama las dotes y los aciertos que se estiman en el conjunto de aquel primer libro."

"Por lo justo y lo preciso de ese juicio, no creemos inoportuno insistir en la cita de Carlos Manuel; m�s a�n cuando la edici�n en que vio la luz es una rareza bibliogr�fica: "

<El que pretenda hallar en el adjunto tomo grandes conocimientos, rasgos de una instrucci�n desmedida, bellezas de arte, en fin, que lo cierre desde luego, pues no podr�a satisfacer su anhelo. El que busque en �l los delirios de una alma apasionada y tierna, el amor y la amistad, el patriotismo, todos los sentimientos nobles, todas las virtudes heroicas, expresadas en versos armoniosos, l�ale desde el principio hasta el fin. Ursula no es la poetisa de arte que canta con la c�tara en la mano; es la poetisa de la naturaleza que canta como las aves y que suspira como los c�firos; en sus composiciones la cabeza es poca cosa y el coraz�n lo es todo.....Mas no se crea por esto que sus composiciones son tan esencialmente naturales, que est�n desprovistas de toda regla de arte; tiene algunas que nos desmentir�an si tal dij�ramos. Leed "El Bien y el Mal", "El Tiempo" y otras, y no s�lo hallareis en ellas las reglas de la verdadera poes�a, sino una notable elevaci�n de pensamientos>.

Los p�rrafos anteriores son muy significativos, tanto por la forma en que se expresa Remos de Carlos Manuel, como por la cari�osa forma en que Carlos Manuel alaba, sin exageraci�n, el trabajo literario de su inspirada �sobrina�.

Para 1860 mientras Ursula ten�a 28 a�os, Carlos Manuel habr�a cumplido los 41, pero es evidente que ambos demostraban especial inter�s por la m�sica y por la literatura. Ursula hab�a escrito un inspirado poema dedicado a su guitarra en 1851 y Carlos Manuel era miembro de la Sociedad Filarm�nica de la ciudad

Me pregunto:�Alguna vez Ursula, le habr� prestado su guitarra a Carlos Manuel? �Alguna vez habr�n convivido juntos, interpretando sus propias composiciones y expresando sus patri�ticos sentimientos?....�qui�n puede saberlo! Pero es muy posible, que alguna vez y en esos a�os haya sucedido.

A�O DE 1852

Ingresa a la c�rcel al ser detenido por su actitud pol�tica contraria a Espa�a. Tuvo de compa�eros de celda a su t�o Lucas del Castillo y al poeta Don Jos� Fornaris y C�spedes.

En otras dos ocasiones vuelve a pisar la prisi�n, pero no es motivo para que cese su actividad intelectual, pues continua componiendo poemas o haciendo traducciones, como la ya mencionada de La Eneida.

Esto sucede durante el primer y segundo per�odo del Capit�n General de Cuba, Gral. Guti�rrez de la Concha.

A�O DE 1856 a 1865

Destaca como abogado y hombre de negocios en Manzanillo a donde traslada su residencia.

A�O DE 1867

Por la suma de 81, 000.00 pesos compra el Ingenio de La Demajagua en Manzanillo.

A�O DE 1867

En agosto se re�nen en la reci�n fundada logia mas�nica de Bayamo, denominada Estrella Tropical No. 19, Francisco Vicente Aguilera y Francisco Maceo Osorio. Aguilera es nombrado Venerable Maestro, pero en realidad preside un comit� insurreccional.

La siguiente reuni�n fue en la Casa de Pedro (Perucho) Figueredo. All� mismo, Figueredo se sent� al piano y compuso la m�sica del Himno Nacional.

Se integra el Comit� de Bayamo y ausculta Holgu�n, Santiago, Camaguey y Las Villas.

Se une Carlos Manuel de C�spedes al movimiento insurreccional.

C�spedes encabeza la conspiraci�n en Manzanillo.

Cisneros Betancourt encabeza la conspiraci�n en Puerto Pr�ncipe (Camag�ey).

El y Bartolom� Maso pertenecieron a la Logia de Tinima de Puerto Pr�ncipe

A�O DE 1868

En el mes de enero muere de tisis la primera esposa de C�spedes, Maria del Carmen.

C�spedes funda en abril la Logia de "Good Faith" en Manzanillo y se convierte en Gran Maestro.

El 3 de agosto de 1868 se acuerda la primera reuni�n intermunicipal, por los comit�s de Camaguey, Holguin, Tunas, Jiguani, Manzanillo y Bayamo, representada por Salvador Cisneros Betancourt, Belisario Alvarez, Vicente Garc�a, Francisco Mar�a Rubalcava, Felix Figueredo, Donato M�rmol, Carlos Manuel de C�spedes, Jaime Santiesteban, Isa�as Mas�, Vicente Aguilera y Maceo Osorio, esta reuni�n tiene lugar en la finca de Jes�s Mar�a y al d�a siguiente en San Miguel. C�spedes e Isa�as Mas� representaban a Manzanillo y Vicente Aguilera a Bayamo.

Por esta �poca debe iniciarse una relaci�n amorosa entre Carlos Manuel y Candelaria Acosta Fontaigne , joven mestiza de apenas 17 a�os de edad que era hija de su Mayoral en La Demajagua, Juan Acosta. Candelaria a quien Carlos Manuel llamaba �Cambula� se hizo c�lebre por haber confeccionado la bandera enarbolada el mismo d�a de la insurrecci�n.

De esta uni�n nacieron dos hijos reconocidos por Carlos Manuel, Carmita y m�s tarde Carlos Manuel.

El Comit� de Bayamo fija el 24 de diciembre, fecha de inicio de la rebeli�n

C�spedes impaciente adelanta la fecha al 14 de octubre pero la conspiraci�n es descubierta por el Capit�n General Espa�ol Valmaseda

El 7 de octubre se recibe telegrama cifrado en Bayamo, ordenando detener a C�spedes. El telegrafista Nicol�s de la Rosa previene a C�spedes a trav�s de un sobrino de este llamado Ismael C�spedes, hijo de su hermano Francisco Javier.

Desde el 8 de octubre C�spedes convoca a los patriotas. Empiezan a reunirse en el Ingenio de "La Demajagua" de su propiedad. La Demajagua se encontraba al este de Manzanillo. En el ingenio redacta y discute el manifiesto que habr�a de dar a conocer.

En octubre 10 da el Grito de la Independencia en Yara

Encabeza la Insurrecci�n al mando de 147 hombres y poco a poco va creciendo el n�mero de partidarios que lo siguen, llegando a tener cerca de 17000 hombres.

El poeta Jos� Joaqu�n Palma salva su vida gracias a la intervenci�n de un desconocido agricultor, que trabajaba en la Hacienda El Datil de nombre M�ximo G�mez qui�n lleg� a convertirse en general y h�roe de la Independencia de Cuba.

Dato curioso es el hecho de que El D�til pertenec�a a la familia C�spedes Orellano.

En octubre 18, junto con Aguilera y Marcano toman la Ciudad de Bayamo.

Perucho Figueredo reparte volantes con la letra del Himno Nacional Cubano y para el 20 de octubre se interpreeta por primera vez en la historia en la Cd. de Bayamo.

"Al combate corred Bayameses, que la Patria os contempla orgullosa"

"No temais a una muerte gloriosa, que morir por la patria es vivir"

Carlos Manuel C�spedes es llevado en ese d�a y bajo palio a la Catedral donde se le asigna el t�tulo de Capit�n General de la Cuba Libre y dirige un emocionado discurso declarando la libertad de todos los esclavos insurrectos.

Pronto enfrenta a la oposici�n de Camag�ey, que no le perdona haber adelantado el levantamiento y haberse adjudicado el cargo de Capit�n General. Este grupo encabezado por Salvador Cisneros Betancourt, decidi� mientras tanto retrasar su apoyo a la insurrecci�n, lo cu�l permiti� a los espa�oles preparar con m�s comodidad la recuperaci�n de Bayamo.

C�spedes y sus generales Donato M�rmol y Modesto D�az, planearon la defensa de Bayamo en base a impedir que los espa�oles cruzaran el R�o Cauto, pero M�rmol impetuoso da la orden a sus tropas de cruzar el r�o y sorprender a Valmaseda, pero falla y dando un rodeo los espa�oles recuperan Bayamo.

A�O DE 1869

Bayamo es el s�mbolo de la rebeld�a Cubana y sus habitantes antes de permitir su rendici�n a las tropas de Valmaseda, incendian todas sus casas y convierten la ciudad en gigantesca antorcha el 12 de enero de 1869. Por azares del destino, la casa que fue de la familia C�spedes y en la cual naci� el Libertador, permaneci� en pi� y es un Museo actualmente.

Dulce el nuevo Capit�n General espa�ol, crea el Consejo Administrativo de Bienes Embargados y confisca todos los bienes y propiedades de los insurrectos, que se caracteriza por la rapi�a de los militares y funcionarios espa�oles mismos se reparten entre ellos los bienes y riquezas confiscados..

Ante las diferencias de los jefes rebeldes, fundamentalmente los de Camag�ey, en abril 10 de 1869 en el pueblo de Guaimaro se proclama la Constituci�n del mismo nombre que es redactada por Ignacio Agramonte y Antonio Zambrana.

Aprobada por todos nace all� la Rep�blica de Cuba en Armas y las discrepancias pol�ticas entre los lideres de Camag�ey, Bayamo y Manzanillo quedan zanjadas.

La esclavitud queda abolida, en la nueva Constituci�n, Carlos Manuel de C�spedes es nombrado Presidente de la Rep�blica, Salvador Cisneros Betancourt preside la C�mara de Representantes y Manuel de Quesada y Loynaz es nombrado Jefe del Ej�rcito. La C�mara tiene facultades para destituir al Presidente y al Jefe Militar.

C�spedes ambicionaba la Independencia total y absoluta de Cuba, mientras que Cisneros Betancourt se inclinaba por la anexi�n norteamericana.

El gobierno en armas, establece su asentamiento en Guaimaro pero no tardan los espa�oles en desalojarlo de dicho lugar.

Oscar de C�spedes y C�spedes, hijo del primer matrimonio de Carlos Manuel es capturado junto con el expedicionario Goicur�a y se ejerce presi�n sobre su padre para que se entregue a cambio de salvar la vida de su hijo. Carlos Manuel se niega y menciona que todos los cubanos son sus hijos y de all� proviene el nombre de Padre de la Patria, por el cu�l se le conoce.

El 4 de noviembre, Carlos Manuel de C�spedes contrae segundas nupcias con Do�a Ana de Quesada y Loynaz, hermana de Manuel de Quesada y Loynaz.

A�O DE 1870

El gobierno en armas, errante, se traslada a Berrocal, Sabanilla y Magaramba. La C�mara de Representantes objeta las actitudes de Manuel de Quesada y lo destituye. C�spedes pretende que le acepten la renuncia en vez de destituirlo, pero le es negada, entonces decide enviarlo a Nueva York en misi�n oficial.

En marzo 29 es fusilado Oscar C�spedes y C�spedes, hijo de Carlos Manuel..

Estando en Magaramba, el poeta Juan Clemente Zenea, que viajaba con salvoconducto espa�ol, enga�a a C�spedes y �ste lo recibe en la creencia de que es un emisario rebelde, gan�ndose su confianza al paso de los d�as.

El 13 de diciembre, acompa�ada por Zenea, Ana de Quesada inicia su viaje rumbo a Nueva York, pero es detenida junto con Zenea, por los espa�oles. Tras m�ltiples peripecias y vejaciones, finalmente Ana de Quesada es dejada libre.

Llega a Nueva York y vive con su Mam� y sus hermanas Caridad y Conchita, tiempo despu�s Ana descubre que est� embarazada.

A�O DE 1871

En febrero C�spedes se lamenta de que Manuel de Quesada no haya regresado a Cuba encabezando una expedici�n y se lo comenta a su esposa por carta.

En julio desembarca Rafael de Quesada, hermano de Ana, con una peque�a expedici�n y C�spedes recibe las primeras cartas de Ana desde Nueva York.

Ana le comenta en sus cartas de las divisiones e intrigas entre los grupos cubanos representados por Aldama y Manuel de Quesada, su ex-jefe militar exiliados en Nueva York y para ello C�spedes env�a a Nueva York al Gral. Vicente Aguilera y a su compadre Ram�n C�spedes y Barrero, como negociadores.

Ram�n C�spedes y Barrero era hermano del tatarabuelo Manuel C�spedes y Barrero y muy allegado y de las confianzas de Carlos Manuel. Muchos a�os despu�s, en 1885, lo encontramos como Juez Municipal en Manzanillo y �l es qui�n firma el Acta de Nacimiento de la T�a Delfina Aguirre Betancourt, que naci� en ese a�o.

C�spedes recibe carta de Manuel de Quesada sincer�ndose y el primero comenta con Ana que la mejor forma de hacerlo, ser�a que arribara a Cuba con una gran expedici�n.

El conflicto que tuvo Manuel Quesada y Loynaz fue que deseaba manejarse como Jefe Militar, pero sin obedecer ordenes del Gobierno en Armas que estaba formado por la C�mara de Representantes y el Presidente. Como an�cdota debe mencionarse que el Gral. Manuel Quesada y Loynaz, particip� activamente en el ejercito mexicano luchando al lado de Don Benito Ju�rez en contra del Imperio encabezado por Maximiliano.

C�spedes le env�a a Ana una carta escrita por La Cambula, amante del primero antes de casarse y le pide que sea generosa y comprenda que la �nica relaci�n que los une es la "hijita" que tuvo con ella y que el ama.

C�spedes se entera por carta que Ana qued� embarazada antes de partir y en agosto tiene jimaguas (gemelos) que llevan el nombre de Carlos Manuel y Gloria Dolores, ambos de apellidos C�spedes y de Quesada.

Ju�n Clemente Zenea muy discutido personaje y literato distinguido, es fusilado en La Habana el 25 de agosto de 1871, considerado traidor tanto por los rebeldes insurrectos, como por el gobierno colonial espa�ol que ordena su muerte.

Carlos Manuel de C�spedes le anuncia a Ana la captura de toda la familia de su hermano Pedro C�spedes por los espa�oles y que la de su hermano Javier logr� escapar pero perdi�ndolo todo. Tambi�n dice que la familia Milan�s fue robada y asaltada.

Respecto a Zenea escribe: "Corri� la noticia de que Zenea hab�a sido fusilado y lo sent�amos cuando ignor�bamos su traici�n, pero hoy lo que se siente es que no lo hayan hecho pedazos."

El 8 de octubre el Gral. Ignacio Agramonte rescata de manera heroica al Brigadier Julio Sanguily, que hab�a ca�do preso de los espa�oles.

C�spedes le pide a su esposa Ana que permanezca viviendo al lado de su madre en Nueva York, que no trate regresar a Cuba, pues no es lugar para una mujer decente, en esos momentos de la terrible guerra que viv�an.

En agosto comenta a su esposa por carta: "Carlitos, Javier, Pedro y la dem�s familia andan por Oriente, el primero est� en Manzanillo". Se refiere a sus dos hermanos Pedro y Javier y a su hijo Carlos Manuel C�spedes y C�spedes, de su anterior matrimonio.

Por parte de la familia Quesada, Jos� Ignacio hermano de su esposa Ana, siempre fue su m�s fiel y m�s leal acompa�ante, con Manuel Quesada no llevaba buena relaci�n, pero con Rafael Quesada la relaci�n fue mejor, pues encabez� varias expediciones.

Otras dos hermanas de Ana de Quesada, Caridad y Concepci�n estaban junto con su madre en Nueva York. En Cuba permanec�a todav�a la hermana de Carlos Manuel Francisca de Borja, a qui�n llamaba Borjita.

Para estas fechas M�ximo Gomez (el agricultor de El D�til), ya ten�a el rango de General del Ej�rcito y luchaba con denuedo en contra de los espa�oles.

En octubre comenta su visita a la casa de Cambula, para ver a su "hijita, quiz� por �ltima vez", pues le hab�an recomendado que Cambula por su seguridad deb�a marchar al extranjero.

El 27 de noviembre son fusilados injustamente 8 estudiantes de medicina en La Habana por el llamado grupo de Los Voluntarios al mando del Gral. Dulce

A�O DE 1872

En enero escrib�a C�spedes a su esposa Ana: "Trina y Borjita deben estar a esta fecha en Jamaica. De Javier y Ricardo hace d�as que no tengo noticias ciertas. Estoy temiendo una desgracia". Como dije Javier y Borjita eran sus hermanos, Trina(Mar�a Trinidad) era la esposa de Francisco Javier y Ricardo parece ser el hijo de Javier y Trina.

C�spedes se mostraba desesperado por la ausencia de expediciones y escribe: "Y en efecto es de creer, en vista del tiempo transcurrido desde la �ltima remesa, que all� nadie se acuerda de nosotros, para enviarnos recursos".

Tambi�n dice:

"Los asaltos, saqueos e incendios por los espa�oles de Boquer�n, donde yo ten�a una finca a 4 leguas de Manzanillo" y despu�s. "En noches pasadas robaron a Emilio C�spedes 11 onzas de oro...", y m�s delante: "Jos� Ignacio que ya estaba bueno, recay� y ahora tiene una �lcera muy fea en una pierna. Yo gozo de buena salud, temiendo siempre perderla".

Hasta ahora desconozco exactamente de quien era hijo Emilio C�spedes.

En el mes de marzo comenta: "Al fin tuve el gusto de saber de Javier y Ricardo, est�n buenos...".

"Comprendo los motivos que te habr�n impedido escribirme, pero a veces me figuro que me has olvidado..."

"Javier y Ricardo se han incorporado ya conmigo, trajeron la noticia de la toma e incendio del pueblo El D�til a una legua de Bayamo". Ya coment� arriba que "El D�til era una propiedad de los C�spedes Orellano.

En abril recibe cartas de Ana y escribe:

"Por fin algo de tu boca, supe relativo a nuestros idolatrados mellizos, sin embargo de que habr�a quedado ignorante del nombre del var�n, si mi hermano Pedro no me hubiese dicho en su carta, que ven�a a aumentar la lista de mis hom�nimos.....En cuanto al nombre de la ni�a no obstante que es a lo que siempre con nobleza y dignidad he aspirado, me habr�a sido mucho mas dulce, e innegablemente menos vergonzoso, o inmodesto, que se dijese Anitica de C�spedes". Sus nombres: Carlos Manuel y Gloria Dolores

Tambi�n dice:

"Paramos el 6 en la boca del Baguano, donde presenci� el espect�culo de la marea despu�s de 3.5 a�os que deje de verlo en La Demajagua"

En mayo el Gobierno de C�spedes queda en custodia del contingente de M�ximo G�mez y mientras tanto su hermano Javier, con su hijo Ricardo parten a Bayamo. Julio Sanguily pierde un brazo en la guerra y el Gobierno decide su traslado al extranjero. C�spedes segu�a insistiendo sobre la expedici�n de Manuel de Quesada.

Escribe a su esposa Ana: " Me complace que la naturaleza nos haya compartido la semejanza de los gemelos, porque presagio que la ni�a ser� muy buena , pues pareci�ndose a m� forzosamente habr� de ser fea y rara es la fea que sale mala. En cuanto al var�n puede que cambie de car�cter, porque yo de ni�o creo haberte dicho que era muy manso. Mas luego me volv� un diablo encarnado".

En otra carta dice:

"Ocho meses van pasados sin recibir carta tuya, ni recursos del exterior, ocho meses de tormentos para mi coraz�n por todos lados y ocho meses que son una prueba mas de mi constancia y la de los Cubanos".

Mas delante:

"Jos� Ignacio est� al san�rsele completamente la llaga". Y despu�s dice: "Tuve el gusto de recibir la tuya del 24 de febrero y saber por tu boca de nuestros queridos gemelos. Mucho deseo abrazarlos a todos".

C�spedes tiene problemas con el comportamiento del Gral. M�ximo G�mez y dice:

"Lleg� su insolencia hasta contestar con sarcasmo y agotada la paciencia fue necesario largarle un golpe"

Para el mes de julio escribe:

"El ansiado correo del exterior lleg� por fin el d�a 13, para mi con el disgusto de no haber recibido carta tuya, no obstante que por las de Pedro y Borjita supe que tu, que eres hoy mi prenda m�s cara en el mundo, despu�s de Cuba y mis adorados mellizos, continuais en perfecta salud".

En agosto dice:

"Muy amada esposa m�a: a esta fecha a�n no he tenido el gusto de ver tus adorables letras; hace como 6 meses que no me llegan cartas tuyas.."

y despu�s:

"Se cumpli� este d�a un a�o del desembarco de Ag�ero, es decir un a�o que no recibimos un grano de p�lvora, ni un fusil, ni un hombre!" y hablando de su cu�ado Jos� Ignacio: "Cada vez tengo lugar de apreciar el buen car�cter de Jos� Ignacio. Vive muy unido conmigo y muy sumiso a mi voluntad. No se atreve a hacer nada sin consultarme y no altera en lo mas m�nimo mis costumbres. Me cuida como una mujer y mucho m�s que mi propio hijo. As� que lo quiero entra�ablemente y me ser�a muy sensible separarme de �l. Te digo todo esto (Ana) porque aunque ya tu parece que no me amas, te complacer�s por tu hermano y la dem�s familia se alegrar� de saberlo. �No es cierto ingratona?".

Y mas delante:

"Cumplieron en este mes, un a�o nuestros queridos hijitos y a�n no los he conocido. �Ay, tal vez no los conocer� nunca! Tambi�n hizo 20 meses que no te veo. En esa eternidad, �cuantos dolores! Esto lo record� el 13 y no obstante mi entereza y la firme resoluci�n que tengo formada de morir, si no doy la libertad a mi Patria, resoluci�n que creo me apruebas y debes aprobarme, te confieso que sufr� una angustia mortal y para vencerla necesit� de toda la fuerza de mi voluntad.�

�Es cierto que no hay sacrificio comparable al de vivir separado de ti y de las prendas de nuestro amor, pero cuando veo tantos cubanos que olvidaron a su Patria, o que la abandonan por estar reunidos con sus familias; me averg�enzo y afirmo m�s mi juramento para que un d�a pueda decirse que Cuba ha producido siquiera un hombre digno."

Para septiembre y a�n sin recibir carta de Ana escribe:

"Muy cerca viven las Cancino, j�venes de Bayamo que han atravesado por todas las peripecias de la revoluci�n, solas, honradas y constantes. Las dirige una hermanita mayor, poetisa que se firmaba Consuelo, cuyo talento es todo hijo de la naturaleza. Se han refugiado en este lugar, el Asturias Cubano."

Para octubre C�spedes escribe:

"Mi querid�sima Anita de mis ojos: Ha vuelto a llegar correo de donde tu sabes y no he recibido todav�a carta tuya" . Y despu�s: "Ayer celebramos el 4o. Aniversario de nuestro glorioso alzamiento; y aqu� vino de molde aquello de los pajarillos de los poetas que al alba se levantan festejando tu d�a; pues en este campamento no hab�amos o�do ruise�ores y sin embargo desde la v�spera muy temprano una bandada de esos cantores se present� casi encima de nuestras cabezas y empez� con sus trinos a llenar de armon�as el espacio."

Para noviembre escribe:

"Ayer me repiti� la calentura; hoy tom� el quinino; tengo molestia en la cabeza. Los ayudantes han mejorado de salud, pero Jos� Ignacio sigue todav�a malo." Y luego mas adelante: "El d�a 4 de noviembre fue mi santo y el tercer aniversario de nuestro matrimonio, dos fases de la vida, de la vida de familia que me complazco en enlazar".

Al llegar Manuel Betancourt y Betancourt con una peque�a expedici�n, el campamento se llena de regocijo y M�ximo G�mez, Calixto Garc�a y la multitud gritaban �A Occidente! Vamos a Occidente!

�Que sea y�, Sr. Presidente! Yo; para m�!, le suplicaba el Gral. M�ximo G�mez a C�spedes.

Recu�rdese que el �xito de la Insurrecci�n depend�a mucho de lograr que el levantamiento prendiera en el occidente de la Isla y tanto el Gral. M�ximo G�mez como el Mayor Ignacio Agramonte estaban deseosos de lograrlo.

M�s adelante dice:

"Aument� mas la com�n satisfacci�n al haberse sabido que el Mayor Gral. Ignacio Agramonte Loynaz me hab�a enviado comunicaciones directas en t�rminos cordiales asegur�ndome de la buena disposici�n de las fuerzas a su mando para sostener el prestigio del Gobierno de la Rep�blica." Mas adelante Carlos Manuel C�spedes comenta: "Betancourt tuvo la amabilidad de traerme tus cartas y tus retratos con los ni�os en brazos. No puedes formarte una idea del gozo que sent� al ver todos aquellos rostros idolatrados..." Y en relaci�n con la carta de Ana recibida dice:

"Mi coraz�n deb�a latir satisfecho (por los �xitos de la insurrecci�n) y yo volv�a mis ojos a mi hogar domestico, donde esperaba encontrar el amor, la felicidad y el reposo. Tu carta ha venido a amargar mi ventura y destruir mis mas queridas ilusiones."

Enseguida y en una p�gina entera, ante la aparente queja de Ana por su precaria situaci�n econ�mica, le expresa la forma en que el ha tratado de resolver su problema econ�mico y su ansiedad y desesperaci�n.

De igual forma le reitera por que raz�n ella y sus hijos no deben regresar a Cuba, dado que los peligros del viaje y la vida errante que llevan, cambiando su posici�n de manera continua har�a imposible la vida en familia. Ante las dudas que tiene Ana respecto a su fidelidad, C�spedes le escribe:

"No puedo ser feliz sino a tu lado adoro a nuestros hijitos, deseo para ellos un porvenir dichoso, y si es cierto que soy hombre y sujeto a todas las flaquezas humanas, podr� cometer un desliz en cualquier sentido, (mas) no lo es menos que nunca tendr� una amante, �te lo juro!"

y mas adelante dice:

"Y de aqu� tomo pie para rogarte que nada compres para mi de tu bolsillo, mientras no mejore tu situaci�n"..."Yo todav�a vivo en la opulencia. Mira: de cinco camisas viejas que ten�a, pude darle la mejor a Betancourt que no tra�a ninguna". Y copi�ndole parte de su diario, escribe: "....y la esperanza de ver a mi Anita, a pesar de que ya han pasado 2 a�os desde que se separ� de mi lado, en todo este tiempo, ni un momento la he apartado de mi memoria. Cada d�a la amo mas y se han a�adido a mis padecimientos los que considero la agobian en tierra extra�a y con dos ni�os gemelos que cuidar."

Casi al final del a�o dice en relaci�n a su enemigo pol�tico, presidente de la C�mara de Representantes, Salvador Cisneros Betancourt, Marqu�s de Santa Luc�a: "Por la noche la m�sica complet� la obra con retreta y baile. El Marqu�s de Santa Luc�a estuvo dos d�as borracho, hablando cosas inoportunas y siendo el ludibrio de la soldadesca."

Despu�s dice y esto aclara qui�n era Emilio C�spedes:

"Emilio C�spedes, el hijo de mi compadre (Ram�n C�spedes y Barrero, que envi� a Nueva York), que estaba comprometido a casarse con Candelaria Figueredo, se separ� de mi lado para casarse con Mercedes Cancino y ayer he recibido la noticia de que ha muerto de enfermedad. Participo de ese nuevo sentimiento de su buen padre."

A�O DE 1873

En febrero escribe: "Vino el correo del extranjero y no me trajo carta tuya. Aunque me pesa, no lo extra�o porque bien veo que como parece te pesa escribirme."

M�s adelante dice:

"Yo sigo ahora bien de salud y voy reponi�ndome a grandes pasos, creo que no volver� a tener otra indisposici�n durante la guerra. Cuando me escribas, m�ndame entre la carta la medida del alto y del grueso por los hombros de cada uno de mis queridos gemelos, expresando la fecha en que se midi�."

En marzo le escribe a Ana:

"los retratos deben estar muy parecidos pero con la diferencia de traje, peinado y creciente gordura, te hallo muy diferente de la que se march� de la insurrecci�n y realmente as� ser� tal vez en todo, a lo menos en el genio, parece que se te est� poniendo muy malo y conmigo principalmente."                                                           

Las acciones militares del Mayor Gral. Ignacio Agramonte y Loynaz en Buey,  Curan�, L�zaro y Cocal del Olimpo, abri�ndose paso para burlar la l�nea defensiva  J�caro a Mor�n y llevar la rebeli�n armada a trav�s de Las Villas hasta el extremo occidental de la Isla, supon�a una gran victoria y el reconocimiento mundial de una Rep�blica en armas, unificada por un mismo ideal. No quiso el destino que fuera Agramonte quien realizara esta haza�a, pues una bala enemiga, el 11 de mayo en el potrero de Jimaguay� lo derriba y pierde la vida.                                                

En el mes de junio y a ra�z del ataque de una columna espa�ola de 900 hombres que les dispar� 16 ca�onazos escribe C�spedes:

"Las balas y las granadas me pasaban sobre la cabeza y hac�an explosi�n a corta distancia. �Era divertido!"                                                           

En el mes de julio le escribe una larga carta en son de queja a su �hermanita� Caridad (hermana de Ana) que vive en Nueva York y le dice: �D�as hace querida hermanita que estoy muy triste y me atormenta esa terrible idea. No tengo un d�a de placer; los males me persiguen; la vejez me ha entrado de repente; pero no creas por eso que desmayo, ni me desaliento en mi empresa que creo asegurada, sino que los disgustos dom�sticos me agobian. �La familia me hace desgraciado!  Por eso me ha servido de much�sima complacencia la descripci�n que me haces de las gracias de mis idolatrados mellizos. Con ella he gozado como si estuviera vi�ndolos y ese ser� mi �nico consuelo, porque yo no los ver� nunca; morir� sin tenerlos en mis brazos, sin conocerlos siquiera mas que por mudos retratos."                                 

Para el 6 de julio una expedici�n comandada por Rafael de Quesada, desembarca en la Isla, pero tuvo la desgracia de que se rompieran los botes y no pudo desembarcar mas que una parte del cargamento, sobre esto dice:

"Yo no pude ir en persona porque el camino era largo y sumamente escabroso de suerte que siempre llegar�a tarde. Mand� a Carlitos (C�spedes y C�spedes su hijo) y este me trajo una maleta con....." y sigue la descripci�n de los efectos personales que le env�an, entre ellos 2 botes de quinina y 14 cuadernillos de papel y polvos dent�fricos, que mucho antes hab�a solicitado.                                                       

En otra carta le escribe a su esposa Ana:

"Querida esposa: recib� tus cartas de            20, 23, 28, y 31 de mayo y 27 de junio de este a�o; quisiera contestarte con la mayo r extensi�n acerca de los asuntos dom�sticos; pero de naturaleza tan reservada son, que ser�a necesario escribir demasiado en cifra o exponerme a tener los secretos de familia divulgados por los espa�oles que pueden interceptar esta correspondencia; lo primero es materialmente imposible, dadas las circunstancias mis males y ocupaciones y en lo segundo no imitar� tu ejemplo, cometiendo semejante imprevisi�n, por no decir imprudencia. Prefiero sufrir callado y que se interpreten err�neamente mis sentimientos, como yo estoy acostumbrado a verlo. Nada mas puedo decir ahora"

Y ante las aparentes recriminaciones y exigencias de Ana en sus cartas, que no son totalmente claras, pero que seg�n deduzco giran acerca de la mala situaci�n econ�mica, los celos incontenidos por la larga separaci�n que llegaba a mas de un a�o y medio y la imposibilidad de que C�spedes aceptara que ella viajara a la Isla, le contesta pero en t�rminos poco            comprensibles y mas adelante dice:

"Yo estoy bien persuadido de que no he de volver a verte; por que morir� en la guerra, o alguno me matar� antes. Nunca conocer� a nuestros hijitos mas que por retratos, pues tambi�n su tierna edad los expone mucho a una desgracia. Tu misma padeces; y as� es que siempre estoy            esperando que cada correo me traiga la noticia de un funesto acontecimiento, Mi coraz�n me presagiaba la enfermedad que ahora han sufrido y todo esto se a�ade a mis penas porque los amo y a ti lo mismo, aunque no quieras creerlo."                                              

En otro p�rrafo expresa:

"Te doy gracias por lo que me dices me tienes preparado pero de aqu� en adelante no quiero que me mandes nada; ni armas, ni medicinas, ni ropa, ni nada, Gu�rdalo todo para ti y los chiquitos. Yo estoy satisfecho con lo que tengo. Vivo en una choza o a la intemperie. Como lo que me dan, aunque sean los reptiles mas inmundos. Ando vestido y calzado de una manera grotesca, pero honesta. No tengo necesidades. Hasta ahora me defiende la lealtad de los que me rodean; el d�a que me falte no sabr� morir peor que Ayestar�n."

Y sigue despu�s en relaci�n con partidas destinadas al socorro de los miembros del Gobierno que se encontraban en la mas extrema pobreza: "�Y es posible que haya cerebro bien organizado que piense que voy a distraer de los fondos p�blicos miserables cantidades para asuntos particulares? Para eso habr�a guardado mi dinero que era bastante y mucho m�s de lo que se ha girado"...."En cuanto a mi, tengo mi conciencia tranquila y desprecio esas calumnias. He cumplido con mi deber. Mi conducta est� en la expectaci�n p�blica. No juego, No me embriago, no enamoro, ni siquiera paseo. Trabajo sin descansar por Cuba, no puedo asegurar que lo haga con acierto, pero es con buena fe. No robo, no mato, no violo, no hago intencionalmente agravios a nadie. Procuro proceder imparcialmente en  mis resoluciones, y que haya orden y justicia. Jam�s transigir� con los espa�oles sino bajo la base de nuestra Independencia. M�s no puedo hacer, no soy santo.�                        

�Si no est�n conformes, tomen su Presidencia el d�a que quieran. �Ojal� fuera ma�ana! �Cuidado un d�a no la dejen caer por tierra! Para nada la apetezco. Yo  quiero ser el primer independiente, y adonde quiera que vaya tendr� que comer,  porque yo s� trabajar. No le tengo miedo a nadie, ni a nada! Por ser Presidente no voy a sacrificar mis sentimientos ni mis otros deberes."

Y despu�s C�spedes escribe en relaci�n a las cartas de Ana:

"Sent� much�simo las que tuve que devolverte; pero hoy no puedo conservarlas. Voy a reducirlas todas a cenizas, aunque se me destroce el alma. En eso no hay bajeza y es para bien de todos. No quiero que los enemigos se enteren de las confianzas que tienes conmigo."

Mas adelante y en relaci�n a su visita a Cuba:

"Aunque creo que ya habr�s desistido de ese pensamiento, te aconsejo que no sue�es siquiera con venir ahora a Cuba con Rafael, ni con nadie; pues adem�s de que existen los mismos motivos que antes, siempre estar� lejos del lugar del desembarco......"

En relaci�n con sus hijos escribe:

"Los dos �ltimos retratos de los ni�os, son los que tengo en mi cartera. Todos los d�as los saco para contemplarlos. Me r�o con ellos al ver la facha que tienen; pues Charlie parece un malayo y Gloria est� hecha una furia, con la bemba tan estirada y queriendo romper el llanto. Despu�s los beso y los guardo...."                                                       

Refiri�ndose a Cisneros Betancourt dice lo siguiente que sugiere cierta relaci�n familiar con el o con Agramonte que llevaba el apellido Loynaz:

"Al Marqu�s le di las noticias de familia que contienen tus cartas y le ofrec� mis servicios. Con esto y que supo que la muerte de Agramonte, me hab�a afligido mucho, pareci� que se hab�a arrepentido de sus maquinaciones,  pero la ilusi�n dur� pocos d�as."   

Para fines del mes de septiembre escribi� en relaci�n a su conflicto con la C�mara de Representantes:

"Desde hace d�as est� anunci�ndose la reuni�n de la C�mara para chocar conmigo y llegar tal vez hasta la deposici�n..."

Y mas abajo dice                                                    

"Como es probable que si no logro conjurar la tempestad, al recibo de esta ya no sea Presidente, bueno ser�a que se arreglase con Rafael que venga a buscarme en un vapor en el d�a y punto que se�ale con anticipaci�n."

Y enseguida:

"Este aviso no debe preocuparte. Era esperable; los pueblos son mas ingratos que los reyes. Deben ser servidos con desinter�s. No por eso se enfr�e nuestro amor a Cuba, ni el deseo de liberarla de sus opresores. Tu vista y la de mis adorados hijitos me servir� de suficiente consuelo al destierro."                                                       

El 1o. De octubre escribe:

"Te advierto que es falso que el Marqu�s haya estado en el ataque de Las Yeguas, como dijeron los espa�oles. Desde 1871 se vino huyendo a Oriente, donde no ha hecho mas que tratar de perjudicar y ponerse en rid�culo. Para no pasar trabajos en Camaguey, no fue camagueyano."

Enseguida dice:

"La legislatura se ha abierto con una crisis. El Marqu�s ha presentado su renuncia de la Presidencia de la C�mara. Se ignoran los verdaderos motivos; pero se dice que porque los compa�eros lo acusaban (a la sordina) de agitar mi deposici�n para conseguir la Presidencia de la Rep�blica."

El d�a 11 de octubre le escribe a su esposa Ana:

"Anita: hasta hoy no ha procedido la C�mara a la deposici�n, pero me ha dado toda clase de muestras de hostilidad y por �ltimo no ha querido acompa�arme hasta este lugar, donde hemos celebrado el aniversario del 10 de octubre." 

Se refiere al 5o. Aniversario del Grito de Yara. Enseguida y refiri�ndose a un hecho de guerra del Mayor Gral. Calixto Garc�a I�iguez, menciona los nombres del Teniente Coronel Enrique C�spedes y al Coronel Ismael C�spedes por su heroico comportamiento en la batalla,  desconozco la relaci�n familiar que ten�a con ellos.

Para el 21 de noviembre en otra carta menciona lo siguiente:

"La patria est� de luto y llora la muerte de tantos hijos benem�ritos. Mi pobre hermano Pedro, sell� con su sangre el juramento de volver a Cuba. Yo le hab�a dicho que permaneciera en el extranjero, ocupado en el servicio de la patria, conforme le permitieran sus males y as� podr�a atender tambi�n al cuidado de sus hijos. Su patriotismo lo arrastr� y ha muerto en el campo del honor. Dichoso el que ha ce�ido este lauro inmortal. Su gloria inmarcesible me consuela de su muerte."

En relaci�n con su deposici�n de la Presidencia de la Rep�blica, esta tuvo lugar el 28 de octubre de 1873, ocupando su lugar, como el lo hab�a dicho Salvador Cisneros Betancourt, Marqu�s de Santa  Luc�a,  y en la misma carta se  refiere a estos hechos, sin mostrar ninguna queja y ning�n resentimiento, de la siguiente manera:

"En cuanto a mi deposici�n he hecho lo que deb�a hacer. Me he inmolado ante el altar de mi Patria en el templo de la ley. Por m� no se derramar� sangre en Cuba. Mi conciencia est� muy tranquila y espera el fallo de la Historia. Y pongamos aqu� punto final a la pol�tica." 

Menciona despu�s a sus familiares mas cercanos que lo acompa�an en la guerra y que ya hemos dicho que eran su cu�ado Jos� Ignacio Quesada y Loynaz, su fiel ayudante; Carlos C�spedes y C�spedes, el hijo que le quedaba de su primer matrimonio, dado que Oscar muri� fusilado; Javier C�spedes y del Castillo, el hermano que le quedaba puesto que Pedro estaba reci�n muerto y Ricardo C�spedes que aparentemente era hijo de Javier. A continuaci�n lo que de ellos dice:

"Estoy en buena salud y con muchos deseos de verte as� como a la dem�s familia. Lo mismo Jos� Ignacio y Carlitos, Javier y Ricardo que andan por Bayamo buenos. Salvo la separaci�n y las desgracias de la familia, no me inquieta hoy otra cosa mas que a los otros cubanos comprometidos en la lucha con Espa�a."                                                         

Unos d�as despu�s de la deposici�n de C�spedes de la Presidencia, el barco Virginus que transportaba pertrechos para la rebeli�n, fue detenido por los espa�oles y muertos 50 de sus hombres de nacionalidad norteamercana. Esto result� ser una gran tragedia para la Rep�blica en Armas, que necesitaba con urgencia dichos abastecimientos y fue motivo de que no se organizara despu�s ninguna otra expedici�n para ayudar a la causa. Desconozco si su hermano Pedro ven�a en dicho barco y form� parte de los hombres ejecutados por los espa�oles, aparentemente as� fue.                                                

Ya para terminar el a�o, en el mes de diciembre, escrib�a lo siguiente:

"Ayer me dejaron en libertad y me quedo en Cambute. Dicen que me dar�n pasaporte y as� puedes hacer lo que creas mas acertado sobre este particular, conforme a lo que arriba te digo; pero avis�ndome antes con especificaci�n, lo mismo que a Mariano"                                                         

A�O DE 1874

El salvoconducto jam�s lleg� y se ve obligado a internarse en plena Sierra Maestra a un sitio denominado San Lorenzo, en donde permanece acompa�ado solamente por su hijo mayor Carlos Manuel.

 El 27 de febrero Carlos Manuel de C�spedes, es sorprendido en San Lorenzo, por una columna de soldados espa�oles del batall�n de San Quint�n, posiblemente conducidos hasta all� por la denuncia de alg�n informante. Abandonado a su suerte por la C�mara de Representantes y sin escolta alguna, su hijo estaba fuera del campamento en ese momento, pr�cticamente ciego, intenta defenderse y ya herido de muerte, se despe�a por un barranco.

Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de la Habana, en su libro �El Diario Perdido�, termina la descripci�n cronol�gica de la vida de Carlos Manuel, con estas muy sentidas y adecuadas palabras que les reproduzco:

�As� terminan los d�as de quien defendi� la libertad con su vida. A partir de ese momento, y hasta hoy su figura se enaltece. M�s que sus actos p�blicos y los rasgos de su atractiva personalidad, ser� su pensamiento la piedra angular sobre la cual se edificar�n los conceptos republicanos; en �l esta la g�nesis de la historia de la Patria y de las virtudes c�vicas del Estado y del Pueblo.�


S�ntesis de la vida de Carlos Manuel de C�spedes, enfocada a sus relaciones familiares, escrita por Manuel Aguirre Botello y terminada el 10 de octubre de 2000.


Fuentes:

El Diario Perdido, Edici�n 1998,  Eusebio Leal Spengler

C�spedes El Padre de la Patria Cubana, (Genealog�a)  Herminio Portel-Vila, 1989

Cartas de Carlos M. de C�spedes a su esposa Ana de Quesada,  Instituto de Historia, 1964

Art�culos sobre el tema  en la revista Coloquio, por Ana Luisa Queral, 1996-97-98.

Poes�as de Ursula C�spedes, Juan J. Remos, Ministerio de Educaci�n, 1948

Semblanza de Candelaria Acosta,  La Bandera de C�spedes,  Pablo Villegas, 1928.


Mi agradecimiento sincero al distinguido e ilustre historiador Eusebio Leal Spengler, que tuvo a bien obsequiarme y dedicarme la �ltima edici�n de su libro �El Diario Perdido�, al Colectivo de Trabajadores de la Casa Natal de Carlos Manuel de C�spedes en Bayamo, que tuvieron a bien enviarme y dedicarme la versi�n anterior del mismo libro y muy especialmente a la se�ora Paquita Fonseca Ram�rez que tuvo la paciencia de transcribirme de manera manuscrita la historia de la Bandera de C�spedes tomada del libro de Pablo Villegas de 1928 y de igual manera a su hermana la Sra. Lidia Fonseca y sus hijos Ana Lidia Paneque Fonseca y Roberto Paneque Fonseca de la Fundaci�n Todo por Bayamo, que tanta ayuda me brindaron en la investigaci�n de las ra�ces de la mi familia.

Sin este material me habr�a sido imposible conocer de la vida de tan ilustre y grandioso ser como fue Don Carlos Manuel de C�spedes y del Castillo y de la relaci�n de allegado que tuvo con la familia de mi bisabuela Antonia C�spedes Orellano en aquellas lejanas �pocas y en ese muy bello lugar que debe de ser la ciudad de Bayamo en Cuba.

No quiero dejar sin agradecer a Ana Luisa Queral de Baltimore y al  Sr Mario Hurtado de Miami, que me enviaron el �rbol geneal�gico de la familia C�spedes y claro y desde luego a mi querido cu�ado Hector Gal�n que en la ciudad de M�xico consigui� las copias de los libros de Poes�as de Ursula C�spedes y de Cartas de Carlos Manuel a su esposa Ana de Quesada, ambos en la Biblioteca Nacional de M�xico

Thanks to everyone for all of your help.

MAB. (Miguel Aguirre Botello)

Last revision: April 01, 2001

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