
A diferencia de otras regiones
americanas -como el Perú o México- las extensas
llanuras de la Pampa o la meseta patagónica no atrajeron
en un principio la atención de los colonizadores
españoles, pese a que estaban habitadas desde tiempos
inmemoriales por numerosos grupos humanos indígenas.
Estos pueblos estaban perfectamente adaptados a un medio
que para el europeo era francamente desfavorable: desde
la falta de riquezas minerales de la llanura bonaerense
hasta un suelo pobre y un clima rudo en la Patagonia,
elementos estos a los que se sumaba la gran resistencia
del indígena al sometimiento por parte del español.
La Patagonia fue, sobre todo, la "Terra
Incógnita", hostil, misteriosa, con su suelo
árido, con sus escasas especies vegetales y animales,
con su clima húmedo y frío en la región de los bosques
australes, frío y seco en la meseta; con sus imponentes
glaciares, sus lagos, sus salinas y sus grandes ríos: el
Colorado, el Negro, el Chubut, el Santa Cruz y el
Gallegos.
Tanto la Patagonia como la gran llanura pampeana -y
asimismo el impenetrable bosque chaqueño- fueron durante
muchas décadas la "frontera", el límite de la
expansión del hombre blanco (español o criollo, era
indistinto) hacia el país "interior".
Con una geografía tan particular y sin accidentes
geográficos notables que los limitaran (descontando la
Cordillera de los Andes), los aborígenes pampeanos y
patagónicos fueron esencialmente nómadas, modo de vida
que se desarrolló aun más al adquirir estos pueblos el
dominio del caballo, "regalo" aportado por la
fracasada expedición de Pedro de Mendoza en 1536.
En este particular ecosistema argentino nacieron,
crecieron, se multiplicaron y murieron hombres y mujeres
que fueron conocidos como Pehuenches, Puelches Guénaken
(Tehuelches del norte), Chónik (Tehuelches del sur y
Onas), Yámanas o Yaganes, Alakalufes, Pampas,
Querandíes y Araucanos o Mapuches.
LOS PRIMITIVOS PATAGONICOS
Uno
de los estudios más importantes sobre los primeros
asentamientos humanos en la región fue el realizado por
el investigador norteamericano Junius Bird, quien tras
explorar y realizar excavaciones en el sur patagónico y
los canales fueguinos estableció una secuencia de
desarrollo cultural bastante precisa.
En las capas más profundas de la Cueva
Fell y en el abrigo de Palli-Aike,
en la Patagonia chilena, Bird encontró restos humanos y
de animales extintos, como caballos americanos salvajes,
guanacos y milodontes, una especie de perezoso gigante,
representantes de la megafauna
cuaternaria, que fueron cazados por
estos paleoindios. La datación radiocarbónica arrojó
para los restos una antigüedad de más de 9.000 años.
Junto a los huesos se encontraron los artefactos con los
que estas bestias fueron ultimadas: puntas de proyectiles
acorazonadas con pedúnculo en forma de cola de pescado y
algunos instrumentos de hueso.
De acuerdo a estos hallazgos Bird pudo inferir que se
trataba de bandas cazadoras adaptadas a la vida nómada,
de contextura física similar a la de los Canoeros
Magallánicos, es decir de baja
estatura y que aprovechaban las pieles de los animales
cazados para cubrirse, las que eran preparadas con
raspadores de piedra como los hallados en la Cueva Fell.
En este prolongado lapso se sabe que poblaron lo que
actualmente constituye la Patagonia argentina grupos
cazadores-recolectores portadores de similar cultura: en
la provincia de Santa Cruz, en el sitio de Los Toldos, se
hallaron herramientas de piedra y fogones de hace casi
10.000 años. En el noroeste de dicha provincia, junto al
río Pinturas han dejado testimonio de sus grandes dotes
plásticas, como las hermosas impresiones de manos
dejadas por artistas desconocidos en la Cueva de las
Manos, junto al río Pinturas, fechadas entre el 7350 y
5330 a.C.
Por encima de las capas inferiores de la Cueva Fell y
Palli-Aike, en lo que llamó Capa II, Bird encontró
restos de otras culturas de tecnología más rudimentaria
que las anteriores, pues faltaban las puntas de
proyectil, junto a huesos de animales recientes, como
ciervos, guanacos y zorros. En la denominada Capa III se
hallaron utensilios pertenecientes a nuevas culturas
cazadoras, como puntas de proyectiles de forma triangular
y base redondeada, junto a piedras de boleadoras. Los
restos humanos hallados en estas capas superiores eran
anatómicamente similares a los de los pueblos
aborígenes encontrados por los españoles en el siglo
XVI, que históricamente se conocieron como tehuelches,
lo que indica un desplazamiento de los antiguos canoeros
hacia la región fueguina y el asentamiento de nuevas
poblaciones en su lugar.
Los
Puelches Guénaken
Los
Pehuenches
Los Chónik
Pueblos
de la Tierra del Fuego:
Los Onas o Selk'nam
Yámanas y
Haush
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 La meseta
patagónica
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