| RESPUESTA
A LOS ABUSOS DE LOS
ESTÁNDARES ÉTICOS
Una de las situaciones más difíciles
que se le pude presentar a un investigador es
enfrentarse a una conducta científicamente
in-correcta por parte de un compañero.
Mientras es natural la intención de no
intervenir, en general puede llegar un momento
en que se sea consciente de la obligación
moral de hacerlo.
Las consecuencias de inhibirse pueden perjudicar
al propio trabajo, al de los demás colaboradores
científicos, a la institución
que puede ser sometida posteriormente a rígidos
controles y a un descenso en sus fuentes de
financiación y a la confianza que la
opinión pública pueda tener sobre
la ciencia en general y sobre la institución
y sus investigadores en particular.
A pesar de estas repercusiones manejar una situación
de comportamiento incorrecto es sumamente difícil.
A veces, la denuncia manteniendo el anonimato
es posible; en la mayoría de las ocasiones,
no lo es y las consecuencias de revelarlo pueden
afectar tanto al denunciante como al denunciado.
Cualquier acusación de comportamiento
incorrecto es muy grave y debería reflexionarse
muy seriamente antes. Si la situación
se maneja con torpeza, las alegaciones de mala
conducta pueden afectar a mucha más gente
de la que sería estrictamente necesario.
En general, ante un problema de estas características
existen varias maneras de actuar. En un primer
momento, la discusión en privado con
algún investigador accesible y con sólida
reputación puede cambiar el enfoque del
problema. En las universidades se pueden obtener
sugerencias sobre cómo proceder de los
directores de tesis, los jefes de departamento
y otros investigadores experimentados.
Más seria es la situación cuando
se decide formalizar la queja por escrito. Una
acusación formal de comportamiento incorrecto
debe ser cursada por las instituciones y puede
tener consecuencias devastadoras para la persona
acusada. Por tanto, la recomendación
general es reflexionar de la forma más
objetiva e imparcial antes de actuar. Algunas
instituciones investigadoras o financiadoras
requieren que los receptores de ayudas hayan
establecido procedimientos para resolver situaciones
poco éticas.
Estos procedimientos suelen incluir el tratamiento
justo para el acusado, la coordinación
con las agencias financiadoras en el caso de
sanciones y estrictas normas sobre la confidencialidad
y difusión de la información.
Algunas universidades e instituciones americanas
han nombrado la figura del ombudsman o defensor
de la integridad científica (o cualquier
otro sinónimo), disponible para discutir
los posibles problemas en un clima de absoluta
confidencialidad y confianza.
Existe un extenso trabajo sobre la situación
de comportamiento incorrecto en los centros
investigadores de Estados Unidos (11)
.
También, como ya se ha referido anterior-mente,
algunas sociedades científicas (2-4)
han expresado sus normas para que la investigación
sea adecuada. El funcionamiento actual de la
investigación somete a sus actores a
múltiples presiones al necesitar atraer
fondos y estudiantes cualificados, al mismo
tiempo que dedicar una parte sustancial del
tiempo a la investigación o a la docencia.
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Las
fuentes de financiación privadas pueden
suponer más tensiones aún. Todas
las partes implicadas tienen la responsabilidad
de reconocer y dar respuesta a estas presiones.
Por ejemplo, las diferentes instituciones deben
responder a estas presiones revisando sus propias
políticas, promoviendo el conocimiento
de los fundamentos éticos de la investigación
y las reglas que los investigadores deben asumir.
Al mismo tiempo, los investigadores han de ser
conscientes de cómo las decisiones que
tomen ante conflictos éticos pueden llegar
a influir en su carrera profesional y reputación.
Referencias
Bibliográficas
1.
Goodman KW and Prineas RJ. Towards an ethics
curriculum in epidemiology. En: Coughlin SS,
Beauchamp TL (eds). Ethics and epidemiology.
New York: Oxford University Press;1996.p.290-303.
2. Olsen J, Bolumar F, Tormo MJ, Barros H, Skjaerven
R, Osler M, for the IEA European Epidemiology
Group. Good Epidemiology Practice (Proper Conduct
in Epidemiologic Research). European EpiMarker
1997;(octo-ber):1
3. Andrews, EB, Avorn, J, Bortnichak, EA et
al. Guidelines for Good Epidemiology Practices
for drug, device, and vaccine research in the
United States. Boston : International Society
for Pharmacoepidemiol;1996.
4. Guidelines for Good Epidemiology Practices
for
occupational and environmental epidemiologic
research. The Chemical Manufacturers Association's
Epidemiology Task Group. J Occup Med 1991;33:1221-9.
5. Thompson DF. Understanding financial conflicts
of interest. N Engl J Med 1993;329:573-6.
6. Camí J. Conflicto de intereses e investigación
clínica. Med Clin (Barc) 1995;105:174-9.
7. Witt MD, Gostin LO. Conflict of interest
dilemmas in biomedical research. JAMA 1994;271:547-51.
8. Rothman KJ. Conflict of interest. The new
Mc-Carthism in science. JAMA 1993;269:2782-4.
9. International Committee of Medical Journals
Editors. Conflict of interest. Lancet 1993;341:742-3.
10. Coughlin SS, Beauchamp TL. Historical foundations.
En: Coughlin SS, Beauchamp TL (eds). Ethics
and epidemiology. New York: Oxford University
Press; 1996.p.5-23.
11. National Academy of Sciences, National Academy
of Engineering, and Institute of Medicine (editors).
Responsible Science. Ensuring the integrity
of the research process. Washington, D.C.: National
Academy Press;1992.

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