| 10. Introducción al Nuevo Testamento |
| EL
MUNDO HELÉNICO Y ROMANO: CULTURA Y LENGUA. La cultura y la lengua siempre han sido inseparables, el helenismo era un mundo de mitos, de filósofos, de religiones esotéricas y místico-desencarnadas. Se mantenía el gusto y la afición por los juegos y el circo, los nuevos edificios helenistas eran apreciados y asumidos por los Romanos que no despreciarán la vida en los baños públicos, los espectáculos teatrales, o las carreras y luchas de gladiadores. Roma, cuya identidad hay que buscarla en los pueblos del lacio y los etruscos, cayó rendida ante la superioridad helénica. Mantuvo algunos signos de identidad que le pertenecían, los dioses familiares: manes y penates,... la organización jurídica,... Llevará además los aspectos clásicos del arte griego a una nueva dimensión, no sólo son copias, sino que crean en un espíritu parecido e incluso lo superan en algunos campos como la literatura, el teatro, la escultura, la pintura o la arquitectura,... Roma aporta su visión y construcción más práctica: el anfiteatro, los acueductos, las canalizaciones del agua, o las vías romanas. No podemos dejar de mencionar los grupos significativos culturales que convivían manteniendo en la medida de lo posible su identidad. Dentro de estos grupos destacan los judíos de la diáspora. Estos judíos fueron caldo de cultivo para la expansión del cristianismo, el mismo Pablo nos habla de su intención de ir a las sinagogas donde las hubiera, también podemos deducir el enfrentamiento con ésta, que les lleva a la separación de las dos comunidades. Los cristianos son considerados como judíos de una secta más o menos secreta y peligrosa, se desconocen sus actividades desde el exterior, se crearán conjeturas sobre ellos. Estos grupos cerrados podían subsistir perfectamente en un Imperio que se había hecho a fuerza de conquistas, deportaciones y esclavitudes. Algunas ciudades debieron ser especialmente plurales y cosmopolitas como Corinto, Efeso, Roma, Alejandría,... |
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