| 5. Introducción a la liturgia fundamental |
| LA
CELEBRACIÓN COMO PASADO, PRESENTE Y FUTURO Miramos al pasado en ese término que llamamos anámnesis. Anámnesis sería el memorial, el recuerdo del acontecimiento de Salvación. La Iglesia al celebrar hace recuerdo, memoria de los principales hechos de salvación. Estos, sin duda, tienen su culmen en la Pascua de Jesús, la Pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor. Esta perspectiva es importante para dar sentido a la celebración, recordamos y celebramos no algo simplemente del pasado, no es un mero recuerdo de los acontecimientos antiguos sino que supone, la "anámnesis" una actualización de aquello que se vivió y experimentó en la fe. Los discípulos recuerdan los sucesos del jueves y viernes de Pascua, en los que murió Jesús, recuerdan también que lo vieron resucitado, que comieron con Él , que les prometió que se quedaría con ellos hasta el final. Celebramos nuestra fe partiendo de una experiencia apostólica. Es el mandato de Jesús, haced esto en conmemoración mía. Esa memoria, ese recuerdo, perdura en la Iglesia, forma parte de la celebración, es un reflejo de su fidelidad y su apostolicidad. Otro de los aspectos que destacamos en la estructura celebrativa es la epíclesis. Está relacionado con la dimensión de presente de toda celebración. Está vinculado a la promesa del envío del Espíritu Santo, está conectado a la oración sacerdotal de Jesús, estará con nosotros, y nosotros con El. La "epíclesis" es la petición de la presencia de Dios en la celebración. Se hace de modo repetitivo en la celebración, siempre como invocación, proclamación y súplica. Esta petición hace que el ritmo celebrativo implique actualizar en el presente la presencia de "Dios con nosotros". No como un acto mágico, una fuerza de control sobre la divinidad, sino que en nuestra religión parte de la promesa, el don del amor que Dios hace entregándose en la persona de Jesús. De esta manera celebrar supone en la perspectiva cristiana hacer presente el don y la gracia, es actualizar la salvación misma desde el gesto y la lectura. No se mira sin más el pasado, sino que el acontecimiento salvador se realiza aquí y ahora. La Iglesia, profundizando en la Eucaristía, descubre que verdadera y realmente es el cuerpo y la sangre de Jesús, donde antes había pan y vino. Sacramento que realizamos en el presente para los hombres de hoy. La estructura celebrativa tiene a su vez una dimensión escatológica. Ya estudiaremos la escatología, como el tratado teológico sobre el final de los tiempos, la muerte y resurrección. Esta dimensión escatológica es una dimensión de futuro. En la liturgia no sólo anunciamos tu muerte y proclamamos tu resurrección, sino que pedimos la segunda venida: "Ven, Señor Jesús". La liturgia tiene una dimensión de futuro en cuento habla de la salvación futura. De esta forma la Eucaristía destaca como preanuncio del banquete de salvación en el que estamos invitados por el Padre. El Evangelio presenta, no pocas veces en la parábolas, el Reino como una celebración a la que hay que ir bien vestidos, preparados, es una fiesta de unidad, de júbilo, de alegría y de encuentro. Estas características las tienen también las celebraciones litúrgicas, anuncian el futuro de la comunidad eclesial, gozar eternamente de la dicha del Señor, en su casa, todos los días hasta el final. |
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