| 5. Introducción a la liturgia fundamental |
| NATURALEZA
Y FUNCIÓN DE LA LITURGIA La naturaleza de la liturgia está en la SC en los números que van del 5 al 46, especialmente algunos puntos son esencialmente importantes. La naturaleza de la liturgia la coloca el Concilio en clave de redención y dentro de la historia de salvación. De esta historia de salvación el acontecimiento central es la Pascua de Jesucristo (SC5), de su costado mana la iglesia entera: sangre y agua representan los sacramentos del la Eucaristía y el bautismo. Esta salvación continúa siendo proclamada mediante el sacrificio y los sacramentos, en torno a los cuales gira toda la vida litúrgica, (SC6). Para realizar esa obra tan grande de salvación, Cristo está presente en su Iglesia, especialmente en su acción litúrgica (SC7). Esta presencia está viva en la Asamblea que celebra, en la persona del ministro, en la Palabra proclamada y en el sacramento. Ya lo indicaba San Agustín, que cuando alguien bautizaba, era Cristo el que bautizaba. Por ese motivo se considera la liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. Toda celebración litúrgica es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia no la iguala ninguna otra acción de la iglesia. Conecta también la SC la liturgia terrena con la liturgia celestial, entiende que se gusta en la primera y se anticipa aquello hacia lo que nos dirigimos. (SC8). La Iglesia debe buscar en todo momento la preparación para que los fieles vivan la liturgia, siendo antes llamados por la fe y la conversión (SC 9). En SC 10 se recoge un principio básico: "la liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia, y al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza". Esta ideas son imprescindibles para comprender el significado hondo que asume en la Iglesia la celebración. La liturgia es cumbre y es fuerza, es fuente de vida para la vida cristiana, alimento imprescindible para la vida del creyente. Por eso, cuando se habla sociológicamente de cristianos diferenciando a los creyentes no practicantes de los practicantes, estamos en el fondo, hablando de ideologías, de cultura cristiana, con una falta de experiencia viva con Jesús. Lo lógico y coherente es un cristiano practicante, sino no es cristiano, o lo será sólo socialmente. La liturgia impulsa a los fieles, a los creyentes convencidos, los renueva en alianza,... es por esto que la liturgia es fuente de gracia constante para la Iglesia y los hombres. Es importante cuidar la preparación para esa liturgia, cuya mejor forma es la experiencia con Jesús. El Concilio recomienda prepararse y disponer el corazón para colaborar con la gracia de Dios, como así lo menciona en estos números 11, 12 y casi todo el punto segundo: los ejercicios piadosos, la formación litúrgica del clero, laicos,... etc. En el apartado tercero, que abarca del número 21 al 46, da avances sobre la necesidad de reformar y adaptar la liturgia, respetando por un lado las tradiciones y por otro recogiendo la importancia de la Sagrada Escritura. Esas normas y reformas corresponden a la jerarquía hacerlas. Establece también el carácter didáctico y pastoral que hay que dar a la liturgia, buscando la participación activa de los fieles creyentes. Así la liturgia será expresión de la vida de la comunidad. La celebración es algo esencial en la vida de la Iglesia, no estamos hablando de un aspecto de segunda categoría, representa un pilar ineludible de la vida cristiana. Otra cosa puede que sea la explicación, la formación que se tiene actualmente sobre las cuestiones de la liturgia, la experiencia y las adaptaciones que ha intentado la Iglesia con mayor o menor éxito. La liturgia y lo celebrativo, tiene ya de por sí una razón y un fundamento para existir: Cristo y el ejercicio de su sacerdocio, prolongado en la acción de la comunidad eclesial en la liturgia. Es verdad, que tras el Concilio, y alentados por determinadas teologías hemos asistido a una especie de desencuentro con lo litúrgico, como si la adopción de formas rituales menoscabara la presencia en el mundo. Es verdad que huir refugiándose en la liturgia es un error, pero también lo sería huir de la liturgia para refugiarse en la actividad cotidiana. La relación entre fe y vida, celebración y compromiso deben estar fuertemente unidas, si no queremos desarraigar la vida ni desencarnarnos del mundo. |
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