4. Teo. moral fundamental. La ley natural.
4. Teología moral fundamental  

LA LEY NATURAL

Nos preguntamos si existen normas morales que sean eternas, válidas para todo tiempo y lugar. Desde una perspectiva moral cristiana afirmamos que sí existe una Ley Eterna que es la misma sabiduría divina que mueve y orienta todas las cosas hacia El.

La afirmación de una Ley Natural es una propuesta que indica una universalidad y una unidad de los hombres frente a la trascendencia o la racionalidad. Para el Magisterio de la Iglesia, siempre y en todo lugar, algunos comportamientos fueron apreciados como buenos o malos, porque Dios es el mismo en todo tiempo y lugar. Sin embargo no existe unanimidad en el pensamiento actual, también se afirma que no existe un comportamiento moral universal. El tema no es sencillo. Si hablamos, por ejemplo, del precepto moral de no matar, descubrimos que no siempre se cumple, ha habido pueblos donde matar estaba por debajo de la seguridad o la necesidad de supervivencia del grupo. De una u otra forma siempre ha sido afirmada en la historia del pensamiento esta especie de "ley natural", como una base para poder entender racionalmente a los hombres como iguales; pero es un asunto en discusión. Para la fe cristiana sí que existe una moral universal válida para todos los hombres, de alguna manera Dios crea al hombre con una conciencia que interroga, como la voz de Dios, a todos los hombres.

Frente a esta postura, está la "postura positivista"; lo único importante de la ley jurídica o moral es que sea aceptada por la sociedad, que estén claros sus preceptos, que sea comprobable por todos, que no induzca a error. La valoración moral de la Ley no importa, la cercanía o no a unos valores religiosos no entra nunca en el debate. En el fondo la justicia o injusticia, el sentido y el ser del hombre se reduce a una cuestión fría y calculada. De lo que es impreciso mejor no hablar. El positivismo fue radicalmente contestado tras la derrota del nazismo en Alemania. La justicia sí importa, la dignidad del hombre no puede quedar a merced de la voluntad del hombre; debe de haber unos principios más generales, universales, trascendentes que den una pauta de actuación que sea siempre válida. La Declaración Universal de los Derechos Humanos parece que señala esa moral universal válida para todos los hombres. Para el cristianismo su exigencia es evidente, pero a la vez presenta notables insuficiencias que convendría no olvidar. La carta de los Derechos Humanos no es un punto de llegada, sino del partida para el hombre.

Para el cristianismo, la Ley natural está en el decálogo de Moisés, señalan lo que no se debe hacer: no matar, no robar, no desear lo del otro,... Esa misma comprensión se transforma en una visión en afirmación con las Bienaventuranzas del Evangelio, detrás de gran parte de la predicación de Jesús descubrimos un fondo moral, un estilo de vida que implica un actuar. Ese estilo podría considerarse como una invitación universal a toda la persona a una felicidad. En el fondo el cristiano vincula fuertemente la ley natural con las cuestiones de fe. Dios se preocupa por el hombre y es deseable que exista una referente ético universal.

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