| 4. Teología moral fundamental |
| VALORES
Y CATEGORÍAS DE LA TEOLOGÍA MORAL: LA CONCIENCIA. (II) La Sagrada Escritura habla de la conciencia en diferentes textos. No descubrimos en el AT una idea doctrinal de conciencia elaborada o terminada. La concepción del pecado en estas sociedades primitivas se caracterizaba por ser externa y colectiva, una conciencia ritual y mágica, no había idea de pecado personal o de conciencia interna. En el AT aparecen algunos términos que transforman el significado apuntando a una interioridad. El término para expresar el interior humano será el "corazón", es el lugar de interiorización. Interviene en la percepción del valor moral, es testigo moral y está llamado a la conversión: "os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo". El corazón es la sede de la buena o la mala conciencia ya en el AT. En el NT la palabra griega que se utiliza es "syneidesis". San Pablo lo toma de la cultura popular helenista, y usará esta palabra con un sentido más profundo y amplio que el término "corazón" del AT. San Pablo parte de un modelo de hombre unido en el ser, el pensar y el actuar, cuya expresión es la conciencia. Desde la Pascua de Jesús, la interiorización es, para San Pablo, obra del Espíritu. No es obra del mundo ni de los valores culturales. La acción del Espíritu es una llamada a la libertad, que otorga un juicio nuevo ante las cosas. Es un hombre nuevo con nuevo criterio. Para San Pablo hay una coincidencia entre el testimonio de la conciencia con la convicción y revelación de la fe. La "syneidesis" es para San Pablo la facultad moral de discernimiento, es ser consciente de algo, tener conocimiento de algo. Eso es un testimonio, que cuando es bueno hablamos de tener buena conciencia. La "conciencia" en el pensamiento cristiano se va articulando como un estado existencial nuevo, nacido en Cristo, es algo interior que está llamado al discernimiento personal en toda la comunidad de creyentes. En Pablo, la conciencia se identifica con la fe, hay una unidad de actitud en el creyente. Según sea la fe, así será la conciencia, una persona con una fe fuerte tendrá una conciencia fuerte, un hombre de fe débil, tendrá una conciencia débil. San Pablo además, relaciona la conciencia con el amor cristiano, para él está íntimamente relacionado amor, conciencia y fe. La vida cristiana se subordina al amor, incluida la conciencia que se coordina con ésta. La iglesia de los primeros siglos fue dando cada vez más un sentido interior a la conciencia, como la voz personal e interior del hombre. En un sentido más jurídico y psicológico la conciencia da testimonio y juzga las acciones dentro del hombre, ofrece paz o remordimientos. Más tarde, tras el medievo, la conciencia se va a ir identificando ora con una cuestión intelectual, ora con una cuestión de la voluntad. En nuestros días, en el Vaticano II se habló de conciencia en la Constitución "Gaudium et Spes", número de 16 (GS 16). Trascribo literalmente el párrafo porque entiendo que es esencial para este tema. El texto se encuadra en una sección que trata sobre la dignidad del hombre. Dice así: " En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que él no se dicta a si mismo, pero a la cual debe obedecer y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más intimo de aquella. Es la conciencia la que de modo admirable da a conocer esa ley, cuyo cumplimiento consiste en el amor de Dios y del prójimo. La fidelidad a esa conciencia une a los cristianos con los demás hombres para buscar la verdad y resolver con acierto los numerosos problemas morales que se presentan al individuo y a la sociedad. Cuanto mayor es el predominio de la recta conciencia, tanto mayor seguridad tienen las personas y las sociedades para apartarse del ciego capricho y para someterse a las normas objetivas de la moralidad. No rara vez, sin embargo, ocurre que yerre la conciencia por ignorancia invencible, sin que ello suponga la perdida de su dignidad. Cosa que no puede afirmarse cuando el hombre se despreocupa de buscar la verdad, el bien y la conciencia se va progresivamente entenebreciendo por el hábito del pecado". En este párrafo se aprecia la valoración que hace al uso de la conciencia en nuestro tiempo. Hoy asistimos a una conciencia secularizada donde los valores, antes religiosos, son ahora sustituidos por valores simplemente humanos. Es verdad que esto no es negativo del todo, pero está desarraigando la moral en la fe. A veces nuestras sociedades pueden sustituir la conciencia por la legislación democrática que despersonaliza a los individuos, se tiende a masificar, a comprender la conciencia como algo igualitario, lo moral acaba identificándose con lo legal, o con la costumbre. La conciencia hoy es fuertemente adormecida, manipulada y alienada por el mercado. Nuestra sociedad de consumo busca individuos satisfechos, para eso intenta manipular y adormecer la conciencia. El único mal es la falta de libertad. La conciencia tiende además a ser individualista, olvidándose de su sentido social, sociedades inconscientes atadas... Nosotros damos mucha importancia a la educación, especialmente a la educación de la conciencia en nuestra sociedad. El hombre adquiere, desde su disposición innata conciencia de las cosas, el bien y el mal sea aprende. La educación de la conciencia debe intentar que el sujeto personalice su conciencia, es decir, que lo sitúe como papel central de su actuar moral. Ser un hombre de gran conciencia es ser un hombre santo. Por otra parte la educación de la conciencia deberá buscar la rectitud en los criterios morales, para el cristianismo es importante el deseo de cumplir la voluntad del Padre. Para elaborar una conciencia recta nos parece importante conocer teóricamente la doctrina moral católica, no eludir su profundización. Los medios para fortalecer la vida y la moral cristiana estarán basados en la reflexión, el examen de conciencia, la sinceridad con uno mismo, la lectura y la dirección espiritual. En la historia de la teología moral se ha clasificado la conciencia atendiendo a numerosos principios. Simplemente quiero distinguir la conciencia cierta de la conciencia dudosa. La primera hace un juicio firme y sin temor a equivocarse de que un juicio sobre un acto concreto es bueno o malo. La conciencia dudosa permanece en suspenso sobre un acto moral. Esta duda puede ser vencible o superable, la persona entonces debe buscar todos los medios para superarlo, debe informarse mejor, reflexionar,... Si es duda es invencible, debe ser obedecida la conciencia. En este sentido, debemos situar, al igual que hace San Pablo, la conciencia como suprema norma del actuar moral, eso no debe significar el olvido de formar correctamente la conciencia. |
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