4. Teo. moral fundamental. Valores y categorías de la teología moral: la persona, la libertad y la responsabilidad. (I)
4. Teología moral fundamental  

VALORES Y CATEGORÍAS DE LA TEOLOGÍA MORAL: LA PERSONA, LA LIBERTAD Y LA RESPONSABILIDAD. (I)

Si examinamos todo el proceso de una persona que trata de tomar una decisión moral sobre algún asunto, comprobamos que el centro en la toma de decisión es la persona humana. Los animales no son susceptibles de elegir moralmente, no son conscientes de la bondad o maldad de sus actos, se mueven por instinto y sin libertad. No parten tampoco de la conciencia, no se distancian para hacer un juicio moral, no se arrepienten o corroboran decisiones tomadas. El hombre es un ser distinto, de ahí que tengamos que centrar el estudio en la persona como agente de la moral, como sujeto. Los actos morales serán siempre actos humanos.

La persona es susceptible de ser sujeto moral. Siempre, a lo largo de la historia se ha preocupado el pensamiento por comprender y conocer los actos humanos. La filosofía griega, Santo Tomás de Aquino y los autores del pasado trataron de indagar por el ser del hombre y la razón de su obrar desde los conocimientos de la psicología y antropología de su tiempo. Hoy el conocimiento y la percepción que tenemos del hombre es diferente a la que tenían los hombres antaño. Tradicionalmente, cuando se hablaba del hombre, se estaba demasiado condicionado por la separación entre lo espiritual y lo corporal. Se establecía, no pocas veces, un abismo entre el cuerpo y el alma, como dos aspectos irreconciliables y contrarios. La moral sexual, por ejemplo, estaba salpicada de negatividad, era "pecaminosa" frente a los valores espirituales elevados. Hoy la antropología camina hacia la integración en una unidad, se puede distinguir, pero no separar. Desde esta perspectiva la moral sexual, por ejemplo, tiende a verse más positiva, en equilibrio con todo el hombre, e integrada en la conducta cotidiana..

Hoy, cuando miramos al hombre, descubrimos también la dimensión social de lo moral. Son importantes las circunstancias que rodean el entorno de la toma de decisión. No vemos la moral aislada unos individuos de otros, sino que comprobamos que hay una idea de colectividad moral muy fuerte.

Podemos afirmar que seguimos entendiendo al hombre como un ser autoreflexivo, capaz de razonar y de tener conciencia. Decimos que el hombre ante lo moral es autoposesivo, es dueño de un conocimiento de sí, percibe su conducta, empatiza con otros casos,.... Es finalmente autodeterminativo, es decir, que parte todavía de la libertad para obrar en uno u otro sentido. Tenemos hombres, libres, con conciencia,... examinamos cada uno de estos aspectos.

La libertad del individuo en el juicio y acción moral. Nosotros partimos de la afirmación de la libertad en el hombre. No todas las ideas y percepciones del hombre caminan en esta línea. Lo cual no deja de ser paradójico, se reclama la libertad en todos los ámbitos de la vida, pero teóricamente se niega su existencia. Desde el cristianismo ratificamos la libertad del hombre, y lo fundamentamos en la Palabra de Dios. El pecado en la Biblia pone de manifiesto que la libertad y la responsabilidad en los actos morales están constantemente saliendo al camino del hombre creyente. Es incluso, el rasgo que Dios tiene especialmente para con nosotros, es el respeto a nuestra libertad de seguirle o no, de creer o no, de pecar o no. La libertad en la vida moral tiene como manifestación más importante los textos del Génesis, donde se narra el pecado y la libertad de los hombres. En el Éxodo, el pueblo de Israel firma una Alianza que expresa la libertad de poder seguir a Yahvé. La constante en el AT es la libertad del pueblo para elegir su destino. En el caso del NT, los textos son aún más vivos, en San Pablo la libertad supone la liberación de los preceptos y las leyes antiguas, somos libres en Cristo, libres especialmente del pecado y de la muerte. Es decir, liberación y salvación forman parte del mismo lenguaje bíblico.

Sin embargo, la libertad del hombre es una libertad limitada o condicionada. No es un valor absoluto, sino que el hombre está limitado por su condición humana, limitación física pero también intelectual y psicológica. La limitación del hombre está causada por su contingencia en el espacio y en el e tiempo, no puede estar en dos sitios a la vez, ni en dos épocas distintas al mismo tiempo. La limitación humana estará regida por la naturaleza, somos lo que somos.

Hoy día, determinadas restricciones a la libertad son más fuertes que en otras épocas. Hoy nos creemos más libres que antes, pero seguramente estemos más esclavizados por nuestros instintos. En la sociedad de consumo el hombre está limitado por la publicidad, por la moda, por la sociedad de su tiempo, por sus circunstancias económicas, culturales, herencia o educación. Estas son decisivas para poder hablar de libertad en un mundo quizás, mucho menos libre de lo que aparenta. El hombre es un ser libre pero condicionado, más o menos según circunstancias, pero siempre condicionado.

Cuando abordamos la idea de libertad, tenemos que diferenciar varios conceptos. La primera forma de entender la libertad sería identificando esa libertad con la "libertad de movimiento", la "libertad de elección o la libertad de hacer o no hacer"; es decir, estamos ante una concepción de libertad condicionada por los medios que dispone, lo económico juega un papel fuerte aquí. Esta libertad es muy reivindicada hoy, incluso en determinadas opciones morales. Por ejemplo, la libertad de abortar o no es una cuestión fáctica, de dinero y de leyes. El gran error de esta idea de libertad es que aparece muy condicionada al instinto, al gusto y al deseo, que acaba esclavizando a la persona. Dejarse arrastrar por el instinto no demuestra más libertad, más bien parece lo contrario. No por tener cinco móviles o celulares se es más libre.

La libertad cristiana tiene un matiz añadido importante, es una "libertad ante uno mismo", es una libertad que trasciende y que se enfrenta a uno mismo para ligándose a Dios, aspirar a la libertad. Jesús nos parece el hombre más libre de todos, por eso murió como murió, aunque sus palabras parezcan las de un Hijo esclavizado, "Padre no se haga mi voluntad sino la tuya". La libertad cristiana es la liberación de todas las cosas menos de Dios, que es la auténtica libertad. Es una "libertad para hacer el bien", y sólo haciendo el bien puede liberarse el hombre. Elegir el mal es en este sentido para los clásicos, una manera de esclavizarse aún más, así "elegir el mal no es ni propio de la libertad, ni siquiera parte de la acción libre, sino tan sólo signo de que el hombre es libre". La libertad no debe ser un poder, porque acabará esclavizándonos, la libertad es un deber, es una posibilidad, es una realización. No es algo que tengo aquí y ahora, es algo que construyo día a día, que se conquista en la vida. Por eso la libertad debe comprometerse con la acción social, con los hombres con la solidaridad,...etc. Sólo así entendida la libertad podrá ser una conquista del hombre.

La libertad juega además con el binomio de la responsabilidad. La libertad irresponsable no es verdadera libertad, sería libertinaje. Este hecho es un argumento, no sólo cristiano para la moral, sino que la razón de ser de la libertad es que debe responder a otros individuos y a la sociedad. Para la teología moral, la responsabilidad la tenemos frente a nosotros mismos, en el juicio de conciencia. Respondemos por supuesto ante la sociedad, incluso ante la justicia, si nuestra opción libre ha dañado gravemente algún valor jurídico y moral, y finalmente respondemos ante la comunidad cristiana y Dios mismo. De todas estas respuestas que damos por el uso de la libertad, la que verdaderamente sitúa al hombre como liberado o no es ante Dios y ante la conciencia, como el rincón íntimo donde Dios habla.

Esta responsabilidad ante Dios no implica la disminución de la libertad en ningún sentido, el hombre que peca lo hace libremente, y libremente se aleja de Dios. La responsabilidad ante el Padre no disminuye ni impide la libertad. Antes al contrario, el Padre proporciona sentido y posibilidad de desarrollo a esa libertad responsable. Sin responsabilidad no hay verdadera libertad.

El acto moral es por tanto un acto libre, y fundamentalmente libre. Puede suceder, sin embargo, que el individuo sea ignorante, por desconocer las normas morales y éticas; o que desconozca su alcance y gravedad. Para la teología moral el grado de culpa, en estos supuestos en los que hay un error, estará en relación con la capacidad de vencer esa ignorancia o no. Si es imposible vencer esa ignorancia no podemos hablar de pecado o inmoralidad, en caso contrario parece que habría una negligencia moral.

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