2. Intro. Sagrada Escritura. La verdad que contiene la Biblia.
2. Introducción a la Sagrada Escritura  

LA VERDAD QUE CONTIENE LA BIBLIA.

Afirmamos en la Iglesia que lo que dice la Biblia es verdad puesto que es Palabra de Dios, pero, constatamos a la vez que hay un gran número de afirmaciones bíblicas que no nos parecen nada veraces, sobretodo a simple vista las relacionadas con el AT, sobre la crueldad, la guerra, el origen del mundo,... parece que no tienen nada que ver con la verdad de Jesucristo. Pero además estos enfrentamientos se han dado a menudo con hipótesis científicas válidas. El choque más significativo, por ser el último, se produce con Darwin en el s. XIX, o la Biblia miente o miente Darwin son su teoría de la evolución de las especies. Constatando que hay partes de la Biblia que chocan con la verdad científica, ¿Cómo podemos seguir afirmando que sus contenidos son verdad? ¿Cómo conciliar párrafos contradictorios entre el AT y el NT? ¿Cómo seguir afirmando la verdad de la Biblia frente a la verdad científica?

Este ha sido tradicionalmente uno de los temas más polémicos e interesantes de la cuestión bíblica. La respuesta es hoy la más clara de todas las presentadas en esta introducción a la Sagrada Escritura. Hay que partir de la base de que si la Biblia está inspirada por Dios, no puede engañar ni contener falsedades. La cuestión es que la verdad que contiene este libro también está sujeta a la visión del autor humano, que incorpora en la Biblia sus categorías culturales y científicas. Por tanto la Sagrada Escritura puede contener falsedades relativas a cuestiones científicas, culturales o históricas, propias de la contingencia del autor humano.

El concepto de verdad es diferente en la cultura griega y la judía. Verdad para el mundo griego es algo exacto, permanente, inmutable, idéntico a la realidad y estático. Para los semitas la verdad es una cuestión de confianza, de fidelidad; es dinámica y no exacta. Es esencialmente religiosa, de tipo intuitivo. Es una verdad que manifiesta y señala donde está la verdad de Dios, y esta verdad al ser inabarcable tendrá siempre algo de incompleto cuando lo contemplamos desde la mentalidad griega.

El conflicto entre estas dos ideas de verdad se da en primeros siglos entre los cristianos y los griegos. Para los filósofos griegos no era posible, por ejemplo que hubiera cuatro evangelios y que no coincidieran ni fueran exactos: o bien tres de los cuatro mentían, y uno era el verdadero; o bien mentían todos; pero no era posible que todos fueran verdad a la vez. Para los griegos el texto y la realidad debían coincidir, no cabía la existencia de varias intuiciones sobre lo mismo, no concebían que fueran interpretaciones de un mismo hecho. En este momento, la Iglesia quiere demostrar que los cuatro evangelios sí dicen lo mismo, es decir, aceptan la verdad griega y pretenden demostrar que no son contradictorios conciliando las versiones. Algo parecido sucede cuando se da el conflicto entre las ciencias modernas y la Biblia. Surge en la Iglesia posturas de tipo "concordista". El conflicto es aparente y explicable.

La solución que se ofrece en el Vaticano II, se propone en la DV 11, cuando dice textualmente: "Como todo lo que afirman los hagiógrafos, o autores inspirados, lo afirma el Espíritu Santo, se sigue que los Libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra". La verdad que tiene la Biblia es la indispensable para la salvación nuestra. El creyente no va a la Biblia porque no contenga error, sino que va buscando acercarse a Dios. Dios consigna en ese libro la verdad para salvarse. Dios no está inspirando la Biblia para que sepamos historia, geografía, ciencias naturales o astronomía. Dios ha comunicado unas afirmaciones más directamente relacionadas con la verdad salvífica. Lo demás estará al servicio de esa verdad. La Biblia no tiene error cuando habla de la salvación en Jesucristo. Los errores científicos o históricos no son relevantes para la vida religiosa. Aceptamos la verdad científica o histórica que se contrapone a la Biblia, porque la verdad que contiene la Biblia es exclusivamente la consignada para nuestra salvación.

Entendemos también que esta verdad salvífica es progresiva, que se va preparando a lo largo del AT y que llega a su plenitud con Jesucristo. Es una verdad de salvación que la decimos de la Biblia entera, no sacando párrafos de su contexto. Cuando sacamos párrafos y los tomamos como si fueran la verdad revelada, estamos haciendo una lectura fundamentalista. Algunos grupos sectarios lo hacen así. Los Testigos de Jehová, por ejemplo interpretan no hacerse trasfusiones porque lo dice un párrafo, o que se salvan los 144.000 porque el Apocalipsis emplea ese número, están sacando párrafos de su contexto y dándoles una veracidad que sólo podemos dar a Jesucristo.

Relacionado con esto, la lectura del Corán por parte de los musulmanes, puede ser también fundamentalista. El Corán tiene una composición no narrativa, está elaborado desde numerosos párrafos sin excesiva conexión lingüística. Sacados de contexto y olvidando otros textos se pueden hacer lecturas peligrosas y exageradas, incluso contrarias al espíritu del Islam.

Volvemos a la Biblia, los cristianos entendemos que a lo largo del proceso de revelación de la verdad, ha habido imperfecciones que hoy encontramos plasmadas en el libro. Por eso la gran verdad central es Jesucristo, y no encontramos verdades fuera de ese acontecimiento central. Para resolver la dificultad de las imperfecciones del texto nos vamos a la hermenéutica, a la interpretación del texto, a la búsqueda de los géneros literarios, cada uno con su verdad y su forma de explicitarla nos ayudan a comprender mejor el misterio.

En resumen: la Biblia contiene la verdad para salvarse, la verdad que Dios nos ha dado. Una verdad que se da plenamente en Jesucristo, que es el camino, la verdad y la vida.

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