2. Intro. Sagrada Escritura. La Biblia como libro inspirado.
2. Introducción a la Sagrada Escritura  

LA BIBLIA COMO LIBRO INSPIRADO.

Otro de los rasgos que decimos de la Biblia es que está inspirada por Dios. ¿Significa eso que el escritor humano no era libre cuándo lo escribía? ¿Cómo actuó el Espíritu en ese autor? ¿Cómo se hizo esta inspiración?

El Concilio Vaticano II en la DV 11 habla de este asunto diciendo que "la Revelación que la Sagrada Escritura contiene y ofrece ha sido puesta por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo." E indica más adelante: "En la composición de los Libros Sagrados, Dios se valió de hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de ese modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y sólo lo que Dios quería." Es decir, el Concilio reconoce que es importante explicar cómo se produjo esta relación, dejando a salvo la libertad de los autores humanos; pero ratificando también la verdadera autoría de Dios.

Inspirar significa infundir ideas, sentimientos, emociones en otro; recibir la inspiración supone una activación o animación por influencia mental o espiritual. El pueblo judío entendía la inspiración como algo milagroso, Moisés en presencia de Yahvé quedó vacío de si mismo, era vehículo material de la presencia de Dios. Esta idea de inspiración nos trae una imagen de revelación de tipo sobrenatural donde el autor bíblico es un mero instrumento de Dios. El espíritu de Dios tomó posesión de éste eliminando la inteligencia. Cuando se habla de profetismo, se hace referencia a una palabra divina que está deseosa de salir, el profeta no puede negarse a si mismo no dejándola salir, tendrá que pronunciarla para que no le queme por dentro. En todo caso, no se acaba de concretar del todo en que consiste este fenómeno, lo que tenemos es la diferencia que sí parece que daban los judíos a lo dicho por Moisés frente a lo dicho por los profetas. La Ley mosaica era considerada como la Palabra misma de Dios, mientras que los profetas estaban simplemente inspirados por Yahvé.

Los Padres de la Iglesia utilizaron otra expresión que era la palabra "dictado" para hablar de la acción del Espíritu Santo en el autor humano. Dictado significaba mandar, sugerir o escribir. No tenía exactamente el mismo sentido que hoy. Los Padres de la Iglesia solían considerar a los escritores sagrados como profetas, exagerando la actuación divina en el escritor. La Escolástica entendió la inspiración como una elevación de la mente humana al nivel de las percepciones sobrenaturales desprovistas de error. Es una elevación del entendimiento. El autor humano es un instrumento de otro que escribe que es Dios. El problema de esta teoría es que la libertad del autor humano queda limitada por la inspiración. Incluso se llegó a afirmar la inspiración de las comas y los puntos de la Biblia, cuestión imposible por la ausencia de signos de puntuación en la escritura antigua.

Más tarde, Báñez en el s. XVI, volvió a reafirmar la teoría del dictado, alegando su aceptación por los Padres de la Iglesia. Sin embargo, Báñez desconocía el sentido originario del término dictado, extendía su teoría afirmando que el Espíritu Santo no sólo inspiró los contenidos sino cada una de las palabras de las Escrituras. De esta teoría surgieron lógicamente reacciones contrarias: no necesariamente estaban inspiradas todas y cada una de las frases. Se acabará identificando inspiración con ausencia de error.

El Neoescolasticismo de los siglos XIX y XX volvió a reafirmar las tesis de Báñez. La inspiración era una especie de inspiración verbal, hecha para cada una de las palabras. El Concilio Vaticano II supuso el fin de estas teorías, que en parte aún se defendieron en las sesiones conciliares. Tras amplias discusiones y modificaciones de esquemas y planteamientos, se llegó a la aceptación de que la elección de los escritores y su plenitud de facultades humanas no excluye la acción divina. Lo relevante del Concilio fue proclamar que los autores son verdaderos autores humanos, sin dejar fuera la acción de Dios. Está, en resumen, ratificando el punto de partida, pero no explicando cómo se produce la inspiración. La explicación tendrá que irla dando la teología.

Algunos teólogos han tratado de explicar el fenómeno de la inspiración de la Escritura. Rahner dice que la inspiración hay que extenderla y ampliarla. Dios es el autor no sólo de la Escritura sino de la misma Iglesia, no son comprensibles la una sin la otra. Benoit, al final de su obra presenta diferentes tipos de inspiración, según sea la necesidad pastoral. Dice que no es tan extraño la intervención divina dirigida a promover el progreso del pueblo de Dios. Mckenzie habla de la inspiración como de un carisma dado a la comunidad, no hay hombres inspirados sino que es toda la comunidad la que está inspirada. Küng extiende la terminología inspiración, no sólo para la redacción del escrito, sino también en el proceso de recepción del texto, de transmisión fiel del mensaje. También la comunidad cuando lee está inspirada. Vögel dirá que el texto está inspirando a la comunidad también en el momento de leerlo, fue inspirado para su redacción, pero también lo es para su recepción. Sólo la comunidad inspirada puede leer la Biblia. Extendiendo su pensamiento, se puede afirmar que está inspirada si es eficaz la Palabra, hasta entonces estará como dormida esperando que alguien la despierte.

Las corrientes teológicas más contemporáneas buscan desde posturas ecuménicas de diálogo. Se hace importante valorar este tema en relación con otras confesiones cristianas y aún con otras religiones. En esta línea se comprende la inspiración como algo más general, como respuesta de la humanidad a la oferta divina, aquí estaría Leonardo Boff y otros autores.

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