| 2. Introducción a la Sagrada Escritura |
| FORMACIÓN
DEL CANON Y CRITERIOS DE CANONICIDAD. Desde la perspectiva histórica, la formación del canon fue compleja, en parte debido a que las comunidades cristianas tenían, en algunos casos, libros particulares que usaban en las asambleas litúrgicas. Estos libros particulares fueron más difícilmente aceptados por las demás iglesias, que aquellas obras cuya difusión era más universal. A partir del siglo II y III se añadió a este problema la proliferación de grupos gnósticos de carácter herético, que enraizaron sus enseñanzas en libros con contenido apocalíptico y cristológico de carácter muy singular, y escritos más tarde que los otros. Estos grupos rechazaron libros que habían sido aceptados por el resto de la Iglesia, provocando en ese momento de la historia la necesidad de reafirmar y señalar cuales eran los libros canónicos. De ahí, que sobre algunos libros, que luego han pasado a formar parte del canon, se tuvieran tantas dudas. El crecimiento de la comunidad cristiana provocó que el judaísmo se plantearan la canonicidad de sus propios textos. El problema del canon, como asunto comunitario, sólo podía resolverse celebrando algún tipo de concilio. Resolvieron parte de este problema en Yamnia a finales del siglo I, en la costa Mediterránea al oeste de Jerusalén. Los cristianos van resolviendo el asunto a lo largo de varios concilios provinciales o regionales. No en todos los concilios se determinaba lo mismo, y así los cristianos del occidente del Imperio Romano optan por el canon largo. Los orientales en un inicio por el canon corto, aunque más tarde optarán también por el canon largo. La cuestión se dilucida en el Concilio de Florencia (s. XV). Se volvió a repetir en el Concilio de Trento, dada la posición de los protestantes, y más recientemente en el Concilio Vaticano II. Dejamos el tema histórico, nos vamos a lo teológico, porque en el fondo no está todavía claros cuáles fueron los criterios para aceptar unos libros y no otros. Los argumentos sobre porqué la iglesia ha elegido esos libros y no otros son variados. La primera razón, que ya la hemos señalado en parte, es de tipo histórico. Abundamos más en ella. Prácticamente hay unanimidad en el uso de los libros desde el siglo IV, incluso antes. La práctica totalidad de la Iglesia en el siglo II está usando los mismos libros. Este tema vuelve a reabrirse en el siglo XVI, ante las opiniones de las nuevas iglesias de la reforma protestante. Trento, en el espíritu de la contrarreforma, definió de nuevo el canon de los Libros Sagrados. Es verdad que el Magisterio de la Iglesia está para eso, para interpretar a la luz del Espíritu cuales son los libros Sagrados, pero la acusación protestante no desaparecía y con razón. Decían que con la mención conciliar se estaba posicionando el Magisterio por encima de la Escritura. Este es un aspecto siempre criticado por los protestantes, que tienen como principio la "sola escritura", para ellos la Tradición y el Magisterio no deben estar por encima. Estas críticas, trató de solventarlas el Concilio Vaticano II con bastante acierto. En la DV afirma que la Sagrada Escritura y la Tradición son las dos fuentes de la revelación que no se deben separar (DV 9). El mismo Concilio subrayará en el DV 10 que el Magisterio no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio y que la misma tradición da a conocer a la Iglesia el canon de los libros sagrados (DV 8). Aquí la tradición se entiende como fuente de revelación junto con la Escritura. Los Católicos resuelven desde la Tradición la existencia y selección del canon en las Escrituras Sagradas. El problema vuelve a los reformados, que al no aceptar que pueda ser la iglesia la que decida, se encuentran con el problema sin resolver: ¿Y porqué éstos y no otros libros? La solución mágica estaría en que apareciera en la misma Escritura el canon, quedaría cerrada en sí misma la cuestión, creemos en la Escritura como superior, y ella misma nos da el canon de los libros que debemos creer. Pero este canon no aparece en ningún texto de la Biblia. Un teólogo protestante contemporáneo, llamado Karl Barth, afirma que el fundamento del canon está en el auto-testimonio de la Escritura. La iglesia no puede establecer infaliblemente un canon de la escritura. Si existe un canon es porque la Escritura se ha impuesto a la Iglesia, la Biblia es canon porque lo es. Pero esto supone dejar al creyente con demasiada responsabilidad ante la Palabra. Es creerlo porque se ha impuesto sobre otras realidades. Otro teólogo protestante como Kümmel afirma que el canon está en el contenido de la Biblia, lo está en la medida que este canon sea testimonio de Cristo, el verdadero canon es la predicación de Cristo. Käseman opina que la diversidad teológica es tan grande en la primera iglesia, que al cerrar el canon se cierra también la contradicción de tantas teologías diferentes. Cullmann nos explica que la iglesia primitiva tomó la decisión de fijar el canon en el siglo II por razones históricas, y que ésta decisión ha comprometido a la iglesia de todos los tiempos. Los ortodoxos entienden las relaciones de la iglesia y la Escritura como relaciones pneumáticas espirituales y no jurídicas. La palabra "pneuma" en griego significa espíritu, aire, o viento. La Iglesia no decide el canon, sino que se somete a la acción del Espíritu que así lo quiere. Esta misma afirmación la hará el teólogo católico Rahner ante las críticas de la teología protestante, si la Iglesia está asistida por el Espíritu Santo, debemos reconocer una acción divina en la selección eclesial de estos libros. El criterio histórico
nos puede explicar algo más las razones, pero no nos dice nada
sobre el momento de la elección. Los criterios de la primera Iglesia
estuvieron presentes más o menos de una manera tácita. Es
cierto que no se expresaron en una lista definida desde el principio,
pero sí debieron tener unas razones, puesto que de hecho, seleccionaron
esos libros. Podríamos diferenciar con el teólogo Ohlig
tres tipos de criterios: Estos tres criterios no son definitivos, y quizás puede que tampoco satisfagan mucho, porque al final el asunto queda como apoyado en un criterio muy subjetivo. lo objetivo sería que apareciera la respuesta en el cielo, o en la misma Escritura, pero no es así; nos tendremos que conformar con una respuesta parcial, salvo que elaboremos otra mejor. En todo caso, el uso de esos libros y la fe en el Espíritu Santo como animador de la comunidad, definen el que tengamos unos libros y no otros. Los problemas que se han planteado sobre este tema tienen que ver con la relación correcta entre Tradición, Escritura y Magisterio. Desde la postura protestante basta la escritura, desde el Catolicismo, es importante el criterio de la Iglesia al decidirlo. Criterio que basamos en la tradición y en la asistencia del Espíritu en su elección. Son los libros que Dios quiere que tengamos. ¿Se podrían añadir libros hoy a la Biblia? En principio Trento no dice que no pueda haber más libros canónicos, simplemente señala los que son. En todo caso, estamos hablando de un libro que haya permanecido oculto y apareciera ahora. Por ejemplo sería un caso como que apareciera una nueva carta de Pablo, a la que él mismo alude. Tendríamos que aplicarle los mismos criterios que a los demás libros, cosa que sería muy difícil por no estar del todo aclarado este asunto. En todo caso tendría que ser aceptado por todos los creyentes en su uso litúrgico, afirmación del Magisterio,... etc. Tarea verdaderamente complicada, e improbable. Los libros escritos tras el cierre del NT los dejamos fuera por la misma afirmación del Concilio en DV 7, "la revelación termina con el último de los apóstoles." Después de eso no hay nuevas revelaciones. |
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