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En
una pareja cuyo vínculo se ha deteriorado al extremo de haber
cruzado la línea y entrado en la competencia por ver quién es el más
fuerte, el más peligroso o el más destructivo (la antipareja)
vivir desde la minúscula venganza cotidiana los llevará tarde o
temprano a sucumbir bajo sus propios impulsos destructivos y ambos
seguirán unidos en esa escalada perversa hasta el final.
Cuando se encuentran peleando por quién le debe más al otro, quién
hizo más por el otro, quien tiene que pagar más al otro, etc, el
grado de deterioro en la relación no es ya solo grave sino también
implacable. Y sus efectos predecibles, obviamente negativos para
ambas partes. Lo que ha sucedido es que cada uno ha pasado a estar
sometido a su propia bronca y rencor y desde un lugar ilusorio de
poder, pelean. Presentar batalla en este contexto es algo asi como
quedar atrapados en un laberinto sin salida, unidos para siempre
“hasta que la muerte los separe”.
Lejos
del impulso vital parece triunfar el impulso destructivo. Pasan a
destacarse por su vida dramáticamente escandalosa aplastando así
su potencial de vida, su capacidad amorosa y su desarrollo estético
(estético en el sentido de experiencia de vida).
El
resultado será la caída en un hospital, enfermos, o con chaleco de
fuerza o muertos de un síncope cuando no de una cuchillada.
Como
en el Titanic. Se ha puesto todo sobre él: dinero, expectativas, lo
mejor de lo mejor, profesionalismo, se creyó en una nueva era de la
navegación. Nadie pensó que pudiera hundirse.
Una
pareja tampoco se compromete para liquidar la relación al otro día.
Se pone lo mejor o lo que se tiene para llevar adelante la casa. Sin
embargo, la misma pareja en un momento determinado de su
convivencia puede quedar mortalmente dañada. Porque se terminó el
amor, porque no soportan más las broncas, porque hubo traiciones,
descuidos, maltrato, abuso, desconfianza, abandono, infidelidad, despojos, soledad,
malentendidos, disputas desgarradoras, distancia, y en el medio,
niños, despidos, mudanzas, suegras, aburrimiento o gran desencanto.
Lo
que en un momento brilló, pasó a transformarse en zona de
conflicto.
Entonces llega un momento crucial: ¿tiene sentido seguir? ¿cuánto
“cuesta” sostener esta estructura? ¿existe otro tipo de vida
posible sin tener que perder lo hecho?
Surge
la etapa de alarma, la palabra separación, la queja diaria, el
dolor de estómago, la discordia como modo de vida. Como un enfermo
en terapia intensiva. Se trata de salvarle la vida y toda la ciencia
será puesta al servicio de lograrlo. Pero se sabe que puede morir.
Hay
cosas inevitables. Una vez que el Titanic chocó y se abrió,
quedarse sobre él es como suicidarse. El naufragio de una pareja,
una combinación que no prosperó, altibajos y mucho sufrimiento.
Todo tiene un límite.
Unirse,
separarse. Dos advenimientos substanciales en la vida.
Unirse
en pareja o en sociedad para enfrentar una dicha o un trabajo y
separarse porque hay más descontento que placer o porque otro
proyecto resultó más atractivo son eventos que producen una
transformación vital. Porque, allí donde se
produjo una combinación, por frágil que haya sido, hubo
expectativas de una nueva etapa, una experiencia compartida y un
aprendizaje. Y por breve o tortuosa, esa historia común dejará
huella pudiéndose extraer la riqueza que contuvo. Tanto si se trata
de truncos ensayos, para cumplir con un deseo personal o mutuo,
porque apareció la ilusión o se pudo cumplir con un sueño,
produce siempre un giro en la vida de sus integrantes, y
colateralmente, de otros. Estos advenimientos son hitos. Tanto
unirse com separarse.
Para
transitar ese camino común y evitar sorpresas, dada la complejidad
de las relaciones humanas y la variabilidad de intereses,
necesidades y posibilidades de las personas- conviene que un
contrato explícito o implícito, sea periódicamente reformulado
sobre todo si contiene en si mismo riesgos y debilidades propios de
los acuerdos poco conversados. Y si la separación resulta
inevitable, una evaluación concienzuda de la relación derivará en
un aprendizaje de gran alcance.
Taller:
"Problemas de pareja"
Para ser
compartido en pareja: actividades que tienen por objetivo encontrar
en base al diálogo y al trabajo cooperativo, puntos de acuerdo y una
metodología para tratar temas conflictivos.
Duración: 4 horas
Coordinadoras:
Lic. Marta Natale, Noemi
Bonasera
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