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UN PROBLEMA PSICOLÓGICO PUEDE SER RESUELTO CON UNA TERAPIA BREVE

 

 

 

 

 

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VERDAD Y PROCESO PENAL

La Historia de la Sospecha

Dr. José Luis Galliani

“La ley divina (moral) y la justicia. Es necesario que conozcas toda mi revelación, y que se halle a tu alcance el intrépido corazón de la verdad (rodeado) de hermoso cerco”.

Parménides, Poema, I, 26 a 29.

 I. PREFACIO.

La relación entre la verdad y el proceso penal es un tema que ha sido y es motivo de debate. El proceso penal inquisitivo se basa en una cierta búsqueda de la verdad -la télesis del proceso inquisitivo es la obtención de la verdad- y la vertiente más fundamentalista (que aún hoy, tiene seguidores prosódicos), llegó a admitir la tortura para lograrla. Si la verdad pudiere obtenerse a cualquier costo: ese precio sería pagado mediante la degradación humana a través del tormento del cuerpo y la psique de algunos "sospechables". Demasiado costo en dignidad y sangre ha sido el precio que la humanidad lleva gastado para obtener "verdad" en el seno del proceso penal. Decir que esta forma de la obtención de "la realidad de los hechos" es repugnante a un derecho penal y procesal penal es poco decir [1]

Con el ingreso a nuestro país del proceso penal acusatorio -bien que en su variante larvada-, conocida como sistema mixto, la idea de "verdad" en cuanto aspiración máxima del proceso fue dejada de lado. Pese a esto, el problema de la relación entre verdad y proceso penal aún permanece casi intacto.

Entender este problema como un problema procesal penal -o aún como un problema de garantía constitucional- sería tanto como no querer desplegar el fuelle. [2]

Es sabido que el proceso está diagramado en la Constitución Nacional, la forma que tiene el proceso de actuar, esto es el procedimiento, es lo que puede y debe ser materia no delegada. Decir que todo el proceso penal esta ceñido -porque debe ajustarse- a las "garaantías" que devienen de la constitución es perogrullesco, pero aún en el Siglo XXI es necesario. Ciertos discursos emanados del periodismo prebendado, cierto balbuceo "pro-policíaco", y demás desinformadores mediante -bien que algunos propaladores del campo más reaccionario del derecho-, da como resultado que cosas que supuestamente sabidas, no está demás que se reiteren.

La Constitución obliga al debido proceso legal. ¿Y que legalidad procesal sería aquella en la cual se admitiera cualquier sacrificio para buscar la verdad?

En la inquisición pura no existe defensa técnica.

Anécdota: Hace unos años tuve la suerte de visitar Cartagena de Indias (la luminosa ciudad amurallada), allí pude recorrer el edificio donde funcionaba el tribunal de la Santa Inquisición. Para un diletante de las ciencias penales, ver ese lugar, tiene un significado remarcable. En la sala de Audiencias estaban señalados los lugares donde se ubicaban los jueces y los acusadores, también lo estaba el del candidato a la hoguera. No había un lugar para el defensor: porque no existía la figura del defensor. Si busco la verdad, ¿para qué quiero el mañoso manejo del abogado defensor, quien tratará de ocultarla?

En mis lejanos años de estudiante de grado aprendí una de esas tantas verdades falsas que enseñan los manuales leídos de apuro. Se nos decía que el defensor en el proceso penal era un auxiliar de la justicia. Pasaron lustros hasta que el recordado y recordable amigo Luis Darritchon me abriera los ojos: los defensores técnicos, somos auxiliares de los clientes. ¿Y la justicia?

 La justicia está en otra parte

 Con el giro copernicano que implica la introducción del contradictorio la verdad -como ya enuncié- dejó de ser el horizonte axiológico del proceso penal. (Más allá de la naturaleza inquisitiva de eso que algunos llaman proceso "mixto"). ¿Cuál es la relación entre verdad y proceso penal? He aquí nuestro tema.

 II. PROPUESTA.

La provisoriedad y la sugerencia. La primera será el ámbito y la segunda el tono de este ejercicio. Para preguntar sobre la relación entre verdad y proceso penal quizá sea menester re-preguntar sobre ¿qué es eso que decimos cuando mencionamos la palabra "verdad"? Para ello acudiré a dos pensadores: Platón, según Heidegger y Ferrajoli. La elección no es casual: todo tema iusfilosófico -y éste va de suyo que lo es- necesita del entrecruzamiento de dos conocimientos difíciles de adquirir: Saber filosofía y saber derecho (esta idea no es propia, están Carlos Cossio y José Vilanova detrás). Las razones de la elección de los autores, en el caso de Ferrajoli es obvia, y el Platón de Heidegger es una forma de mirar desde otra ventana hacia el paisaje de la verdad.

En el título uso la expresión: "La historia de la sospecha". Lo hago porque eso -una sospecha que va mutando con el tiempo, con las instancias, a través de parvas de papeles y de simulacros varios-, pienso que es: "El proceso penal".

La manera de trabajar que a mi modesto ver sería la adecuada, estribaría -en aras de ubicar la pregunta- en recorrrerla. Tres o cuatro modos tradicionales conoce Occidente de recorrer un camino para conocer; al camino para conocer se lo llama método gnoseológico, o método a secas. Método significa camino. [3]

Si se dice: relación entre verdad y proceso penal, la manera de proceder sería, cuanto menos, indagar sobre qué significan estas cuestiones:

 

a) ¿Qué se entiende cuando digo la palabra verdad?

b) ¿Qué se entiende al predicar proceso penal?

c) ¿Qué relación hay entre ambas cuestiones?

d) ¿Cómo evolucionó esa relación?[4]

 

Ninguna de estas preguntas es gratuita. ¿Acaso suficientes? De seguro serán necesarias para abordar en toda su amplitud el tema genérico. Demasiado por ahora y para mí: dos autores, quizás, nos acerquen a la pregunta.

 III. VERDAD Y PROCESO PENAL EN EL PENSAMIENTO DE LUIGI FERRAJOLI

Vamos a tomar el tema a partir de Derecho y Razón. Teoría del Garantismo Penal en el cual Ferrajoli desarrolla sus ideas sobre la relación entre verdad y proceso penal. Específicamente el Capítulo 1°: Epistemología. La Razón En El Derecho Penal; Título 1: Cognoscitivismo o decisionismo, Sub-títulos 2 y 3, Los modelos autoritarios, y más propiamente los Puntos I.2.4.: La alternativa entre la verdad formal y la verdad sustancial, y I.1.3: El problema de la verdad procesal (páginas 44 a 51). Traducción española de Editorial Trotta SA, Madrid, Edición 2000.

En lugar de analizar los fragmentos que Luigi Ferrajoli dedica al tema, voy a utilizar algunas "palabras guía". Disgregación: Acerca de Ferrajoli, cuadra decirse -en el campo del garantismo penal-, aquello que se predica acerca de Kant en el terreno filosófico: Se puede pensar, con o contra Ferrajoli, pero nunca sin Ferrajoli.

Aunque, ni el rechazo ni la aceptación son lo propio ante un pensador: a un pensador se lo debe estudiar -larga y profundamente- y esto rara vez ocurre. Heidegger dijo que se necesitaba diez años para leer a Aristóteles. Luego será menester repensar "a partir de", entonces quizás ese repensar sea un superar. [5]

Por eso debo celebrar la posibilidad del encuentro con este grande: ese encuentro se llama "diálogo" en la tradición occidental, aunque mi paladar lingüístico sugiere la palabra conversar, "versar juntos" (con-versar) maestro y discípulo, autor y lector.

 IV. PRIMER PALABRA GUÍA

Ferrajoli (pág 44, op. cit.) titula así a uno de sus parágrafos: La alternativa entre verdad formal y verdad sustancial.En este encabezado obra una cuestión clave: la oposición directa entre verdad sustancial y verdad material.

La tradición jurídica de Occidente -más concretamente la tradición jurídica romanística- es propensa a las clasificaciones y a las divisiones tajantes. Un ejemplo de este despliegue es la división entre forma y materia o entre hecho y derecho. El derecho romano abunda en divisiones y clasificaciones que son útiles para fines didácticos pero que no siempre alumbran con claridad las zonas epistemológicas a las cuales apuntan.[6]

No faltan voces -entre los mejores juristas– que hayan captado en estos distingos cosas que muchas veces no son claras. (Más cerca de la pedagogía que de la razón). Al respecto de forma y materia, y en nuestro campo específico, al hablar de la llamada verdad formal como opuesta a la denominada verdad material alguna crítica ha deslizado Alberto Binder. [7]

Con el fin de mostrar que esta manera de pensar no es tan peregrina como aparenta podemos analogizar con los siguientes ejemplos: Se ha distinguido hasta el hartazgo entre fuentes formales y materiales del derecho. Ante esta disección se alza la voz de Cueto Rúa, quien ataca la naturaleza de esta separación.[8] En la misma línea de pensamiento Fernando De la Rúa analiza en su tratado de la Casación el viejo distingo entre motivos in procedendo y motivos in iudicando, y con lucidez menta que esa clasificación es más didáctica que certera. No sólo esto sino que además apunta: "La distinción entre hecho y derecho es el concepto más importante de la casación, que se puede y debe hacer, más allá de las objeciones que se le pueden formular desde un punto de vista lógico".[9]

Lo dicho hasta aquí tiene la pretensión de alertarnos a los operadores del campo jurídico sobre la naturaleza movediza de la tierra sobre la cual se construyen muchos monumentos clasificatorios. Una de las tareas de la iusfilosofía -de seguro que no la menor- es ésta. Ferrrajoli, como la mayoría de los epistemólogos de las ciencias sociales transita estos caminos, y cuando esas sendas nos llevan hacia el derecho, su primer puerto es el derecho constitucional y su principal campo de batalla el proceso penal, porque es allí donde nos va en juego la libertad. Vuelvo a nuestro rebaño. La elección de esta primer palabra guía obedece a que tengo para mí que el distingo entre verdad formal y verdad sustancial debe ser dejada de lado. No se me escapa que hacer esto es violento, dado que va contra la tradición aristotélica que campea en el pensamiento de Occidente. El distingo entre forma y materia es propio del estagirita, [10] pero mas allá de lo útil y didáctico que puede significar la distinción, en rigor ocurre que en el proceso penal no se ventila sobre cuestiones que refieran a la verdad sustancial. Aunque preferiría antes que hablar de "sustancial" usar material, merced a que en Aristóteles lo opuesto a forma es materia , y no "sustancia" para así oponerla a la verdad formal.

Lo que está en juego en el proceso penal, al respecto de la verdad -o quizás aún en su lugar- es "una sospecha" en movimiento. Una sospecha que muta desde algo casi totalmente desconocido hasta algo que damos por conocido, merced a ciertas circunstancias, al transcurso del tiempo y a los avales que a la primer sospecha se van agregando y que llamamos pruebas. Lo que empezó siendo una averiguación sobre algo que a alguien le pareció que podía ser un delito -mediante el uso de las  reglas de la lógica- terminó "declarado" como delito.[11]

Cuando aparece un cadáver tirado a la vera de una autopista y de acuerdo con la pericia parece que hubiera habido un homicidio o un suicidio ¿Qué comienza? Comienza a evolucionar una sospecha. Aún en el supuesto extremo de encontrarnos ante la suma de flagrancia más confesión -si alguien quiere puede agregar testigos y pericias- lo cierto es que a la luz del derecho para satisfacer a la Constitución y al garantismo que ésta enarbola: Todo eso no alcanza. Por eso digo con módico atrevimiento que el proceso penal es la historia de una sospecha. Antes de refutar esta insolencia piénsese en la doble instancia, en el doble conforme, en la prescripción. Cuando los jueces dicen verdad apodíctica lo que en realidad dicen es verdad consensuada, o verdad forense, la apodicticidad el sí y sólo sí que menta Ferrajoli haciendo gala de lenguaje matemático es ajeno al campo jurídico.

Al decir estas cosas estoy lejos de inventar algo, basta leer a Ferrajoli para caer en la cuenta de que no se trata de un descubrimiento, a lo sumo de una manera de enunciarlo propia de nuestro campo de trabajo. ¿Ante que forma rara de verdad nos encontramos los hombres y las mujeres de derecho cuando decimos: "La verdad jurídica"?[12] Predicamos algo que tiene cuanto menos tres características particulares:

 

a) Pertenece al pasado (sobre esto habla Ferrajoli y los más de los autores).

b) Sólo es verdad aquello que se dice dos veces.

c) No alcanza rango apodíctico o rara vez lo alcanza. En general no puede responder al "sí y sólo sí" de la lógica matemática [13]

 La pregunta es: ¿existe otro ámbito del conocimiento con estas tres características para validar? Pensemos en la doble instancia, en el doble conforme. La noción de doble conforme parece una idea propia de la lógica deóntica, en la lógica matemática se habla de doble afirmación y de doble negación. En biología v.g. se habla de "doble ciego". Todas estas nomenclaturas refieren a aquello que se prueba dos veces. Pero el caso es que la supuesta verdad que el derecho convalida debe ser pronunciada dos veces por más de dos personas, y en dos ámbitos distintos. La diferencia es que aquellas son “verdad dos veces” las nuestras son “sospechas duplicadas”.

En la práctica tribunalicia en rigor son varios jueces los que convalidan una sospecha. Si a eso agregamos el dato de que además un ente no judicial en sentido estricto deba pronunciarse también en la misma línea -me refiero a los fiscales- vemos que son muchos los que dicen lo mismo para que su afirmación sea tenida como cierta. Cuando varios señores y señoras dicen estar de acuerdo en declarar que A mató a B, a ese acuerdo se lo llama verdad. Más allá de lo hasta aquí señalado quiero dejar en claro que el propósito de esta presentación -en manera alguna- es pretender desvincular la idea de verdad de la noción de proceso penal. La cuestión estriba en redefinir la posición que ocupa el concepto de verdad ante el proceso penal.

V. SEGUNDAS PALABRAS GUÍA

Dice Ferrajoli (págs. 44/45 op. cit.):

La verdad a la que aspira el modelo sustancialista del derecho penal es la llamada verdad sustancial o material, es decir, una verdad absoluta omnicomprensiva en orden a las personas investigadas, carentes de límites y confines legales, alcanzable con cualquier medio más allá de rígidas reglas procedimentales. A la inversa, la verdad perseguida por el modelo formalista como fundamento de una condena es, a su vez, una "verdad formal o procesal", alcanzada mediante el respeto a las reglas precisas y relativa a los solos hechos y circunstancias perfilados como penalmente relevantes.

 Este magnífico fragmento -dejo de lado cuestiones de elección entre una palabra y otra- es el soporte a partir del cual se podría sostener una cierta "ajenidad" del concepto de verdad como implicado en la historia del proceso.

Binder -un hombre que piensa por su cuenta, cosa no muy sólita en estas lides- gusta hablar del derecho procesal escindiéndolo de la visión "secuencial" que es característica del estudio tradicional de la materia. Pero ocurre que el proceso penal es un objeto en movimiento. No existe el ente proceso penal fuera de la historia, fuera del movimiento temporal, fuera de la idea de etapa. La preclusión, los plazos (generalmente) fatales para los defensores y los querellantes como opuestos a "ordenatorios" (vocablo ambiguo, si los hay) para los jueces son propios de la esencia del derecho procesal. ¿Que cosa sino actividad en movimiento, constitución puesta en acto es el proceso penal?

Pensemos juntos, se dicen estas cosas -casi ciertas o casi falsas, como ustedes quieran- acerca del proceso y del derecho procesal penal:

 a) ¿Qué es la constitución puesta en actividad?

b) ¿Qué es un desprendimiento -con las limitaciones que estas cuestiones de agrimensura epistemológicas implican- del derecho procesal civil?

c) ¿Qué en realidad es un mismo ente que el derecho penal?

(Ideas de Maier, brillantes, y que -en principio- sigo).

d) ¿Qué es una entidad autónoma?

También con las limitaciones propias, merced a que las ciencias moran más en la heteronomía que en la autonomía.

 ¿El rasgo característico del proceso penal no estribará acaso, en un movimiento que podríamos llamar sospecha?

Vuelvo a Ferrajoli. Va de suyo que estamos a favor de pensar un derecho penal garantizado constitucionalmente que guíe hacia esas "verdades procesales". Es de aclarar que la acepción "procesal" en lugar de "formal", parece algo más que un lenguaje simplemente más moderno[14]. Es posible que detrás de ambas palabras haya mucha historia. Con una vuelta más de tuerca y se puede decir con Hassemer: "verdad forense", y arriesgarse a amenazar con la insolente lectura según la cual esa "verdad" depreciada-intermediada-repetida-consensuada-relativa- (hay más adjetivos) es una sospecha muy severa, casi nunca una certeza apodíctica, ni nada parecido.

Cuando se tiene una sentencia que sostiene "A mató a B": se está ante una verdad. ¿De qué rango? Digo sin posibilidad de error si no pudo ocurrir de otro modo. Si de acuerdo a las pruebas tomadas legalmente no pudo ocurrir que A no matara a B.[15]

Posiblemente la realidad del campo jurídico sea menos lógica. El juez que sentencia “A mató a B” lo que en realidad dice es que tiene una sospecha, muy severa, muy fundada, muy probable según la cual las cosas ocurrieron de tal forma y por ende se anima a enunciar esa condena. Lo hace con todos los recaudos de la ley, pero no creo que pueda decir que el hecho ocurrió y no pudo dejar de ocurrir.

¿Si se suprimiera el núcleo duro de su sentencia? ¿Todo pudo haber ocurrido igual sin que A matare a B? La parte especial del derecho penal es rica en hipótesis al respecto. Finiquita este fragmento Ferrajoli con una remisión a la Nota 19 del capítulo aludido, en la cual -más allá de la erudición a toda prueba de Ferrajoli-, puede verse que el distingo aristotélico entre forma y materia de poco nos sirve para aprehender a este objeto heracliteano que es el proceso penal. En la pág 45 (op. cit) el maestro habla de una "verdad controlada". Esta haciendo referencia al sistema formalista. Pero quiero poner de resalto lo siguiente. La verdad tan poca relación tiene con el proceso penal que siempre hay que agregarle un aditamento para que diga algo. En el proceso penal se habla de verdad sustancial, material, controlada, formal, forense, decir la verdad y nada más que la verdad parece que no se puede.

 VI. TERCERAS PALABRAS GUÍA.

EL PROBLEMA DE LA VERDAD PROCESAL. EL JUICIO PENAL COMO SABER PODER. GARANTISIMO Y VERDAD. La oposición hasta ahora ilustrada -refiere Ferrajoli, a su propio discurso- entre garantismo y autoritarismo en el derecho-penal corresponde pues a una alternativa entre dos epistemologías judiciales distintas: entre cognoscitivismo y decisionismo, entre comprobación y valoración, entre prueba e inquisición entre razón y voluntad, entre verdad y potestad ..[16]

Y remata el mismo autor con una apreciación que sería la mejor idea que se pueda arrimar al debate sobre la relación entre verdad y proceso:

Si una justicia penal completamente “con verdad” constituye una utopía, una justicia penal completamente “sin verdad” equivale a un sistema de arbitrariedad.

Lo dicho por el maestro de Florencia es una síntesis brillante. Pero la relación entre verdad y proceso penal aún queda sin develar. Así pasa también con muchas preguntas importantes.[17]

Dejé fuera el tema de la relación entre verdad, proceso penal y poder. Lo dejé porque me excede y porque pienso que el discurso del derecho es el discurso del poder de turno. Más aún cuando leemos un diario argentino que menta por ejemplo: "Acuerdo con el FMI" pienso que en realidad dice "Nos dieron un acuerdo-permiso", nadie se puso de acuerdo. El poder aparece en cada esquina del discurso jurídico. Cuando cavilo sobre nuestro proceso penal, con jueces ocupados, con intermediaciones sucesivas, con toda clase de puestas en escena, parvas de papeles que a veces nadie lee, audiencias orales en las que se reemplaza la oralidad por agobiantes lecturas para no ser oídas.

Si Kafka estuviera entre nosotros sería un autor costumbrista.

¿Y la verdad? LA VERDAD ESTÁ EN OTRA PARTE.

 VII. SOBRE LA HISTORIA DE LA VERDAD

PLATON EN HEIDEGGER

Como ya dije voy a intentar mostrar otro planteo acerca el concepto de verdad. Para ver que piensa algún filósofo -distante de las líneas de pensamiento en que abreva Ferrajoli-, sobre la idea de verdad.

Luigi Ferrajoli -iusfilósofo de cuantiosas lecturas- parte del ideario de la llamada filosofía analítica, abreva en Karl Popper (pensador hoy muy citado), Tarski y Kempel entre muchos otros. Pues bien, hay otra manera de ver las cosas, -como una corriente heredera de Husserl y con él, relectora de la tradición metafísica de Occidente[18] .Fundamental para quienes seguimos esta línea de pensamiento, es la obra de Heidegger, a quien se ha filiado como "existencialista". Denominación que el profesor de Friburgo nunca admitió.[19]

Sobre la verdad, la tradición occidental menta tres cuestiones:

 . Verdad en cuanto adecuación (a ella hace referencia Ferrajoli), y se corresponde con el concepto de Verdad al cual adscribe la historia de la filosofía. Así se dice que: Veritas est adequatio rei et intellectus (la adecuación entre la cosa y la idea).

2. Verdad como "desocultamiento". Parece ser un hallazgo de Martín Heidegger. Esta forma de pensar -para mi manera de ver- resultaría útil e interesante para quienes trabajamos sobre el discurso jurídico.[20]

3. Verdad en cuanto "bonificación". Según esta concepción la verdad además de verificar logra bonificar. El tema es arduo y aquí sólo lo enuncio.[21]

 Se abriría a partir de las investigaciones de Michel Foucault la posibilidad de pensar a la verdad como un enunciado del discurso del poder. Podríamos atrevernos a esgrimir -de seguir esta línea- que existiría una cuarta concepción de la verdad. Más prefiero atenerme al propio Foucault cuando plantea el tema el "La verdad y las formas jurídicas", puesto que no intenta buscar un otro sentido al concepto de verdad; sino que desarrolla la idea de "verdad judicial" o para ser más claro, la forma que va asumiendo la historia de la verdad a través de las formas del proceso penal. Por otra parte -ignoro si Foucault conocía el texto de Heidegger del que luego hablaré-, llama la atención pensar que tanto Heidegger cuanto Foucault relacionan la verdad a través de la comprensión que de la misma van tomando, entre otros sujetos, que no pueden ver. Borges diría que a la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos. Heidegger para aludir al concepto de verdad se refiere a la alegoría de la caverna; y todos sabemos que en ese mito platónico los moradores cavernarios no pueden alcanzar la luz. Foucault al hablar de la "historia de la verdad judicial" -más propiamente analizando la tragedia de Edipo- nos recuerda un personaje: Tiresias, "el divino adivino", quien era ciego. ¿Simetría?

En esta presentación sólo hago una referencia a las ideas de Foucault; no se me escapa que el tema es muy interesante. Sólo amenazo una idea: sospecho que existen varios puntos de contacto entre las ideas de Heidegger y el ensayo de Foucault. [22] A tenor de todo lo propuesto, podemos sostener, que occidente predica tres cosas cuando oye la palabra verdad: ADECUACIÓN-DESOCULTAMIENTO-BONIFICACIÓN.

Sobre la idea de "adecuación", es sobre la que trabaja toda la tradición, de ella proviene la añosa y pacífica lectura según la cual veritas est adaequatio rei et intellectus. Este concepto de "verdad" está implícito en el discurso jurídico vigente.

Un ejemplo ilustra, cuando decimos: "Mentira es la aseveración de lo falso u el ocultamiento de lo verdadero". Cuesta poco esfuerzo entender -a partir de esta definición de la manualística jurídica convencional-, que aquello de lo cual se predica que es falso, es una cuestión que para nuestra inteligencia resulta falso. Lo propio sucede al respecto de cuanto mi subjetividad atribuye como acto de "ocultar lo verdadero". Así podría esgrimir que v.g.: "Tomás oculta la verdad de los hechos". Obvio, de los hechos que nuestra manera de pensar (intellectus) entiende como falsos.

A partir de esta ideología del concepto de verdad trabaja Ferrajoli, aunque debe decirse que no se le escapa -a él, ni a la filosofía científica- que esta concepción no alcanza a explicar la relación entre verdad y ciencia.

Vamos al trabajo de Heidegger, el cual aporta las ideas que nos interesan, esto con el propósito de mostrar a la idea de verdad en cuanto "desocultamiento".[23]  Parto de su estudio La Doctrina de Platon acerca de la Verdad. Tomo la traducción de Norberto Silvetti supervisada por Carlos Astrada, publicada en Martín Heidegger, De la analítica ontológica a la dimensión dialéctica de Carlos Astrada, Juarez Editor, Bs. As, 1969, p. 219/249.[24] .

El trabajo del pensador alemán trata de demostrar que lo fundamental en el pensamiento de Platón desarrollado a través de la alegoría de la caverna es un cierto giro sobre la idea canónica de la verdad -esto es de la verdad como adecuación, conforme ya señalé- hacia un otro concepto de verdad. La propuesta estaría dada -en principio- por pensar la noción de verdad como "desocultamiento" (algo adelanté al respecto). Para esta tarea Heidegger estudia "lo no dicho, lo tácito" en el pensamiento de Platón y refiere que:

 La doctrina de un pensador es lo tácito en su decir, a lo que el hombre está consignado para que por ello se prodigue. Para que nosotros podamos experimentar lo tácito de un pensador, sea ello lo que fuere, y conocerlo en lo sucesivo, tenemos que reflexionar sobre lo que se ha dicho. [25]

 Este texto es bello y cierto. El pensamiento no se despliega desde las meras palabras que se pronuncian sino también desde la lectura que posibilite entrever las que permanecen tácitas. La idea de un pensador es todo lo no dicho a lo largo de todas las palabras que dijo. Con el propósito de llevar a cabo su faena Heidegger analiza el inicio del Libro VII del Diálogo sobre la esencia de la "polis": República VII, 514 a, 2 hasta 517, a 7. El diálogo se desarrolla entre Sócrates y Glaucón.

Vamos al texto, los fragmentos entre paréntesis son propios de Heidegger:

         Represéntate ahora lo siguiente: Unos hombres se encuentran bajo tierra en un recinto cavernario. A lo largo de éste, y hacia la luz diurna, se extiende el acceso, al que confluye toda caverna. En esta morada, atados por los pies y la nuca, desde la infancia, tienen los hombres su residencia. También permanecen por ello en el mismo sitio, pudiendo sólo mirar a lo que tienen enfrente de ellos. Mover la cabeza en torno no les es posible, puesto que están encadenados. Sin embargo, les ha sido otorgado un resplandor de luz, de un fuego que arde a sus espaldas, en la parte superior y a la distancia. Entre el fuego y los prisioneros (por lo tanto a sus espaldas) discurre un camino, a lo largo del cual -imagínatelo así- hay un muro más bajo, construido al modo de esas vallas que los volatineros levantan  frente al público, para mostrar por encima de ellos los prodigios.

Lo imagino, dijo Glaucón.

Según eso, figúrate ahora hombres que transportan toda clase de objetos a lo largo de ese pequeño muro, los que sobresalen un poco de éste; estatuas, imágenes de piedra y de madera, como también variedad de cosas hechas por el hombre. Como es de esperarse de entre los cargadores que pasan unos van entretenidos entre sí, otros en silencio.

Insólita imagen propones, dijo, e insólitos prisioneros. Sin embargo son en todo iguales a nosotros los hombres, contesté yo. Pues, ¿qué crees tú? Tal especie de hombres, desde un principio, jamás han obtenido otra visión, sea de sí mismos, sea de los demás, que las sombras que sobre el muro de la caverna que tienen en frente arroja (constantemente) el resplandor del fuego.

¿Cómo puede ser de otro modo, dijo, si están compelidos a mantener inmóvil la cabeza todo el curso de sus vidas?

¿Qué ven, pues, ellos de las cosas que (a sus espaldas) son transportadas? ¿No es eso precisamente eso lo que ellos ven (es decir las sombras)?

En efecto.

Ahora, si estuviesen en condiciones de comunicar y discutir detalladamente entre sí lo visto ¿no crees que a lo que ellos ven allí tomarían por el ente?

Se verían obligados a ello.

¿Pero qué pasaría si esta prisión también tuviese un eco venido del muro que ellos tienen frontero (hacia el que miran exclusiva y constantemente)? Tan pronto como uno de los que transitan a espaldas de los prisioneros (transportando cosas) se hiciese oír, ¿crees tú por cierto que ellos tomarían a lo que se habla por algo distinto de esas sombras que pasan ante ellos ?

Por nada distinto, ¡por Zeus!, dijo.

Absolutamente, conteste yo, los prisioneros tomarían entonces por lo desoculto no otra cosa que las sombras de los objetos.

Sería completamente necesario, dijo.

Según eso, contesté yo, sigue ahora con tu mirada el proceso de cómo los cautivos llegan a ser liberados de las ligaduras y, en consecuencia, curados de la falta de discernimiento; y considera, además, de qué especie tendría que ser esta falta de discernimiento, si a los prisioneros les sucediese lo siguiente: tan pronto se desligase a uno y se le forzase, de súbito, a pararse, a volver la cabeza, a caminar y a mirar hacia la luz, (entonces) él haría (siempre) todo esto entre sufrimientos, y tampoco estaría en condiciones de mirar a través de la constante reverberación, hacia aquellas cosas cuyas sombras anteriormente vio. (Si todo esto sucediese con él), ¿qué crees tú que diría él al que le revelase que (sólo) futilidades había visto antes, pero que ahora estaba un poco más cerca del ente y, en consecuencia, vuelto hacia el mayor ente, al que, por lo tanto, miraba más rectamente? Y si (entonces) alguien todavía le mostrase cada una de las cosas  que van pasando y le forzase, sobre demanda, a contestar qué cosa sea ello, ¿no crees tú que se hallaría sin saber absolutamente nada y, por añadidura, reputaría lo visto anteriormente (con sus propios ojos) por más desoculto que lo que ahora (sin intermedio de otro) le es mostrado?

Indudablemente, dijo.

Y si alguien todavía le precisase a mirar hacia el resplandor del fuego, ¿no le dolerían los ojos, y no querría apartarse de allí y huir (de vuelta) hacia lo que está en sus posibilidades de ver, decidiendo, por lo tanto, que esto (que sin más es visible para él) es, en efecto, más claro que lo que ahora le es mostrado?

Así es, dijo.

Pero si ahora, contesté yo, alguien (a este libre de ligaduras) con violencia lo arrancase de allí arrastrándolo por la escarpada y difícil abertura de la caverna y no le soltase hasta no haberlo traído a la luz del sol, ¿no sentiría los ojos, llegado a la luz solar, llenos de resplandor, y no sería incapaz de ver siquiera algo de lo que ahora le es revelado como desoculto?

En modo alguno estaría en condiciones para ello, dijo; por lo menos no de pronto.

Evidentemente fuera menester, creo yo, un acostumbramiento, caso de que se tratase de aprehender en el ojo lo que está allí en lo alto (fuera de la caverna en la luz del sol). Y (en tal habituarse) podría, ante todo, muy fácilmente mirar hacia las sombras y después hacia la imagen de los hombres y de las demás cosas reflejadas en el agua, y luego captaría por la visión a éstas mismas (o sea, el ente en lugar de los evanescentes reflejos). Desde el ámbito de estas cosas podría contemplar lo que hay en la bóveda del cielo, y a éste mismo, desde luego más fácilmente durante la noche, mientras mira la luz de las estrellas y de la luna, (más fácilmente, claro está) que durante el día al sol y su brillo.

Sin duda alguna.

Pero al fin, creo yo, llegaría a estar en condiciones de mirar al sol mismo, no ya sólo a su reflejo en el agua o en donde surgiere, sino al sol mismo, tal cual él es por sí mismo en su propio lugar, y observarlo en su naturaleza.

"Necesariamente así sucedería, dijo.

Y una vez que ha dejado detrás de sí todo esto, ya puede acerca de aquél (el sol) concluir que es él, precisamente el que conduce las estaciones del año como los años y el que dispone todo lo que hay en el circuito (ahora) contemplado (de la luz solar); sí que también él (el sol) es hasta la causa de aquel todo que ellos (los que permanecen allí abajo en la caverna) tienen, en cierta manera, ante sí.

Evidentemente, dijo, llegaría a eso (o sea al sol y a lo que está en su luz), una vez que hubiera salido de aquello (que sólo es reflejo y sombra).

¿Y qué, pues, pasa ahora? Si se acordase nuevamente de la primera morada y del "saber" que allí es regla y de los entonces encadenados con él, ¿ no crees que a sí mismo se tendría por dichoso por el cambio (acontecido), compadeciendo a aquellos, por el contrario?

¡Sí, por cierto!

Pero si ahora (entre los hombres) del anterior lugar de residencia (esto es, la caverna) se instituyen ciertos honores y premios para quien aprehendiese más nítidamente con la mirada lo transitorio (lo que sucede todos los días) y, además, conservase en la memoria, lo más de lo que habitualmente es transportado primero, luego después y, por último al mismo tiempo, y que (entonces) pudiese decir de antemano lo que fuese a ocurrir en el inmediato futuro ¿crees que él (salido de la caverna) desearía (todavía) estar entre aquellos (que están en la caverna) para (allí) rivalizar con quienes gozan del poder y consideración, o acaso no querrá adoptar para sí aquello que dice Homero:

Servir, asalariado, a un extranjero labrador sin dote",[26] y no querrá, en general, soportarlo todo, antes que circunvagar entre aquellas opiniones (válidas para la caverna) y ser un hombre según aquella manera?

Yo creo, dijo, que dejaría le sobreviniese todo, antes  que ser un hombre según aquella manera (propia de la caverna).

Y ahora, por consiguiente, considera esto, contesté yo: Si el que por tal modo ha salida de la caverna, descendiese nuevamente a ella y se sentase en el mismo sitio, ¿no se le llenarían los ojos de tinieblas, en el lugar mismo donde él se sustrajese repentinamente al sol?

Sí, absolutamente, dijo.

Si de nuevo, entonces, se entregase, con los allí constantemente encadenados, a proponer y afirmar opiniones sobre las sombras, con los ojos todavía debilitados, y antes de haberlos aclimatado de nuevo, la cual habituación no demandaría poco tiempo, ¿no sería al punto entregado al ridículo allí abajo, y no se le daría  a entender que había ido allá arriba sólo para volver (a la caverna) con los ojos estragados, de modo que no era de utilidad alguna emprender el camino ascendente? Y quien pusiese manos a librarlos de las ligaduras y conducirlos allá arriba, si ellos pudiesen disponer de él y matarlo, ¿no lo matarían realmente?Seguramente que sí, dijo.

Dentro del Platón de Heidegger o más propiamente de la lectura que hace Heidegger de la alegoría de la caverna, podemos hablar de cuatro momentos.[27] El filósofo dice:

El hombre cavernario, ávido de su "inspección", no puede ni siquiera sospechar la posibilidad de que lo que para él es real pueda ser solamente lo semejante a la sombra.

 Y con esto va dicho -que en este primer estadio- lo real son las sombras. Y este estadio parece ser -muchas veces- la morada en que vivimos. Heidegger al analizar los textos abre un interrogante sobre la traducción clásica que se ha efectuado sobre los términos Paideia y Aléetheia. La primera es consensualmente traducida como “cultura”, a la segunda se la toma como "verdad".[28] El análisis que hace Heidegger de la palabra verdad nos lleva de la mano hacia el segundo estadio. Y el estudio que realiza sobre la relación con la palabra paideía es importante por que él entiende que este término connota el tránsito desde la apaideusía hasta la paideía; y podría decirse entonces que Paideía es la "conformación que regula". Traigo esto a cuento para mostrar como a través del estudio de las palabras el maestro devela el sentido de la idea. Así dice el autor:

 Pero no nos demos por satisfechos con traducir las palabras paideía y aléetheia sólo "literalmente"; más bien intentemos pensar en las palabras traduciendo la esencia pertinente – relativa a los hechos – designada por el saber de los griegos, para reunir después simultáneamente "cultura" y "verdad" en una unidad esencial. Si tomamos  seriamente la consistencia esencial de lo que la palabra aléetheia designa, surge entonces la pregunta de a partir de dónde determina Platón la esencia de la desocultación, interrogante cuya respuesta remite a la sustancia propiamente dicha de la "alegoría de la caverna" mostrando qué y de qué modo trata la "alegoría" sobre la esencia de la verdad

 Agrega luego con una voz que no puedo imitar (resumir sería imposible):

 Narra entonces la "alegoría" una historia de los tránsitos de una morada a la otra, articulándose dicha historia, a partir de ese momento, en una serie de cuatro moradas distintas en particular gradación ascendente y descendente. La diferencia de las moradas y escalones de dichos tránsitos se fundan en la diversidad de lo aléethes, determinante según el caso y en la clase de "verdad" que predomina en todo momento, por cuya razón tiene que ser, de una u otra manera, considerado y mencionado en cada escalón, lo aléethes, o sea lo desoculto.

 Así menta el filósofo la idea que borroneaba ut-supra. El segundo escalón del mito narra el momento en que los amarrados son desencadenados: la supresión de las ligaduras es el acto esencial de este segundo estadio. Los cautivos están aún dentro de la caverna pero ya no moran atados: pueden moverse y mirar entonces hacia todas partes aún dentro del seno cavernario. Todo es alegoría; aún esclavos pero con mínima libertad. ¿Allí la verdad será otra cosa? Los que antes sólo podían ver las sombras de las cosas se acercan de ese modo un poco más al ente ( 515 d,2). Las cosas se les muestran de otro modo a través del fuego artificial de la caverna, su aspecto cambia al no yacer ocultas entre las sombras que proyectan. Dice Heidegger:

 El resplandor del fuego, al que su ojo no está acostumbrado, deslumbra al liberado, impidiéndole este deslumbramiento ver el fuego mismo y discernir cómo su resplandor ilumina a las cosas haciéndolas, de ese modo, aparecer, y no pudiendo, en consecuencia, al deslumbrado concebir tampoco que lo anteriormente visto es sólo una sombra proyectada por las cosas expuestas al resplandor, precisamente, de este fuego.

 El hombre desembarazado de las ligaduras pero aún cavernario yerra en la evaluación de lo verdadero. Aún no alcanzó algo presupuestario para poder "estimar": la libertad. Esta se alcanza sólo al acceder al tercer escalón.

 Aquí el liberado de las ligaduras al mismo tiempo se ha desplazado a lo exterior de la caverna, al aire libre. Todo aquí yace abiertamente a la luz del día. El aspecto de lo que son las cosas no aparece ya más al resplandor artificial  y confuso del fuego dentro de la caverna. Las cosas mismas están ahí en la precisión y forzosidad de su propio aspecto.

 Heidegger introduce aquí un aspecto casi olvidado por el canon: eso que llama el cuarto escalón, en el cual termina de cobrar rigor la mutación del concepto de aléetheia implícito en la alegoría y que resulta ser el gozne sobre el cual gira el concepto de "VERDAD" que ilumina a Occidente desde Platón hasta hoy, gozne que parece no hacer el ruido suficiente como para que su sonido sea oído por la ciencia y la técnica epocal. ¿Será apto el aparato auditivo del discurso jurídico para percibir tal giro , o preferiremos las sombras de la caverna? Oigamos al filósofo:

 Es por ello que en la historia la narración no concluye, como se cree, con la descripción del más alto escalón alcanzado en el ascenso de la caverna. Por el contrario, pertenece a la alegoría el relato de un retorno del liberado a la caverna hasta los todavía encadenados, con el designio de apartarlos de lo que es para ellos lo desoculto y conducirlos ante lo más desoculto. Pero este liberador ya no se puede orientar en la caverna; corre el riesgo de sucumbir a la supremacía de la verdad allí reguladora, es decir, a la pretensión de la realidad común como la única, amenazándole la posibilidad de ser sacrificado, posibilidad que, en el destino de Sócrates, maestro de Platón, se hizo efectiva.

 Remata con este cuadro descriptivo el cuarto y último estadio:

            La vuelta a la caverna y la lucha entablada dentro de ella entre el liberador y los prisioneros, refractarios a toda liberación, da lugar a un cuarto escalón de la alegoría, con el que  ésta se completa. Es cierto que en este paso de la narración no se emplea más la palabra aléethes, aunque igualmente ha de tratarse en este escalón de lo desoculto, lo que determina el dominio cavernario, al que de nuevo se ha  ido. Pero ¿no se había designado a las sombras ya en el primer escalón como lo desoculto regulador en el interior de la caverna?

Sí, por cierto. Pero para lo desoculto no sólo es esencial que de cualquier manera se haga accesible aquello que semeja y deje abierto su aparecer; sino que lo desoculto supere siempre una ocultación de lo que yacía oculto. De modo que lo desoculto tiene que ser arrancado y, en cierto sentido, sustraído a una ocultación.

 Diría que la verdad podría pensarse como "LO ARRANCADO CON LUCHA DESDE EL LUGAR OCULTO EN QUE YACÍA".

 IX. POSTFACIO.

Desocultamiento y sospecha: dos excusas para re-pensar sobre la problemática relación entre verdad y proceso penal.¿La sospecha es eso que el proceso desoculta?

            Si algo hice, si algo pueden estas páginas, será ponerle piedras al camino, a la distancia y a la relación que existe entre la verdad y el proceso penal. Ahora será menester la verdadera tarea: Convertir esas piedras en sendero. ¿Será posible edificar un camino que lleve desde el barrio del proceso hasta el oráculo de la verdad? ¿Existirá tal camino?

            Dos modos de conocer parece haber sugerido Occidente: Tomás de Aquino hablaba de hombres de un sólo libro -quizás sugiriera allí- que era único el camino que nos posibilita conocer. Heidegger en cambio habla de sendas que se pierden en el bosque. ¿Tendrá razón el santo aquironte o el filósofo poeta?

[1]  Hago referencia al derecho procesal penal y también al derecho penal, por cuanto ambos son una misma unidad óntica. La actual currícula de la carrera de grado en la UBA fue pensada a partir de esta lente, idea tomada de la dógmatica alemana e introducida en La Argentina a través de  Julio Maier.

 [2] Digo problema procesal penal o problema constitucional toda vez que  como tantas veces se dijo - recuerdo  un voto de Bisordi en este sentido - : "Si no se hubiera dictado el codigo procesal penal, la constitución haría sus veces".

[3] Ortega gustaba señalar que la filosofía solía utilizar para "conocer" el "método" que los judíos usaron para tomar Jericó: el de los círculos concéntricos. Pero cuando de método se habla viene siempre a mi memoria el hallazgo cossiano, merced al cual - para su parecer - el método "empírico dialéctico" es el propio de la ciencia en la que militamos.

También pienso a una con este "descubrimento científico", que Cossio fue uno de nuestros grandes pensadores del derecho, y que su olvido alguna vez deberá ser analizado. En el Homenaje a Roxin realizado en Universidad de Córdoba - Octubre 2001 – el  expositor Carlos Parga intentó explicarlo - al dar su conferencia sobre el Derecho Penal del Siglo XXI.

Señaló que Cossio era "el  gran olvidado" debido a sus condiciones de "no gorila", (lo cual parece que le costó la cátedra), y de presunto homosexual. ¡Dos cuestiones muy jurídicas!.

 Nosotros nos damos el lujo de mandar a Cossio al olvido mientras Alemania elije otro lujo, olvida u omite cierta presunta adscripción de Mezguer al nacional-socialismo. Quizás lo de ellos sea malo, lo nuestro es ...( ciertos vocablos soeces no admiten sinonimia).

 [4] Sólo se puede estudiar una relación a través de su "sido". Esto no es mera filosofía de café, el tema es complejo. Para conocer el ser de cualquier institución penal no vasta con recorrer anécdotas acerca de sus "antecedentes", se necesita ir un poco más a fondo y preguntar: ¿ como ha sido esto que hoy es?. Un ejemplo propio de nuestro campo nos pone ante un texto - que dejando de lado el ámbito de lo meramente "pasado", -  intenta indagar sobre "el sido" de un instituto. Me refiero a " Circunvención o abuso de menores e incapaces". (Zaffaroni, Eugenio Raúl - Ediar, Bs. As. 1996).

[5] A partir de la dialéctica (quizás desde Hegel) puede verse que el paso  - que abarca “superando” la oposicion entre tesis y antítesis  (aupheben)  - lleva a eso que llamamos síntesis , y que si  nada de ellas contiene, nada significa.

 [6] Recordemos que la romanística enseña : " Omnia definitio en iure civile periculosa est", pero luego el derecho  romano - que ha sido leído como el derecho civil - no es para nada avaro en cuanto a cuestiones  de agrimensura gnoseológica.

 [7] "Introducción al Derecho Procesal Penal", pág 177 - Ed. Ad Hoc,  Bs.As, 2000.

 [8] Cueto  Rúa, Julio, " Fuentes del Derecho", p. 25 y ss. Abeledo Perrot, Bs. As. 1984.

[9] De la Rúa, Fernando, "La casación penal", p. 54, Edición De Palma, Bs. As, 1994.

 [10]  Aristóteles." La Lógica. La metafísica, entre otros LibroIV, Título 2 y Libro V, Título 7".

[11] Cuando los juristas hablan de la lógica refieren a la lógica aristotélica, todo lo que vino después en  este campo del  saber parece como que no existiera, salvo en contadas excepciones de las cuales Ferrajoli es una,  no estaría demás para nosotros alguna  lectura de lógica actual  antes de hablar de "la reglas de sana lógica", cual si estas fueran claras indubitables y eternas.

 [12]  La expresión "verdad jurídica" es una bandera que enarboló el ya citado Carlos Cossio.

[13]  Sobre el sí y sólo sí habla Ferrajoli, como señalé ut –  supra.

[14] Vid. por  todos Binder, Alberto, op. cit. quien  entiende que se trata de un lenguaje más moderno.

 [15] Estoy lejos de pensar que el derecho penal - en esto sigo a Laura Zuñiga Rodriguez -  debe sostenerse dentro  del modelo : A mata a B. Pero es el modelo que todos conocemos y por consiguiente el más cómodo.

 [16] Ferrajoli, "Derecho y Razón",  Editorial Trotta, cuarta edición,  pág. 45.

 [17] “La naturaleza gusta de ocultarse” (Heráclito, Fragmentos) ¿Será atrevido relacionarlo con la cita del poema de Parménides  que inicia este ejercicio? 

 [18] Varias veces, tanto al hablar del discurso filosófico cuanto jurídico, digo "tradición de Occidente",  lo hago merced a que en el campo de los "saberes", cuando referimos a la tradición, a la historia, a los antecedentes, al cánon, en rigor siempre hablamos de occidente, puesto que ese es nuestro mundo cultural. No faltan voces que indagan el pensamiento oriental, al respecto recuerdo enseñanzas muy interesantes del Prof.  Ismael Quiles s.j., es de lamentar que los más de quienes siguieron los estudios orientales hallan sido invadidos por una charlatanería ajena al pensamiento.

[19] Un tema siempre latente cuando se habla del maestro de Meskrich es su adscripción al nacional – socialismo. Sobre esto demasiado se ha dicho, en especial desde la obra de Víctor Farías “Heidegger et le nazisme” (1987). Después del trabajo del autor chileno, mucho se descadenó. Para mentar la filiación nazi de Heidegger siempre se recuerda su discurso del Rectorado: “La autoafirmación de la Universidad Alemana”. Pero debe también citarse su alusión a “la responsabilidad  de Alemania” al iniciar las conferencias conocidas como “Introducción a la Metafísica”.  Sobre el asunto puede verse

Ott,  Hugo. "Martín Heidegger, en camino hacia su biografía", Alianza Universidad, Madrid 1992.

Safranski, Rudiger ."Un maestro de Alemania", Turquets, 2000.

 [20] Aunque no es ajena a la tradición, la cita de Parménides que abre esta presentación parece morar en esta línea.

[21]Quizas provenga de Spinoza. Luce entre las novedades de librería un texto titulado "Más Platón y menos Prozac". Desde mis primeros balbuceos en las lides filosóficas fui formándome en la idea de que la función de la filosofía en el mundo no era "servir para". De cualquier forma  muchos son los que entienden que la filosofía  "ayuda" a vivir, esta idea  sería una suerte de derivación de considerar a la verdad en cuanto bonificadora. Si aceptamos - aunque más no fuera como hipótesis - que la verdad nos haga más buenos, cuesta poco llegar a entender que sea mejor dejar el " suministro externo", léase Prozac, y acudir (estoy tentado a decir "volver"), al pensamiento, léase Platón.

22]  En  mayo de 1973  Michel Foucault fue invitado a dar una serie  de conferencias en la Universidad Católica de Río de Janeiro. Esas conferencias luego resultaron publicadas bajo el nombre de "La verdad y las formas jurídicas". Se trata de cinco conferencia y un debate posterior. (Gedisa,  Barcelona, 1992, 3ra. edición, Traducción de  Enrique Lynch).

[23] A partir de Aristóteles de toda idea puedo predicar su "en cuanto" , v.g. de una silla puedo predicar su en cuanto al respecto del largo de sus patas u otro " en cuanto", v.g. en cuanto al estilo mobiliario al que pertenece.

[24] Esta vieja edición es muy curiosa. Cuenta la leyenda que fue Carlos Astrada - otro de nuestros grandes olvidados - quien advirtió a Husserl que Heidegger se había alejado de la fenomenología. Además es de señalarse que en las últimas páginas del libro obra una entrevista a Heidegger a partir de la cual en aquel entonces algunos estudiantes latinoamericanos pensamos encontrar una afinidad del pensador para con el socialismo (casi religioso de esos tiempos). Muchos no creían que Heidegger hubiera tenido el compromiso "¿académico?" que tuvo con el nazismo

[25] Vid p. 219 - También, y con el propósito de  ver sobre como trabaja Heidegger el concepto de verdad puede consultarse su ensayo: "De la esencia de la verdad" (1930) . En el cual desarrolla la idea que la verdad esencializa en la libertad. (El tema es complejo).[26] Hasta lo que llevo leído no encuentro el lugar del cual surge  la cita de Homero, es posible que sea un texto que no llegó hasta nuestros días.

 [27]  El texto que elige Heidegger para analizar es uno de los mas remanidos del cánon. Cualquier manual de introducción a la filosofía lo toma para explicar  que en Platón los seres humanos no ven la realidad, sino que la rememoran, que no ven las cosas sino la sombra de las cosas, y que las ideas moran en el topus uranus. Platón parece haber sido un poco más profundo que ese "cielito" de ideales inalcanzables  de los cuales hablan los "Manuales de filosofía para menores de edad". Así como, el derecho penal sufre el ataque de los algunos periodistas - que en aras de informar - deforman  conceptos  que terminan tergiversando la realidad. Así también el pensamiento filosófico : hablo no sólo el de los grandes pensadores, sino también el de los filósofos profesionales - me refiero a los profesores que hacen de la filosofía su trabajo diario -  ellos sufren  el manoseo de los diletantes que provenientes del campo científico - o las más de las veces de técnicos en alguna ciencia social - tocamos sus conceptos, con manos no aptas para una piel tan sensible.

[28] Aún al pasar del griego clásico  al griego moderno aletheia mantiene el significado y el vocablo es de uso frecuente.  

 

Dr. José Luis Galliani

Abogado Penalista

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