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EL SUEÑO


Yaces indolente, quizás soñador,
Yaces tierno, delicado. Casi niño.
Yaces con el verso, en la boca entreabierta.
La mirada con sueño, fija en la luna plateada.
Yaces, sin más memoria que el recuerdo de la amada.
Yaces, calma de mármol, carne de bronce,
Arraigado en la tierra, desarraigado de la vida.
Esculpido por los sueños, por la luz de las ideas,
te atreves. Levantas el vuelo del ideal con las
alas de la juventud.
Es remota tu meta, borrascosa tu cumbre,
Tu impulso poderoso.
Que más poderío, que el ideal de la juventud.
Vencedor. Te señala el mundo, la vida te llama.
La muerte te toca.
Yaces, con la frente en alto.
Triunfador en la batalla, enarbolando la fiesta del duelo,
la vida otorgada, el ideal en el puño.
Yaces virtuoso, angelical, más cerca que nunca de
las estrellas.
Yaces brillante, mágico. Más hombre que niño, más
héroe que hombre. Yaces, turbulento en la inmovilidad,
Testamentario de tus sueños, más dios que nunca.




EL SILENCIO

¡Silencio! Duerme la noche,
duerme de hartazgo, de amores sombríos.
Silencio, la noche ominosa, pide silencio.
Silencio de sepulcro, de estrellas acalladas,
En el frío silencio, de la inmensidad.
Silencio, ese silencio que suena a fragor,
Que suena a batalla milenaria de dioses silenciosos.
¿Duerme la noche? En su noche de penumbra,
duerme, en las sombras congeladas de árboles que
se arrastran, sin más ruido, que su rozar por la tierra.
Silencio lejano en el crepitar de las estrellas
Palpitantes, silencio de cielos abandonados,
De ángeles expósitos, de dioses taciturnos
Y lejanos, tan lejanos que el silencio de la noche;
no conmueve el silencio de su infierno.
Silencio, la noche quiere silencio, pide silencio,
Es tanto el estruendo de las penas.
Silencio, se perturba la noche, se perturba la vida.
Silencio, silencio; que suene la trompeta del
Anhelo, tan silenciosa como la esperanza.
Silencio, silencio; la noche se marcha con su silencio.




BUSCADOR DE VERSOS


Busco versos, en mares de plegarias, busco versos, en
el océano de palabras que los hombres y Dios han arrojado
al mundo, busco versos en las estrellas, en la sonrisa
del hijo adorado, en el llanto primero del infante, busco
versos, en el postrer gemido, en la sonrisa lúbrica del
amante, en la sonrisa estática de la muerte.
Busco los versos del misterio, los versos del secreto
eterno, los versos de mujer.
Busco versos en la mañana del mundo y, no me saben a ti.
Busco versos desbocados, corcel que galopa en mi boca,
como en tu pecho el corazón.
Busco versos en el misterio indescifrable de la creación,
en el gesto omnipotente de Dios, al crea la vida, busco
versos en la rebelde cólera de Luzbel. Y nada tiene el
misterio lánguido de tu alma mujer.
Busco versos en la suave textura de la luz, en la infinita
pequeñez del origen, busco y no encuentro el verso suave de
tu piel, la chispa divina de tu sonrisa.
¿Buscas versos? Me dijo el poeta búscalos en tus sueños,
en tu alma escondida de niño, en la gracia simple de una
mirada tierna.
Busco versos, los busco para nombrarte, llamarte en delirio
amoroso, con las voces inéditas de mi corazón.





¿QUÉ SERÁ?


¿Qué será de mí? Cuando el látigo del tiempo me azote; cuando
se llene de surcos mi suave rostro;
cuando mi alma vieja llorar no pueda.
¿Qué será de mí? Cuando al mejor de mis amigos vea; yerto y sin
color, pálidas sus manos, pálido su rostro, sus ojos sin brillo.
¿Qué dolores nuevos se anidarán en mi pecho? ¿Estará allí mi corazón?
¿Qué será de mí? Cuando las sombras del pasado retornen, cuando
acusadoras me echen en cara mi abandono.
¿Quién defenderá mi débil protesta? ¿Quién a mi lado estará?
¿Qué será de mí? Cuando el llanto por mis ojos no corra, cuando
mi alma ya no sufra por mis penas, cuando el sufrimiento rompa
sus bordes derramándose.
¿Qué será de mí? Cuando solo me encuentre; la copa amiga ya no
brinde conmigo y la plática amable del compañero
ya no la escuchen mis oídos.
¿Dónde estarán? Tantos y tantos brindis, las amistades pasadas.
¿Dónde estarán? Los amores fallidos,
las ilusiones y los desencantos.
¿Qué será de mí? Cuando en el postrer adiós a la vida...
Se abra horrorosa, la tumba fría.




¿PORQUÉ DIOS?

Tú que estás en la sonrisa de los niños
y en la brizna de los campos,
tú que al poeta inspiras el verso
y con la mirada mueves el universo.

¿Porqué Dios?
Tú permites que entre hermanos halla guerra,
que la madre llore la amargura
de ver al hijo manchar con sangre la tierra.

¿Porqué La risa alegre del tirano?
Si tiene por alma un pantano;
¿porqué? Está su estómago bendecido
estando su corazón podrido.

¿Porqué Dios? No levantas tu brazo justiciero
castigando al que ofende,
y repartes de rico la riqueza
y del pobre su pobreza.




TRANSPARENCIA AZUL


Cielo azul, espejismo azul
seno de incontables plegarias
que se pierden en lo etéreo
de su forma.
Invención de los dioses para ocultar su olvido.
Cielo del medio día
de brillante azul;
cielo de la media noche
que inspira nuestros sentidos.
Cielo que se pierde,
en la lejanía inalcanzable
del niño que levanta los brazos.
Quién no quisiera tener
un trozo de cielo entre sus manos
y sentirse Dios un instante.
Un trozo de cielo que se diluye...
Y, volver a ser hombre nuevamente.






LA LINEA DE TU ROSTRO

La línea de tu rostro
Perfil del nuevo día
Que enciende mi vida
Con la luz atrevida
Del romántico amanecer.
Cándida expresión del alma
Que extingue del mañana
Las dudas del vago porvenir.
La línea de tu rostro,
Llave de mil cerraduras
Que abre la celeste puerta,
Al mísero atrevido
Que osado lo deslumbra
De pronto el paraíso.
La línea de tu rostro,
Que ansío aprisionar
Para robarle el aliento divino
Que llenaría mi ser de tu ser.





APASIONADO
I
De la mano,
Tan solo de la mano
Sin más palabra que el
Latir del corazón.
Ven. Acércate,
Sólo es un sueño,
Un sueño que llena
De dicha mi corazón.
Nada, nada de la vida,
Nada de los cielos
De la tierra nada,
Tan sólo quiero
Tu corazón.
Ven. Acércate,
Es poco el tiempo.
Dame tu mano.
Marchemos juntos,
Como eternos novios
Por la vida.

II

Miras. Más allá, no sé adónde,
Quizás huyendo, quizás buscando,
Qué sé yo.
Miras. Entre las rendijas de tu recuerdo,
Entre el mar embravecido de tus pasiones,
Entre el velado cancel del futuro incierto,
Miras. Allá, adonde sólo tú sabes llegar,
Dónde se levanta el muro inexpugnable,
De tú misterio, dónde el anhelo duerme
Entre muros de cristal y oro,
Dónde el precioso tesoro de tu fantasía
Germina apenas, en el solar espléndido
De tu ser
Miras, cabalgando en el reflejo cálido
De tus dulces ojos, miras inmensa;
Abarcando el infinito, arrastrando
En el vorágine de tu mirar
El alma mía.
Miras, no sé adonde, sin que pueda
Alcanzar el secreto de tú mirar,
Sin que pueda arrebatar un jirón
Del alma tuya, al reflejo ondulante
de tu delicado mirar.



III

Para estar cerca de ti
Habitaría en el desván de tu alma
Conviviendo con tus recuerdos,
Incluso con tus amores.
Tendería mi lecho
En la apacible calma
De tu distante mirar,
Dormiría con tus sueños
Para conocer tus secretos
Y marcharía con ellos
A la región inmensa
De la ilusión.
Para estar cerca de ti
Dejaría mi memoria
En la otra orilla
Para vivir de la tuya,
Dejaría mis angustias
Para sufrir tus condenas,
Para estar cerca de ti
Tu infierno sería mi cielo,
Tu desdén mi anhelo,
Tu vida mi sepulcro.
Para estar cerca de ti
Guardaría mis dioses
En el ara del olvido,
Y sólo tu viva imagen
Reinaría en mi corazón.


IV

Así, así, a tu lado
Viviendo de tu aliento,
Encontrando en tu líquido
Mirar la buscada puerta
De la felicidad.
Así, embebido de la
Pasión de tu cercanía
Soñando despierto
En la tentadora suavidad
De tu piel ansiosa,
Buscando los mil
Pretextos de tu proximidad.
Si oyeras mi corazón,
Sabrías cuanto te quiero,
Si lo oyeras agitarse
De dolor por tu ausencia
Seria tanta tu pena
Que en tu pecho
Cobijarías el palpitar
Inmenso de mi pasión.
Así, así soñando,
Soñando en la ternura
De tu entrega, soñando,
Soñando, siempre soñando,
Buscando en la quimera
De mi soñar tu total entrega.


V

Solos. Tu y yo.
En el misterioso arcano del amor
Solos. Atravesando los siglos,
Cumpliendo con el plan maestro
De la vida.
Solos. El universo por testigo,
Los cielos asintiendo,
La vida entrelazando.
Solos sin más atuendo que el amor,
Encaramándonos en la cúspide
De las pasiones rozando el cielo
De la eternidad, bendiciendo
A cada momento la luz de tu
Presencia, el dejo infantil de
tu risa alegre.
Solos. En el mundo aparte
De mi ilusión, en la anchurosa
Ribera del anhelo.
Solos. Sin mis recuerdos.
Solos. Tendiendo mis redes
En el lago extenso de tus recuerdos,
Atrapando cada sensación ajena,
Atrapando los suspiros del ayer,
Atrapando uno a uno los peces
Vibrantes de tu memoria
Hasta dejarte vacía del ayer
Y colmarte de mis ansias,
Sueños y locura.

VI

Te ansié desde la eternidad,
buscando, hurgando en los
laberintos nudosos de la vida.
Eras un sueño desvaído
en la realidad veleidosa
de mis pasiones.
Sabia de ti, sabia,
sabia de tu presencia
en las regiones ignotas
de mí extravió.
Y te buscaba, te buscaba
con cada pensamiento,
en cada verso escrito,
en los sueños del delirio,
en mi imaginación.
Concibiéndote, creándote,
buscando en la palabra escrita
el febril ensueño del poeta,
la descripción magnifica
de la prosa; para nombrarte,
mirarte con la magia del corazón.
Eras lluvia y torrente,
relámpago y trueno,
caudal de formas y lenguaje,
inventando de nuevo la belleza
y la palabra para verte y nombrarte.
Pero te encontré o soñé encontrarte,
o Dios compadecido,
del polvo de mi ensueño
te hizo nacer mujer.
Te hizo nacer mujer,
más allá de mi deseo,
más allá de mi ambición,
hasta donde mi loco desvarió
no imaginó jamás, encontrar
tanta sublime perfección.




COYUCA

Donde las altas montañas
suavizan su áspero andar.
Donde el viento dobla las cañas
y sacude el majestuoso mar.

Allí donde el potente fragor
explota en húmeda brisa
llenando de vida y verdor
con la fresca caricia.

Allí donde la erguida palmera
en la noche bruna
se agita tras la quimera
de darle un beso a la luna.

Donde con el duro azadón
se templa el bravío corazón
en la húmeda y fértil fragua
del verde campo y el agua.

Coyuca es él magnifico lugar
de la costa y el tempestuoso mar
que une el fulgurante cielo
con el horizonte azul del anhelo.

Timbra eco, inmenso y ufano
del verbo espléndido y humano
que canta la feraz naturaleza
a la tierra de noble grandeza.

Coyuca es suave murmullo
Del cálido aliento tropical
es voz de húmedo arrullo
del manso manantial.

Coyuca es rugido iracundo,
trueno furioso en la noche procelosa
es embebida pasión tormentosa
del ingente mar profundo.

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Coyuca de Benítez, Guerrero.


 
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