Y AHORA, UNAS PINCELADAS DE CATEQUESIS FAMILIAR
Como una prolongación a cuanto llevamos reflejado, tenemos por conveniente
recordar a una de las fallas más frecuentes que se observa en el católico común
y corriente: el bendito “tributo de adoración” (pudiéramos llamarlo así) en lo
referente a la participación en la Sta. Misa. Obviamente no se trataría pues que
al mencionar “tributo” se relacione con dinero. Dios espera que seas más
inteligente. Es decir, al llegar el Día del Señor, que es el domingo, LO TOMES
EN SERIO. Hay que entender que lo del Primer Mandamiento de la Ley de Dios que
aprendiste de niño al hacer tu Primera Comunión, sigue teniendo vigencia, o sea,
como lo aprendiste: “Amaras a Dios sobre todas las cosas, con toda tu alma, con
todo tu corazón... etc.” Naturalmente la verdadera manifestación de amor siempre
será el cumplir con hechos lo poquito que Dios te pide, que no es mucho: a lo
sumo una horita a la semana.
Y he utilizado el verbo “participar” en lugar de “oír” porque refleja mejor el
pensamiento del divino deseo, con el verbo “participar” incluye también el oír,
las admoniciones, las parábolas, el mensaje del sacerdote sino también, aunque
fuera de manera esporádica, la participación en alguna de las lecturas. Con el
verbo “oír” tiene menos alcance y nos quedaríamos con una actitud meramente
pasiva. Recuerda que señalé el primero de los Mandamientos, por la repercusión
que tiene hacia el amor de Dios, pero está el otro Mandamiento que es el más
incisivo: el de “Santificaras las fiestas”... Ya ves, no hay escapatoria si
quieres utilizar bien tu libertad, y es, precisamente, lo que Dios espera de tí.
No te va a llevar “de la oreja” a misa, sino que prefiere te manifiestes con
generosidad tu disposición de ánimo haciéndolo en forma completa: en compañía de
los tuyos a fin de dar el buen ejemplo a los niños. No quiere que te salves
solo, sino en compañía de tus allegados, particularmente con la esposa e hijos.
Sí, ya sé que muchos jóvenes creen en Dios pero no creen en los curas y no te
parece bien utilizar algún modo de violencia contra ellos. Bueno, lo que
llamaríamos “violencia” te diría que la utilizases cuando menos en el mismo
grado que usas para mandarlo al colegio, cuando son niños. El problema viene
después al paso de los años debido por una parte al ambiente en que se mueven
(particularmente en las universidades) y por otro la edad del hijo que ya se va “despegando”
del ambiente familiar. ¿Qué hacer? seguir adelante en la fase educativa, pero
con otro sistema: nada de regaños y sí el diálogo además de los buenos consejos
en los momentos oportunos y, sobre todo, el BUEN EJEMPLO Y LA ORACION. Aquí está
la clave para completar la labor educativa. Esta seria una postura como padre
que NO QUIERE IR SOLO AL CIELO. Y, por supuesto que esta “batallita” durará toda
tu vida. Nunca te desanimes: la lucha forma parte del plan divino. También Jesús
se preparó con oración y ayuno durante cuarenta días en el desierto, como
preparación para lo que se le venía encima, pese al lamento “si es posible,
aparta de mí este cáliz... Pero, no se haga mi voluntad sino la tuya”. Este debe
ser pues nuestro camino: el tuyo y el mío, estemos donde estemos.
Entonces, volviendo un poco con lo de la Misa, sería bueno, buenísimo, el
mentalizarse ya desde la víspera, actualizándolo en la conversación con la
familia para evitar improvisaciones y descuidos por ejemplo: ¿Y mañana, cómo nos
distribuimos para la misa? (Es necesario que los hijos se den cuenta que el
domingo es día sagrado y que ellos elijan con quien van: con papá o con la mamá,
quién se queda para preparar el desayuno, etc.) Y con el tiempo los padres se
darán cuenta de la gran ventaja que llevan por delante en cuanto a la formación
de los muchachos se refiere.
Otro de los complementos educativos sería el control de la TV para evitar la
contemplación de “cualquier cosa” que siempre se presenta y evitar también la
entrada en la casa de la prensa llamada “chicha”, pues todo influye para bien o
para mal. Y el demonio es muy astuto.
Creo que son estas orientaciones más convenientes a los papás y que les puede servir bastante en el
compromiso de católicos practicantes y no quedarnos en católicos teóricos.
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