Guantanamerika
Tras leer el artículo de H. Magnus Enzensberger que ha suscitado tanta polémica por las críticas que aparentemente le ha dirigido hecho Jürgen Habermas, al final sólo he conseguido extraer dos conclusiones. Primera: que parece mentira que las reyertas entre intelectuales apenas conocidos fuera de círculos muy concretos tengan tanta publicidad. Parece que a cualquiera que tenga un par de libros publicados se le puede tolerar todo, incluso que nos cuenta que llora viendo “Harry Potter”, menos que demuestre activamente ser gilipollas; vamos, que parece ser sospechosamente importante convencernos de que el hecho de que un intelectual, y más si es europeo, proclame que su máxima aspiración sea ser firmante de la edición europea de la Carta de los 60 Cretinos es algo inaudito, tal vez para que creamos que la honestidad y el sentido común son las características propias del gremio.
Segunda: Que aunque al artículo en cuestión no le falte razón aquí y allá, pero ¿y qué? ¿a dónde quiere llegar el señor Enzensberger? Choca que alguien con una visión tan panorámica y avisada no extraiga de su tema más que una ocasión para demostrar lo listo que es y ventilar su desdén hacia "los pacifistas", "el pacifista", "los sociodemócratas", "los alemanes de Dresde, Nuremberg, Berlín" y demás ciudades, alemanas, claro, y hacia "los animados por la paz", "los enemigos de la guerra"... y demás entelequias, siempre cómodas y de agradecido uso, ante las que incluso un político a sueldo sabría presumir de lucidez y honestidad. Ante el peligro de escarmiento público, sólo podrán replicar a los Poderes, dentro de lo poco que es posible, los autorizados para ello por su cargo de intelectual de vuelta de todo. Frente a los profesionales y escogidos, ya se sabe, admiración –emoción anémica, muy conveniente- y acatamiento, y callar dejándoles recrearse en una crítica que se queda repartiendo capones a medio camino sin llegar a asomarse a lo que hay más allá, y actuando como guardián que tampoco va a dejar asomarse a nadie más.