Guantanamerika
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Asentimiento incondicional a los valores positivos de nuestra sociedad, valores tan obvios que uno se pregunta, como en el caso del famoso homenaje a la superbandera, por qué de repente se estima necesario manifestar la adhesión a lo evidente. (“Porque hay mucha negación por ahí suelta -ésa es la respuesta automática-, se ha puesto de moda recrearse en la negación.”) ¡Qué lucidez la de las cabezas pensantes que los han acuñado! Pero es arriesgado identificar el NO a la guerra supone un NO al medio ambiente, el empleo, la seguridad, etcétera; pues, identifica asimismo el SÍ a todo con el Sí a la guerra. (“A esto se le llama repartir la culpabilidad, que es una de las técnicas más eficaces a la hora de dotar de cohesión y estabilidad a una sociedad. Algunos mensajes, en un país moderno, hay que transmitirlos, pero por lo bajinis. Sólo los ultraderechistas y tatarabuelos pueden decir abiertamente que o petróleo o nada, que no hay seguridad sin injusticia y que vale ya de joder con la pancarta, que lo vuestro no es más que un ñoño escrúpulo y que en el fondo estamos todos encantados de que todo sea así y que así siga por los siglos de los siglos.”) El conservadurismo se podría definir como la transformación del fatalismo en la venta de planes de pensiones; como la convicción, al estilo Fraga, de que todo avance se cobra un tributo en dolor y vidas, seguramente calculado de antemano por instancias sobrehumanas, y que más vale pagar sin entrar en detalles. En nada hay una negatividad más absoluta que en la aceptación cegata de un destino que reduce al ser humano al cero absoluto para enaltecer los burdos conceptos de una ideología que ojalá estuviera pudriéndose con aquél en el Valle de los Caídos. El conformismo oculta el mundo en que se vive; es producto del miedo. Tras el rotundo NO de la gente no sólo hay un NO a la guerra: hay un gran NO a prácticamente TODO. Que se vayan todos,/ que se vayan todos;/ que cuando se hayan ido todos/ podremos irnos nosotros también.