Guantanamerika
A ver quién puede resolverme esta duda, o serie de
dudas: Ya que las elecciones caen en día de precepto, es alto el riesgo de que
muchos fieles conserven en la mano su Biblia o porten de forma ostensible un
crucifijo al acercarse a los colegios electorales. ¿Se pondrán piquetes de
policías para exhortarles a ocultarlos antes del acceso? ¿Y si llevan solamente
una estampa de la Virgen? ¿O de Josemari I (Escrivá)? ¿Habrá que retirar la
bandera de España de los edificios públicos ese día, como medida preventiva y atajar
polémicas? ¿Habrá que retirar los Cristos de los altares? ¿Se les dirá a los
sacerdotes que el domingo se limiten a leer fragmentos del Levítico y dejen lo
de repartir ostias para los profesionales? ¿Podrá llevar Josemari II su medalla
ensangrentada a votar? Y si te pegas una leche con el coche y dejas un charco
de sangre deja del colegio electoral, ¿serás arrestado por hacer que la gente
se acuerde de José Couso? ¿Se considerará propaganda partidista una chapa con
la leyenda “Guerra sí”? ¿Y prendas que aludan o reproduzcan la bandera de las
barras y las estrellas? (Pronunciénse con tiempo, no sea que muchos jóvenes no
tengan ocasión de rebuscar ropa autorizada en sus cajones.) ¿Se podrá llevar
una camiseta que lleve estampado “Bush, muérete”? ¿O una que lleve la efigie de
Donald Rumsfeld vestido de oficial de las SS? ¿De Colin Powell vestido de
oficial de las SS? ¿De Blair vestido de oficial de las SS? ¿De Ariel Sharon
vestido de oficial de las SS? ¿De nuestro ínclito Josemari (II) recibiendo
ufanísimo su medalla de las manos del Asesino de Guantánamo? ¿Podrá ser este
Eichmann tejano verdadero amigo de nuestro histórico presidente si va y le
regala la mierda de medallita esa justo en la recta final de la campaña, tras
tanto esfuerzo y tanto gasto, para que vaya todo el personal a las urnas
sabiendo quién ha sido el único español beneficiado por la complicidad con esa
banda de fascistas, y qué baratija recibe como pago? Y lo de compartir medalla
con Teresa de Calcuta ya es el colmo del esperpento, pero sin embargo (como la
canonización del Josemari I), algo que, desgraciadamente, no sorprende a nadie.

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