GUANTANAMERIKA

Leí el artículo de la pág. 32 de “El País” del domingo 11 de abril, sección “La Cultura”, atraído por su titular, “México se rebela contra Huntington”, con el regusto de estar picando en un anzuelo de sensacionalismo barato. Luego concluí que el uso del verbo “rebelarse” era más informativo que el artículo en sí. Opino que cualquiera que, en vez de recibir unos cuantos extractos de los best-sellers del Sr. Huntington o de Fukuyama, con aprobación o escándalo, pero siempre como encíclicas, se haya molestado en hojearlos, se habrá dado cuenta de que las obras de ambos “intelectuales” no tienen nada que envidiar a las del señor P. Moa en cuanto a desinformación, chapucería y –siendo bien pensados- cortedad de luces. Quiero decir que ya sólo debido a los errores objetivos y de método que contienen, de provenir del mundo académico español –que es el que conozco-, nunca hubieran visto la luz y sus firmantes se habrían hundido en el descrédito. Que sin embargo aún se los nombre –curiosamente, jamás hay nadie que los cite- se debe exclusivamente al armamento estadounidense. Él constituye su verdadero mensaje y de él proviene su autoridad “intelectual”. El mismo hedor a “think tank” rodea al asunto de la “Pasión” de Gibson. La mentirosa discusión sobre si “las cosas fueron así” (buen ejemplo de ella fue publicado en la página 11 de la edición del sábado, 10 de abril) excluye todo juicio sobre la película como tal (nadie puede decir abiertamente que es un bodrio, el típico, consabido e inevitable coñazo). Lo que más clama aquí al cielo son los argumentos con que semejante pestiño dicta universalmente que lo soportemos sumisos y con el pico cerrado. Otro caso en el que decir que el Emperador además de estar desnudo es un imbécil constituye un acto de rebelión. .......................................................................................

La noticia que en estos momentos resultaría más esperanzadora no sería la de un inmediato pacto para la convivencia en Oriente Medio, ni sobre el fin del horror desatado en Irak, sino el anuncio del estallido de una absoluta huelga general en Estados Unidos, en el Reino Unido y en todos los países con tropas en Irak. Más aún, estoy seguro de que lloraría de alegría si se produjera el total desmantelamiento de los Estados Unidos, su Pentágono y sus arsenales y empresas. Seguro que este es un deseo ingenuo; de los pocos pecados de pensamiento verdaderos que ahora pueda haber, y se me podrá advertir que acontecimientos de tal especie sumirían al universo en el caos económico y político durante decenios o incluso siglos. Y quién sabría notar la diferencia, le respondería yo. Peor que esto no iba a ser, y al menos nos habríamos librado de la ya definitivamente infamada, infame e infamante señera de las barras y estrellas. A mí me parece un bonito pensamiento: la caída de un dios conlleva la de todos los demás. Pero que meramente se intentase ya sería mucho pedir. Y eso que sería digno de recuerdo que, por una vez, la gente considerase que perder unas elecciones no es castigo suficiente para los que en su nombre asesinan, torturan y violan naciones enteras, como tampoco lo es para sus cómplices, por mucho que gimoteen y murmuren, seguramente para ocultar que se están yendo de rositas.

 


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