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SEPTIMA ESTACION Jesús cae por segunda vez. |
De todas las escenas del Vía Crucis, las que más desconciertan y producen en el ánimo más penosa impresión, son, sin duda alguna, las de las caídas. En todas las demás, el dolor es acervo, la acción dramática, las actitudes patéticas, los sentimientos mansos y tiernos; pero en las de las caídas, sobre todo, en esta segunda que contemplamos, el Rey magnífico, que se empeñó en empresa de tan grande aliento, está postrado y desfallecido, derrotado a media jornada, sin la bizarría del batallar esforzado, sin la gloria de un morir heróico; por eso, el ánimo de quien lo contempla se llena de desolación y de desconcierto. El artista ha tratado de traducir plásticamente ambas cosas, presentando a Jesucristo sólo en su penosa caída, y alterando en este cuadro el ritmo de la escultura; pues, mientras ésta, en los demás cuadros, se desarrolla en |
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a líneas verticales y oblicuas, cae aquí, en cambio, en
una horizontalidad, que produce en el espectador una
impresión semejante a la que recibe quien escucha una
partitura musical que repentinamente cambia de compás. Pero el Rey no cae en vano. Vuelve a aflorar aquí, con vigor, el gran misterio de la unión hipostática. El que cae es verdaderamente Dios; pero la Divinidad está en él unida a la humanidad, flaca y endeble, cuyas debilidades no repugnantes a su sabiduría ni a su gracia, -como lo enseña Santo Tomás de Aquino- él no contrajo en cuanto que son en la humana naturaleza consecuencias del pecado, puesto que era impecable, sino que las asumió voluntariamente, para poder padecer en ellas (1). El Rey que cae, Jesucristo, "Cordero sin mancilla", no es, ciertamente, reo de ninguna culpa; pero ha tomado sobre sí las nuestras para redimirlas, y se ha mostrado al Padre como cubierto de ellas; por eso, "quiso el Señor conculcarlo en su flaqueza", y "fué hecho semejante a un hombre inválido", según rezan los vigorosos textos de Isaías y de los Salmos, que adornan este cuadro. (1) Santo Tomás de Aquino, "Suma Teológica". Del Verbo Encarnado. Cuestión 14; Artículos 1-4. |
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