Esparciendo el licor, brindaron con la tierra y el viento. Bebieron, sintiendo el calor en las venas. Sirena, acariciando la muñequita de barro, dijo:

 

Pequeñita:

En largas horas de silencio,

color de nuestra tierra, te he labrado.

Mi Harawina,

con tus ojos infinitos.

Siete pececitos blancos he pintado en tu falda,

cintas en tus trenzas y muchas flores en el sombrero.

Llevas un charanguito de sirena en la manta

y tus manos van abrigando el secreto de tu voz.

Así mi Harawina,

estás linda.

En el agua cantarás,

en toda la tierra

y nunca te olvidaremos. 

 

 

 

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