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Antonia
y Pedro esperaban descalzos sintiendo la arena mojada. Pequeños
hoyuelos se abrían al paso del agua. Burbujas. El cielo se tornaba
amarillo, anaranjado, rojo con jaspes verdes y azules.
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Entre
alegres y temerosos vieron detenerse un bus al borde de la carretera. Un
instante después Sirena se acercaba corriendo... cargadita de retamas,
clavelinas, margaritas y otras flores que había cultivado en la prisión. Corrieron
a su encuentro. Abrazados, lloraron y rieron.
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