Acto peculiar de la comunicación humana que se puede definir
como el arte de la palabra; el término deriva del latín litterae,
‘letras’, y, por lo tanto, este arte tiene como materia prima las letras y las
palabras. Lo que no se puede olvidar nunca es que es un arte cuyas
manifestaciones son las obras literarias, es decir, “creaciones artísticas
expresadas con palabras, aun cuando no se hayan escrito, sino propagado boca a boca”,
según la definición de Rafael Lapesa.
Este
término también se aplica al conjunto de obras escritas de un país (literatura
griega, argentina, catalana); de una época (literatura medieval, actual); de un
estilo o movimiento (literatura romántica, surrealista, creacionista).
Cualquier texto escrito no es
literatura; sólo lo serán aquellos que estén realizados con arte. Una obra
literaria tiene un valor estético en sí misma, que hace que sea apreciable,
valorable o medible en cualquier momento, pero también está sujeta a los
valores estéticos de la época, del lector o del crítico que determinan lo que
está escrito con arte y lo que no. El paso del tiempo es quien dirime este
asunto.
2.
CARACTERÍSTICAS
DE LA OBRA LITERARIA
La singularidad de la obra literaria, en
comparación con otras manifestaciones artísticas como una escultura, cuadro o
composición musical, es que su materia prima son las palabras y las letras, es
decir, el lenguaje, del que todas las personas se sirven para expresarse, la
mayoría de las veces sin pretensiones estéticas. Una instancia no es una obra
literaria, ni un informe de una compañía de seguros por muy bien escrito que
esté. La razón principal es que quien o quienes los han escrito no han
pretendido realizar una creación artística. Sin embargo, hay textos técnicos
que sí lo son, como el Informe en el expediente de Ley Agraria, porque
su autor, Jovellanos, sí tenía inquietudes literarias.
Así pues, se suele admitir que para que
un texto tenga valor literario debe reunir las siguientes características:
intención del autor en realizar una creación estética; uso de un lenguaje
literario, lo que no significa que tenga que estar cargado de figuras de
dicción o de vocablos cultos y poéticos; validez universal, esto es, que no
vaya dirigida a una sola persona (receptor individual), sino a un público
general y desconocido (receptor universal); destinada a gustar, a proporcionar
un placer estético por encima de consuelo, alegría, información o formación.