Introducción
Quisiera analizar la realidad de la Iglesia en América latina desde la perspectiva de Dios y del Reino de Dios: cómo anda el Reino de Dios en nuestro continente. Cómo le va a Dios en nuestros países. Hacer un análisis reinocéntrico y no eclesiocéntrico de la Iglesia. Esto implica hacer un análisis de la Iglesia radicalmente desde los pobres. Quisiera hacer un análisis profético de la Iglesia, a partir de la realidad económica, social, política, cultural, religiosa y espiritual de la Iglesia, pero animado profundamente por la Palabra y el Espíritu de Dios. Quisiera proceder con total libertad y verdad, no condicionado por el miedo o por intereses personales o políticos. Quisiera analizar la situación eclesial movido por un gran amor a la Iglesia. Hacer un análisis constructivo y con esperanza. Especialmente no destruir los espacios eclesiales que son a veces la última esperanza para los pobres. Caminar con la Iglesia para poder caminar con nuestros pueblos. Mirar la realidad eclesial con perspectiva ecuménica y macroecuménca (inter-religiosa).
Tiempo de Transición
Vivimos un tiempo de transición: murieron muchas experiencias, modelos, esperanzas, utopías del pasado y todavía no surgen las alternativas para el futuro. Vivimos un tiempo presente, donde simultáneamente se hace sentir un pasado que todavía no muere y un futuro que todavía no nace. Vivimos lo antiguo y lo nuevo. Está claro lo que tiene que desaparecer, pero no está claro lo que vendrá a sustituirlo.
Es importante también discernir entre lo que permanece y lo que tiene que cambiar. Hay hechos eclesiales del pasado que tenemos que mantener, desarrollar y profundizar: el Concilio Vaticano II (1962-65), las Conferencias Generales del Episcopado Latino-americano de Medellín (1968), Puebla (1979) y Santo Domingo (1992), el Sínodo universal sobre "La Justicia en el Mundo" (1971) y Encíclicas Papales fundantes como "Ecclesiam Suam" (1964), "Populorum Progressio" (1967) "Evangelii Nuntiandi" (1975) y tantas otras. Igualmente la opción preferencial de la Iglesia por los pobres, con todas sus implicaciones sociales, teológicas, pastorales y espirituales, es una opción constitutiva de nuestra tradición, que podrá ser redefinida, pero nunca suprimda u olvidada.
Hay mucho que cambiar y reformar en la Iglesia, pero al interior de una tradición que en los últimos 50 años se nos presenta como una auténtica tradición apostólica que contiene una Palabra que es Palabra de Dios. Hemos tenido una generación de Obispos, la generación de Medellín, que ha marcado claramente un camino para el futuro de la Iglesia en este continente. Evaluación, autocrítica y reforma son necesarias, pero en continuidad con nuestra tradición apostólica y con nuestra Teología latino-americana, cuya expresión más genuina ha sido la Teología de la Liberación.
En este tiempo de transición hay dos actitudes posibles:
Una negativa: dejarse llevar por la desintegración, la confusión y la desesperanza. Seguir llorando y añorando un pasado que ya no volverá
o vivir soñando en forma idealista con un futuro imposible.
Otra positiva: mantener viva la esperanza y seguir buscando alternativas
posibles y creíbles. La esperanza nos permite realizar dos tareas propias de este período de transición: La construcción de fundamentos,
sobre los cuales podamos en un futuro próximo construir algo nuevo. La formación de personas que sean constructoras de alternativas
futuras. En la construcción de esos fundamentos y en la formación de esas personas debemos investir lo mejor del tiempo pasado.
Los que vivimos los últimos 40 años del siglo pasado, tendremos que transmitir a las futuras generaciones lo mejor de esos años.
A nivel de Iglesia, por ejemplo, debemos saber transmitir lo que fue el Concilio Vaticano II, Medellín, Puebla y Santo Domingo; lo que fue
el nacimiento y primer desarrollo de la Teología de la Liberación, etc…
Procesos que desafían actualmente a las Iglesias
1: Desintegración y fragmentación provocada por la economía de mercado
Crisis de la ética y de los valores tradicionales. Desintegración de la familia y de la comunidad (y de las relaciones sociales en general).
Fragmentación religiosa y espiritual de la sociedad. Mercado religioso: cada cual "compra" la religión y la espiritualidad que más le gusta.
Globalización y hegemonización destructiva de las culturas e identidades locales.
Espíritu consumista, materialista e individualista que desintegra a las personas.
Espíritu competitivo: si no hay para todos, que por lo menos haya para mi.
Crisis de la modernidad y desintegración del ser humano como sujeto.
Algunas consecuencias de todo lo anterior: violencia (a todo nivel). Consumo de drogas (de todo tipo).
Migraciones (internas y externas).
Racismo y Neo-facismo. Militarismo y nacionalismos guerreristas.
2: Crisis de la alianza de la Iglesia con el Estado y el Poder
Corrupción de las clases dominantes (antes preocupaba a las iglesias las ideologías socialistas de los pobres, ahora el problema es la
corrupción de los ricos) Estado pobre, endeudado, desintegrado y despojado por los grupos de poder.
Crisis de la Democracia y de
la Política: marketing político, control de las fuerzas políticas por los medios de comunicación y por el dinero,
abstencionismo.
3: Contradicción entre la Iglesia y la lógica del sistema
La lógica profunda del sistema es excluyente de las mayorías y destructora de la naturaleza (el sistema es 'maravilloso', pero no es para todos y no está en armonía con la naturaleza). La Iglesia sólo puede aceptar una sociedad donde quepan todos y todas y que esté en harmonía con la naturaleza. La Iglesia tiene una lógica, que entra en contradicción con la lógica del sistema. La Iglesia de Medellín y Puebla ha hecho más específicamente una opción preferencial por los pobres y ha tomado conciencia del problema ecológico. Todo ésto acentúa más aún su contradicción con la lógica del sistema. La Iglesia hace una opción preferencial justo por aquellos que el sistema excluye.
4: Contradicción entre la Iglesia y el espíritu del sistema (religión idolátrica del mercado)
Idolatría del mercado total: mercado como absoluto, que decide sobre la vida y la muerte de multitudes.
Absolutización idolátrica de la ley (ley del mercado, ley de los contratos) en contra de la vida humana. La Ley como más importante que la
vida (cobro de la deuda externa a costa de la muerte de pueblos enteros).
Mercado como sujeto absoluto universal, que aplasta a todos los sujetos concretos y corpóreos. Las cosas llegan a ser sujetos y los
sujetos son transformados en cosas.
Mesianismo del mercado: promete la solución de todos los problemas de la humanidad. Se exige tener 'fe' en el mercado.
La idolatría del mercado exige el sacrificio de vidas humanas: los excluídos son fácilmente sacrificados y liquidados.
La idolatría (sustitución de Dios por otros dioses o perversión del sentido de Dios) permite al sistema oprimir con buena
conciencia y sin límites.
Dos modelos para superar la crisis actual de la Iglesia
El modelo conservador
Programa: superación o anulación del proceso de reforma de la Iglesia que comenzó con el Concilio Vaticano II,
Medellín, Puebla y Santo Domingo.
Los medios que utiliza son:
Sustituir los textos del Concilio por el Nuevo Código de Derecho Canónico y el Catecismo de la Iglesia Católica.
El problema no es los textos en si, sino el carácter absoluto que se les da y la interpretación de estas dos obras con un espíritu
contrario al espíritu del Concilio. En vez de interpretar el Catecismo y el Derecho Canónico a la luz del Concilio, se interpreta el Concilio a
la luz del Catecismo y del Derecho Canónico. El Derecho y el Catecismo definen así la nueva identidad de la Iglesia. En muchos casos el
Catecismo sustituye a la misma Biblia. La Ley y el Poder es la nueva ortodoxia y la tradición evangélica es la herejía.
Nombramiento de obispos conservadores.
Reforma de los seminarios (eliminación de toda teología crítica, de la teología conciliar y sobre todo de la Teología de la Liberación)
Bloqueo y destrucción de la colegialidad episcopal.
Centralismo romano (fin de las Iglesias locales, debilitamiento del CELAM). Se busca controlar la Iglesia latinoamericana desde Roma.
Reconstrucción de un modelo de Iglesia donde se absolutiza la autoridad, la ley y la doctrina. Se aplasta la creatividad del Espíritu y la
libertad frente a la ley. Se destruye toda teología crítica y espiritualidad liberadora. Se busca superar la desintegración provocada por
el sistema con una estructura centralizada y poderosa, que asegure la eficacia de la autoridad y de la ley y la claridad de la doctrina.
Se ignora y se reprime toda creatividad teológica y espiritual que venga de la base y de los nuevos sujetos: pobres, excluídos,
indígenas, negros, mujeres, jóvenes.
Contexto: este modelo de Iglesia sólo puede funcionar en sintonía con el nuevo modelo de economía de libre mercado. Especialmente necesita de un sistema financiero sólido y un poder político autoritario. Se utiliza el dinero, el poder y el marketing como medios de 'evangelización'. Se utiliza los signos religiosos como signos de poder y se le otorga al poder una dimensión religiosa.
Debilidades del modelo conservador:
Tiene Poder, pero no tiene Espíritu y Teología.
Fácilmente se ve afectado por la corrupción del sistema dominante.
Destruye todas las fuerzas eclesiales de renovación y se cierra al futuro.
Desarrolla un espiritualidad y una teología desencarnada y ajena a toda realidad histórica, para ocultar y legitimar de esta forma el uso
que hace del poder económico y político del sistema dominante. Esta modelo se parece mucho a los grupos "gnósticos" de los
orígenes del cristianismo, condenados por toda la tradición bíblica, apostólica y patrística.
La eficacia y éxito de la 'evangelización' es un problema tecnológico y cuantitativo, un problema de marketing. La Iglesia funciona
como empresa nacional y transnacional, sin ninguna fuerza evangelizadora.
El modelo alternativo de Iglesia
No se busca construir una nueva Iglesia, sino un nuevo modelo de Iglesia: Iglesia Comunión de Comunidades, Iglesia Pueblo de Dios, Iglesia de los Pobres, opuesto al modelo de Cristiandad. No se desvaloriza la Institución como tal, sino un determinado tipo de institucionalidad. No se cuestiona la autoridad de la Iglesia, sino el modo autoritario de ejercerla.
La estrategia en la construcción de este nuevo modelo no es la confrontación, sino el crecer ahí donde está nuestra fuerza. Se busca renovar la Iglesia al interior de la misma Iglesia y con un lenguaje positivo y constructivo
La construcción de este nuevo modelo de Iglesia es a largo plazo y se inserta en la búsqueda de un nuevo modelo de sociedad. La reforma de la Iglesia y la construcción de alternativas al sistema dominante, siendo dos procesos cualitativa y específicamente diferentes, son dos procesos que históricamente se inter-relacionan y se refuerzan mutuamente, porque tienen en el fondo la misma lógica histórica: la vida de todos y todas (especialmente de los pobres) y la harmonía con la naturaleza.
a): Contexto histórico de la construcción del modelo alternativo de Iglesia
El modelo alternativo de Iglesia tiene como contexto histórico la confrontación profunda con el sistema actual de economía de libre mercado y de globalización neo-liberal. La reforma de la Iglesia debe confrontar los procesos indicados más arriba: desintegración, fragmentación, violencia, crisis del poder, del Estado, de la Democracia, imposición ineluctable de la lógica de la exclusión y de la destrucción de la naturaleza.
El sistema dominante se presenta como el único sistema posible, como un sistema sin alternativas. El mercado es el único que podría resolver los problemas de la humanidad y el único que podría regular la economía. La crisis de los socialismos históricos hizo posible que el capitalismo se impusiera como el único posible. El neoliberalismo es el "pensamiento único" dirigido por el "Consenso de Washington" (acuerdo entre los organismos financieros internacionales y la Reserva Federal Americana).
La globalización es un "movimiento orgánico englobante", que se impone como una gigantesca concentración de poder económico, una integración mundial gracias a los medios de comunicación, al desarrollo de la informática y a la hegemonía militar de los EEUU. La lógica que lo penetra todo es la lógica de la concurrencia, de la competitividad, del triunfo del más fuerte, de la máxima ganancia, de la flexibilización del trabajo y de la privatización. Al nivel teológico surge lo que llamamos el mesianismo y la idolatría del mercado, que se impone mundialmente con fervor y entusiasmo religioso.
El modelo de Iglesia que queremos construir no puede ignorar este contexto histórico, sino que debe definir su misión y acción evangelizadora y liberadora dentro de este contexto. No se trata solamente de aportar correctivos, regulaciones, evitar abusos demasiado evidentes. No se trata solamente de denunciar los costos sociales y ecológicos de un capitalismo salvaje. No se trata solamente de desarrollar una ética interior al sistema que busque generar conciencia en sus actores o construir un marco normativo de funcionamiento de la economía. Todo ésto puede ser muy útil a corto plazo, pero la Iglesia que queremos debe ir más lejos: cuestionar la lógica misma del sistema y proponer un sistema alternativo.
b): Un criterio absoluto y trascendental y muchas mediaciones necesarias
La Iglesia tiene como criterio absoluto y trascendental para cuestionar la lógica del sistema un principio simultáneamente económico, social, político, cultural y espiritual: el carácter absoluto de la vida humana y cósmica. Un sistema es legítimo cuando responde a la satisfacción de las necesidad básicas de todos y todas y está en harmonía con la naturaleza. La Iglesia fundamenta este principio básico en su fe en el Dios de la Vida y en el Reino de Dios que se identifica con la vida humana y cósmica, especialmente con la vida amenazada de los más pobres y excluídos.
Este principio absoluto y trascendental tiene ciertamente sus mediaciones históricas, de lo contrario caeríamos en un craso fundamentalismo y falta de credibilidad. Hoy se insiste en la mediaciones para construir alternativas. No podemos quedarnos en la sola crítica, aunque ésta sea muy necesaria. La crítica sin alternativas y sin mediaciones, produce desesperanza e inactividad.
Las mediaciones para la construcción de alternativas se sitúan en tres niveles distintos: el nivel utópico, el nivel de los proyectos y alternativas a largo plazo y el nivel de las tareas concretas:
1): Nivel de las utopías:
La utopía por definición (u-topía=sin lugar) es escatológica. Es una escatología histórica, pues no se realiza en otro mundo, sino más allá de la muerte en nuestra propia historia. La utopía es lo que le da sentido y orientación a la historia. Además, esa utopía puede ser vivida fragmentariamente (nunca en plenitud) en miles de experiencias históricas, que adquieren un carácter simbólico o sacramental de la utopía escatológica.
Nuestra utopía es la construcción del Reino de Dios en la historia, la Nueva Jerusalén que baja del cielo y la creación de Cielos y Tierra Nuevos. Toda esta realidad es escatológica, pues está más allá de la muerte: más allá de la dominación de las Bestias, más allá de la resurrección de los mártires, más allá del juicio final (cf. Apocalipsis 19, 11 -21). En términos históricos nuestra utopía del Reino exige desde ya una sociedad donde quepan todos y todas y que esté en plena harmonía con la naturaleza.
La utopía no es una ilusión o una pura construcción intelectual, sino un principio histórico, un proyecto, una lógica real, que confronta y deslegitima el sistema actual en todas sus dimensiones. Si la Iglesia tiene esta utopía, está lógica, este principio histórico-transcendental, necesariamente entrará en confrontación con la lógica y legitimación del sistema actual y apuntará claramente a un sistema alternativo.
2): Nivel de los proyectos, objetivos y alternativas a mediano plazo:
La utopía es revolucionaria y creíble, si es capaz de inspirar la búsqueda concreta de proyectos y objetivos a mediano plano. No se trata ni de soluciones inmediatas, ni de objetivos infinitos inalcanzables, sino de caminos creíbles y posibles de construir, aquí y más temprano que tarde, con el esfuerzo y la tenacidad de todos. En esta búsqueda la Iglesia tiene una tradición fundante y no está sola. Una tradición fundante, pues esa fue la tradición del Jubileo: descanso de la tierra y de la fuerza de trabajo cada 6 días, liberación de los esclavos, condonación de las deudas, recuperación de la tierra y propiedades perdidas por deuda cada 7 años y 50 años. Jesús asumió esta tradición y proclamó un año de Jubileo en la sinagoga de Nazaret y nos enseñó a orar en estos mismos términos (el Padrenuestro). Las Bienaventuranzas y el Sermón de la Montaña responde también es tipo de tradición. La Doctrina Social de la Iglesia, no como correctivo del sistema, sino como lógica de una sociedad diferente, también está en esta tradición. La Iglesia de Medellín y la generación de Obispos de Medellín también re-fundó esta tradición.
La Iglesia también no está sola en esta búsqueda. Hay hoy en día muchas organizaciones humanitarias que están buscando alternativas y objetivos posibles a mediano plazo. Véase sólo a manera de ejemplo el Manifiesto del Foro Internacional de las Alternativas: "Es tiempo de revertir el curso de la historia. Es tiempo de poner la economía al servicio de los pueblos. Es tiempo de derribar el muro entre el Norte y el Sur. Es tiempo de encarar la crisis de civilización. Es tiempo de rechazar el poder del dinero. Es tiempo de mundializar la luchas sociales. Es tiempo de despertar la esperanza de los pueblo. Ha llegado el tiempo de las convergencias. El tiempo de la acción ya ha comenzado". Aquí aparece el auténtico espíritu del Jubileo bíblico.
La búsqueda de alternativas a mediano plazo es el programa de muchas organizaciones internacionales a nivel económico, ecológico y de Derecho Humanos (como se manifestaron en Seattle contra la OMC); es la plataforma también de miles de movimientos sociales en el mundo entero (como por ejemplo el movimiento de Campesinos sin Tierra en Brasil, los movimientos feministas, sindicalistas, ecológicos, de jóvenes e indígenas). Surge una mundialización de la solidaridad, una mundialización de las luchas y resistencias, en búsqueda de una alternativa. La Iglesia debe entrar en esta mundialización con toda su capacidad educativa, ética, profética y espiritual; con toda su capacidad orgánica y estructural a nivel nacional, regional y mundial.
La Iglesia, como institución, desde su propia tradición, con un lenguaje propio e inspirada en la utopía del Reino, tiene la capacidad de desarrollar proyectos, objetivos y alternativas a mediano plazo, especialmente identificada con los pobres y excluídos por el sistema. La acción a este nivel no significa que la Iglesia esté invadiendo el campo económico o político de una manera indebida. El lenguaje que usa la Iglesia a este nivel no es fundamentalmente técnico, sino ético y de inspiración evangélica. A manera de ejemplo podríamos enumerar algunos objetivos en este nivel, que ya se están construyendo en toda América latina:
Re-insertar la economía en la sociedad al servicio de la vida de todos. La economía no es un ser "en sí y para sí", sino está al servicio de la vida de todos y todas. Hoy existe un diálogo muy fecundo entre Economía y Teología, que está construyendo una crítica de la economía desde la vida humana y cósmica. La economía ha tenido desde siempre principios éticos y teológicos, que la Teología puede y debe discutir, especialmente desde el carácter absoluto de la vida humana y desde los pobres.
Fortalecimiento de la sociedad civil: movimientos sociales y de ciudadanía. Educación de Base y Familia. Hoy vivimos un desplazamiento desde la sociedad política ('toma del poder') hacia la sociedad civil ('creación de nuevos poderes'). La Iglesia tiene su lugar histórico propio en la sociedad civil por su fuerza ética y profética, por su capacidad educadora y como espacio de participación de los sectores mas excluídos.
Hoy la reforma de la Iglesia tiene su espacio propio más directamente en la sociedad civil que en la sociedad política, como fue en décadas pasadas. Desde la sociedad civil ( desde abajo, desde la base, desde los pobres, desde los movimientos sociales) y a largo plazo, busca ciertamente también una reconstrucción de la Política, de la Democracia y del Estado. La reconstrucción del Estado, al servicio del Bien Común y en favor de los pobres y excluídos, como también en defensa de la naturaleza, ha sido desde siempre históricamente una preocupación de la Iglesia. Esta tarea se hace hoy en día dramática y urgente.
Participación de los nuevos sujetos sociales (mujeres, jóvenes, indígenas, afrodescendentes, etc…) en la construcción de la sociedad global y en la reforma de la Iglesia. La reforma de la Iglesia debe asumir seriamente la identidad, condición y situación de género. La pastoral específica de la Iglesia con mujeres, jóvenes, indígenas y afroamericanos está incidiendo directamente en la insurgencia de estos nuevos sujetos en la sociedad global. Urge una reforma del ministerio de la Iglesia que considere seriamente la participación de la mujer.
Mundialización de la solidaridad y de todos los movimientos de resistencia y lucha por alternativas posibles y creíbles desde los pobres y a mediano plazo. El carácter nacional, continental y universal de la Iglesia la hace especialmente significativa y eficaz en esta mundialización de la solidaridad. Esta mundialización exige a su vez una reforma del carácter autoritario y centralizador de las estructuras jerárquicas de la Iglesia.
Orientación radical del progreso tecnológico y de los medios de comunicación al servicio de la vida humana de todos y todas y también de la vida de la madre naturaleza. También aquí la Iglesia debe desarrollar una ética no solamente correctiva, sino que modifique la lógica interna misma de la tecnología y de los medios de comunicación. Su principio ético y teológico básico en este terreno será como siempre el carácter absoluto y trascendente de la vida humana, especialmente de la vida amenazada de los pobres y excluídos.
Reforzar y democratizar los Organismos Internacionales (ONU, FMI, BM y otros). La Iglesia tiene ya una presencia significativa en estos organismos, que podría ser todavía más efectiva al servicio de los pueblos del Tercer Mundo
Estos y otros muchos objetivos a mediano plazo son coherentes con el modelo de Iglesia que necesitamos en el Tercer Mundo. La reforma de la Iglesia debe hacerse en el contexto histórico de estos objetivos. Es en la coherencia de estos objetivos con la naturaleza propia y específica de la Iglesia, que descubrimos la misión evangelizadora de la Iglesia en este momento que vive la humanidad. En el Concilio Vaticano II la Iglesia se abrió al mundo. Hoy más que nunca el Mundo, sobre todo el Tercer Mundo, necesita de la Iglesia, pero de una Iglesia renovada, inserta en los procesos de construcción de alternativas para salvar el mundo. La Iglesia conservadora se encierra sobre sí misma, no sirve al mundo, sino que se sirve del mundo, sobretodo de su poder y dinero, para salvarse como Iglesia. "Tanto amó Dios al (Tercer) Mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna" (Jn. 3, 16).
3): Nivel de tareas y compromisos a corto plazo:
Las utopías y objetivos generales ya tratados, deben inspirar tareas a corto plazo, donde la Iglesia concretiza y hace creíble su misión
propia y específica. Aquí sólo enumeraremos las tareas que nos parecen más evidentes y que muchas iglesias ya realizan en
América latina. Estas tareas se cumplen a nivel local, regional, nacional e internacional:
Anulación de la deuda externa de los países pobres.
Regulaciones ecológicas nacionales e internacionales con carácter normativo y obligatorio.
Desmilitarización y control internacional del comercio de armas.
Fin de la pena de muerte.
Creación de un Derecho Internacional con sus Tribunales correspondientes.
Derechos Humanos, Paz, No-violencia activa.
Apoyo a los migrantes internacionales y desplazados internos.
Protección de las tradiciones y bienes culturales de los pueblos y miles de tareas más, donde las Iglesias realmente evangelizan
y hacen creíble su utopía del Reino y sus objetivos y estrategias a mediano y largo plazo.
c): Reforma de la Iglesia en la construcción de un modelo eclesial alternativo
La construcción de un modelo alternativo de Iglesia supone una serie de reformas internas. Aquí enumeramos las reformas sobre las cuales empieza ya a surgir un consenso en la Iglesia, que ya han sido propuestas o que están ya en vías de realización. Algunas de estas tareas nos pueden parecer imposibles o fuera de nuestras posibilidades de acción. No importa: hay que vivir la Iglesia, desde la base, como si estas reformas ya existieran o estuvieran ya caminando.
1): A nivel internacional y regional:
Reforma del ejercicio del primado y del papado: un nuevo tipo de comunión igualitaria con otras Iglesias y ejercicio colegiado de la
autoridad del Papa.
Superación del centralismo de la curia romana. Mayor autonomía del CELAM y de las Conferencias Episcopales.
Comunión orgánica y estructurada de todas las Iglesias cristianas del Tercer Mundo (Asia, Oceanía, Africa y América Latina).
Superar el eurocentrismo de las Iglesias y crear un nuevo policentrismo desde el Sur y desde el mundo no-occidental.
Diálogo inter-religioso entre las grandes religiones del Mundo, basado en la defensa de la vida, la justicia y la paz.
Fortalecer el "Parlamento de las Religiones del Mundo". Primacía del diálogo con las religiones del Tercer Mundo.
2): A nivel nacional y local:
Fortalecimiento de las Conferencias Episcopales.
Mayor participación de la Iglesia local en la elección de nuevos obispos.
Reforma de los seminarios y facultades de teología.
Fortalecimiento del Ecumenismo al servicio de la vida, especialmente de los pobres y excluídos.
Superación del sectarismo, proselitismo y toda tendencia excluyente y discriminante.
d): Instrumentos y tareas concretas para la reforma de la Iglesia y la construcción de un nuevo modelo de Iglesia
A un nivel fundante y radical
Las tres fuerzas fundantes de la Iglesia son: La Solidaridad (la Misericordia, la Justicia), La Palabra de Dios, La Espiritualidad
Estas tres fuerzas responden a la realidad misma de Dios que es Amor (Agápe), Palabra (Logos) y Espíritu (Pneuma). Estas tres fuerzas son radicales, pues nacen del seno mismo del Pueblo de Dios, no de su estructura jerárquica. Estas fuerzas son eficaces cuando actúan en forma simultánea: la Solidaridad debe ir con la Palabra y la Espiritualidad, si no caemos en el solidarismo. La Palabra de Dios debe caminar con la Solidaridad y el Espíritu, si no caemos en el fundamentalismo. La Espiritualidad debe vivir en la Solidaridad y desde la Palabra de Dios, si no caemos en el espiritualismo.
A un nivel estructural
Hoy observamos las siguientes reformas eclesiales concretas que se mantienen y se fortalecen de una u otra forma en todo el continente:
Las Comunidades Eclesiales de Base y similares, como espacio de participación consciente y creativa en todo el Pueblo de Dios,
especialmente de los pobres y excluídos.
Los Ministerios laicales, en toda su diversidad, especialmente entre los excluídos y los nuevos sujetos: jóvenes, mujeres, campesinos,
indígenas, negros y habitantes suburbanos.
Superación de la distinción entre 'laicos' y 'clérigos', inexistente en los dos primeros siglos de la Iglesia. Fortalecimiento de la dimensión
sacerdotal, profética y ministerial de todo el Pueblo de Dios.
Fortalecimiento del ser humano como SUJETO en la Iglesia, especialmente hoy cuando el sistema aplasta de todos y los transforma en
objetos. Construcción del sujeto en comunidad y con subjetividad. Especialmente levantar como sujeto a los más oprimidos y excluídos.
Nuevo modo de ejercicio de la autoridad jerárquica en la Iglesia. No desde la cumbre de una estructura de poder, sino desde el corazón y
centro de una comunión de comunidades y movimientos. La reforma de la Iglesia no niega la necesidad de la autoridad en la Iglesia,
especialmente hoy para hacer frente a los procesos de fragmentación y desintegración de la sociedad.
Lo que se busca reformar es solo el modo de ejercer dicha autoridad.
Al nivel de la formación teológica y espiritual del Pueblo de Dios
Formación bíblica y teológica de las Comunidades de Base, especialmente de sus ministros y animadores.
Fortalecimiento del Movimiento Bíblico y de la Lectura Comunitaria de la Biblia. Poner la Biblia en manos del Pueblo de Dios. Interpretar
la Biblia en comunidad, con la ayuda de la Ciencia bíblica y del Magisterio, lo que exige poner la Ciencia Bíblica y el Magisterio al servicio de
la Palabra de Dios, que es la máxima autoridad en la Iglesia (Dei Verbum 10). Que todo bautizado pueda discernir y anunciar la Palabra de
Dios con autoridad, legitimidad, autonomía, eficacia y seguridad.
Desarrollo y renovación de la Teología de la Liberación y de todas las nuevas corrientes de la Teología latinoamericana. La teología,
sobre todo en manos de los laicos y laicas, es una fuerza importante de este nuevo modelo de Iglesia comunión de comunidades.
Desarrollo y fortalecimiento de una Espiritualidad liberadora en todos los niveles de la Iglesia.
Fortalecimiento de la Vida Religiosa, especialmente inserta en entre los pobres.
Reactualización constante y tenaz de la Tradición del Concilio Vaticano II y especialmente de la Tradición fundante de la Iglesia
latinoamericana basada en las Conferencias de Medellín, Puebla y Santo Domingo. Entregar esta Tradición a las nuevas generaciones. FIN
Pablo Richard
CATEDRA DE LA PAZ
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