El Legado de un amor sin fronteras Parte II
La Beatita Benavides de Quillota
A LA PRIMERA PARTE
DATOS DEL AUTOR
A LA TERCERA PARTE
PAGINA DE LA BEATITA
VOLVAMOS A VIDANOVA


                                               
EL CAPELLAN PATRIOTA

                                          Don Juan Manuel Benavides y Mujica



       Lo que m�s admira de este h�roe nacional es lo poco  se  le ha destacado en las historias de Chile. Ni siquiera  Quillota  su  ciudad natal, le ha distinguido dedic�ndole una calle o una estatua. En cambio, Vicu�a Mackenna en su libro "De Valpara�so  a  Santiago", dej� escrito el texto que los insto a recordar:

     " Eran los Benavides de Quillota  una   familia sumamente notable, no s�lo por su ardiente y generoso patriotismo, sino tambi�n por su indomable energ�a. Hijos de un   hidalgo  espa�ol,  los  Benavides  eran criollos  en  toda la extensi�n de la palabra. Uno de ellos fue  el  famoso capell�n del Ej�rcito que todos conocimos  en  nuestra  ni�ez   con  su  sombrero  de  coronel y sus medallas de h�roe pase�ndose con marcial talante por las calles de Santiago.
     Esta familia "sumamente notable" estaba compuesta por diez hermanos: dos  fueron  sacerdotes, otros dos, valientes luchadores en las lides de la Independencia.
     Otra hermana lleg� a ser �ngel de la caridad, y que el pueblo conoci� siempre con el apodo de la "Beatita Benavides".

     Tal vez por inspiraci�n de su hermana muy adicta a los Dom�nicos, Juan  Manuel entr� a la Orden de Santo Domingo, aunque poco despu�s profes� en la de San Agust�n, llegando a  ocupar cargos de importancia, como lector de filosof�a en 1807.
      El comienzo de la guerra de la Independencia despert�  en  �l  un  gran impulso patri�tico que le hizo cambiar  la  tranquila vida del claustro por la de los campamentos  militares  como  capell�n  del  Ej�rcito. El mismo fr.Manuel dej� escrito en sus Memorias:

" Desde  que son� en Chile la potente voz de la Patria me decid� por la justa causa  de la Am�rica  y desde ese momento, mis deseos no fueron otros que cooperar al logro de la Independencia”
Fr.Manuel se enrol� como capell�n en los Ej�rcitos de  sus parientes; los Generales Carrera. He aqu� sus palabras:

"Viendo yo entonces que  se  me  presentaba  la  ocasi�n  de  desplegar  mis  sentimientos  patri�ticos coadyuvando a la defensa del pa�s,   me ofrec� gustoso a ir  de  capell�n  en  el batall�n de voluntarios de la Patria  y  lo  verifiqu�  sin m�s sueldo que una onza mensual que los oficiales  me contribu�an de su propio bolsillo.;

       Despu�s de la acci�n militar de Yerbas Buenas, vino la de San Carlos, donde el valiente capell�n areng� a los soldados en medio de  la refriega, mientras  que  el Ej�rcito realista tuvo que replegarse a Chill�n. Siguiendo al General Carrera, fr.Manuel le acompa�� hasta Concepci�n, donde tuvo lugar el ataque a  Talcahuano, que el mismo Miguel Carrera describe en su Diario Militar
"Se distingui� en el ataque el Padre  Fray  Manuel Benavides  con  algunos  granaderos que en aquel momento capitaneaba. Se colg� de la bandera real, y no vi�ndose  a�n  libre  de peligro, emplearon un rato en despedazarla. Se metieron los nuestros en el mar con el agua al pescuezo, y sacaron a los que hu�an, menos dos botes que pudieron escapar con varios oficiales y  jefes de la plaza, que se embarcaron al bordo de la Breta�a".

      Vueltos a  Chill�n, la pelea fue enconada hasta el peligro de la derrota, Carrera dio ordenes de retirarse a Concepci�n,  donde el General  fue  depuesto  del mando y reemplazado por O;Higgins. Despu�s de la batalla de Membrillar, Juan Manuel decidi� retirarse. Escribe en su diario:

       Entonces, viendo que me hallaba sin sueldo alguno y sin colocaci�n en el Ej�rcito, determin�  retirarme, para lo cual  obtuve licencia del General O'Higgins, lo cual verifiqu�, aunque con sumo dolor de mi coraz�n por dejar a mis compa�eros, y no tener la gloria del fin de la campa�a.

       Poco dur� el descanso  del  aguerrido agustino. El 14 de septiembre de 1814 fue nombrado capell�n del Batall�n de ingenieros, y despu�s del desastre de Rancagua, Benavides emigra a Mendoza acompa�ando los restos del ej�rcito patriota. Despu�s del fat�dico desenlace de sus queridos y admirados Generales Carrera, el a�o 1827 regres� a Chile en la columna de San  Mart�n  por el paso Calingasta. Al enterarse el pueblo de Quillota de que el Ej�rcito Libertador hab�a  atravesado  la Cordillera, se levant� en masa un grupo  de patriotas, con  dos  hermanos  de  Juan Manuel.  Armados de palos horquetas  y  guada�as,  atacaron  y dispersaron a los  Huasos de Lanza, mandados por el alcalde de la ciudad.
      Los   hechos  fueron descritos por Vicu�a Mackenna, y  termina con estas palabras:

     Quede por  tanto  constancia que el pueblo de Quillota se levant� por la Patria el 10 de febrero de 1818, dos d�as antes que en Chacabuco. Despu�s de Chacabuco se levantaron los dem�s pueblos, con la capital a la cabeza..

      La conjuraci�n que dio lugar a este levantamiento Se  fragu� en la Quinta de los hermanos Benavides, situada  a la salida de Quillota, en los Cajones de San Pedro.
     Tambi�n  fr. Juan Manuel tom� parte en la batalla decisiva de Maip�. El mismo dej� consignado en su diario:

      Calz�ndome  alas el ardiente deseo de contribuir a la salvaci�n de  la patria, en menos de una hora me puse en camino  y  sin arredrarme peligro alguno entr� en  lo  m�s  vivo del fuego, animando como otras veces  a los soldados. Trabaj� en reunir y conducir a la  l�nea  el  n�mero  dos  que se hab�a separado y se hallaba todo disperso en pelotones.   Despu�s  de  esa operaci�n,  marchando  siempre en medio del fuego, fue herido el caballo en que yo montaba de una bala de fusil en la cabeza, por lo que arrojaba un golpe de sangre y abandon�ndolo cargu� con la montura a las casas molino de hacienda, donde  consegu� otro caballo medio cansado  en el que mont� y continu� en el n�mero once, yendo a la cabeza hasta  que nos apoderamos de la casa de la hacienda, que era el �ltimo asilo que quedaba al enemigo".

      Tras  diez  a�os de cont�nuo batallar, y afianzada la Independencia por la batalla de Maip�, el incansable fr.Juan Manuel se reintegr� a su convento de San Agust�n de  Santiago, donde ejerci� oficios importantes: el 1819  desempe�� el cargo de primer definidor del cap�tulo Provincial, y en 1823 figur�  como presidente  del  mismo cap�tulo.  El valor que demostr� en las batallas lo continu� en  importantes obras  de su vida recoleta en el claustro.
       Despu�s de la Independencia hubo un per�odo de inseguridad en las Ordenes Religiosas. Disposiciones emanadas de gobiernos liberales pusieron  el  peligro la existencia de los conventos, y ello fue causa de que muchos religiosos  dejaran  los claustros para integrarse en el clero diocesano. Uno de ellos fue el Agustino fr.Manuel as� como tambi�n su hermano el dom�nico fr.Francisco Antonio, que pas� toda su vida ense�ando Teolog�a  en el seminario de Concepci�n, aqu�  se ve el esp�ritu universalista de la familia Benavides: dos hermanos guerrilleros, dos sacerdotes de bandos opuestos, patriotas y realistas;  y  uni�ndolo todo, la hermana Mar�a  del Carmen,  dedicada por completo  a Dios y al  servicio de los pobres. Don Francisco Antonio volvi� a morir  a  Quillota,  siendo enterrado en la Iglesia de  Santo Domingo.
      Don Juan Manuel fue elegido p�rroco de Puchuncav�, pero el ardoroso capell�n no pod�a quedar encerrado en su trabajo de cura rural;  cont�nuamente volv�an a  su memoria los recuerdos de su vida en el Ej�rcito, hasta que se present� la ocasi�n de cambiar las armas por la pol�tica.  Elegido  diputado  por  su ciudad natal, en 1826 ingres� al Congreso  que  acababa de constituirse en Valpara�so, al que lleg� a presidir como vice - presidente en funciones. El 19 de julio del mismo a�o  present�  una  moci�n  que fue aprobada por  unanimidad y que dec�a: "Los pueblos elegir�n popularmente sus  cabildos: la elecci�n se har� el mismo d�a que la de los gobernadores y en la misma forma".
      Al a�o siguiente en 1827 tuvo lugar el mot�n militar del coronel Campino, quien al   frente de su tropa entr� a caballo en el Congreso y dio orden al sargento Latapiet para que lo disolviera. El p�nico y la confusi�n consiguiente oblig� a los diputados a  salir  corriendo de la sala.  Solo quedaron dos, y Barros Arana lo describe as�:

" Persuadidos los diputados  de  que  Latapiet, hombre tan valeroso como atropellado  e  irreflexible, era capaz de consumar un �ltimo y m�s atroz  atentado, abandonaban precipitosamente la sala.  Solo Diego Jos� Benavente se mantuvo impasible  en  su  asiento.  Otro diputado el Pbro. Juan Manuel Benavides, antiguo capell�n del Ej�rcito y hombre de  una  notable  valent�a, detuvo a algunos diputados,  y  con  heroica  entereza peror� a la tropa, se�al�ndoles  en  los  t�rminos m�s ardientes  el  crimen  horrendo a que las pasiones tumultuosas la precipitaban los jefes del mot�n."

      Este es el gran capell�n  de la Independencia. Luch� en todos los frentes. Como buen religioso, la �nica recompenza fue el recuerdo del deber cumplido. Escribe as� en su Diario, en Puchuncav�.
                       
" Siempre  he vivido contento, con la dulce satisfacci�n que consuela el coraz�n de  un  verdadero  patriota que ha trabajado por la felicidad de su patria.
                                        
     Ni  a  nivel  nacional, ni local se ha destacado el m�rito que se merece. Despu�s de una serena ancianidad, muri� este infatigable patriota en abril de 1853, siendo  p�rroco de Puchuncav�,                 cuidando de las necesidades espirituales de  su  gente,  y al cuidado de la  obra ben�fico-social que llev� a cabo  muy al estilo de su santa hermana Ma. del Carmen, a quien el pueblo  conoci�  siempre con el  ep�teto de la Beatita Benavides.     
      En el  cementerio fundado por �l se ve una hermosa l�pida  de m�rmol que recuerda su memoria. Tambi�n en la Municipalidad de Quillota hay un placa con las fechas  y  hombres m�s notables de la ciudad, entre los que el nombre de la "Beatita" brilla por su ausencia.  Sin  embargo se lee: El capell�n patriota Juan  Manuel Benavente". El t�tulo est� bien puesto, pero no as� el apellido, con lo que demuestra Quillota el aprecio que tiene por uno de sus hijos m�s ilustres. �Ser� que todo queda  reservado para su hermana la "Beatita", hoy camino a los altares?


                              ESPIRITUALIDAD DE LA SIERVA DE DIOS

                                                  (Marzo de 1999)

       Estaba toda ella basada en la virtud fundamental de humildad - verdad; virtudes de donde flu�an otras: sencillez, sinceridad, ingenuidad o naturalidad.  Los prodigios que hac�a eran movidos por pura misericordia, sin ninguna pretensi�n de gloria personal. "�Pobre gente!, y �decir que yo hago milagros, cuando es la Virgen Mar�a  quien los hace!", dec�a ella.  Otras veces se los atribu�a a San Antonio, su asociado en lo de encontrar cosas perdidas.
       �Se puede hablar de santidad secular? Ese concepto vendr�a muy bien a nuestra Sierva de Dios. Y �no es eso lo que m�s necesita la Iglesia en este comienzo del Siglo XXI?. Santos y santas provenientes de todas las esferas sociales, comenzando por las poblaciones, que vivan en sinton�a con los problemas de la gente ordinaria.
       A pesar de sus extraordinarias dotes naturales  y sobrenaturales, no aparec�a en ella la figura de la mujer adusta y misteriosa, poco sensible a cualquier sentimiento humano.  Respiraba candor y alegr�a contagiosa, y en eso estaba el toque de su virtud aut�ntica.
       Su vecina Catalina Aros atestiguaba: "Era de car�cater alegre; en la noche sus sobrinas le tocaban la guitarra, ella se sacaba la toca y se pon�a a lavar las ollas, guardando en otra ollita lo sobrante, que calentaba por las ma�anas, hora en que iban muchos ni�os y ella les serv�a.


                                          UN VIAJE POR LA HISTORIA

                                               La Procesi�n del Pel�cano

      En semana santa se celebraban, en a�os remotos, unas fiestas que hicieron famosa a Quillota , entre todas las ciudades del pa�s.  Una de ellas sobresale: La Procesi�n del Pel�cano, que no ha tenido otra igual en ninguna parte.
      Hubo muchos extranjeros que despu�s de presenciar con asombro estas fiestas,dejaron escrito en sus memorias muchos detalles de cu�nto les hab�a impresionado.  Algunos la comparan a los "pasos" de Sevilla que tanta resonancia popular han tenido, hasta nuestros d�as.
     La procesi�n del Pel�cano se origin� con la representaci�n esc�nica del descendimiento de Cristo muerto en la cruz y depositado en el sepulcro, que despu�s era llevado en procesi�n por las calles de la ciudad.  La tosca urna de madera se convirti� m�s adelante en la figura de un pel�cano, un ave que se puede ver en las costas vecinas.
     Ya desde la Edad Media, el pueblo cre�a que esta ave rasgaba con el pico su pecho de donde brotaba sangre con la que alimentaba a sus polluelos. La devoci�n popular - incluso Santo Tom�s de Aquino se hizo eco de ella - vio en este ave, un s�mbolo de lo que hace Cristo, que con la sangre de su costado abierto por una lanza, alimenta las almas de sus seguidores.  As� se fue elaborando el sepulcro primitivo hasta convertirse en la majestuosa figura del Pel�cano que marchaba solemne por la ciudad, rodeado de devotos con cirios en las manos.  Dentro iba acostada una imagen de Cristo yacente en la cruz.   Las dos ideas de sacrificio y eucarist�a conflu�an  esta representaci�n de gran sentido religioso, f�cil de ser captado por la devoci�n popular.
     Vicu�a Mackenna asegura cuando escribe:
"Pract�case todav�a con se�alada pompa, y principalmente con una enorme asistencia de los campos vecinos y de Valpara�so, la procesi�n  ya secular del "Pel�cano"...se nos ha asegurado que tan s�lo de la �ltima ciudad y de Limache concurrieron cerca de tres mil personas a Quillota por los trenes". A�ade tambi�n que el Pel�cano formaba parte esencial, algo as� como el emblema y portada de la historia de esta ciudad.
      Despu�s de todo esto, cabe preguntarse: �Cu�ntos habitantes ten�a entonces Quillota? Y tambi�n �cu�ntos turistas llegan ahora a esta populosa ciudad?.
      Cuenta una admiradora suya, Atina, que en cierta oportunidad una se�ora de Valpara�so hizo mofa de esas manifestaciones de Semana Santa.  Al asistir quiso tambi�n conocer a la Beatita. Ella la recibi� con mucho cari�o y al despedirse le dijo: "Hermanita, tenga la bondad de oirme una palabra: le voy a pedir por la sangre que Nuestro Se�or Jesucristo derram� en la cruz, que nunca haga irrisi�n de la conmemoraci�n del Santo Sepulcro". La se�ora llor� amargamente y se convenci� de que era una santa.
       Todo eso nos hace pensar en lo que algunos proponen; de renovar la procesi�n del Pel�cano. �Es dif�cil, pero el d�a en que veamos a la Sierva de Dios en los altares, algo grande suceder� en Quillota, a fin de rescatar su pasado glorioso y entrar con nuevo aliento en un nuevo per�odo de su historia.



                         LAS ORGANIZACIONES NO GUBERNAMENTALES
                           Y EL CARISMA DE UNA DOMINICA  SEGLAR

                                                        (Junio de 1999)

       El smog en que vive envuelta la ciudad de Santiago, es un s�mbolo de lo que sucede en el mundo actual en diversos aspectos.  Se llama corrupci�n este c�ncer que corroe la sociedad contempor�nea, sobre todo, en los pa�ses desarrollados, concepto que no se limita a la inmoralidad que se percibe tambi�n en las relaciones familiares; sino que va m�s al fondo: donde radican los pecados capitales de la soberbia y la avaricia.
      La corrupci�n pulula sobre todo donde se pueden conseguir ping�es ganancias con el menor esfuerzo; donde se desborda el af�n de lucro, el ansia de poseer m�s para dominar m�s y vice - versa. El ego�smo act�a como elemento corruptor de las conciencias y de la sociedad.
     �Qu� remedio hay para  todo esto?: La solidaridad, la mano extendida; no para pedir, sino para dar.  El voluntariado, la autodonaci�n a los dem�s vienen como un revulsivo para sanar el mal solapado de la corrupci�n.
      Y es, precisamente ahora, en esta sequ�a de vocaciones sacerdotales, cuando las O.N.G. aparecen como un regalo del cielo.  Son como flores que brotan del fango del materialismo ego�sta, anunciando la llegada de una nueva primavera.
       En Europa, estas Organizaciones No Gubernamentales se van multiplicando y son motivo de gran esperanza. Las forman grupos de personas, no necesariamente miembros de religiones, que se comprometen a servir gratuitamente con gran dedicaci�n y alegr�a a los m�s desheredados de este mundo.  Estas pueden servir de puentes de comunicaci�n, tendidos sobre el barranco que separa a los ricos de los pobres.  Su trabajo y testimonio, tienen m�s influencia en la regeneraci�n del mundo m�s abandonado, que los m�s encendidos sermones del Padre Gatica.
      Todo esto nos llega como una reacci�n providencial, contra los males circundantes, y es motivo de confianza en el ideal cristiano de la solidaridad y gratuidad.
      El hombre actual se va dando cuenta de que servir a la fuerza o por el s�lo af�n  de lucro es humillante, y que s�lo sirviendo por amor desinteresado, es como se le abre un horizonte de felicidad que ennoblece y hace madurar a las personas.  No es de extra�ar que estos grupos est�n formados por j�venes idealistas, o por personas que quieren mantenerse siempre j�venes y plenos de altruismo.
       Consecuentes con  todo esto, no es de extra�ar que hayan sido las O.N.G. las que en muchas partes, se han distinguido en promover las campa�as de solidaridad a favor de los pueblos que m�s han sufrido por terremotos, inundaciones, guerras y otros desastres; ellas han llevado la parte principal de la recogida de alimentos, medicinas, etc; para enviar a esas regiones m�s necesitadas y han motivado a otras Agencias del Gobierno y de la Iglesia para hacer lo mismo.
Las palabras de Juan Pablo II en su Exhortaci�n Apost�lica a los laicos cristianos pueden servir de carta fundacional que da respaldo a las modernas O.N.G.

"La caridad anima y sostiene una activa solidaridad, atenta a todas las necesidades del ser humano. Esta caridad se hace m�s necesaria cuanto m�s las instituciones se vuelven complejas en su organizaci�n , y pretendiendo gestionar toda el �rea a  disposici�n, terminan por ser abatidas por el funcionalismo impersonal; por la exagerada burocracia, por los injustos interereses privados y, por el f�cil y generalizado encogerse de hombros.  Precisamente en este contexto, contin�an surgiendo y difundi�ndose en las sociedades organizadas, distintas formas de voluntariado que act�a en una multitud de servicios y obras.  Si el voluntariado se vive en su verdad de servicio desinteresado al bien de las personas, especialmente el de las m�s necesitadas y las m�s olvidadas por los mismos servicios sociales, debe considerarse como una importante manifestaci�n de apostolado, en el que los fieles laicos: hombres y mujeres, desempe�an un papel de primera importancia" (n41, final.)


      Las  O.N.G. son la versi�n m�s exacta del voluntariado que nos pide el Papa.  Ellas defienden a la democracia y la hacen m�s participativa, al no esperar que todo lo haga el gobierno de turno  o la iglesia, siempre sensibles al clamor de la gente m�s abandonada.
      Ser�a justo que estos grupos de voluntarios estuvieran respaldados por toda la sociedad, form�ndose O.N.G. de retaguardia, con empresarios, industriales, comerciantes, etc, que diesen su apoyo moral y econ�mico a las O.N.G. de vanguardia.  S�lo la uni�n hace la fuerza, y s�lo ella puede contrarrestar los males de la corrupci�n que se van extendiendo a todo nivel.
      En Quillota, tenemos un claro exponente de voluntariado social en Mar�a del Carmen Benavides y Mujica, que apoyada por sus sobrinas y con la colaboraci�n de todo el pueblo, organiz� en su casa paterna el primer centro asistencial para toda clase de dolencias que hubo en la ciudad.  Lo que ella hizo, consagrada gratuitamente y de por vida al cuidado de los m�s indigentes, s�lo los agraciados y coantempor�neos nos lo han podido transmitir con todo lujo de detalles.  En eso estuvo su vocaci�n de dominica laica, y es lo que concita la admiraci�n de tantos que contin�an llam�ndola con cari�o como la Beatita Benavides. �Dios quiera que la veamos pronto en los altares y que desde ahora muchos se involucren en Obra de Caridad que nos dej� en herencia!


                         UNA SANTA SEGLAR, IDENTIFICADA CON SU PUEBLO
                                                               (julio1999)

         La Sierva de Dios Mar�a del Carmen Benavides, dedic� su larga vida al servicio de los m�s pobres de Quillota y su comarca.  De ni�a, quiso ingresar en el Monasterio de las  "Monjas Rosas", dominicas de clausura de Santiago que a�n existen; pero su confesor se opuso porque intuy� que su vocaci�n estaba en otra parte.  Despu�s de mucho orar, se dio cuenta de que el camino por el que Dios la llamaba, no era la huida del mundo; sino su inserci�n en �l con una aut�ntica vida cristiana seglar.
         A los 18 a�os se uni� al grupo de Laicos Dominicos que ya entonces se reun�an en el Templo de Santo Domingo de Quillota.  Al emitir sus votos como dominica seglar, hizo en privado la consagraci�n perpetua de su virginidad, tomando por modelo a Santa Rosa de Lima, Patrona de las Am�ricas.  Desde entonces, y con el debido permiso, visti� el h�bito de monja dominica, pero siempre se mantuvo laica por vocaci�n y destino.
         De car�cter decidido y alegre, rasgo de la familia Benavides, no se qued� a medio camino: fue consecuente con su promesa para llegar a la meta de sus sue�os.  Un testigo asegura: "Fue una santa sin igual, muy semejante a Santa Catalina de Siena, por su penitencia, caridad con los pobres, y por su vida muy activa en favor de sus compatriotas".
         Su vida de oraci�n iba acompa�ada de gran variedad de fen�menos m�sticos; como �xtasis, bilocaci�n, don de sanaci�n y profec�a....El que m�s concitaba la admiraci�n de sus contempor�neos fue el de la levitaci�n, cuando iba a recibir la comuni�n "volando de rodillas", como se expresaban con gran admiraci�n sus testigos.
          Durante medio siglo, hasta los 72 a�os de su vida, estuvo dedicada a tiempo completo y sin remuneraci�n alguna a toda clase de miserias humanas. Con el fin de tener m�s tiempo para sus meditaciones y dar mayor amplitud a su obra de misericordia, adopt� a seis sobrinas con las que organiz� un verdadero Asilo Universal, cuando en Quillota no hab�a ni hospital ni casa de acogida para ancianos y ni�os abandonados.
          A todos cuidaba con verdadero "amor de madre", por lo que, no sin raz�n se la ha llamado "la madre de Quillota". Ella es la imagen m�tica y colectiva que da sentido de unidad a este pueblo agradecido.
          Fue una pionera, en la que el mundo seglar del siglo XXI tiene un buen ejemplo a seguir. Se adelant� a los tiempos.  Su extensa obra ben�fica la llev� a cabo por iniciativa propia y originalidad prof�tica, sin otra ayuda que la prestada por sus admiradores agradecidos.  Fue un centro de atracci�n para todo el pueblo, un puente de comunicaci�n entre ricos y pobres, pa�o de l�grimas para todos; una visi�n cristiana de la machi, profetisa del pueblo mapuche.
         A trav�s de los a�os, el pueblo mantiene una gran confianza en su protecci�n.  Siempre la conoci� con el apodo cari�oso de "la Beatita Benavides", y son muchos los que llegan a su sepulcro ubicado en el Templo de Santo Domingo; con sus mandas y peticiones.  Existe un Libro de Favores Recibidos, y el m�s notorio es el de una se�ora de Limache, que orando ante el lugar donde reposan sus restos, fue sanada de un c�ncer terminal a los pulmones.  Despu�s de acuciosos ex�menes, realizados por muchos profesionales; fue declarado como un hecho extraordinario e inexplicable.  Todo esta documentaci�n fue enviada a Roma, donde compete declararlo como hecho milagroso.
         Su obra caritativo-social se ha rescatado y prolongado estos a�os en diversas instancias de ayuda solidaria. Comenzando por el Policl�nico que lleva su nombre.  Igual que en su tiempo, son muchos los que colaboran en esta obra de atenci�n gratuita a los enfermos m�s pobres; obra tan querida de nuestra Sierva de Dios.
          El Proceso de Beatificaci�n est� ya muy adelantado, y esperamos que pronto llegar� a feliz t�rmino.  Va a ser un d�a grande para Am�rica Latina, cuando pueda ver en los altares a una aventajada disc�pula de Santa Rosa de Lima.  Ser� una nueva estrella en el cielo de Chile, que dar� mayor brillo a la bandera nacional.
          Donde m�s se ha arraigado la admiraci�n por la "Beatita" es en el pueblo llano.  Durante cinco a�os ha venido celebrando con grandes festejos populares el aniversario de su llegada al cielo.   Es toda la ciudad de Quillota y alrededores que se vuelca en esta celebraci�n que no tiene nada de culto; eso vendr� despu�s.  Las autoridades civiles y militares se unen a todo el pueblo.  Comienzan los festejos con una misa solemne, presidida por el Se�or Obispo de la Di�cesis. Contin�a con un desfile c�vico-militar,  y participan las fuerzas vivas, con  numerosos eventos art�sticos y culturales.
          Pocos Procesos se encontrar�n en los que toda una ciudad lleve el cargo y la carga de actor o due�o de la Causa, dato que se tendr� en cuenta cuando se escriba la historia.
          El primero de junio de 1999 se celebraron los 150 a�os de su muerte gloriosa.  Los festejos fueron especiales.  El Se�or Alcalde Dr. Luis Mella G., el mayor admirador de la Beatita, presidi� el Consejo Abierto de la Municipalidad para concederle el t�tulo de HIJA ILUSTRE DE QUILLOTA.  Una exaltaci�n a nivel del pueblo, que es por donde comienza todo.
          Esperamos que nuestro maravilloso Pontifice eleve a los altares a esta dominica seglar, modelo de laicos comprometidos por el Reino de Dios, que bien podr�a ser reconocida tambi�n,  como modelo de Asistente Social y Patrona del Voluntariado Cristiano
.


                   
CONTINUA EN LA TERCERA PARTE
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