ETA habla de lucha armada. Pero ¿qué lucha? Ellos no combaten, no tienen un enemigo frente a frente, y no dan la cara. Cualquiera puede apretar un gatillo a la espalda de un inocente o colocar una fiambrera con un kilo de explosivos en un coche. Y lo más trágico es que las víctimas por regla general no tienen ningún vínculo de ninguna clase con el asesino. Se les mata porque están ahí, porque no hay otro. A veces porque piensa y expresa sus opiniones, y otras muchas veces aún sin pensar y sin hablar.
 

 
 

Ha muerto un hombre en la sombra
de dos tiros en la nuca.
En la sombra, donde armada
la cobardía se oculta.
Ni conoció al asesino
ni vio la luz taciturna
de sus ojos, incapaces
de mirar de frente nunca.
Sólo la pálida Muerte
sabe cuándo están maduras
las vidas para la siega,
y segará a sol y a luna.
Pero quien roba a la Muerte
de su derecho, y empuña
la guadaña, es asesino
sin razón y sin excusa.
Cuando se siega una vida
se da una estrella a la fuga,
pierde sus alas un ángel,
y una voz se queda muda.

Pistoleros miserables
forjados en Euskalduna,
sus más brillantes ideas
colgadas de la cintura;
ignorantes de un pasado 
que a voluntad manipulan,
con un presente perdido
entre el odio y la amargura,
y un proyecto de futuro
cuajado de sepulturas.
No sabe de lucha armada
quien por la espalda ejecuta,
atracadores de vidas
ni tienen causa ni luchan. 

Ha muerto un hombre en la sombra
de dos tiros en la nuca; 
de nuevo sobre el asfalto
la roja sangre circula.
Y en los bares de Markina, 
de Hernani, Elgoibar, Ermúa,
jóvenes alzan sus vasos
en brindis de gozo y furia.
 

Gorka Basurto Ercilla
 


 

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