Entre visillos y a oscuras
oculta su rostro el miedo,
y las ideas, cansadas,
se han dormido en el silencio.
A la teutónica bota
marcial sobre el pavimento,
ha sucedido el desorden
de cuadrillas de gamberros,
de análoga ideología
y con idéntico efecto.
Hay un Fuehrer clandestino
que reclama el mismo incienso,
en la intolerancia, hermanos,
y sin más norma que el hierro.
Euzkadi yace en cadenas,
de sí propio prisionero,
campo de concentración
donde gime el pensamiento.
La Historia tiene sus ciclos,
y ETA la está repitiendo:
Hoy vive Sabino Arana
aunque Rosenberg ha muerto;
Martín Borman ha dejado
a Arnaldo Otegui su puesto;
y enmascarados Adolfos
inventan nuevos hebreos.
Euforia de pura sangre
por las venas de un gobierno
que favorece a los Gorkas
mientras margina a los Pedros,
arrogancia de arios vascos
sobre judíos maketos.
Ay, Juan Sebastián Elcano,
ay Don Antonio de Oquendo,
Diego Martínez de Irala,
qué suerte la de estar muertos.
Por haber servido a España
hoy pagaríais el precio
de la bomba o del chantaje,
o quizá el autodestierro.
Ay Don Miguel de Unamuno,
dolor de España en el pecho,
cómo sangraría tu alma
al agonizar tu pueblo.
Como en Alemania entonces
hoy hay fuga de cerebros,
que no aceptan someterse
ni a ignorantes ni a violentos.
Un nuevo Reich se promueve,
más pesadilla que sueño,
y asesinos en la sombra
se adjudican sus derechos.
Despierta, Euzkadi, despierta,
que hay una cobra en tu seno,
y un hacha que no edifica,
sino que prepara el fuego,
desmenuzando en astillas
el roble de vuestros fueros.
Hermanos vascos, idioma
e ikurriña son objetos
que no dividen; son casi
tanto nuestros como vuestros.
Despierta, Euzkadi, despierta,
que tu enemigo está dentro.
Gorka Basurto Ercilla